ENFOQUE SOBRE COMERCIO

No 153, Octubre 2010



FORO DE LOS PUEBLOS DE ASEAN

ASEAN en un mundo cambiante: el enemigo está adentro

Chanida Chanyapate Bamford



UNA PAZ JUSTA PARA PALESTINA

El declive del imperio y las perspectivas de una paz justa en Palestina

Walden Bello



Entrevistas con el escritor Achin Vanaik y la socióloga Lisa Taraki sobre geopolítica y boicots académicos

Aditi Bhaduri

¿Por qué no Palestina?

Aditi Bhaduri

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ASEAN EN UN MUNDO CAMBIANTE: EL ENEMIGO ESTÁ ADENTRO

por Chanida Chanyapate Bamford*

Uno de los impulsos que ha unido efectivamente a ASEAN ha sido la necesidad de protegerse de las fuerzas externas que los países miembros ven como amenazas a su seguridad política nacional, y para ello han aprovechado el tamaño del bloque. Esta es la razón por la cual se integran en ASEAN países con antecedentes históricos y sistemas de gobierno diferentes, que solo pueden permanecer juntos por la unidad que tienen frente al exterior.

En la última década esta perspectiva de estar atentos a las fuerzas externas derivó en una serie de negociaciones de asociación económica y comercial con distintas potencias económicas externas: Japón, China, la UE, Estados Unidos e India. El Sub-Secretario General acaba de confirmarnos que ASEAN está preparada para conversar con todos: “No tenemos ningún enemigo”, declaró.

Me gustaría señalar que ya no necesitamos cuidarnos del mundo exterior. El enemigo ahora está adentro y entre nosotros.

Al elegir comprometerse con la economía global de mercado con el propósito de obtener altos niveles de crecimiento económico lo más rápido posible, ASEAN internalizó la ideología neoliberal dominante. El dictado de esta ideología es que los acuerdos de libre comercio e inversiones generarán el crecimiento económico que se necesita para aliviar la pobreza. Pero me gustaría argumentar, que con este tipo de práctica, ASEAN está internalizando el riesgo sistémico y los costos sistémicos de carácter social y ambiental que amenazan la seguridad de sus pueblos.

La crisis financiera asiática de 1997, fue la primera señal de advertencia de este riesgo. En apenas unas pocas semanas casi todo el capital de inversión extranjera a corto plazo que había inundado la región en años anteriores simplemente desapareció. Esta fuga de capitales sumió a Tailandia e Indonesia en una grave crisis económica; millones de personas cayeron por debajo de la línea de la pobreza. En Tailandia, el ingreso promedio disminuyó un 20%. Solamente Malasia pudo escapar a la contracción económica resultante mediante la aplicación inmediata de medidas de control sobre los capitales, contradiciendo de esa manera los consejos del Fondo Monetario Internacional.

La crisis financiera actual se originó en el corazón del capital financiero. Comenzó con el negocio de los créditos hipotecarios de alto riesgo otorgados por los bancos y firmas financieras de Estados Unidos, que involucraba complejos acuerdos financieros diseñados para la obtención de ganancias mediante la especulación. Se dice que se evaporaron de Wall Street por lo menos 3 billones de dólares (es decir 3 ¡más doce ceros!).

La crisis alimentaria de 2008 fue causada en gran medida por la especulación de los inversionistas que hizo aumentar los precios de los productos básicos

Los actores clave en todas estas crisis son los inversionistas que hacen maniobras con las enormes sumas de capital que se han acumulado en las economías industrializadas del mundo. Y su único objetivo es el lucro, para acumular más y más de la manera más fácil posible.

Al centrarse en impulsar un crecimiento acelerado de la economía expresado en el PBI, los países de ASEAN se han abierto y han quedado en una posición vulnerable frente a las crisis. Como todos dependemos del mercado estadounidense para asegurar las exportaciones que generan crecimiento, todos nos vimos afectados cuando los ingresos (y el crédito) de los consumidores estadounidenses se redujeron y bajó drásticamente su consumo. Algunos países de ASEAN, como Tailandia y Singapur, sufrieron una segunda recesión en poco más de una década.

Todos los paquetes de estímulo estatales destinados a alentar el gasto de los consumidores han permitido que desde entonces las economías hayan crecido y puedan continuar creciendo por un tiempo. China sigue importando grandes volúmenes de materia prima para abastecer su economía en rápida expansión y esto ha significado un gran auge para los sectores agrícolas de ASEAN.

La gran pregunta es ¿cuánto puede durar el crecimiento?

La verdad es que el actual modelo de producción y consumo del que dependemos para generar crecimiento económico tiene enormes costos sociales y ambientales.

El costo social ya ha sido señalado en la reunión Ministerial de ASEAN del pasado agosto en Hanoi: la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, tanto dentro de cada país como entre los distintos países. La última evaluación de los Objetivos del Milenio muestra que el número total de pobres se ha reducido gracias al espectacular crecimiento reciente de China e India, pero el número de personas que sufren hambre en el mundo en realidad ha aumentado.

Este es básicamente el resultado de un crecimiento que conduce a que las empresas privadas o corporaciones acumulen grandes ganancias, al tiempo que le pagan a sus trabajadores lo menos posible, y a las mujeres aun menos que a los hombres.

La contaminación del aire y el agua, la desaparición de los bosques, el agotamiento de la fertilidad del suelo y de las pesquerías en mares y ríos, y la pérdida de biodiversidad, son costos ambientales concretos que experimentan las comunidades en toda la región de ASEAN.

El máximo costo ambiental es el fenómeno del cambio climático. El principal causante del mismo es el proceso de industrialización de los últimos dos siglos que convirtió a Europa y Estados Unidos en las mayores potencias económicas del mundo actual. Las emisiones de dióxido de carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) han generado un efecto invernadero que hace que la temperatura de la superficie de la Tierra aumente mucho más rápido ahora que en el transcurso de toda la historia de la humanidad.

Hoy está claro que la expansión de la producción y el consumo en base a los combustibles fósiles con miras al crecimiento económico, se ve enfrentada a los límites del planeta. Se ha ilustrado gráficamente que si cada habitante de la Tierra consumiera bienes y servicios al mismo nivel que la población estadounidense, se necesitarían cinco planetas Tierra para hacerlo posible.

Lamentablemente, si bien se habla del desarrollo de más energía limpia y renovable, la respuesta de los gobiernos de ASEAN y el resto del mundo es competir e intensificar los esfuerzos para realizar nuevas perforaciones y extraer más y más petróleo y gas natural. Existen planes de grandes proyectos para apropiarse de los recursos naturales (tierras, bosques, agua, biodiversidad y minerales), motivados por el lucro, que aumentarán los daños ambientales y causarán más pobreza e inseguridad alimentaria en muchos lugares.

Mientras el conflicto por los recursos naturales amenaza al Mar de China Oriental, próximo a los antiguos campos de batalla del Mar de China Meridional, representando una amenaza potencial real a la seguridad política de ASEAN, se espera que los pueblos de ASEAN absorban sin protestas todos los costos ambientales y sociales que los afectan directamente.

Es hora, por lo tanto, de que los países de ASEAN dejen de competir entre ellos para hacer crecer sus economías mirando hacia el exterior en pos de más mercados y más inversiones extranjeras, a costa de la salud y el bienestar de sus pueblos y su medioambiente. Estos países deben dar prioridad a lo interno y poner énfasis en la cooperación regional basada en la solidaridad y la complementariedad, para lograr que los pueblos sean inmunes a las crisis económicas generadas por las finanzas, y orientar el desarrollo hacia un modelo de producción y consumo sustentables, con equidad social.

Está claro, para nosotros, que no puede haber seguridad humana sin seguridad ambiental. Y para ASEAN tampoco habrá ninguna seguridad política sin seguridad ambiental

Confío en que si los pueblos de ASEAN entienden este panorama general, y cómo los temas de seguridad se interrelacionan, se sumarán a trabajar con nosotros con miras a liberar a ASEAN del enemigo que tiene adentro y para cambiar el curso de ASEAN hacia un futuro mejor para todos los que compartimos los recursos naturales de la región.

* Chanida Chanyapate Bamford es la coordinadora de Focus on the Global South. Esta fue su presentación en el VI Foro de los Pueblos de ASEAN, realizado en Hanoi en septiembre de 2010.

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EL DECLIVE DEL IMPERIO Y LAS PERSPECTIVAS DE UNA PAZ JUSTA EN PALESTINA

por Walden Bello*

Amigos y amigas, estamos aquí para expresar nuestra solidaridad con el pueblo palestino que lucha tenazmente por sus tierras y sus derechos contra la agresión sionista. Como habitante del sudeste asiático, siento profundamente el dolor y el sufrimiento que aquejan la vieja tierra santa. Mi región es un espacio donde se encuentran e interactúan distintas culturas y religiones, y el Islam, y su rica tradición cultural, ha sido parte medular de muchas sociedades del sudeste asiático durante siglos. La región no solo alberga al país islámico más grande, Indonesia, sino que además hay cientos de millones de ciudadanos musulmanes en otros países de la región.

Mi propio país, Filipinas, alberga una gran comunidad musulmana que se concentra principalmente en Mindanao y Sulu. Pero en la región, no son solo los países como Malasia, Indonesia y Brunei –países con la mayoría de la población musulmana- los que están preocupados por el conflicto palestino-israelí. Este conflicto tiene hoy gran relevancia para las miles de familias indonesias y filipinas cuyos parientes trabajan en el servicio doméstico o en la construcción en Israel, Cisjordania y Gaza.

Palestina y la conciencia mundial

La terrible situación del pueblo palestino está arraigada en nuestra conciencia, y su agonía y tormento están grabados a fuego en nuestro fuero interno. Quizá uno de los pocos beneficios de la globalización es que permite recordarles continuamente a los habitantes de todos los rincones del planeta las atrocidades imperiales de Israel y Estados Unidos en Medio Oriente y otras partes del mundo. Para nosotros, y para cientos de millones de personas en todo el mundo, la situación en Palestina representa el pináculo de la injusticia, en un mundo dominado por los cálculos imperiales y una concepción realista y despiadada. Como asiático, y como ser humano, no me es posible permanecer impávido ante las graves violaciones a la dignidad humana básica y la profanación de la santidad de la vida.

Durante más de medio siglo, la herida abierta de Palestina ha sido un puñal en la conciencia mundial. Sin embargo, todavía estamos esperando una solución justa al conflicto palestino-israelí. En este momento de reflexión y reunión, la pregunta que debemos hacernos es a quién debemos adjudicar la responsabilidad por esta larga tragedia humanitaria, sino al Imperio. La historia, como testigo de grandes atrocidades y crímenes, nos dice que la justicia y la paz han sido las víctimas eternas de un designio imperial que ha dominado a Asia Occidental durante siglos. En los últimos 200 años, los colonizadores franceses y británicos subdividieron la región en función de sus respectivas esferas de influencia –por cierto, el imperialismo occidental es un fenómeno viejo en el Medio Oriente. A comienzos del siglo XX, los británicos pusieron los cimientos para el avance de un Estado “Zionista” excluyente, un proceso que contó con la ayuda y sociedad activa del ejército francés. Detrás de la creación del Estado colonial de Israel en 1948, aunque se hizo bajo los auspicios de las Naciones Unidas, estuvo el designio maestro de los Estados Unidos. Las flagrantes ocupaciones de Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967 y la Guerra de Yon Kippur de 1973 no se hubieran llevado a cabo sin el apoyo incondicional de los Estados Unidos.

El apoyo incondicional de Estados Unidos

El papel sangriento de Israel en la Guerra Civil del Líbano, que culmina con las masacres de Sabra y Chatila y Qana, y los ataques recientes a la sitiada y densamente poblada Franja de Gaza, son una prueba de la brutal maquinaria militar israelí respaldada por Estados Unidos. Es bastante realista suponer que la agresión militar es en efecto la continuación de la política de relaciones exteriores de Israel por otros medios. Las conversaciones y negociaciones de paz, faltas de sinceridad o irrelevantes, se han transformado en una confortable máscara política para un régimen Israelí que no está dispuesto a ceder y que en realidad confía en la superioridad de su equipamiento militar -en gran parte provisto por Washington- para continuar indefinidamente con su violencia contra los palestinos. La presión de Estados Unidos sobre Israel es la clave para la solución del conflicto. Israel sabe muy bien que su “supervivencia” y estabilidad dependen de un apoyo estadounidense sostenido y creciente en todos los planos.

Lo que más condeno es la impunidad con la que Israel lleva a cabo sus cruentas operaciones militares en Palestina –gracias al respaldo inmutable, ciego e incondicional de Estados Unidos. Es precisamente esa cultura de la impunidad la que conduce al ataque sistemático e indiscriminado sobre los hogares palestinos y las masacres de civiles inocentes en el Líbano, Cisjordania y Gaza. Más aún, lo que debemos denunciar es la hipocresía imperial. ¿Cómo puede el “poderoso” y “benevolente” Estados Unidos hablar de democratizar el Medio Oriente -a través de sus invasiones en Afganistán e Irak- cuando hace la vista gorda ante los crímenes de lesa humanidad cometidos por Israel, su aliado ideológico en la región. Sé que la situación del Medio Oriente es muy frustrante, pero recordemos que más allá de la guerra y la violencia, el verdadero camino hacia una paz duradera en la región es una solución justa, pacífica y duradera del conflicto palestino-israelí.

En su famoso “Discurso del Cairo” el Presidente Barack Obama prometió una nueva era en las relaciones de Estados Unidos con el mundo islámico. Fue un discurso que reavivó la esperanza de mil millones de musulmanes en el mundo, de una paz justa en el Medio Oriente. Para ser justos con él, digamos que el Presidente Obama es de los pocos Presidentes estadounidenses de los últimos tiempos que ha intentado abordar el proceso de paz de manera directa –dando señales de una visión más constructiva para la región. Sin embargo, la elocuencia de Obama por ahora está lejos de traducirse en el fin del apoyo indiscriminado a Israel que Estados Unidos viene manteniendo desde hace décadas. Todavía estamos esperando que la Casa Blanca ejerza una presión diplomática efectiva y “sostenida” sobre los líderes de la línea dura –Netanyahu, Lieberman y sus acólitos- que controlan el aparato del estado israelí.

Declive imperial y pánico zionista

No obstante, nuestras esperanzas de un mundo más justo y más libre tienen hoy un sustento que es la situación propicia de “declive imperial” que ha debilitado al arrogante Estados Unidos. La crisis financiera mundial dejó al descubierto la debilidad de los cimientos de la economía real estadounidense. Durante décadas la “economía Friedmanita” fue dominante en un Estados Unidos pos-Keinesiano, donde el desarrollo sin control de los mercados financieros fue el motor del crecimiento. Mientras se ahogaba en el éxtasis del hiper-consumo pos-industrial, Estados Unidos impulsó sus proezas militares con un presupuesto militar que superaba el de todos los demás 54 países sumados. El colapso de la Unión Soviética inauguró una era de política mundial unipolar. En el período pos-Guerra Fría, motivado por un exceso de arrogancia imperial y cálculos estratégicos realistas, expandió su poderío militar en todo el mundo. Hoy, sin embargo, atrapado en lo que se está transformando en un estancamiento económico permanente, con una extralimitación militar, y una polarización interna en torno a encarnizadas líneas ideológicas, se ve obligado a buscar acuerdos con un mundo multipolar emergente donde ya no es más “el único”. Para Estados Unidos ya está cerca el fin de la época “unipolar”, si es que no llegó ya.

En el contexto del Medio Oriente, “El declive de Estados Unidos significa un Israel zionista en pánico”. Hoy estamos siendo testigos no solo del declive gradual del poder estadounidense, sino también de un creciente aislamiento de Israel. El auge de la línea dura anti-israelí en Irán, el creciente descontento en “las calles del mundo árabe” contra los gobiernos obsecuentes y la emergencia de una Turquía más firme, están alterando fuertemente el equilibrio de poder en el Medio Oriente. El declive estadounidense está generando un vacío político regional de grandes proporciones, que tiende a ser ocupado cada vez más por las potencias regionales –principalmente Irán, Turquía e incluso Qatar- aunque algunas potencias, como India, han utilizado su papel más relevante para apuntalar la influencia estadounidense en la región.

La profundización de la crisis en Palestina ocupada, la inestabilidad en Irak y Afganistán y la proliferación de la piratería y el terrorismo en la región, han alentado a las potencias locales a intervenir y resolver los conflictos por su propia cuenta de manera más matizada, con una orientación de largo plazo y ojalá en términos más constructivos. Lo que estas potencias regionales comprenden es que mientras los Estados Unidos se pueden retirar cuando las cosas se pongan feas –como lo hicieron en la Guerra de Vietnam- ellas, en cambio, no tienen más remedio que hacer frente a las amenazas de inestabilidad que acarrean las intervenciones imperiales en la región. En resumen, están obligadas a lidiar con el caos que generen los americanos. Es esta comprensión la que impulsa a las potencias locales a considerar la creación de un marco de seguridad y solución de conflictos más constructivo, concebido para lograr estabilidad y una “paz justa” en la región.

Nuevos acontecimientos

En opinión de muchos, el avance de una Turquía diplomáticamente proactiva y políticamente constructiva, bajo la dirección del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y con la orientación del Ministro de Relaciones Exteriores Ahmet Davutoglu, representa el acontecimiento más positivo de los últimos años. Turquía no es solo un puente entre Oriente y Occidente en términos geo-estratégicos, sino además, un agente confiable e influyente que podría contribuir mucho para lograr una solución efectiva y justa del conflicto palestino-israelí. Como miembro importante de la OTAN, socio por largos años de Israel hasta hace muy poco, la mayor economía de la región, un centro de desarrollo técnico-industrial, una democracia en ciernes, candidato a miembro de la Unión Europea, la gran potencia regional emergente que es hoy Turquía ocupa una posición privilegiada en los asuntos de la región –especialmente en el proceso de paz.

Al asumir un posicionamiento crítico luego de la Masacre de la Flotilla de Gaza, le envió a Israel un firme mensaje de que ya no podría continuar actuando con impunidad sin asumir graves costos regionales. Es tiempo de que la comunidad internacional reconozca en Turquía un actor importante en el proceso de Paz de Palestina. Las actuales acciones de Israel, como la expansión de los asentimientos ilegales o “colonias” y la constante agresión militar contra la población civil en Gaza y Cisjordania, provocarán un rechazo aún mayor entre la población turca, que siente gran empatía con la terrible situación que viven sus hermanos musulmanes palestinos.

Lamentablemente, lo que vemos por el momento es que Estados Unidos se doblega ante el cabildeo israelí. Resulta deplorable ver como unos pocos grupos de cabildeo poderosos, bien organizados y financiados como AIPAC, son los que efectivamente determinan la política exterior estadounidense en Medio Oriente que apoya todo lo que hace el zionismo, con apenas una palmadita como gesto de reprobación cuando se trata de violaciones a los derechos humanos.

El apoyo de Washington alienta la expansión de los asentamientos ilegales en Cisjordania que lleva a cabo Israel, su política de permanente acoso y estrangulamiento de Gaza y sus incursiones de piratería como el infame ataque a la Flotilla de la Libertad de Gaza.

Estados árabes condescendientes

Los países árabes vecinos son también fundamentales y claves para que haya una solución justa y pacífica del conflicto palestino-israelí. Recordemos que este conflicto arrastró a los países árabes vecinos –culminando en tres guerras Árabe-Israelíes en 1948, 1967 y 1973. El conflicto árabe-israelí más amplio tiene sus raíces en la creación del Estado de Israel en 1948, que coincidió con la expulsión forzada de cientos de miles de palestinos que fueron perseguidos y asesinados por las huestes militares israelíes.

El apoyo de los estados árabes a los palestinos no fue consistente, pero fue la paz de 1979 entre Egipto e Israel la que radicalmente volcó el equilibrio de poder a favor de un Israel en ascenso respaldado por la OTAN. Desde entonces, la mayoría de los países árabes, bajo la presión de Estados Unidos, han normalizado sus relaciones con Israel. En la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, muchos países árabes adoptaron una postura casi totalmente condescendiente, manifestando la urgencia de reconocer al Estado de Israel a cambio de ciertas concesiones de los israelíes. Entre tanto, Israel nunca se comprometió a ceder en temas como el “derecho al retorno” de millones de refugiados palestinos en todo el mundo, la división del Este de Jerusalén, y la creación de un Estado palestino independiente de acuerdo a las disposiciones del Acuerdo de Oslo o del Plan de Partición original de Naciones Unidas. Esto explica por qué en la última década países como Irán y Turquía emergieron como la “vanguardia” de los derechos palestinos, en tanto que las principales potencias árabes como Egipto y Arabia Saudita crecientemente perdieron influencia en la comunidad musulmana más amplia.

Irónicamente, mientras Estados Unidos predica la “democracia” y los derechos humanos en Irak y Afganistán, o en Irán, poco tiene para decir sobre las graves violaciones a los derechos humanos en las autocracias árabes que son sus aliadas, como Egipto y Arabia Saudita. Es precisamente esta hipocresía la que ha frustrado a un número cada vez más alto de jóvenes árabes, inclusive aquellos pertenecientes a la clase media educada, que han adoptado una posición radical contra los Estados Unidos. Para muchos árabes, Estados Unidos no es el adalid de la democracia sino un patrocinador de las autocracias brutales del Medio Oriente. Aunque los autócratas árabes parecen renuentes a confrontar a Israel por el tema palestino, el árabe “de la calle” no está pacificado ni es indiferente. Millones de árabes en la región albergan fuertes sentimientos pro palestinos, y son muy críticos de las relaciones “normalizadas”, cuando no cordiales, que sus propios gobiernos mantienen con Estados Unidos y particularmente con Israel. Aunque el destino de la democratización en el mundo árabe está lejos de ser una certeza, el apoyo permanente del imperio a los regímenes autocráticos condescendientes no conducirá a otra cosa más que a una mayor represión auspiciada por el estado y a un incremento de violentas respuestas populares.

Nuevos actores y el futuro

Pero incluso, a pesar de que los estados árabes se mantuvieron sumisos frente a Israel, la emergencia de un nuevo actor, Hezbollah en el Líbano, les generó esperanza. Las dos derrotas que Hezbollah infringió a Israel en 1992, obligándolo a retirarse del Líbano, y en 2006, doblegando a la Fuerza de la Defensa Israelí que invadió el territorio libanés, fueron trascendentes para que se reavivara el orgullo árabe. Yo estuve en Beirut en una misión de paz en el verano de 2006, y fui testigo de desbordantes testimonios de apoyo a Omar Nasrallah, dirigente de Hezbollah, en todo el Líbano. Más importante aún, los triunfos de Hezbollah le demostraron a Israel que la ecuación militar está cambiando y que la única esperanza para la supervivencia de Israel finalmente radica en una solución justa negociada de la cuestión palestina.

Al final, el crepúsculo del imperio, la creciente soledad de Israel, el surgimiento de actores como Irán y Turquía, la creciente radicalización de los pueblos árabes, y el surgimiento de nuevos actores como Hezbollah y Hamas, contribuirán a movilizar la región hacia una solución justa y viable al conflicto palestino israelí en el largo plazo. Sin embargo, a menos que el Presidente Obama comience a disciplinar a los representantes de la línea dura de Israel, una solución justa y pacífica es altamente improbable en el corto plazo. Esta es la oportunidad de Obama de demostrar que su elocuencia no es pura cháchara, sino que por el contrario expresa un compromiso genuino de lograr una paz justa y duradera a la región.

Nosotros somos solidarios con la causa del pueblo palestino y su resistencia a los impulsos genocidas de Israel que buscan eliminarlos como pueblo, y convocamos a la comunidad internacional a exigir ya el fin de este calvario.

*Walden Bello es miembro de la Cámara de Representantes de Filipinas por el Partido Akbayan y analista de Focus on the Global South. Esta fue su intervención en la Conferencia Por una Paz Justa para Palestina (Conference for a Just Peace for Palestine) celebrada en Nueva Delhi, setiembre 22 y 23 de 2010. Preparada con la ayuda de Richard Javad Heyderian.

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ENTREVISTAS CON EL ESCRITOR ACHIN VANAIK Y LA SOCIÓLOGA LISA TARAKI SOBRE GEOPOLÍTICA Y BOICOTS ACADÉMICOS

Durante la reciente Conferencia “Por una Paz justa para Palestina” (Just Peace for Palestine), Aditi Bhaduri de Focus on the Global South entrevistó a dos de los principales participantes: el escritor Achin Vanaik y la socióloga Lisa Taraki.

En la entrevista Achin Vanaik habla de los impactos del conflicto palestino-israelí en la paz y la seguridad de Asia Meridional y cuál debería ser la respuesta regional ante este tema.

¿Puede Asia Meridional generar una respuesta unificada frente a la cuestión Palestina?

No. Esto no es posible ya que la política del país más poderoso de la región –la India- está determinada por su alianza estratégica con Estados Unidos, y su respuesta no puede ser la misma que la de Pakistán, que a pesar de su dependencia hacia Estados Unidos tiene una posición diferente. Al mismo tiempo, Bangladesh, que no tiene ninguna razón para alinearse con Estados Unidos tiene una posición distinta. En realidad, en la conferencia que acaba de concluir sobre Palestina, los oradores de Bangladesh expresaron su apoyo al pueblo palestino. El sentimiento público en Nepal puede llevar a la adopción de una posición cercana a la de Bangladesh; dependerá de la dirigencia. La izquierda en Nepal e India son ciertamente pro-palestinas.

¿El conflicto palestino-israelí ha tenido impactos en Asia Meridional?

Sí, pero el punto es que es imposible hablar de Asia Meridional como una unidad, ya que los impactos de esta problemática en la región no son uniformes. Salvo en el caso de India, Estados Unidos es el factor de mediación en lo que hace a la cuestión Palestina en los países de la región. También es necesario situarnos en el contexto de los cambios que se están dando en la economía mundial, caracterizada por la globalización neoliberal, que en todas sus formas ha desequilibrado y unido firmemente a la elite India, por ejemplo, con las elites occidentales, y, en consecuencia ha provocado cambios en la política exterior, la cual es hoy bastante más favorable a los intereses estadounidenses en Asia Occidental.

Más aún, en gran medida independientemente de Estados Unidos, las relaciones indo-israelíes han experimentado un giro dramático. Hoy Israel es el principal proveedor de armas de India y juega un papel fundamental en el fortalecimiento de las relaciones entre India y Estados Unidos. Y no olvidemos que la Hindutivisación de la política india en general, en comparación con el pasado, ha generado también una corriente de mayor simpatía por el zionismo israelí entre la elite india.

En Pakistán se ha dado un cambio importante con el fin de la Guerra Fría. Pakistán mantenía una relación estrecha con uno de los pilares de la dominación estadounidense en Asia Occidental – Arabia Saudita- como forma de contrarrestar a Irán. Sin embargo, después de la invasión de Estados Unidos a Irak y su intervención militar directa en Asia Occidental, el papel militar y la importancia de Pakistán como factor estabilizador en Asia Occidental ya no tienen la misma trascendencia para Estados Unidos. Por lo que para Estados Unidos la importancia de Pakistán en Asia Occidental es menor, pero al mismo tiempo, con la guerra en Afganistán aumentó su importancia en Asia Central, donde Estados Unidos también ha realizado una intervención política y militar directa.

Es importante además recordar que en Asia Central y Occidental, Estados Unidos necesita estados y regímenes musulmanes leales. Israel es obviamente muy importante para Estados Unidos en Asia Occidental, pero Estados Unidos tiene varias herramientas estratégicas. Además de Israel, están Egipto, Arabia Saudita y Turquía. India es importante para Estados Unidos en el sur y el este y para contener a China. India es un apoyo auxiliar tras bambalinas para Estados Unidos en Asia Occidental.

¿Hasta dónde se puede culpar a India por su relación con Israel cuando muchos Estados árabes y musulmanes como Egipto o Jordania mantienen relaciones con Israel, y muchos otros como Qatar o Túnez cooperan activamente con él?

Este es un argumento que usan los estrategas indios. Alegan que no están haciendo nada que no hagan los estados árabes como fundamento para mantener su posición actual. Pero esto representa una ruptura fuerte con la política del país en el pasado, cuando independientemente de lo que otros países hicieran respecto de Israel, India sostuvo una firme posición de apoyo al pueblo palestino. Por ejemplo, Egipto estableció relaciones con Israel hace mucho tiempo en 1979, sin embargo India recién lo hizo en 1992. Por lo cual el cambio de actitud de India implica un giro a la derecha y un giro estratégico de acercamiento a los Estados Unidos. En lo que respecta a porqué India no debería apostar a desarrollar vínculos con Israel aun cuando otros países árabes lo hacen, todo depende de nuestra visión del mundo.

La lucha de los palestinos es hoy el movimiento de liberación nacional en curso más antiguo en el mundo, e India solía apoyar este tipo de causas morales. En la medida en que India se ha vuelto más poderosa como estado se ve a sí misma como un estado sub-imperial, incluso se autodenomina como potencia emergente. De ahí que gran parte de su elite piensa que el país tiene derecho a interferir en los asuntos internos de estados como Bhutan, Maldivas, Sri Lanka y por supuesto Nepal, derecho que no tiene.

¿Aquí no incide el factor China?

Sí pero ¿quién es India para decirle a China qué hacer? Lo cual no quiere decir que Nepal no deba estar alerta respecto de la influencia China, pero esta influencia en Nepal no se puede equiparar a la de la India, que es mucho mayor.

En realidad, el anterior rey Mahendra había sugerido que Nepal debía ser una zona de paz, y yo diría que Nepal que está redactando su constitución se debería declarar estado independiente y zona libre de armas nucleares. India y Pakistán han nuclearizado la región y puesto seriamente en riesgo su seguridad. Bangladesh debería unirse a Nepal para establecer una zona libre de armamento nuclear y de armas de destrucción masiva. Deberían además exigir que el Medio Oriente se transforme en una zona con estas características, lo cual dejaría al descubierto claramente la culpabilidad de Israel como el único estado nuclear de la región. Una declaración de este tipo automáticamente atendería también la preocupación que provoca el potencial nuclear de Irán. En realidad, hace tiempo que los países vienen exigiendo la creación de esta zona. El gobierno indio no impulsa esta propuesta porque no quiere enfrentarse a Israel y Estados Unidos, pero al mismo tiempo tiene la osadía de justificar su oposición a que Irán desarrolle su potencial nuclear.

Como se supone que la política exterior se basa en el pragmatismo, ¿usted está sugiriendo que a la India no le beneficia desarrollar relaciones con Israel?

Las ideas del pragmatismo y el interés nacional presuponen un Estado socialmente neutro que puede velar por los intereses de todos sus ciudadanos. Esto es problemático. Los Estados, incluso los democráticos, están sesgados a favor de algunas clases, castas, patriarcado, etc.

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Lisa Taraki es socióloga en la Universidad de Bir Zeit, en la Cisjordania, Palestina. Además de su labor académica sobre distintos aspectos de la política y la sociedad palestina y la historia social urbana, es activista de las luchas por el derecho a la educación en Palestina desde la década de 1970. Fue una de las fundadoras de la Campaña Palestina por el Boycot Académico y Cultural a Israel (PACBI por sus siglas en inglés), vive en Ramallah desde 2004. Recientemente estuvo en India para asistir a la conferencia “Por una paz justa para Palestina” y conversó con Aditi Bhaduri. A continuación presentamos algunos tramos de esa entrevista.

Como académica ¿cómo llegó a ser activista?

Nací y crecí en Kabul, y luego en la década de 1970 fui a Estados Unidos para continuar con mi educación. Estudié sociología, después me casé con un palestino y me fui a vivir a Palestina en 1976. Comencé a enseñar en la Universidad Bir Zeit en Ramallah, la universidad más famosa de Palestina, y a comienzos de la década de 1980 se inició el movimiento estudiantil por la liberación de Palestina. Muchos de nuestros estudiantes fueron arrestados por los militares israelíes y se suspendieron las clases varias veces. Así que automáticamente me involucré en el movimiento leguleyo que se creó para sacar de prisión a los estudiantes. Mi activismo fue madurando en el marco de la defensa de la universidad y en los intentos por mantenerla abierta.

Israel intentó obstaculizar la educación de varias maneras. La universidad estaba constantemente bajo estrecha vigilancia, e incluso el presidente de la universidad Bir Zeit –Hannah Nasser—fue deportado de Palestina y estuvo en el exilio durante 19 años. Recién pudo volver en 1995 después de que la OLP (Organización por la Liberación de Palestina) regresó a Cisjordania. Sin embargo, estos métodos no hicieron más que reforzar nuestra determinación a continuar la lucha. Incluso en los períodos en que la universidad estuvo cerrada y se criminalizó la enseñanza, igual enseñábamos de forma clandestina y nos reagrupábamos rápidamente y organizábamos los cursos que podíamos, en lugares como iglesias, mezquitas y casas particulares. Si las clausuras eran largas, intentábamos alquilar algún apartamento para seguir con las clases. Tenga en cuenta que todo esto era antes de la Internet. Los militares controlaban las instituciones estatales, así que enseñábamos en instituciones privadas. Los estudiantes que iban a las clases a menudo eran arrestados. Una experiencia que radicaliza a cualquiera. Un poco después comenzó la primera Intifada y durante cuatro años la Bir Zeit fue clausurada. Pero igual seguimos dando clases y la gente se graduaba.

¿Cambió la situación de la educación después de que se firmaron los acuerdos de Oslo?

El sistema universitario cambió porque pudimos desarrollar entonces el primer plan de estudios palestino, a pesar de que estuvo estrechamente monitoreado por los israelíes. Sin embargo, luego de la segunda Intifadah el derecho a la movilidad fue tan obstaculizado por el sistema de los puestos de control que dificultó a los estudiantes el acceso a la universidad. Así que ahora la educación en Cisjordania se ha vuelto muy “localizada”. Antes, por ejemplo, Bir Zeit tenía estudiantes de toda Cisjordania. Pero aunque es un área pequeña, venir a la Bir Zeit, digamos para alguien que está en Belén, resulta muy difícil. Y no hablemos de Gaza desde donde nadie puede llegar a Cisjordania.

Bir Zeit fue la primera Universidad en tener un programa de estudios de la mujer en Asia Occidental.

El primer programa de estudios sobre la mujer se creó en 1994 en la Universidad de Bir Zeit, y fuimos pioneros en esta área en todo Medio Oriente (Asia Occidental). Se trataba de un campo de estudios académicos completamente nuevo y representaba un gran desafío desarrollar un plan de estudios. Tuvimos que traducir palabras claves del inglés al árabe ya que no existía nada en árabe. Hoy es muy popular y ha crecido, ya tenemos cursos de grado y posgrado en el programa.

¿Cómo sucedió eso?

Creo que tuvo que ver con el papel de la mujer en Palestina. Las mujeres en particular tienen que sobrellevar una doble carga ya que la mayoría de los arrestos que hacen los israelíes son de hombres, aunque también hay un número considerable de mujeres presas. Esto ha llevado a que los presos hombres tengan que depender de mujeres para su defensa, para resolver sus necesidades en prisión, llevarles ropa y alimentos y hacerse cargo de los hijos. No hay una sola familia palestina que no haya tenido a alguien en prisión.

Así que una de las cosas que hemos hecho en los estudios de género es analizar el papel de la mujer y cómo han sobrellevado la situación las mujeres, y la elasticidad del sistema de apoyo social de la sociedad Palestina. La familia es considerada la base de la comunidad, pero después de un tiempo las mujeres que tienen a sus hombres en prisión han debido arreglárselas por sí mismas, hacerse cargo de sus hogares y la crianza de sus hijos, y la familia demostró no ser tan elástica como creíamos antes, se ha vuelto frágil.

Incluso en el sistema económico, las mujeres eran una fuerza fundamental en las tareas agrícolas, pero cuando la agricultura prácticamente fue destruida en los territorios palestinos y los hombres pasaron a ser asalariados, hubo una nueva división del trabajo. Por ejemplo, las aceitunas son el principal cultivo de Cisjordania, y requieren trabajo como arar la tierra alrededor de los olivares, que tradicionalmente no hacían las mujeres pero que debieron asumir. Tuvieron que asumir la carga de la cosecha, etc. Claro que no es posible hablar de la mujer en general, ya que la situación y el papel de la mujer en la sociedad palestina también dependen de la clase a la que pertenecen y la región específica en que viven.

Usted participa en la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel, que incluye un boicot académico y cultural.

Me involucré en la campaña y el movimiento por boicot, desinversión y sanciones contra Israel en 2002. Hace ya ocho años. Es una nueva manifestación del movimiento de boicot en Palestina, donde tenemos una larga historia de participación promoviendo el boicot.

Las incursiones militares israelíes en territorios palestinos desde que se estableció la Autoridad Palestina, y especialmente el ataque a los cuarteles del Presidente Arafat, tuvieron un fuerte impacto a nivel mundial y movilizaron a gente de todo el mundo. Así que varios de nosotros en Ramallah, y algunos colegas en Gran Bretaña y palestinos de la diáspora, realizamos una declaración conjunta en 2003, que tenía por objetivo presionar a Israel, ya que ni la diplomacia ni las negociaciones estaban dando resultados. En 2004, comenzamos la campaña por el Boicot Cultural y Académico contra Israel. El mismo año la Corte Internacional de Justicia dictó la famosa sentencia que establece la culpabilidad de Israel por la ocupación del territorio palestino de manera ilegal. Esta decisión legitimó nuestra campaña y fue allí cuando incorporamos académicos y organizaciones culturales de distintas partes del mundo y organizamos grupos en Gran Bretaña, Francia, Suecia, Italia, el año pasado en Pakistán y este año en India.

En 2005 creamos el BDS mundial para imponer boicots de amplio alcance e implementar iniciativas de desinversión contra Israel, similares a las que se aplicaron a Sudáfrica en la era del apartheid, hasta que Israel cumpla con su obligación de reconocer el derecho inalienable del pueblo palestino a su autodeterminación y respete cabalmente las normas del derecho internacional. Nuestra campaña también confronta internamente a los palestinos que creen en la fallida ideología de la paz y el diálogo con Israel, y que reciben millones de dólares.

¿Qué espera de su visita a la India?

Creemos que la campaña por el boicot tiene que adecuarse a las especificidades de cada país y contexto. Lo que funciona en un país puede no funcionar en otro. Así que debemos investigar mucho para saber qué acciones serán más efectivas. Recientemente, por ejemplo, algunas personalidades sudafricanas prominentes hicieron pública una declaración, apoyada por Desmond Tutu entre otros, negándose a cooperar con la Universidad Ben-Gurion. Al mismo tiempo, quiero dejar claro que convocamos a un boicot a las instituciones no a las personas. Así que me siento muy feliz de mi viaje a India. He encontrado solidaridad y apoyo entre la gente. Esperamos que nuestra labor se pueda desarrollar en distintos niveles –tanto de gobierno, como del Parlamento, y, por supuesto, entre la gente común. India con su propia historia de resistencia puede hacer mucho, y les corresponde a los indios definir cuál es la mejor forma de apoyar el movimiento por BDS.

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¿POR QUÉ NO PALESTINA?

¿Por qué realizar una conferencia por Palestina en Nueva Delhi?, se pregunta Aditi Bhaduri en su artículo sobre la conferencia “Por una paz justa para Palestina” que acaba de culminar en Nueva Delhi.

La Conferencia Por una paz justa para Palestina se realizó en el centro Internacional India de Nueva Delhi. En un momento en que India está atrapada en una serie de intrincados problemas internos –la amenaza de los maoistas, el aumento de las tensiones en Kachemira y el fiasco de los juegos del Commonwealth- parece algo sorprendente que sea la sede de una conferencia sobre Palestina. Además, para muchos analistas, en política exterior hay otros temas bastante más urgentes –el resurgimiento de los intentos de China de cercar a India, la guerra de declaraciones y tensiones con Pakistán. Entonces ¿por qué Palestina?

La justificación radica en que no se trató de una decisión aislada, sino de un evento en el marco de un proceso en curso de más largo aliento de una campaña en India para promover el boicot, la desinversión y la aplicación de sanciones a Israel con el objetivo de obligarlo a cumplir con el derecho internacional y terminar con la ocupación de los territorios palestinos y la opresión de ese pueblo, y por la creación de un estado palestino viable en Asia Occidental. Esta es una campaña que fue iniciada por algunos académicos e intelectuales, pero esperamos que crezca en el futuro cercano. Tenemos la esperanza de que estas presiones lleven al gobierno de India a abandonar su actual posición de incrementar sus vínculos estratégicos y en el área de defensa con Israel. India es el principal comprador de armas de Israel, ayudando a mantener a flote a la economía israelí. Los ataques de las fuerzas israelíes a la flotilla de Gaza, que transportaba ayuda internacional para la población sitiada en la franja, en aguas internacionales, imprimieron un mayor sentido de urgencia a esta conferencia.

Por esa razón, destacados académicos, líderes políticos y activistas provenientes de distintas partes del mundo se congregaron durante dos días en Nueva Delhi para alzar su voz por una paz justa para Palestina. La conferencia fue organizada conjuntamente por el Comité de Solidaridad con Palestina, el Comité Nacional del BDS de Palestina, el Centro para el Análisis de Políticas (Centre for Policy Analysis), All India Peace and Solidarity Organization, Focus on the Glboal South y otras organizaciones afines. El leitmotiv de todos los disertantes fue que si la intransigencia israelí sigue haciendo por mucho tiempo más imposible lograr una paz justa en la región, será el fin de cualquier posibilidad de solución que implique el establecimiento de dos Estados, haciendo avanzar la exigencia de un Estado único que podría diluir el carácter judío de Israel –algo inaceptable para Israel. En realidad, algunos participantes, como el académico israelí Ilan Pappe, consideraron que la solución de un Estado binacional sería una solución más equitativa que la de dos Estados en función del reducido tamaño del territorio en cuestión.

El primer día de la conferencia intervinieron oradores como Jamal Zahalka, miembro árabe del Parlamento israelí; Ilan Pappe; el ex presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, el padre Miguel Brockmann; y el Relator de Derechos Humanos para Naciones Unidas en los territorios palestinos ocupados, el Prof. Richard Falk, quienes debatieron sobre la génesis de la crisis palestina y se enfocaron en la situación de la población palestina en los territorios ocupados. El padre Brockmann instó a la comunidad internacional a presionar a Israel para que cumpla con las normas de derecho internacional y ponga fin a la ocupación, en tanto Falk exhortó a India a jugar un papel más preponderante y a elevar su voz en el contexto de la comunidad internacional incluso en este momento en que su importancia geopolítica ha aumentado. El Profesor Ijaz Ahmed declaró que solamente una solución justa de la cuestión Palestina podría traer una paz duradera en la región, y señaló el gradual cambio en la posición de la India, que se ha ido alejando de su firme posición de apoyo a los palestinos, acercándose a una estrecha cooperación militar con Israel.

El segundo día se centró en el imperio y la respuesta asiática. El Profesor Achin Vanaik declaró que Estados Unidos e Israel son parte del problema de la militarización de Asia Occidental y Asia Meridional, y dijo que Estados Unidos, que invadió Afganistán e Irak, no ayudará a la región a hallar una solución justa para la causa palestina. Walden Bello dijo que Estados Unidos implantó y ayudó a mantener regímenes antidemocráticos y opresivos, como los de Egipto y Arabia Saudita, y al mismo tiempo insistió en la democratización y los derechos humanos en países como Irak y Afganistán. La Profesora Lisa Taraki de la Universidad Bir Zeit en Cisjordania presentó la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) iniciada por académicos e intelectuales palestinos contra el estado de Israel –un movimiento que ha encontrado apoyo en la sociedad civil de distintos países, inclusive en Estados Unidos.

Más tarde en dicha jornada, los oradores de distintos partidos políticos incluido Prakash Karat del Partido Comunista Indio (PCI)(M), Mani Shankar Aiyer del Partido del Congreso y A.P Bardhan del PCI cuestionaron los lazos cada vez más estrechos de carácter militar y de defensa entre India e Israel, y el debilitamiento del apoyo indio a Palestina que se ha restringido solo a la asistencia humanitaria. Dejaron entrever la idea de conformar un comité parlamentario para Palestina en el ámbito del Parlamento Indio y exigir que India ponga fin a sus vínculos con Israel en el área de defensa. Oradores palestinos, incluido el miembro fundador de la Iniciativa Nacional Palestina, Dr. Mustafa Barghouti y el activista Jamal Jummaa, hablaron sobre la expansión de los asentamientos israelíes en territorios palestinos, y del movimiento BDS que esperan que sea apoyado por la gente en India y la región.

Entre los oradores provenientes de Bangladesh estuvieron el dirigente sindical Rashed Menon y el Presidente del Partido Comunista de Bangladesh Manzurul Khan, que reiteraron el apoyo y la solidaridad de Bangladesh con el pueblo palestino, y llamaron a que India asuma el liderazgo de la campaña a favor de los derechos del pueblo palestino en la región.

La conferencia concluyó con un plan de acción, que incluye varias medidas de demostración de solidaridad con Palestina, y se firmó una resolución que llama al gobierno indio a “`poner fin a sus lazos militares con Israel y a retomar su anterior compromiso con la causa del pueblo palestino”

Por supuesto no faltaron visiones críticas. Mientras un comentarista destacó los estrechos y crecientes lazos entre China e Israel, otros, como Samuel Rajiv del Instituto para los Estudios de Defensa argumentaron que la política de boicot y sanciones tiene “poca incidencia en la generación de cambios en las políticas internas o externas de los Estados nación, especialmente en Asia Occidental”.

Irak durante el régimen de Saddam Hussein o Irán hoy son ejemplos de esto”, declaró. “Tanto Tel Aviv como Nueva Delhi deberían también apuntar a informar a la opinión pública sobre su actual cooperación en el área de defensa, en vez de buscar perpetuar el “tabú” en materia de defensa”.



* Aditi Bhaduri es escritora y periodista y trabaja para Focus on the Global South en India.

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