En su visita a nuestro país, la ministra de Comercio Exterior de Finlandia, Paula Lehtomki, señaló que en su país existen 19 plantas de celulosa que vierten sus desechos en ríos, lagos, arroyos; «la gente bebe agua de esos mismos lagos y arroyos y aquí estamos muy saludables» Esta afirmación obvia una historia de contaminación detrás de esas plantas, así como las distancias que separan aquellos emprendimientos de los que se proponen para Uruguay.

Durante los años ’80 y principios de los ’90 se dieron en Finlandia movilizaciones en contra de las plantas productoras de celulosa en aquel país logrando introducir cambios tecnológicos para limitar sus emisiones y efluentes contaminantes. Sin embargo, aún persisten importantes emanaciones de dióxido de azufre y de compuestos sulfurosos olorosos (Carrere, 2005).En 2001, por ejemplo, el Registro Europeo de Emisiones Contaminantes (en adelante Registro EPER, por sus siglas en inglés de European Pollutant Emission Register) ubicó a Finlandia en el primer lugar del ranking de países comunitarios que vulneraban los umbrales de contaminación previstos por la Unión Europea en cuanto a la contaminación de aguas por vertido de orgánicos halogenados y organoclorados provenientes de las fábricas de pulpa de papel. La estipulación de límites de emisión permite tener una evaluación que no se apegue a las técnicas utilizadas, ya que estas evolucionan de manera constante, y busca también atender a resolver el problema de la contaminación transfronteriza.

Dos años más tarde, en el verano de 2003, unos 7.500 metros cúbicos de licor negro escaparon de la fábrica de celulosa de UPM en Lappeenranta (sudeste de Finlandia, sobre el lago Saimaa) y contaminaron gravemente un área importante del lago. De acuerdo con la prensa local, «la planta de tratamiento biológico no fue capaz de hacer frente a esa súbita descarga y en el espacio de unos pocos días el licor negro se esparció aguas adentro del lago». La mitad de la población de peces resultó erradicada en un radio de tres kilómetros de la planta.
La empresa no informó a nadie acerca del problema y que hasta el día de hoy el Estado finlandés no ha presentado cargos contra la empresa, lo que demuestra el poder político de la misma.

Una integrante del Partido Verde finlandés, el Director del Organismo de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Lappeenranta, señaló a Carrere (2005) que nadie debería vivir en el entorno de 5 kms alrededor de la fábrica de celulosa. Afirmó que esa era una directiva de la Unión Europea y que la razón principal era precisamente la posibilidad de accidentes vinculados a los productos químicos utilizados en las plantas.

A lo anterior debe agregarse que no hay fábrica en Europa hoy con el volumen de producción como el que propone Botnia en Fray Bentos. La producción de pasta de celulosa que se propone para Uruguay duplica la existente en Finlandia y España.

Lehtomki descartó que su gobierno fuera a intervenir de alguna manera para destrabar el conflicto porque involucraba a una empresa privada. Sin embargo, el ser representante de ese mismo gobierno no le impidió brindar el apoyo a la instalación de la empresa Botnia en Uruguay ni referirse a sus supuestos beneficios. Tampoco se abstuvo de opinar acerca de cuál sería la mejor forma de zanjar el conflicto.

Además realizó algunos comentarios de «advertencia» al gobierno uruguayo, como que «las compañías europeas siguen muy de cerca la evolución del diferendo y que ello podría incidir en futuras inversiones en la región» (El País, 26/4/06) .

Una vez más, el modelo forestal
Más allá de los temas de contaminación -que por supuesto no deben desatenderse-, lo que las plantas de celulosa profundizan es un modelo que viene a reemplazar al de producción agropecuario, sustento social, cultural y productivo de nuestro país. Si Uruguay continua en este camino hipoteca sus posibilidades de producción futura.

El el informe sobre el Estudio de Impactos Acumulativos de la construcción de las plantas de celulosa de Botnia y ENCE en Uruguay, elaborado por la consultora canadiense Hatfield y dado a conocer la semana pasada, confirma justamente la falta de análisis sobre las consecuencias del modelo forestal. Este modelo, impulsado en Uruguay desde hace veinte años, encuentra en la instalación de las plantas procesadoras de celulosa un paso más hacia su profundización.

Las empresas transnacionales «vienen porque tenemos mucha agua, hay suelos baratos y los eucaliptos crecen más rápido que en el Norte. Pero para que suceda todo eso, el suelo se agota, después ya no sirve para nada y el agua desaparece, no sólo de las tierras forestadas sino de sus inmediaciones», señaló María Selva Ortiz, de REDES-Amigos de la Tierra (Brecha, 21/4/06).

Pero además la producción forestal genera efectos sociales y económicos catastróficos
En materia de empleo, es muy poco lo que aporta: 4,41 trabajadores cada mil hectáreas, contra 5,84 en la ganadería o 135 en la vitivinicultura, y son muchos los puestos de trabajo que se pierden por quedar esas tierras improductivas, por pasar -habiendo sido de prioridad forestal- a destinarse a monocultivos forestales, y por la dificultad de los productores agrícola ganaderos de competir contra esta industria subvencionada. La Ley de Promoción Forestal de 1987 (Nº 15.939) previó diferentes modalidades de subvención para los emprendimientos forestales; las plantas de celulosa, a su vez, se instalarán en zonas francas, libres de impuestos (los impuestos los pagarán recién en Finlandia y en España, cuando reciben la pasta de celulosa y la transforman en papel). Los ganaderos -grandes y chicos- sin embargo, pagan impuestos, los frigoríficos también, así como la exportación de carne.

A esto se suman otras aseveraciones del documento en la linea de lo que los ecologistas venían sosteniendo: que no había estudios sobre el impacto acumulado de las dos plantas, ni sobre las consecuencias que podían producirse del lado argentino. También que las autoridades uruguayas no facilitaron la información pública necesaria en estos casos, y que, contrariamente a lo que éstas han sostenido, no estaba planteado recurrir a las últimas tecnologías disponibles (en el informe se sostiene que debería usarse una versión light de la tecnología de cloro elemental, con menos cloro y más agua oxigenada). Y además desdice lo afirmado en el informe anterior del Banco Mundial, en cuanto a que la presencia de dioxinas y furanos sería imperceptible.


Carrere, Ricardo, 2005, «Tras la huella de la celulosa en Finlandia
La otra cara de la moneda». Disponible en: http://www.guayubira.org.uy/celulosa/Finlandia.html (27/4/06)

Waskman, Guillermo, 2005, Con María Selva Ortiz, de Redes-Amigos de la Tierra
‘Nunca se debatió el modelo forestal de este gobierno’. En: Semanario Brecha, 21 de abril.