ENFOQUE SOBRE COMERCIO
No. 152, Septiembre 2010
EN ESTA EDICIÓN: El capitalismo desenfrenado causa sus estragos habituales: derrames de petróleo, debacle financiera, revueltas por alimentos, desempleo... sólo que ahora está empezando a devastar el núcleo.
“LO DIJO TONY HAYWARD”
Una canción de Bill Carroll
LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS DEL ESTANCAMIENTO ECONÓMICO
Walden Bello
REBELIONES POR ALIMENTOS: LOS MOZAMBIQUEÑOS SABEN HACIA DÓNDE SOPLA EL VIENTO
Raj Patel
GRECIA: MISMA TRAGEDIA, DISTINTOS LIBRETOS
Walden Bello
LA EUROZONA ENTRE LA AUSTERIDAD Y LA MOROSIDAD
Un nuevo informe de Research on Money and Finance (RMF)
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http://www.focusweb.org/focus-on-trade-number-152-september-2010.html
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“LO DIJO TONY HAYWARD”
Enfoque sobre Comercio utiliza la palabra escrita como fuente de análisis, pero uno de nuestros lectores, el Profesor Bill Carroll (Universidad de Victoria, Canadá) realizó esta semana su segundo video musical político titulado “So Said Tony Hayward” (“Lo dijo Tony Hayward”). Carroll sostiene que la canción prácticamente se “escribió sola”, inspirada en el rico material que representan las palabras del ex CEO de BP. Pero la canción nos recuerda también la magnitud del desastre y la clara culpabilidad de la empresa. Los invitamos a escuchar a Bill Carroll en YouTube:
http://www.youtube.com/watch?v=4li0MzzRXMU
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LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS DEL ESTANCAMIENTO ECONÓMICO
por Walden Bello*
Con perdón de T.S. Eliot, pero el mes más cruel no es abril, es septiembre. Antes del 11 de septiembre de 2001 hubo un 11 de septiembre de 1973, en que el General Pinochet derrocó al gobierno del Presidente Allende en Chile, inaugurando un reino de terror que duró 17 años. Más recientemente, el 15 de septiembre de 2008, la quiebra de Lehman Brothers torpedeó la economía mundial y transformó lo que había sido una crisis de Wall Street, en una experiencia cercana a la muerte del sistema financiero mundial.
Transcurridos dos años, la economía mundial continúa siendo muy frágil. Las señales de recuperación que los desesperados formuladores de políticas afirmaron haber detectado entre fines de 2009 y comienzos de 2010 no eran más que espejismos. En Europa, cuatro millones de personas están desempleadas, y los programas de austeridad impuestos a los países altamente endeudados como Grecia, España, Italia e Irlanda conducirán a la cesantía de cientos de miles de personas más. Alemania es una excepción a esta regla nefasta.
Si bien técnicamente Estados Unidos no está en recesión, la recuperación es una posibilidad distante para la economía más grande del mundo que se contrajo un 2,9% en 2009. Así lo transmite su anémica tasa de crecimiento del PBI del 1,6% en el segundo trimestre, y la existencia de un desempleo real que supera la cifra oficial del 9,6% si tomamos en cuenta a los que han dejado de buscar trabajo. Las empresas continúan absteniéndose de invertir, los bancos siguen sin otorgar préstamos, y los consumidores siguen restringiendo sus gastos. Y la ausencia de un nuevo programa de estímulos, al tiempo que el impactante paquete de US$787 mil millones que Washington inyectó en la economía en 2009 se va consumiendo, prácticamente asegura que la tan temida “recaída en la recesión” se vuelva realidad.
Que el consumidor estadounidense no gaste tiene implicancias no sólo para la economía de los Estados Unidos, sino para la economía mundial. El gasto en base al endeudamiento de los estadounidenses fue el motor de la economía globalizada previo a la crisis, y desde que comenzó la crisis nadie los ha reemplazado. El gasto de los consumidores chinos, alentado por el estímulo del gobierno de US$585 mil millones, revirtió temporalmente las tendencias contractivas en China y el Este de Asia. También tuvo cierto impacto en África y América Latina, pero no ha sido lo suficientemente fuerte para sacar a Estados Unidos y Europa del estancamiento. Más aún, ante la ausencia de un nuevo paquete de estímulos en China, la recaída a un crecimiento lento, al estancamiento o la recesión es una posibilidad muy real para el Este de Asia.
Recortes o estímulos
Entre tanto, el debate en los círculos que definen las políticas occidentales se divide en dos bandos. Por un lado están los que ven la amenaza de una suspensión de pagos del Estado como un problema mayor que el estancamiento, y se niegan a aprobar más estímulos para el gasto. Y en el otro bando están los que piensan que no hay mayor amenaza que el estancamiento, y que es necesario que haya más estímulos para contrarrestarlo. En la reunión de junio del G20 en Toronto, los dos bandos colisionaron. La alemana Angela Merkel defendió las políticas de ajuste, apuntando a la amenaza de la cesación de pagos de las economías satélites de Alemania en el sur de Europa excesivamente endeudadas, en particular Grecia. Obama, por otro lado, quien enfrenta una elevada e incorregible tasa de desempleo, se expresó a favor de continuar con las políticas expansionistas, aunque no contó con la fuerza política necesaria para sostenerlas.
En opinión de los que están a favor del gasto, los que están contra el déficit no tienen muchos argumentos. En un momento en que la deflación es la gran amenaza, el miedo a que el gasto público avive la inflación parece algo fuera de lugar. Resulta extraño que se esté pensando en que se está cargando el peso de la deuda sobre las espaldas de las futuras generaciones, ya que no hay mejor forma de beneficiar a los ciudadanos del mañana que garantizar que hereden economías sanas y en crecimiento. El gasto deficitario es hoy el medio de lograr este crecimiento. Más aún, la suspensión de pagos del Estado no es una amenaza real para los países que toman préstamos en monedas que pueden controlar, como Estados Unidos, ya que como última opción tienen la posibilidad de pagar sus deudas simplemente haciendo que el banco central emita más dinero.
Quizá el más entusiasta de los defensores de las medidas de estímulo es Paul Krugman, el Premio Nobel, que se ha transformado en la bestia negra de una buena parte de la derecha. Para Krugman, el problema es que el estímulo original no fue suficientemente grande. Pero, ¿cuánto estímulo extra se necesita y qué otras medidas anti-estancamiento se pueden tomar? Ante estas preguntas Krugman deja entrever cierto desasosiego, quizá dándose cuenta de que el Keynesianismo tradicional tiene límites: “Nadie puede estar absolutamente seguro de que estas medidas funcionen, pero es mejor intentar algo aunque pueda no funcionar que buscar excusas mientras los trabajadores sufren”. Según Krugman, la alternativa descarnada a un agresivo aumento deficitario del gasto es “el estancamiento permanente y altos índices de desempleo”.
Krugman puede tener razón, pero la razón va a la cola de la ideología, los intereses y la política. A pesar de las altas tasas de desempleo, las fuerzas contrarias a un aparato estatal robusto y al déficit llevan la iniciativa en tres países clave de Occidente: en Gran Bretaña, donde los Conservadores ganaron basándose en una plataforma de reducción del Estado; en Alemania, donde la imagen del derroche de griegos y españoles financiado con préstamos tomados de los esforzados trabajadores alemanes se transformó en el poderoso caballito de batalla del partido de Merkel para mantenerse en el poder; y en Estados Unidos.
La debacle de Obama
A pesar de los altos índices de desempleo, la posición anti-déficit ha ganado ascendencia en Estados Unidos por una serie de razones. En primer lugar, la posición anti-déficit se ajusta al sentimiento de rechazo al Estado voluminoso que caracteriza a la clase media estadounidense. En segundo lugar, Wall Street abrazó de manera oportunista las medidas anti-déficit, para descarrilar los esfuerzos de Washington de regularlo. El problema es el Estado voluminoso, vocifera, no los grandes bancos. En tercer lugar, y es algo que no se debe subestimar, existe un resurgimiento de la influencia ideológica de la doctrina neoliberal, incluidos aquellos que, al decir de Martin Wolf, “creen que una caída profunda purgará los excesos del pasado, y de esta forma conducirá a economías y sociedades más saludables”. En cuarto lugar, los análisis económicos anti-déficit tienen una base de masas, el movimiento del Tea Party (el partido del té que ha surgido en el seno del Partido Republicano y ha tomado fuerza). Por el contrario, la posición favorable al estímulo, es defendida por los intelectuales progresistas sin contar con una base popular, y cuya base potencial se ha desilusionado con Obama.
Pero este ascenso de los halcones no se puede considerar como algo predestinado. Según Anatole Kelentsky, el comentarista económico del Times de Londres y una persona que no es precisamente afín a la perspectiva progresista, la ascendencia de las fuerzas anti-déficit tiene sus orígenes en un grave error táctico de Obama y en la incapacidad de los progresistas de ofrecer una explicación convincente sobre la crisis. El error garrafal de Obama fue asumir responsabilidad por la crisis en un gesto de bipartidismo, todo lo contrario de lo que en su momento hicieron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que “rechazaron cualquier tipo de responsabilidad por las penurias económicas”. Reagan y Thatcher dedicaron “los primeros años de sus gobiernos a convencer a los votantes de que los únicos culpables del desastre económico eran los gobiernos de izquierda que les precedieron, los sindicatos militantes y las élites progresistas liberales”.
Pero aún más problemático, sostiene Kaletsky, es que el relato de Obama en sí mismo es contradictorio, ya que al tiempo que culpa a los banqueros ambiciosos, sostiene que los bancos son demasiado grandes para dejarlos caer. “Con bancos que se recuperan de la crisis más rápido y de manera más rentable que lo que se les hizo creer a los votantes” argumenta en su libro Capitalismo 4.0, “los políticos de todos los partidos se tornan en el sentir del público en secuaces de esos mismos banqueros a los que intentan culpar”. Ciertamente el paquete de reforma financiera de los demócratas recientemente aprobado por el Congreso solo puede reforzar esta percepción del público de que han sido cooptados o intimidados por aquellos a los que denuncian. No hay allí disposiciones que verdaderamente tengan fuerza: no hay una cláusula del tipo Glass-Steagall que impida que los bancos comerciales se dupliquen como bancos de inversiones; no se prohíbe el comercio de derivados, a los que Warren Buffett denominó “armas de destrucción masiva”; ni se establece un impuesto a las transacciones financieras internacionales o Tasa Tobin, ni un tope firme a los salarios, bonos y opciones de valores de los ejecutivos.
Para Kaletsky, Obama debería haber retratado la crisis económica como el resultado de “la filosofía polarizada y excesivamente simplificada del fundamentalismo de mercado, y no de las falencias de carácter de los banqueros y los reguladores. Presentando un análisis sistémico de la crisis, los políticos hubieran podido capturar la imaginación del público con un relato pos-crisis en lugar del linchamiento de los banqueros ambiciosos, y en última instancia más dramático”. Pero con asistentes como el Secretario del Tesoro Tim Geithner y el Director del Consejo Económico Larry Summers, ninguno de los cuales rompió definitivamente con el neoliberalismo, este análisis sistémico simplemente no estaba en el menú de opciones.
En pos de una estrategia progresista
La derecha ha ganado impulso y probablemente obtenga la victoria en las elecciones legislativas de noviembre. Vincularán a Obama y los demócratas tan firmemente a la crisis, que la gente olvidará que la misma explotó durante el reinado del fundamentalista de mercado George Bush. Pero no es probable que los halcones fiscales y el Partido del Té, quienes profesan una economía de mercado pura, puedan presentar una alternativa a lo que ellos han caricaturizado como el “socialismo” de Obama. Al permitir que la economía explote hacia adentro para continuar siendo fieles a su ideología, invitarán a que aumente el repudio de una población económicamente insegura.
Pero el callejón sin salida que ofrece la economía del partido del té no debería ser motivo de alegría para el progresismo. Por el contrario, debería tratar de comprender las causas que llevaron al fracaso al pálido keynesianismo de Obama. Más allá del error táctico de asumir responsabilidad por la crisis y de la incapacidad de presentar un relato agresivamente anti-neoliberal para explicarla, el problema central que ha afectado duramente a Obama y su equipo, es su fracaso en ofrecer una alternativa inspiradora con la que superar el neoliberalismo.
Los elementos técnicos de una solución progresista a la crisis han sido analizados a fondo por los economistas keynesianos y otros economistas progresistas: estímulos de mayores dimensiones, una regulación más estricta de los bancos, políticas monetarias flexibles, impuestos altos a los ricos, reconstrucción de la infraestructura nacional, una política industrial que promueva las industrias ecológicas, controles a los flujos del capital especulativo, controles sobre la inversión extranjera en os países de origen, una moneda mundial y un nuevo banco central mundial.
La administración Obama ha intentado aplicar algunas de estas medidas. Pero debido a su afán por el bipartidismo, los lazos de algunos destacados miembros de su equipo con las elites económicas, y la incapacidad de tecnócratas claves como Summers y Geithner de romper con el paradigma neoliberal, no logró presentarlas como elementos de un programa de reforma social más amplio que apuntara a la democratización del control y manejo de la economía.
Para el progresismo, la lección que se debe extraer de la atascada formulación económica de Obama es que la gestión tecnocrática no es suficiente. Las medidas keynesianas deben ser parte de una visión y un programa más amplios. Esta estrategia debe tener tres ideas centrales clave: la toma de decisiones democrática en todos los niveles de la economía, desde la empresa a la planificación macroeconómica; en segundo lugar, una mayor igualdad en la distribución de la riqueza y el ingreso para compensar las tasas de crecimiento más lentas dictadas por las limitantes económicas y ambientales; y tercero, una ética más cooperativa, en lugar de una competitiva, en la producción, la distribución y el consumo.
Más aún, ese programa no puede ser simplemente elaborado por una elite tecnocrática, como ha sido la moda en esta administración, uno de cuyos mayores errores fue permitir que el movimiento de masas que la llevó al poder se esfumara. La gente tiene que ser convocada a sumarse a la construcción de la nueva economía, y aquí los progresistas tienen mucho que aprender del movimiento del Partido del Te, con el cual inevitablemente tienen que competir en una lucha a muerte por el apoyo de las bases populares estadounidenses.
La naturaleza aborrece el vacío
Krugman pronostica que los probables resultados electorales de noviembre “paralizarán las políticas en los años por venir”. Pero la naturaleza aborrece el vacío, y el fracaso común tanto de los fundamentalistas de mercado como de los keynesianos tecnocráticos hasta el momento en dar una respuesta a los temores de los desempleados, de los que están por quedar desempleados, y del gran número de personas económicamente inseguras, es muy probable que produzca fuerzas sociales que hagan frente a sus temores y problemas.
Un fracaso de la izquierda en ocupar este espacio de manera innovadora, inevitablemente implicará el resurgimiento de una derecha renovada con menos aprehensiones respecto a la intervención del Estado, que podría combinar las iniciativas keynesianas tecnocráticas con un programa populista pero de carácter social y cultural reaccionario. Hay un término para un régimen así: fascismo. Tal como nos recuerda Roger Bootle, autor de The Trouble with Markets, millones de alemanes se desilusionaron con el libre mercado y el capitalismo durante la Gran Depresión. Pero ante la incapacidad de la izquierda de darles una alternativa viable, se volvieron vulnerables a la retórica de un partido que, una vez que llegó al poder, combinó las medidas keynesianas de reactivación económica que hicieron caer el desempleo al tres por ciento con un devastador programa social y cultural contrarrevolucionario.
¿Fascismo en los Estados Unidos? No es tan descabellado como podría pensarse.
* Walden Bello integra la Cámara de Representantes de Filipinas y es analista del instituto de investigación y análisis Focus on the Global South. Este artículo apareció en Foreign Policy in Focus, el 10 de septiembre de 2010, http://www.fpif.org/articles/the_political_consequences_of_stagnation
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REBELIONES POR ALIMENTOS: LOS MOZAMBIQUEÑOS SABEN HACIA DÓNDE SOPLA EL VIENTO
por Raj Patel*
Ha sido un verano de temperaturas récord – Japón tuvo el verano más cálido del que haya registro. [1] Lo mismo sucedió en el Sur de Florida y Nueva York. [2] Entre tanto, Pakistán y Níger sufren inundaciones, y el este de los EE.UU. aún no se recupera del huracán Earl. Cualquier meteorólogo dirá que ninguno de estos eventos individuales puede ser atribuido categóricamente al calentamiento global, pero para saber cómo se manifestará el cambio climático en el siglo XXI no es necesario dirigirse a la Oficina Meteorológica. Alcanza con ver los muertos y las gomas quemadas que dejan las revueltas por alimentos en Mozambique para saber lo que sucede cuando los fenómenos naturales extremos interactúan con los sistemas sociales y económicos injustos.
Las causas inmediatas de las protestas en la capital de Mozambique, Maputo, y en Chimolo, a unas 500 millas al norte, son el aumento del precio del pan en un 30%, conjuntamente con un aumento de dos dígitos en las tarifas del agua y la energía. [3] Cuando casi las tres cuartas partes del presupuesto de los hogares se destina a alimentos, es una suba que pocos mozambiqueños pueden afrontar. Hasta ahora, van unos diez muertos, incluidos dos niños. La policía sostiene que tuvieron que utilizar municiones reales contra los manifestantes porque “se quedaron sin balas de goma”. [4]
Las razones más profundas del aumento de los precios en Mozambique se encuentran a un continente de distancia. Los precios del trigo se dispararon en los mercados mundiales el pasado verano, en gran parte debido a que Rusia, el tercer exportador mundial de trigo, sufrió unos incendios catastróficos en sus principales áreas de producción. A su vez, estos fuegos, se originaron debido a una mala infraestructura de lucha contra el fuego y a la peor ola de calor que ha azotado al país en un siglo. [5] El jueves, Vladimir Putin prorrogó la prohibición de las exportaciones en respuesta a nueva ola de incendios en el cinturón cerealero del país, enviando nuevas señales a los mercados de que el trigo ruso no estaría disponible fuera del país. [6] Mozambique importa más del 60% del trigo que necesita su población, por lo que el país se ha vuelto rehén de los mercados internacionales. [7]
Esto puede sonar familiar. En 2005, los precios del aceite, el trigo, el maíz y el arroz alcanzaron precios picos en los mercados internacionales –los precios del maíz casi se triplicaron entre 2005 y 2008. [8] En el proceso, docenas de países importadores de alimentos se vieron sacudidos por revueltas por alimentos, una de las cuales le costó el cargo al Primer Ministro de Haití Jacques Edouard Alexis. [9]
Como trasfondo de las protestas de 2008 hubo, en primer lugar, eventos naturales que parecían ser un fragmento de la sección meteorológica del Libro de las Revelaciones – sequía en Australia, plagas en las cosechas en Asia central, inundaciones en el Sureste asiático. Estos fueron potenciados por los sistemas sociales a través de los cuales se hicieron sentir sus efectos. Los precios del petróleo se dispararon, lo que implicó mayores costos de transporte y precios más altos de los fertilizantes en base a combustibles fósiles. La política de agrocombustibles, en particular en Estados Unidos, provocó cambios en el uso de la tierra y el destino de los cultivos, que pasaron de la producción de alimentos a la de etanol, sacándole así a alguien la comida de la boca para convertirla en combustible para los tanques de los vehículos. Las tendencias de más largo plazo de crecimiento demográfico y el consumo de carne en los países en desarrollo se sumaron también al estrés. Los especuladores financieros arremetieron sobre los productos básicos, haciendo que los precios subieran aún más y colocándolos fuera del alcance de los pobres. Por último, algunos minoristas aprovecharon la oportunidad para aumentar aún más los precios, y aunque los precios en los mercados internacionales retornaron a los niveles anteriores a la crisis, la mayoría de nosotros no lo ha visto todavía reflejado en la factura.
¿Estamos reviviendo entonces el 2008? El tiempo está loco, los precios de la carne alcanzaron su pico máximo de los últimos 20 años, hay saqueos en los almacenes, y los jefes de Estado nos piden calma. La visión general de los operadores de los productos básicos, sin embargo, es que no estamos en la situación extrema de hace dos años. El combustible es relativamente barato y los depósitos de granos tienen buenas reservas. Todavía estamos en camino de lograr la tercera cosecha más grande de trigo de la historia, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). [10] Así que incluso sin el trigo ruso, no hay porqué entrar en pánico.
Si bien todo esto es cierto, no tiene en cuenta el punto central de la cuestión: para la mayor parte de los que pasan hambre, el 2008 aún no terminó. Los eventos de 2007 sumieron en el hambre a más de 100 millones de personas, y la recesión mundial no les ha permitido salir de esa situación. En 2006, había 854 millones de personas desnutridas. [11] En 2009 esta cifra alcanzó los 1.020 millones –los niveles más altos desde que se llevan registros. El hambre no es un fenómeno solo de África. Según un estudio, en Navidad de 2009 en Estados Unidos, 57 millones de estadounidenses no estaban seguros de cómo conseguirían su siguiente comida. [12] Entre quienes más han sufrido los aumentos de los precios en los Estados Unidos y en el mundo entero, están las mujeres jefas de hogar [13]. Las relaciones y las estructuras de poder que generan las desigualdades de género no son ajenas a los fenómenos climáticos, después de todo. [14] Y es por ello que el 60% de las personas que pasan hambre son mujeres o niñas.
No solo continúa habiendo hambrientos, también siguen las revueltas por los alimentos. India, con una inflación de dos dígitos en el precio de los alimentos, fue escenario de violentas protestas callejeras a fines de 2009. Los aumentos de los precios, fueron una vez más consecuencia de la ocurrencia de monzones extremos e impredecibles en 2009, y de una red de seguridad social cada vez más defectuosa que es incapaz de impedir la hambruna. [16]. Este año han habido frecuentes protestas públicas por el precio del trigo en Egipto, y tanto Serbia como Pakistán han sido escenario de manifestaciones populares por ese mismo motivo.
Aunque los precios de los productos básicos cayeron después de 2008, la arquitectura del sistema alimentario continúa siendo básicamente la misma desde hace dos décadas. Bill Clinton ofreció hace muy poco varios mea culpas por las políticas de desarrollo y comercio internacional que provocaron la crisis alimentaria. Un poco antes, este mismo año, asumió la culpa por la vulnerabilidad de Haití ante las fluctuaciones de los precios internacionales: “Yo lo hice”, dijo al dar testimonio ante el Senado de Estados Unidos. “Tengo que vivir todos los días con las consecuencias de la pérdida de la capacidad de producir arroz en Haití para alimentar a ese pueblo, por lo que yo hice. Nadie más”. [17] En términos más generales, Clinton sugirió en 2008 que “los alimentos no son como cualquier otra mercancía...es de locos creer que podemos desarrollar a muchos de estos países, tratando a los alimentos como si fueran un aparato de televisión a color”. [18]
No obstante, los especuladores internacionales en productos básicos o commodities siguen tratando a los alimentos como aparatos de televisión, sin tomar conciencia de lo que el World Development Movement ha caracterizado como “jugar apuestas con el hambre en los mercados financieros”. La reciente Ley de Reforma de Wall Street de los Estados Unidos contiene algunas medidas que podrían poner un freno a estas actividades especulativas, pero aún no está claro cuál será finalmente su alcance. Europa no tiene ningún mecanismo que regule este tipo de comercio especulativo. [19] La agricultura en el Sur Global todavía está sujeta al modelo del Consenso de Washington, dirigido por los mercados y con gobiernos que van a la cola del sector privado. Y la única razón por la cual los agrocombustibles no ocupan un lugar más destacado es porque el petróleo que se proponen sustituir hoy está barato.
Claramente, ni la especulación en granos, ni el forzar a los países a depender de los mercados internacionales para su alimentación, ni el aliento al uso de los recursos agrícolas para la producción de combustible en lugar de la nutrición, son fenómenos naturales. Se trata de decisiones eminentemente políticas, adoptadas y aplicadas no solo por Bill Clinton, sino por legiones de profesionales del desarrollo internacional que en gran medida no rinden cuentas a nadie. La gente del Sur Global tiene que vivir a diario las consecuencias de esas decisiones. Lo que nos trae nuevamente a Mozambique.
Recordemos que las protestas callejeras de Mozambique coincidieron no solo con el aumento del precio del pan, sino también con la suba de la electricidad y el agua. En una entrevista con la empresa de noticias portuguesa Lusa News, Alice Mabota de la Liga de Derechos Humanos de Mozambique no usó la expresión “revueltas por alimentos”. Las protestas son bastante más sutiles y con matices políticos. En sus palabras, “El gobierno…no puede o no quiere entender que se trata de una protesta contra el aumento del costo de vida”. La acción en las calles no es solo una protesta por los alimentos, sino un acto de rebelión más amplio y más político. La mitad de los mozambiqueños pobres ya sufren de una desnutrición aguda, según la FAO. [20] Los fenómenos extremos del clima que están detrás de los incendios de los campos de granos en Rusia transformaron un contexto político en el que los ciudadanos estaban crecientemente enojados y frustrados con sus propios gobiernos. Aunque es difícil de entender fuera del país, es una historia bien conocida dentro de los países que experimentan estas rebeliones por los alimentos.
Ayer estuve en contacto con Diamantino Nhampossa, el Coordinador de la Unión Nacional de Campesinos de Mozambique. “Estas protestas van a terminar” me dijo. “Pero siempre van a volver. Este es el regalo que nos ofrece el modelo de desarrollo que estamos siguiendo”. Como muchos mozambiqueños, él sabe muy bien hacia dónde sopla el viento.
* Raj Patel es escritor, por lo cual ha ganado premios, activista y académico. Su primer libro fue Stuffed and Starved: The Hidden Battle for the World Food System, y el último --The Value of Nothing-- es un best seller del New York Times. Ver http://rajpatel.org/
Notas:
[1] http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5jejeLCKDLGD9Ael1Wdi-AIQQf4sw
[2] http://cityroom.blogs.nytimes.com/2010/09/01/its-official-hottest-summer-ever/
[3] http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5gJ6PTteGMk_JCbJrgfRnFeBLHtWA La cifra publicada por AFP fue de 17%, mientras que el Guardian y la mayoría de las otras fuentes de noticias informaron de un 30%.
[4] http://www.guardian.co.uk/world/2010/sep/02/mozambique-bread-riots-looters-dead
[5] http://www.ft.com/cms/s/0/47086656-9d75-11df-a37c-00144feab49a.html andhttp://www.ft.com/cms/s/0/f61cbbd8-a225-11df-a056-00144feabdc0.html
[6] http://www.ft.com/cms/s/0/5f6f94ac-b6bc-11df-b3dd-00144feabdc0.html
[7] Mi cálculo, utilizando las estadísticas de la FAO (FAOSTAT) de 2007, sugiere que Mozambique importa 64.4%, pero la cifra que tiene The Independent es de 70%. www.independent.co.uk/news/business/news/now-meat-price-surge-raises-fear-of-food-inflation-2069227.html
[8] http://www.unctad.org/en/docs/gdsmdpg2420093_en.pdf
[9] http://www.reuters.com/article/idUSN1228245020080412
[10] http://www.bakeryandsnacks.com/Financial/Wheat-volatility-leads-to-surge-in-global-food-prices-finds-FAO
[11] http://www.fao.org/publications/sofi/en/
[12] http://www.frac.org/pdf/food_hardship_report_2010.pdf
[13] http://www.fao.org/publications/sofi/en/
[14] http://www.unifem.org/partnerships/climate_change/facts_figures.php
[15] http://www.wfp.org/hunger/stats?gclid=CLazjMb47aMCFSFugwod5A8H1A
[16] http://www.dawn.com/wps/wcm/connect/dawn-content-library/dawn/news/business/18-india-faces-food-price-discontent-violent-protests-am-06
[17] http://www.democracynow.org/2010/4/1/clinton_rice
[18] http://www.fao.org/news/story/0/item/8106/icode/en/
[19] http://www.wdm.org.uk/sites/default/files/hunger%20lottery%20report_6.10.pdf
[20]http://typo3.fao.org/fileadmin/templates/ess/documents/Media_and_Communication/MZB_20100823_OPais_scan.pdf
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GRECIA: MISMA TRAGEDIA, DISTINTOS LIBRETOS
por Walden Bello*
Atenas. Los cafés están llenos en Atenas, y bandadas de turistas siguen visitando el Partenón y saltando de isla en isla en el mítico mar Egeo. Pero debajo de la superficie del verano, hay confusión, rabia y desesperación cuando el país se hunde en la peor crisis económica de las últimas décadas.
Grecia, la pequeña Grecia, ha sido presentada por los medios masivos globales como el epicentro de la segunda etapa de la crisis financiera mundial, algo similar al papel que le dieron estos medios a Wall Street como epicentro focal de la primera etapa.
Pero existe una diferencia interesante en los relatos que rodean ambos episodios.
Dos relatos en conflicto
Los rastros de la debacle de Wall Street, que se transformó en la crisis financiera mundial, nos conducen a las actividades no reguladas de las instituciones financieras que crearon instrumentos cada vez más complejos para multiplicar mágicamente el dinero.
En Grecia, sin embargo, el relato es el siguiente: este país acumuló una carga de deuda insustentable para construir un Estado de bienestar que no podía costear. Se trata de un caso de derroche y ahora existe la obligación de apretarse el cinturón. Bruselas, Berlín y los bancos se presentan como los austeros puritanos que deben aplicar el castigo a los hedonistas mediterráneos por vivir más allá de lo que sus medios les permitían y que han pecado de orgullo al ser sede de los costosos Juegos Olímpicos de 2004.
El castigo no es otro que el programa de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, que supone aumentar el impuesto al valor agregado llevándolo al 23%, aumentar la edad de retiro a 65 años tanto para hombres como para mujeres, rebajar drásticamente las jubilaciones y los salarios del sector público, y eliminar las prácticas que promueven la seguridad laboral. El objetivo ostensible de este ejercicio es reducir radicalmente el Estado de bienestar y hacer que los griegos malcriados vivan en el marco de sus posibilidades.
Hay, ciertamente, algo de verdad en este relato del Estado de bienestar, pero en lo fundamental es falso. La crisis griega surge esencialmente a raíz de la misma falta de regulación del capital financiero que antes llevó a la implosión de Wall Street. Es decir, fue creada principalmente por el frenético impulso del capital financiero de generar ganancias a partir de una expansión masiva e indiscriminada del crédito. La crisis griega se ajusta al patrón que Carmen Reinhart y Kenneth Roggoff describen en su libro This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Princeton; Princeton University Press, 2009): a períodos de crédito especulativo desenfrenado le siguen inexorablemente suspensiones de pagos del Estado o de la deuda soberana, o casi suspensiones. Al igual que la crisis de la deuda del tercer mundo a comienzos de la década de 1980 y la crisis financiera asiática a fines de la década de 1990, el denominado problema de la deuda soberana de los países del sur de Europa es fundamentalmente una crisis impulsada por la oferta y no por la demanda.
Se estima que, en su búsqueda frenética para aumentar más y más sus ganancias a partir del crédito, los bancos europeos volcaron 2,5 billones de dólares en las que son ahora las economías europeas más problemáticas: Irlanda, Grecia, Bélgica, Portugal y España. Los bancos alemanes y franceses son los tenedores de aproximadamente el 70% de los 400 mil millones de dólares de la deuda griega. Los bancos alemanes fueron grandes compradores de los activos tóxicos de alto riesgo provenientes de las instituciones financieras estadounidenses, y actuaron con la misma falta de criterio al comprar los bonos del Estado griego. Por su parte, desde la irrupción de la crisis financiera, según el Banco de Pagos Internacionales citado por Newsweek, los bancos franceses aumentaron sus préstamos a Grecia en un 23%, a España en 11% y a Portugal en un 26% (“Worse than Wall Street”, Newsweek, julio 12, 2010).
El frenético escenario crediticio griego no tuvo por protagonistas sólo a actores financieros europeos. Goldman Sachs, el poderoso operador de Wall Street, les mostró a las autoridades financieras griegas cómo se podían usar los instrumentos financieros llamados derivados para hacer “desaparecer” grandes tajadas del griego, y así lograr que las cuentas nacionales tuvieran buen aspecto para los banqueros siempre ansiosos por dar más préstamos. Luego la misma agencia cambió de posición y, al intervenir en el comercio de los derivados denominados “permuta de incumplimiento crediticio”, apostó a la posibilidad de que Grecia apelara a la suspensión de pagos, aumentando el costo de los préstamos bancarios tomados por el país, pero haciendo una ganancia considerable para sí.
Si ha habido alguna vez una crisis creada por las finanzas globales, es la de Grecia.
Apropiarse del relato
Así que la pregunta es: ¿por qué la historia que se cuenta ahora respecto a Grecia no es la de la especulación frenética del capital financiero global sino el viejo cuento aleccionador sobre los que viven gastando más de lo que tienen? Hay dos razones clave para que esto sea así.
La primera, es la apropiación exitosa del relato de la crisis que hacen las instituciones financieras para acomodarlo a sus intereses. Los grandes bancos están verdaderamente preocupados por el pésimo estado de sus balances, afectados como están por los activos tóxicos de alto riesgo que adquirieron y dándose cuenta de que han excedido gravemente sus operaciones de crédito. La principal forma en la que buscan reconstruir sus balances es generando capital fresco utilizando a sus deudores como peones de ajedrez. La pieza maestra de esta estrategia es lograr que las autoridades públicas sean, una vez más, quienes los salven, como ya lo hicieron en la primera etapa de la crisis aportando los fondos de rescate y permitiendo tasas de interés preferencial bajas para los créditos otorgados por los bancos.
¿Cómo harán esto? Bueno, la amenaza de una suspensión de pagos de Grecia y otros países muy endeudados de Europa nunca fue tomada en serio por los bancos, ya que los gobiernos dominantes de la Eurozona nunca permitirían la debacle del euro que traería aparejada. Pero haciendo que los mercados apostaran contra Grecia y subiendo el costo de los préstamos que tomaba, los bancos sabían que los gobiernos de la Eurozona aparecerían en escena con un paquete de rescate, que en buena parte se destinaría al pago del servicio de la deuda que el país mantiene con ellos. Promovido como un plan de rescate de Grecia, el enorme paquete de 110 mil millones de euros que reunieron los gobiernos dominantes de la Eurozona y el FMI terminará sirviendo en gran medida para salvar a los bancos de su locura prestamista irresponsable y desregulada.
Se trata del viejo truco de la confianza que siempre utilizaron, entonces conocido como ajuste estructural, y que esta vez les aplicaron a los países en desarrollo deudores durante la crisis de la deuda del Tercer Mundo en la década de 1980, y a Tailandia e Indonesia durante la crisis financiera asiática de 1990, dos episodios provocados por las juergas crediticias de los bancos del Norte y los especuladores: echarle la culpa a las víctimas diciendo que viven por encima de sus medios, conseguir que las agencias públicas vengan al rescate con dineros frescos, y pasarle al pueblo la carga abrumadora de pagar el préstamo, comprometiendo gran parte de sus ingresos presentes y futuros a la cancelación de esas deudas con las agencias de crédito.
No sería sorprendente que ahora se prepararan paquetes similares de rescate multimillonarios para los bancos que se extralimitaron en su actividad crediticia en España, Portugal e Irlanda.
Desviar la culpa
La segunda razón para promover el relato del derrochador que no puede costear sus excesos en el caso de Grecia y de otros países gravemente endeudados, es desviar las presiones que vienen ejerciendo los ciudadanos y los gobiernos desde que comenzó la crisis global para que se aplique una regulación financiera más estricta. Los bancos quieren tener la torta y también comerla. Se aseguraron fondos de rescate de los gobiernos en la primera fase de la crisis, pero no quieren honrar lo que los gobiernos les dijeron a sus ciudadanos que era parte esencial del trato: el fortalecimiento de la regulación financiera. Los gobiernos, desde Estados Unidos a China y Grecia, recurrieron a enormes programas de estímulo para evitar el colapso de la economía real durante la primera fase de la crisis financiera. Al promover un relato que traslada el foco de atención, de la ausencia de regulación financiera al inmenso gasto de los Estados como problema central de la economía mundial, los bancos buscan anticiparse a la imposición de un régimen regulatorio estricto.
Pero están jugando con fuego. El Premio Nobel Paul Krugman y otros economistas han advertido que si este relato tiene éxito en evitar nuevos programas de estímulo y en detener el impulso para imponer regulaciones bancarias severas, el resultado será una recaída en la recesión, o una verdadera depresión. Lamentablemente, el mensaje de la reunión reciente del G20 en Toronto parece indicar que tanto en Europa como en Estados Unidos, los gobiernos están comprando la agenda miope de los bancos, que cuenta con el respaldo de los sempiternos ideólogos neoliberales que siguen viendo al Estado intervencionista y su activismo como el problema fundamental. En opinión de estos ideólogos, la recesión profunda e incluso la depresión son el proceso natural por el cual una economía se auto-estabiliza, y el gasto keynesiano para evitar un colapso no sirve más que para retrasar lo inevitable.
¿Podrán cambiar el rumbo las manifestaciones de rechazo?
Los griegos no han tomado la cosa con resignación. Manifestaciones multitudinarias saludaron la ratificación del paquete de la UE y el FMI en el Parlamento griego el jueves 8 de julio. Sin embargo, fueron chicas si se las compara con la manifestación celebrada antes el 5 de mayo donde se concentraron 400.000 personas en Atenas, en la mayor manifestación desde la caída de la dictadura militar en julio de 1974. De todas formas, parecería que poco pueden hacer las protestas callejeras para impedir que ocurra la catástrofe social que muchos temen traerá aparejada la aplicación del programa de la UE y el FMI. La economía se contraerá en un 4% en 2010. Según Alexis Tsipras, presidente de la coalición parlamentaria de izquierda Synapsismos, esto traerá por resultado un aumento del desempleo que pasará del 15 al 20% en dos años, con una tasa prevista de desempleo juvenil de alrededor del 30%.
En lo que refiere a la pobreza, una encuesta conjunta realizada por Kapa Research y el London School of Economics citada por IPS reveló que, incluso antes de la crisis actual, cerca de un tercio de los 11 millones de griegos vivía cerca de la línea de pobreza. Esta cifra, según el estudio, indica que está creándose un “tercer mundo” dentro del país (Grecia: Más pobreza que la que se ve”, IPS, nov.13, http://ipsnews.net). Este proceso sólo puede acelerarse a partir del programa de ajuste impuesto desde Bruselas y el FMI.
La ironía de la situación es que el ajuste está siendo presidido por un gobierno socialista encabezado por George Papandreou que fue electo el pasado mes de octubre para superar la corrupción de la administración conservadora anterior y los nefastos efectos de sus políticas económicas. Al interior del partido de Papandreou existe resistencia al plan de la UE y el FMI, admite la secretaria internacional del partido Paulina Lampsa, pero la sensación ampliamente mayoritaria entre los parlamentarios del partido es, para expresarlo con la famosa frase de Margaret Thatcher, que “No hay alternativa”.
Las consecuencias de someterse
¿Es acaso cierto que no hay alternativa? Enfrentados a las salvajes consecuencias del programa, hay un número cada vez mayor de griegos que hablan de la opción de adoptar una estrategia de amenazar con una suspensión de pagos o una reducción unilateral radical de la deuda. Este enfoque podría coordinarse, dice Alexis Tsipras, con otros países europeos endeudados como Portugal y España. Argentina podría ser un modelo: este país les dio a sus acreedores un sacudón memorable en 2003 pagando solo 25 centavos por cada dólar que debía. Argentina no sólo se salió con la suya, sino que los recursos financieros que de otra forma habrían abandonado el país como servicio de la deuda, fueron canalizados hacia la economía interna, disparando una tasa de crecimiento económico promedio del 10% anual entre 2003 y 2008.
La “solución argentina” ciertamente está cargada de riesgos, pero las consecuencias de una rendición resultan dolorosamente nítidas al analizar la historia de los países que se sometieron a los ajustes del FMI.
Al destinar entre el 25 y 30% de su presupuesto anual al pago a los acreedores extranjeros, Filipinas entró a mediados de la década de 1980 en un decenio de estancamiento del cual nunca se ha recuperado y que la condenó a una tasa de pobreza de más del 30% de manera permanente.
Exprimido por medidas de ajuste draconianas, México fue arrastrado a dos décadas de crisis continuas, con terribles consecuencias sociales, como la omnipresencia del tráfico de drogas que ha llevado al país al borde de convertirse en un Estado fallido.
La situación actual de virtual guerra de clases en Tailandia es, al menos en parte, la consecuencia política de las penurias económicas impuestas a este país hace una década por el programa de austeridad del FMI.
El ajuste que Bruselas y el FMI previeron para Grecia deja claro que el capitalismo financiero en la agonía de la crisis no respeta la división Norte – Sur. Los cínicos dirán, bienvenida Grecia al Tercer Mundo. Pero no es tiempo para el cinismo sino para la solidaridad internacional. Todos estamos en el mismo barco ahora.
* Walden Bello integra la Cámara de Representantes de Filipinas y es analista del instituto de investigación y análisis Focus on the Global South. Este artículo fue publicado por primera vez en Philippine Daily Enquirer, el 15 de julio de 2010.
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LA EUROZONA ENTRE LA AUSTERIDAD Y LA MOROSIDAD
Informe completo en inglés en: www.researchonmoneyandfinance.org
Resumen ejecutivo
Las causas del endeudamiento en los países periféricos: los déficits de los miembros de la UME y del sector privado.
1. La inestabilidad de la Eurozona se debe a la crisis mundial de financierización que se desató en 2007. Pero también tiene sus causas en la naturaleza sesgada de la Unión Monetaria Europea (UME). La presión sistemática sobre los trabajadores ha intensificado las disparidades en materia de competitividad que existen entre los miembros de la Eurozona, dividiéndola en una zona central y otra periférica.
2. La periferia incluye a España, Portugal y Grecia. También abarca a Irlanda, que está sujeta a las mismas presiones que los otros tres países pero tiene varias características económicas peculiares que exigen que su caso se analice por separado. La periferia no ha podido competir con la zona central, al encontrase constreñida por una política monetaria uniforme y una disciplina fiscal rígida. De esta forma ha registrado déficits en sus cuentas corrientes, que son el espejo de los superávits de la zona central, en particular, Alemania.
3. Los déficits en las cuentas corrientes, en general, se deben financiar mediante los flujos de capitales desde el exterior. Esto último se puede hacer ya sea mediante la generación de deuda, por ejemplo, tomando préstamos bancarios o a través de flujos de cartera, o sin crear deuda, por ejemplo, a través de la inversión extranjera directa. Por otra parte, los déficits de cuenta corriente se corresponden con déficits financieros del sector público y del sector privado.
4. En la periferia, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento ha impedido que el sector público pueda registrar déficits financieros sistemáticos. En consecuencia, los déficits de cuenta corriente se han correspondido mayormente con déficits financieros del sector privado. Más aún, los déficits de cuenta corriente actuales fueron financiados mayoritariamente por los préstamos otorgados por los bancos de la zona central.
5. En resumen, el endeudamiento de los países periféricos se debe en gran medida al comportamiento del sector privado en el curso de la UME. Incapaces de competir con la zona central, los sectores privados de la periferia han generado grandes déficits financieros. En los tres países hubo una gran promoción del consumo, al tiempo que se formaba una burbuja inmobiliaria en España. Los flujos de capital desde el exterior, típicamente a partir de préstamos tomados de bancos de la zona central, proporcionaron el financiamiento. Además, el sistema financiero interno encontró una oportunidad para expandirse, aumentando así la financierización y el endeudamiento interno. El resultado ha sido la acumulación de deudas enormes, en parte externas (con los acreedores de la zona central) y en parte internas (reflejando la financierización interna).
Midiendo el peso agobiante de la deuda de la periferia
6. La deuda total (privada y pública) de España, Portugal y Grecia es de 5,315 billones, 783 mil y 703 mil millones de euros respectivamente, equivalente a 506%, 479% y 296% del producto bruto interno respectivo. La deuda total creció entre dos y tres veces en el proceso de la UME.
7. La relación entre la deuda privada y la deuda pública en España, Portugal y Grecia es respectivamente: 87:13; 85:15 y 58:42. El grueso de la deuda nueva creada en el proceso de la UME corresponde al sector privado, en tanto la deuda pública ha caído proporcionalmente. Pero la recesión de 2008-2009 ha estimulado la deuda pública, que se ha transformado en el eje central de la crisis de la Eurozona. El Estado griego está más endeudado que los otros dos por causas sociales e históricas.
8. La relación entre la deuda externa y la deuda interna en España, Portugal y Grecia es respectivamente 33:67, 49:51, 51:49. La proporción de la deuda externa ha aumentado significativamente en el proceso de la UME. Tanto la deuda pública de Grecia como la de Portugal son mayoritariamente externas, ya que los mercados financieros europeos han sobreestimado sistemáticamente la capacidad crediticia de los Estados periféricos.
Bancos débiles
9. La deuda de la periferia representa una amenaza muy importante para los bancos europeos. En los últimos años los bancos de la zona central –mayoritariamente los alemanes y los franceses- se han expuesto mucho a la deuda periférica debido a su alta rentabilidad. Además, todos los bancos europeos enfrentan problemas sustanciales de falta de fondos debido al financiamiento de grandes activos en dólares con obligaciones en euros.
10. Los paquetes de intervención de mayo de 2010 han sido dirigidos ostensiblemente a los Estados periféricos, pero en la práctica apuntan a los bancos. El Banco Central Europeo (BCE) ha proporcionado liquidez a los bancos; también ha comenzado a adquirir deuda pública periférica para aliviar las presiones sobre los bancos. La intervención estatal ha pacificado temporalmente a los mercados, pero no ha resuelto decisivamente la crisis. Los bancos europeos siguen siendo tenedores de grandes volúmenes de deuda de la periferia, a la vez que siguen enfrentando problemas de falta de fondos.
La peste de la austeridad
11. El rescate de los bancos tiene por precio la austeridad, con implicancias negativas para las economías y las sociedades europeas. La austeridad comprime el gasto público y debilita el consumo privado, es decir, los elementos de demanda agregada que han mostrado alguna vitalidad durante la recesión de 2008-2009. Considerando el colapso de las inversiones y la retracción del crédito, la austeridad aumenta el riesgo de recesión.
12. No es plausible que las exportaciones sostengan el crecimiento en toda la Eurozona debido a la debilidad de la demanda mundial. Por otra parte, la austeridad probablemente presione a los salarios a la baja en el conjunto de la Eurozona, exacerbando así la ventaja competitiva de la zona central, en particular de Alemania. Es probable que se agudice la oposición entre los superávits de las cuentas corrientes en Alemania y los déficits de las cuentas corrientes en la periferia.
13. La austeridad empeorará la distribución de los ingresos en el conjunto de la Eurozona, en particular en la periferia. En la medida, además, en que está acompañada por una liberalización aún mayor, inclinará más la balanza del poder contra los trabajadores y a favor del capital.
La posibilidad de suspender los pagos
14. El peso de la deuda y los aspectos negativos de la austeridad han puesto sobre la mesa la posibilidad de que los países periféricos entren en cesación de pagos de su deuda pública. Pero la suspensión de pagos podría ser agenciada por el acreedor o por el deudor. Una cesación agenciada por el acreedor no es probable que lleve a reducciones significativas de la deuda; generaría incluso beneficios a los bancos administradores.
15. Una cesación agenciada por el deudor podría reducir de manera significativa la deuda. Las precondiciones incluyen la suspensión unilateral de los pagos y una auditoría completa de la deuda pública con la participación de las organizaciones de trabajadores y la sociedad civil. A continuación habría que renegociar la deuda con los acreedores extranjeros pero también con los tenedores de deuda interna, en particular los bancos. Esto conlleva el riesgo de ser excluido de los mercados de capital por un tiempo. Sin embargo, la experiencia de Argentina y Rusia demuestra que una cesación agenciada por el deudor puede dar resultados positivos, si es expeditiva y contundente.
16. La suspensión de pagos agenciada por el deudor aumenta la posibilidad de tener que abandonar la Eurozona. Salir mejoraría la competitividad mediante la devaluación de la moneda y al eliminar las ataduras a las políticas monetarias y fiscales de la Eurozona. Pero traería también aparejada una amenaza para el sistema bancario y distorsionaría la circulación monetaria. Estos riesgos pueden enfrentarse adoptando una gama amplia de medidas que permitan alterar el equilibrio de las fuerzas sociales a favor de los trabajadores.
17. Más específicamente, la salida de la Eurozona exigiría, por lo menos, la propiedad y el control de los bancos y otras áreas de la economía a manos del Estado, amplios controles sobre el capital, la reforma del sistema impositivo para incluir al capital y a los ricos, la introducción de una política industrial, y una reestructuración exhaustiva del Estado. En resumen, la salida proporciona una oportunidad para cambiar completamente la política económica neoliberal. Por este motivo, es una salida que exige alianzas políticas y sociales radicales.
18. La suspensión de pagos, la renegociación de la deuda y la salida de la Eurozona tienen implicancias graves. Estas se deben contrapesar contra las implicancias igualmente graves de la recesión y el estancamiento a largo plazo de varios países de la Eurozona. Resulta esencial desarrollar un debate público franco sobre los costos, beneficios y consecuencias sociales de una acción atrevida que rompa el círculo de la deuda, en contraposición a soportar el estancamiento durante un largo tiempo.
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Enfoque sobre Comercio es un boletín electrónico periódico que ofrece información actualizada y análisis de las tendencias en el comercio y las finanzas regionales y mundiales, sobre la economía política de la globalización y la resistencia de los pueblos, y alternativas al capitalismo mundial. Nicola Bullard es la editora de Enfoque sobre Comercio. Sus aportes y comentarios serán bienvenidos. Por favor escriban a: n.bullard@focusweb.org
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