ENFOQUE SOBRE COMERCIO
No. 144, Octubre 2008
http://focusweb.org/focus-on-trade-number-144-october-2008.html?Itemid=1
EN
ESTA EDICIÓN
El
colapso del sistema financiero mundial anuncia el fin –al menos por
un tiempo- de la fascinación por los mercados libres y los productos
financieros de moda. Los llamados a la regulación provienen de todas
partes, incluso de algunos de los más enérgicos defensores del
neoliberalismo (incluidos Michel Camdessus, Robert Rubin y Martin
Wolf, por nombrar sólo tres). Estando en juego el futuro del sistema
financiero, la aplicación de una regulación más estricta es
prácticamente un hecho –los propio príncipes de Wall Street se
dan cuenta que “algo tiene que cambiar para que todo siga igual”
–y las voces progresistas tienen que aprovechar la oportunidad para
poner sus ideas sobre la mesa. El primero de los artículos “La
crisis económica mundial: una oportunidad histórica para una
transformación” nos ofrece una lista de ideas sobre cómo se
podría regular la economía mundial a favor de los trabajadores, las
comunidades y el medioambiente.
La
crisis financiera también ha sido aprovechada por los sindicatos y
otros para hablar de los “empleos verdes” y la “economía
verde” –una especie de “Keynesianismo verde” que permitirá
relanzar las economías languidecientes, revivir al sector
productivo, crear empleo útil y “digno” y representar un inicio
para la reducción de gases de efecto invernadero. Barak Obama y Joe
Biden, Al Gore, Gordon Brown y muchos otros Jefes de Estado europeos
están hablando de los empleos verdes y prometiendo que habrá muchos
fondos destinados a ese fin. Está todo muy bien, pero hasta los
empleos “verdes” pueden coexistir armónicamente en el marco del
capitalismo globalizado, de igual manera que el “comercio justo“
y los productos “ecológicos” apenas si rasguñan la dinámica
subyacente del sistema. En los siguientes dos artículos de este
número, Tadzio Mueller y Ulrich Brand escriben acerca de porqué
debemos movilizarnos en las negociaciones de Naciones Unidas sobre
cambio climático con un enfoque anti-neoliberal y anti-imperialista.
Para Mueller, la cumbre de Naciones Unidas en Copenhague en diciembre
de 2009 ofrece un momento parecido al de Seattle en el cual el debate
del cambio climático puede tener un punto de inflexión como el que
marcaron las protestas contra la OMC en Seattle en 1999 en el debate
sobre la globalización. Ulrich Brand también sostiene y propone que
los activistas y el movimiento social adopten la agenda del clima
como parte inherente de la lucha contra el neoliberalismo y el
neo-imperialismo. En su opinión, aunque la CMNUCC representa la toma
de conciencia política del cambio climático, esta “toma de
conciencia se estructura en formas específicas que están alineadas
con las fuerzas sociales y los intereses dominantes. No es
independiente del desarrollo neoliberal y neoimperial”.
Por
último, Joseph Purugganan disecciona el tratado de libre comercio
entre Japón y Filipinas, y su autopsia revela algunas lecciones
útiles para futuras campañas para democratizar la política
nacional de comercio.
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LA
CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL: UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA DE CAMBIOS
Una respuesta inicial a la crisis económica mundial
¡EL
MOVIMIENTO HA MUERTO, VIVA EL MOVIMIENTO!
Tadzio Mueller
EN
POS DE UNA CRÍTICA Y ACCIÓN RADICAL EN TORNO A LAS POLÍTICAS SOBRE
EL CAMBIO CLIMÁTICO Y COPENHAGUE 2009
Ulrich Brand
ANATOMÍA
DE UN (MAL) ACUERDO COMERCIAL: LA NEGOCIACIÓN FILIPINA DEL JPEPA
Joseph Purugganan
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LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL: UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA DE CAMBIOS
Esta es una respuesta inicial de parte de personas, movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales en apoyo a un programa de transición para una transformación económica radical, Beijing, 15 de octubre de 2008.
Si
deseas firmarlo o unirte a la discusión en Internet visita:
http://casinocrash.org/
Preámbulo
Aprovechando la oportunidad brindada por la presencia de tantas personas de distintos movimientos en Beijing en el Foro de los Pueblos de Asia-Europa, el Instituto Transnacional (Transnational Institute) y Focus on the Global South realizaron una serie de reuniones informales cada noche entre el 13 y el 15 de octubre de 2008. Allí se analizó el significado de la crisis mundial en curso y la oportunidad que representa para que pongamos en conocimiento de la opinión pública algunas alternativas inspiradoras y viables por las cuales muchos de nosotros hemos venido luchando durante décadas. Esta declaración representa el resultado colectivo de estas reuniones en Beijing. Nosotros y nosotras, los/as primeros/as signatarios/as, esperamos que sea una contribución a los esfuerzos que permitan formular propuestas en torno a las cuales organizar nuestros movimientos y que nos sirvan de base para un orden político y económico radicalmente diferente. Invitamos a quienes acuerden con la declaración a suscribirla, agregando su nombre en la sección comentarios.
La crisis
El sistema financiero mundial se está desmoronando a gran velocidad. Esto sucede en medio de una multiplicidad de crisis referidas a los alimentos, el clima y la energía. El poder de Estados Unidos y la UE se ha visto gravemente debilitado, al igual que el de las instituciones globales que están bajo su dominio, en particular, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. No sólo está cuestionada la legitimidad del paradigma neoliberal, sino el propio futuro del capitalismo.
Es
tal el caos en el sistema financiero, que los gobiernos del Norte han
recurrido a medidas que los movimientos progresistas han defendido
durante años, tales como la nacionalización de la banca. Estas
medidas tienen por objetivo, sin embargo, actuar como mecanismos de
estabilización en el corto plazo y una vez que aclare la tormenta,
probablemente los bancos retornen al sector privado. Se abre una
ventana de oportunidad que no durará mucho para movilizarnos para
que esto no suceda.
El
desafío y la oportunidad
Estamos entrando en un terreno desconocido a raíz de esta coyuntura de crisis profunda –los efectos de la crisis financiera serán muy graves. La gente se está viendo arrastrada a un estado de profunda inseguridad; la miseria y las penurias de muchos de los más pobres en todo el mundo serán mayores. No se debe ceder este momento al fascismo, a grupos de derecha populistas y xenófobos que seguramente intentarán aprovechar el temor y la rabia de la gente para volcarla a fines reaccionarios.
Hemos
construido poderosos movimientos contra el neoliberalismo a lo largo
de muchas décadas. Estos crecerán en la medida en que la
interpretación crítica de la crisis convenza a más gente; gente
que ya está enojada porque los fondos públicos se destinen al pago
de problemas de los cuales no son responsables, y que ya está
preocupada por la crisis ecológica y el aumento de los precios
–especialmente de los alimentos y la energía. Los movimientos
crecerán aún más si la recesión comienza a horadar las economías
y estas se estacan para entrar en recesión.
Hay
una nueva apertura a las alternativas. Para concitar la atención y
el apoyo de la gente, las alternativas deben ser prácticas y viables
de manera inmediata. Tenemos algunas alternativas convincentes que ya
están en marcha, y muchas otras buenas ideas que se intentaron en el
pasado, pero que fueron derrotadas. Nuestras alternativas priorizan
el bienestar de los pueblos y del planeta. Para esto, es necesario
que exista control democrático sobre las instituciones financieras y
económicas. Este es el “hilo rojo” de la trama de las
propuestas que presentamos a continuación:
Propuestas
para el debate, la elaboración y la acción
Finanzas
*
Introducir la socialización total de los bancos, no solo la
nacionalización de las deudas incobrables.
* Crear instituciones bancarias populares y fortalecer las formas de crédito popular existentes basadas en sistemas mutuales y solidarios.
* Institucionalizar la transparencia total en el sistema financiero a través de la apertura de los libros contables al público, a ser facilitada por las organizaciones de la sociedad civil y los trabajadores.
* Introducir una supervisión parlamentaria y ciudadana sobre el sistema bancario existente.
* Aplicar criterios ambientales y sociales (incluidas las condiciones de trabajo) en todos los préstamos, incluidos los comerciales.
* Priorizar los créditos, a tasas de interés mínimas, tendientes a cubrir necesidades sociales y ambientales, y ampliar la economía social que ya está creciendo.
* Revisar los bancos centrales en función de objetivos de expansión (para contrarrestar la recesión), ambientales y sociales, determinados democráticamente, y transformarlos en instituciones responsables ante la ciudadanía.
* Salvaguardar las remesas enviadas por los emigrantes a sus familias e introducir leyes que restrinjan los cargos e impuestos a las transferencias.
Impuestos
* Cerrar todos los paraísos fiscales.
* Finalizar las exoneraciones impositivas parciales otorgadas a empresas de combustibles fósiles y energía nuclear.
* Aplicar sistemas impositivos estrictos y progresivos.
* Introducir un sistema de impuestos mundial para impedir los precios de transferencia y la evasión fiscal.
* Introducir un gravamen a las ganancias de los bancos nacionalizados que permita crear fondos de inversión ciudadana (ver más abajo).
* Imponer impuestos estrictos y progresivos al carbono, aplicables a los que dejan las mayores huellas de carbono.
* Adoptar controles, como la tasa Tobin, aplicables a los movimientos del capital especulativo.
* Reintroducir aranceles e impuestos a las importaciones de bienes suntuarios y otros bienes que se producen localmente, como forma de aumentar la base fiscal del Estado, y también como medida en apoyo a la producción local, colaborando así a reducir las emisiones de carbono a nivel mundial.
Gasto Público e Inversiones
* Reducir radicalmente el gasto militar.
* Reorientar el gasto del Estado, dejando de asegurar las ganancias de los banqueros para asegurar los ingresos básicos y la seguridad social, y proporcionando servicios sociales básicos universalmente accesibles, tales como vivienda, agua potable, energía eléctrica, salud, educación, cuidado infantil y el acceso a Internet y otras instalaciones de comunicaciones públicas.
* Usar los fondos ciudadanos (ver arriba) para apoyar a las comunidades pobres.
* Garantizar a la gente que tiene en riesgo su vivienda debido al no pago de las hipotecas a raíz de la crisis, la renegociación de los términos de pago.
* Detener las privatizaciones de los servicios públicos.
* Establecer empresas públicas bajo el control de parlamentos, comunidades locales y/o trabajadores, como forma de aumentar el empleo.
* Mejorar el desempeño de las empresas públicas a través de la democratización de la administración –alentar a administradores de servicios públicos, sindicatos y organizaciones de consumidores a trabajar con este propósito.
* Introducir presupuestos participativos en las finanzas públicas, en todos los niveles en que sea posible.
* Invertir masivamente en eficiencia energética, transporte público con bajas emisiones de carbono, energías renovables y recuperación ambiental.
* Controlar o subsidiar los precios de los productos básicos.
Comercio y Finanzas Internacionales
* Introducir una moratoria global permanente a la ‘venta corta’ (short selling) de acciones y valores.
* Prohibir el comercio de derivados.
* Prohibir la especulación en productos básicos alimenticios.
* Anular la deuda externa de todos los países en desarrollo –la deuda está creciendo, puesto que la crisis hace que caiga el valor de las monedas de los países del Sur.
* Apoyar el llamado de las Naciones Unidas a participar en conversaciones para buscar soluciones a la crisis, cuyo impacto en las economías del Sur será mucho mayor que el que actualmente se reconoce.
* Eliminar progresivamente al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio.
* Realizar una consulta popular sobre los mecanismos necesarios para establecer un sistema monetario justo.
* Asegurar que los desembolsos de asistencia para el desarrollo prosigan a pesar de la crisis.
* Abolir la asistencia condicionada.
* Eliminar progresivamente el paradigma de desarrollo orientado a las exportaciones, redirigir el desarrollo sustentable a la producción para el mercado local y regional.
* Introducir incentivos para los bienes producidos para venderse en la mayor proximidad al mercado local.
* Cancelar todas las negociaciones de tratados de libre comercio y acuerdos de asociación económica bilaterales.
* Promover acuerdos de cooperación económica regional, como UNASUR, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Tratado de Comercio de los Pueblos y otros, que fomentan un desarrollo genuino y el fin de la pobreza.
Medioambiente
* Establecer un sistema mundial de compensaciones para los países que no exploten sus reservas de combustibles fósiles en aras del interés mundial de limitar los efectos sobre el cambio climático, tal como lo ha propuesto Ecuador.
* Pagar indemnizaciones a los países del Sur por la destrucción ecológica causada por el Norte, para ayudar a los pueblos del Sur a enfrentar el cambio climático y otras crisis ambientales.
* Aplicar de manera estricta el “principio precautorio” de la Declaración de Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo como condición de cualquier proyecto ambiental y de desarrollo.
* Cesar de dar créditos a proyectos en el marco del “Mecanismo de Desarrollo Limpio” del Protocolo de Kyoto, tales como las plantaciones de monocultivos de eucaliptos, soja y palma aceitera, que son ambientalmente destructivos.
* Detener el desarrollo de los mercados y el comercio de carbono y otras soluciones técnicas contraproducentes para el medioambiente, como la captura y secuestro de carbono, los agrocombustibles, la energía nuclear y la tecnología del “carbón mineral limpio”.
* Adoptar estrategias para reducir drásticamente el consumo de los países ricos, mientras se promueve el desarrollo sustentable en los países más pobres.
* Instaurar una gestión democrática en todos los mecanismos de financiación internacional para la mitigación del cambio climático, con la fuerte participación de los países del Sur y la sociedad civil.
Agricultura e Industria
*Eliminar progresivamente el paradigma negativo del desarrollo agenciado por la industria, bajo el cual se exprime al sector rural como fuente de abastecimiento de los recursos necesarios para sostener la industrialización y la urbanización.
* Promover estrategias agrarias que apunten a lograr la seguridad alimentaria, la soberanía alimentaria y la agricultura sustentable.
* Promover reformas agrarias y otras medidas tendientes a apoyar la agricultura familiar de pequeña escala y el sustento de las comunidades campesinas e indígenas.
* Detener la expansión de empresas de monocultivos que son social y ambientalmente destructivos.
* Detener las reformas de la legislación laboral que apuntan a aumentar las jornadas laborales y a facilitar el despido o la reducción de la fuerza laboral.
* Asegurar los puestos de trabajo combatiendo el trabajo precario y mal pago a través de la legislación.
* Garantizar igual salario por igual trabajo a las mujeres –como un principio básico y para ayudar a contrarrestar la próxima recesión al aumentar la capacidad de consumo de los trabajadores.
* Proteger los derechos de los trabajadores migrantes en el caso de pérdida de empleo, garantizándoles un retorno seguro y la reintegración a sus países de origen. Para los que no puedan retornar no debe haber un retorno forzoso, su seguridad debe ser garantizada, y se les debe proporcionar un empleo o un ingreso mínimo básico.
Conclusión
Estas son todas propuestas prácticas de sentido común. Algunas de estas iniciativas ya están en curso y es posible demostrar su viabilidad. Su éxito debe ser publicitado y popularizado para inspirar el ejemplo. Otras es improbable que sean implementadas sólo en función de sus méritos objetivos. Es necesario que haya voluntad política. En consecuencia, entonces, cualquiera de las propuestas es una convocatoria a la acción.
Hemos escrito lo que creemos es un documento vivo que debe ser desarrollado y enriquecido por todos y todas. Los invitamos a firmar esta declaración al final de la página.
Una ocasión próxima para reunirnos y avanzar en la discusión de las acciones a adoptar para que éstas y otras ideas se transformen en realidad será el Foro Social Mundial en Belem, Brasil, a fines de enero de 2009.
Tenemos la experiencia y las ideas –¡enfrentemos el desafío del desorden reinante actual y mantengamos vivo el impulso en pos de una alternativa!
Para acceder a la lista completa de firmas, ver http://casinocrash.org/ o ingresar al blog.
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¡EL MOVIMIENTO HA MUERTO, VIVA EL MOVIMIENTO!
por Tadzio Mueller*
¡El
movimiento ha muerto! Más precisamente: el movimiento alter-mundista
como lugar común de encuentro de movimientos y “activistas” y
como oportunidad de transformarse en otro, en conjunto, a partir de
la vinculación de sus luchas bajo y contra el referente común de la
globalización neoliberal, está muerto. No es que las luchas
particulares hayan muerto. Ni que hayamos visto el fin de las
movilizaciones contra las cumbres: mientras escribo esto, se está
trabajando arduamente, elaborando planes para impedir la realización
de una u otra cumbre: el G8 en Italia en 2009, los festejos por los
60 años de la OTAN en Francia, y así podríamos seguir: nosotros
somos las contra-cumbres.
Pero
de alguna manera estas movilizaciones ya no tienen el mismo impacto
que una vez tuvieron: ¿cuántos veces hemos gritado el último
hurra? y ¿cuántas veces nos hemos movilizado y pensado, “si esta
vez falla, dejaremos de hacerlo”? Incluso el comparativamente
poderoso movimiento alemán poco pudo hacer contra la cumbre del G8
en Heiligendamm, aparte de reconocer que una cosa es sacar decenas de
miles a la calle, y otra muy distinta conseguir que sus acciones
tengan resonancia más allá del círculo inmediato de los
participantes.
No
me entiendan mal: el movimiento no murió la muerte ignominiosa de la
derrota. En muchas formas, también ganó. Y para los movimientos,
que para sobrevivir necesariamente deben moverse, también las
victorias a menudo son la muerte, ya que viven y respiran en el
antagonismo, necesitan un enemigo. ¿Qué pasó con nuestro enemigo?
Preguntémosle a Martin Wolf, el ideólogo del Financial Times,
portavoz respetado y elocuente de la ofensiva neoliberal.
Refiriéndose al día en el que el Banco Central de Estados Unidos
salió de garante de un gran banco para impedir que la crisis
financiera se generalizara, escribió: “Recordemos el viernes 14 de
marzo de 2008, ese fue el día que murió el sueño del capitalismo
de libre mercado”. Es así que de cierta forma el neoliberalismo ha
muerto, al igual que (nuevamente de cierta forma) también ha muerto
el movimiento que se le oponía, del cual la corriente explícitamente
anti-capitalista desde el seno de la cual escribimos este artículo,
era solamente una parte. Parece haberse perdido precisamente eso que
es capaz de forjar un movimiento a partir de una irreductible
multiplicidad de luchas, eso que puede contrarrestar la
descomposición de la resistencia, que el capital y el Estado buscan
permanentemente imponernos. Para movernos necesitamos una historia,
una esperanza, un gancho –y en este momento, el movimiento
anti-globalización o altermundista es claramente un movimiento sin
gancho, sin un enemigo, sin una meta.
¿El nuevo “gran movimiento”?
Pero así como hay un movimiento sin una historia, hay también una historia sin movimiento: el cambio climático. Un número cada vez mayor de políticas (incluso muchas que difícilmente tienen que ver con el tema) están siendo justificadas en términos de su relación con “el clima”. Y tras haberse visto marginados por el G8 y especialmente por la Canciller Merkel en Heilingendamm, los movimientos europeos desde entonces se han dado cuenta que deben desarrollar una posición y una práctica en torno al problema del cambio climático, o de lo contrario se volverán irrelevantes en el nuevo ‘mundo feliz’ de los temas ambientales. Las fracciones más avanzadas del capital y los aparatos de Estado han descubierto una manera muy inteligente de generar apoyo político para una nueva “solución verde”, tanto para la crisis de sobre-acumulación (el problema de que haya demasiado dinero en pos de escasas oportunidades de inversión redituable) que ha sido la causante del actual caos financiero, y para la crisis de legitimad que sufren las autoridades mundiales desde que la fuerza del cuento del “terrorismo mundial” comenzó a desvanecerse. De alguna manera, el hecho que todos estén hablando ahora de este tema es una enorme victoria del movimiento ecologista, pero al mismo tiempo es también el clavo final que cierra el ataúd del movimiento: cada gran ONG ecologista está involucrada hasta el cuello en las negociaciones del tratado pos-Kioto, de manera tal que es improbable que articule una posición política que diverja significativamente de las agendas dominantes en el tema.
Así
que hay un movimiento sin historia, y una historia sin movimiento –lo
que significa que en la situación actual, hay pocas esperanzas de
que el cambio climático sea tratado de alguna forma que no implique
simplemente agenciar los intereses de los Estados y de cualquiera sea
la fracción dominante del capital. Y como la posición
anticapitalista por defecto sobre el cambio climático es que existe
una contradicción fundamental entre los requisitos de la acumulación
continua del capital (es decir el crecimiento económico) por un
lado, y los requerimientos de enfrentar el cambio climático por el
otro, esto parecería constituir una oportunidad perfecta para
revitalizar una política anticapitalista que consiga nutrirse de las
preocupaciones generalizadas de la gente sobre el cambio climático y
la impresión de que lo que se está haciendo (Kyoto, Bali, comercio
de emisiones, etc.) es demasiado poco y demasiado tarde. Es
precisamente en estas situaciones donde los movimientos sociales
radicales tienen la mayor capacidad para actuar y “hacer historia”,
cuando los enfoques habituales de solución de problemas (en estos
días: la creación de un mercado en torno suyo, o reprimir el
problema) no parecen ofrecer una manera creíble de abordar algo que
es ampliamente percibido como problema. Es precisamente cuando parece
imposible encontrar ninguna solución, que se abren oportunidades
para que los movimientos sociales amplíen los límites de lo
posible. De cara a ello, la tormenta perfecta...
La
política del sin sentido
… o al menos así parece. En realidad, si tomamos como punto de referencia las dificultades prácticas que enfrentan la mayoría de los intentos que se hacen para contribuir a la emergencia de un movimiento anticapitalista efectivo alrededor del tema del cambio climático, las cosas son bastante más difíciles. Si lo analizamos desde la perspectiva del Norte global, definitivamente existen intentos de desarrollar una política de cambio climático anticapitalista, pero cada uno de ellos enfrenta un conjunto creciente de dificultades. Vistos desde aquí, todo comienza en el Reino Unido en 2006, con el campamento para la acción por el clima, cuyo objetivo era cerrar por un día una estación de energía eléctrica a carbón en el Norte de Inglaterra, pero, además, y lo que es más importante, proporcionar un espacio para el desarrollo de nuevas ideas y prácticas para una política de cambio climático anticapitalista. Desde entonces, la idea de organizar campamentos para la acción por el clima de este tipo ha inspirado a distintos grupos en Alemania, Suecia, Estados Unidos, Chile, Australia, Nueva Zelanda y otros países, y actualmente parece ser la principal “arma” del repertorio de acción del movimiento del clima emergente (irónicamente, la idea inicial del campamento fue también producto de las lecciones aprendidas de las carencias y defectos de las protestas puntuales contra las cumbres).
Realmente
no quiero menospreciar la importancia de estos campamentos –después
de todo, inspirar a tantos en tantos países diferentes no es poca
cosa- pero entre las muchas críticas a los campamentos del clima,
hay una que se destaca: la pregunta es si estos campamentos
efectivamente hacen algo, además de dar curso al deseo de hacer
algo. Parece algo bueno estar en el campamento con compañeros y
compañeras, pero está presente igual esa molesta pregunta. ¿Qué
buscamos? ¿Qué podemos lograr? Y ¿todo este asunto de los
campamentos –de tratar de cerrar las plantas de energía eléctrica
una por una, al tiempo que constantemente luchamos para que nuestra
voz no sea sofocada por las voces más poderosas que predominan en
esta arena política—está acaso a la altura de la magnitud del
problema del cambio climático? Esta es la clase de pregunta que
probablemente hace que la gente se sienta bastante frustrada.
Seamos
claros: no se trata de decir que la gente no debe organizar
campamentos del clima –sólo decimos que necesitamos ser parte de
un proyecto más amplio que nos dé algún sentido político más
allá de la intervención específica y muy localizada. Podríamos,
por supuesto, esperar que este significado más amplio –una cierta
globalidad política- emergiera de los lazos que se están formando
entre los distintos campamentos del clima que tienen lugar este año,
pero este tipo de coordinación es limitada o sencillamente no
existe. No hay demandas comunes (aparte de estar “contra el cambio
climático”, que es prácticamente tan inútil y distintivo
políticamente como estar contra la matanza de focas bebes), no hay
historia común, no hay una consigna del tipo “terminar con la
OMC”, ni siquiera hay un compromiso vago del tipo “o se la
arregla o se la deja”: no hay un “otro mundo es posible”!
Si la forma de lidiar con el problema del cambio climático del movimiento en el Reino Unido aparece de cierto modo como limitada en su alcance político, al otro lado del espectro está la forma en que se ha abordado el tema en Alemania. Los intentos de dar inicio a un proceso de campamentos por el clima aquí no sólo han anegados por las clásicas rencillas y disputas internas de la izquierda, incluida una división en el proceso, sino que además se han enfrentado a otro problema político clave: aquí la izquierda radical es tan académica y está tan empapada de la “teoría crítica” y la deconstrucción, que su principal respuesta al problema del cambio climático es desarrollar una “crítica” al discurso dominante sobre el cambio climático y al “rol hegemónico del conocimiento científico” en la interpretación del cambio climático como crisis. Seguro que es importante recordar que los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático provienen de una institución profundamente conservadora, y reflexionar de manera crítica sobre cuán a menudo se recurre a los “conocimientos científicos” para acallar a los “no expertos” en los debates políticos, pero el “Diskurskritik” no puede ser la única respuesta al problema del cambio climático. Algo así como tirarle copias de textos de Adorno y Foucault a una inundación en ciernes, con la esperanza que las aguas simplemente desaparezcan.
De
la intemporalidad a la efectividad
Pero la izquierda anticapitalista del Norte global tiene largamente asumido que es políticamente inefectiva y marginal, a pesar de algunos brotes de poder transformador en algunos momentos de exceso específicos. ¿En qué contribuye un “centro social” en Hackney, Kreuzberg o Las Ramblas a la lucha contra la especulación inmobiliaria y el aburguesamiento edilicio en las ciudades? ¿Una manifestación contra la guerra en San Francisco, tal como afirma una película hecha en ese momento, acaso “interrumpe este Imperio”? ¿El saqueo en las tiendas, aunque se lo haga de manera masiva, distorsiona acaso de manera significativa el proceso de circulación de mercancías del capitalismo? Para hacer honestos: no lo sé, y creo que muy pocos de los que participan en estas prácticas tienen clara la respuesta. Pero –y este es el punto que importa—cuando hablamos de “capitalismo”, los anticapitalistas no necesitan en realidad tener una respuesta para esta pregunta. Una manera de abordar el tema es señalar la dinámica no lineal del cambio en los sistemas sociales complejos, lo que significa que no podemos saber qué efectos tendrán nuestras acciones hoy sobre el mañana (pensemos en la mariposa en Bali y el huracán en Haití). O, hacer referencia a un argumento que se ha convertido casi en dogma en las discusiones anticapitalistas: “mira, el capitalismo no ha existido siempre, comenzó en algún lugar y en algún momento, y por lo mismo también terminará en algún momento” – ¡lo mismo podríamos decir del universo! Y así podría seguir enumerando las distintas argucias intelectuales que existen para racionalizar nuestra relativa irrelevancia política, pero espero haber aclarado el punto que quiero destacar: que la política anticapitalista en el Norte global existe en una suerte de intemporalidad debido a que no podemos o no nos animamos a pensar sus efectos en el futuro. Me vienen a la mente los avestruces. O el graffiti pintado sobre la pared de una escuela en Gotemburgo tomada por asalto por la policía: “Pero al final, venceremos”!
Y
es aquí donde volvemos a porqué parece tan difícil para el
movimiento anticapitalista desarrollar una política en torno al
cambio climático: cualquier racionalización que haga posible pensar
que al final venceremos al capital, es prácticamente imposible con
relación al cambio climático. En contrate con la habitual
intemporalidad de la política anticapitalista, el cambio climático
es una cuestión urgente. Y el problema entonces pasa a ser como
enfrentar esa urgencia. Las dos posiciones que describimos arriba son
intentos de hacerlo, y las dos son muy poco satisfactorias. La
primera se toma la urgencia demasiado en serio, y se apura a saltar a
un campo político dominado por jugadores que son mucho más
poderosos. La segunda posición reconoce que la construcción de la
urgencia y la política de miedo resultante son a menudo estrategias
de dominación –pero luego se contenta con criticar esa
construcción, en vez de enfrentar la urgencia que reclama el
problema detrás del discurso. Y esta urgencia emerge precisamente de
un conflicto de tiempos, de temporalidades, entre la temporalidad
exponencial del capital (en la cual el capital perpetuamente acelera
la producción y la vida social) y la temporalidad de los complejos
sistemas ecológicos y sociales, que por supuesto no son estáticos,
y que pueden adaptarse a circunstancias nuevas, pero en general no a
la velocidad que requiere el capital –si el cambio es muy rápido,
entonces se llega a los infaustos “momentos de inflexión”, en
los que las modificaciones a determinados ecosistemas se vuelven
irreversibles y catastróficas (un ejemplo, la desaparición de la
Corriente del Golfo; otro, el deshielo de las capas heladas de los
polos).
¿Cómo enfrentamos entonces este problema de la urgencia? Primero, admitiendo que es improbable, en realidad, imposible, que una izquierda radical marginal sea capaz de desacelerar de manera significativa la producción de gases de efecto invernadero como el CO2, en un mundo en el cual la acumulación de capital es inseparable de la quema de combustibles fósiles. Tampoco podemos de alguna manera forzar una adaptación más rápida de los sistemas ecológicos a la velocidad del capital. Pero podemos intervenir en la temporalidad de la política, de la política de cambio climático de los gobiernos, cuyo rol es aislar de la crítica social la aceleración provocada por el capital, creando la ilusión de que la acumulación sistemática de capital es compatible con la estabilidad social y ecológica: en otras palabras, que sólo necesitamos hacer unos pocos ajustes (preferentemente en función del mercado), y que de esta forma podremos seguir adelante más o menos como estábamos. El resultado de este aislamiento es que se logra contener, e incluso cooptar la fuerza potencialmente explosiva de la conciencia crecientemente generalizada del antagonismo que existe entre el capital y una humanidad que forma parte de sistemas ecológicos complejos. Cooptada para que respalde una nueva ronda de acumulación (pensemos en el “capitalismo verde”) y una nueva ampliación de las reglamentaciones políticas que calarían aún más profundo en nuestras vidas.
¡Olvidemos Kioto!
Una vez más: la izquierda anticapitalista en el Norte global no puede “parar” o siquiera mitigar de manera significativa el cambio climático. Asumir que podríamos, nos dejaría obligadamente atrapados en nuestra intemporalidad, ya que solamente podríamos esperar lograr nuestra meta en un momento lejano, muy lejano del futuro –fuera del tiempo real, en el mundo del nunca jamás. Pero sí podemos, con nuestras fuerzas y recursos limitados, intervenir sobre la “lentitud” de la democracia genuina para romper el aislamiento protector del tiempo del capital que el Estado pretende imponer. Si una vez más dejamos la desalentadora certidumbre de nuestra propia descomposición e intemporalidad, si recordamos que como movimientos tenemos la capacidad de ser más rápidos que el Estado, entonces podemos evitar la cooptación e intervenir en su internalización de las energías antagónicas.
¿Y
cómo lo hacemos? ¿Cómo mantenemos abierto el espacio político que
genera la preocupación cada vez más generalizada por el cambio
climático, que tiene la potencialidad de producir nuevas ideas y
soluciones, nuevas posibilidades, que a su vez podrían ser una
promesa de avanzar más allá del capitalismo? ¿Cómo se puede
intervenir en las presiones poderosas hacia la constitución de un
nuevo “capitalismo verde” hacia un “eco-Imperio”, un
eco-Keynesianismo autoritario mundial? Si la urgencia nos obliga a
pensar en términos de efectividad, y más aún, de eficiencia, ¿cómo
puede nuestro movimiento, pobre en recursos, desplegar de manera
efectiva sus fuerzas limitadas para maximizar resultados en función
del objetivo de crear y/o mantener un espacio para el desarrollo de
múltiples soluciones no capitalistas, no impuestas de arriba hacia
abajo, para la crisis del clima?
La respuesta a esta pregunta
comienza con otras dos preguntas, y de esta forma nos retrotrae al
comienzo de toda la argumentación. Primera pregunta: ¿Cuál es
probablemente el proceso más importante en sí mismo por el cual los
gobiernos del mundo intentan aislar el capital de la crítica pública
con respecto al cambio climático? Respuesta: casi ciertamente los
procesos de Kioto/Bali, con los cuales se invita al mundo a
presenciar los dramas de la alta política internacional, pero que al
final producen poco o nada que efectivamente sirva para proteger el
clima (sólo un comentario: desde la firma de los acuerdos de Kioto,
las emisiones mundiales de CO2 han excedido incluso los peores
escenarios proyectados por el PICC), y donde una reducción mínima
de las emisiones legitima la producción continuada de un enorme
volumen de gases de efecto invernadero –y ni que hablar de la
creación de todo un nuevo mercado en créditos de emisiones (que se
espera que valga alrededor de doscientos billones de dólares
estadounidenses para 2020), para deleite del capital mundial. Está
previsto que el proceso de seguimiento de Kioto, comenzado en Bali en
diciembre de 2007, se firme en una cumbre internacional en Copenhague
en diciembre de 2009.
Segunda
pregunta: ¿Dónde radican las fortalezas de los movimientos
radicales mundiales, tanto en comparación con nuestros enemigos como
con nuestros aliados más moderados? Respuesta: en la organización
de movilizaciones a gran escala contra las cumbres. Es precisamente
en las movilizaciones en las cumbres que hemos desarrollado lo que
podríamos llamar nuestra “mejor práctica”, donde hemos
alcanzado antes un efecto político sustancial. En Seattle, no sólo
logramos cerrar el centro d convenciones manifestando en las calles,
también exacerbamos los múltiples conflictos existentes en el
interior de la cumbre entre los distintos gobiernos que estaban
negociando. Si logramos hacer lo mismo nuevamente, y construir una
coalición política alrededor de la consigna “Olvidemos Kioto” e
impulsarla como fuerza de cambio, podríamos al mismo tiempo mantener
abierto el espacio político para discutir “soluciones” posibles
al cambio climático que vayan más allá de la agenda orientada por
el mercado que hoy reina, y ofrecer asimismo un punto focal y una
demanda común por la cual pueda luchar el movimiento mundial
emergente por el clima. ¡Olvidemos Kioto. Impidamos Copenhague 2009!
¿Pero por qué sugerimos organizar una protesta contra otra cumbre después de argumentar que las contra-cumbres se han vuelto cada vez menos efectivas en comparación con lo que eran? Debido a que la política del cambio climático en 2008 parece muy diferente a la política de la globalización neoliberal de 2008 –en realidad, se parece más a lo que hacía la política de la globalización antes de que fracasara la cumbre de la OMC en Seattle. En aquella época, durante la década del “fin de la historia”, muchos sabían que el capitalismo neo-liberal tenía fallas, pero nadie reconocía, tampoco la “izquierda”, la existencia de un movimiento, ni siquiera un “movimiento de movimientos” que se le pudiera oponer. Seattle creó la posibilidad de reconocer los elementos comunes a muchas luchas diferentes, de reconocer que todos enfrentaban al mismo enemigo. De un “movimiento” en primer lugar, que es donde el argumento cierra el círculo: el ciclo de las luchas alter-mundistas quizás se haya terminado, pero sus lecciones no han sido en vano, por ejemplo, la importancia de evitar el problema del movimiento de “una semana al año” que significa centrar todo exclusivamente en los grandes eventos. El movimiento emergente por el clima debe estar arraigado en prácticas sostenibles y cotidianas de resistencia y transformación en todos los niveles, no sólo en el ámbito mundial, sino en el regional, el nacional y el local. Pero antes de que pueda verse a sí mismo como ‘un movimiento’, es necesario marcar la cancha, demostrar que existe una posición sobre el cambio climático que es más radical que el simple pedido de más y mejor comercio de emisiones. Que hay a quienes no sólo les preocupa el cambio climático, sino también su causante: el capitalismo. Y para que eso suceda, podríamos necesitar lo que alguna gente llamó un “momento de exceso”, en el cual el tiempo se acelera, y se vuelven posibles cambios que antes eran imposibles. Una contra-cumbre puede lograrlo. En ese sentido, entonces: ¡el movimiento ha muerto – viva el movimiento!
*
Tadzio Mueller vive en Berlín, donde milita en el movimiento
emergente de acción por el clima, y enseña ciencias políticas en
la Universidad de Kassel. Es editor de Turbulence,
www.turbulence.org.uk
y se lo puede contactar en tadziom@yahoo.com
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EN POS DE UNA CRÍTICA Y ACCIÓN RADICAL EN TORNO A LAS POLÍTICAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y COPENHAGUE 2009
por Ulrich Brand*
En los últimos veinte años el cambio climático y sus impactos potenciales y reales se han hecho cada vez más evidentes. Esto se debe a los resultados de la investigación científica pero también a los movimientos ambientalistas, los medios, la intelectualidad crítica, dirigentes de gobierno progresistas y productores de energías alternativas, que han hecho de este problema y sus implicancias un centro de atención política y social. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Protocolo de Kioto surgieron en la década de 1990 como el mecanismo político internacional para abordarlo.
En
los últimos dos años, la cuestión del cambio climático ha trepado
a la cima de la agenda política. Esto tiene relación con la
publicación del Cuarto Informe del Panel Intergubernamental sobre el
Cambio Climático (PICC), el Informe Stern (este último con un
mensaje simple y economicista) y con los precios exorbitantes de la
energía y el argumento de que se ha llegado al “pico” del
petróleo, una expresión que refiere a que de que a partir de ahora
la cantidad de recursos petrolíferos nuevos que se encuentren serán
siempre menores al lo que se consume. El PICC y Al Gore ganaron el
Premio Nobel de la Paz; en las cumbres del G8 en 2007 en Alemania y
en Japón en 2008, el cambio climático y la energía fueron temas
centrales de la agenda. La Conferencia de las Partes de la CMNUCC en
Bali, en diciembre de 2007, se transformó en una reunión con una
repercusión mediática de nivel mundial.
Sin
embargo, es notorio que no es mucho lo que ha cambiado en los últimos
veinte años. El consumo de petróleo y gas ha aumentado enormemente,
los patrones de producción y consumo siguen siendo los mismos, y más
aún, estos procesos han sido rápidamente globalizados a través del
capital transnacional, las políticas de Estado y el modo de vida de
una clase media mundial.
Esto obedece a una razón principal: las políticas ambientales en general, y las políticas de cambio climático en particular, son formuladas de acuerdo a la política dominante y los intereses asociados a ésta. Hoy, la política dominante es neoliberal y neo-imperial, se orienta a la competitividad y al mantenimiento y fortalecimiento del poder de los gobiernos, las empresas y las sociedades del Norte. Las políticas favorecen los intereses de los propietarios de activos y de las clases medias mundiales – incluidas las clases medias de los países con economías emergentes como China, India o Brasil. Todavía se promueve en el mundo el modo de vida occidental como algo atractivo. Todavía se equipara el bienestar y seguridad social con el crecimiento económico, y esto supone el crecimiento de la producción de automóviles, aeropuertos, agricultura industrial, etc. en base al uso intensivo de los recursos.
El
papel de la CMNUCC
Es importante reconocer que la cuestión del cambio climático fue politizada a través del conocimiento científico, especialmente a través del PICC. De todas formas, existe el peligro de considerar el problema del cambio climático exclusiva o predominantemente como un problema global que debe ser enfrentado globalmente, es decir desde arriba, con el conocimiento occidental y a través de técnicas de gestión.
De
esta manera se soslayan la multiplicidad de conflictos locales en
torno a recursos escasos y el uso de la tierra. La existencia de
muchas alternativas queda relegada por la existencia de un “problema
global”. Por otra parte, muchas formas locales de producción y de
vida en realidad están en riesgo por causa del capitalismo
globalizado, así como por un tipo de política climática que está
modelado por las estructuras de dominación. El desarrollo de la
producción de agrocombustibles para el mercado mundial en el seno
del sector agrícola es solamente la tendencia más visible.
Lo
que surge en los últimos 20 años es un tipo de manejo global de los
recursos en el cual los gobiernos, los empresarios, los científicos,
algunas ONG y los medios actúan colectivamente para controlar la
destrucción del medioambiente. A veces se critica el contenido de
las políticas como insuficiente. Pero no se formula una crítica a
la forma de la política. No se critica la forma de la política
intergubernamental, es decir, la diplomacia bajo la presión de los
grupos de interés, en busca de un consenso que sistemáticamente
lleva a compromisos débiles. Es más, se minimiza la necesidad de
cuestionar el poder corporativo empresarial y los estilos de vida de
las clases altas y medias para enfrentar con seriedad el cambio
climático.
Los
instrumentos de la política ambiental mundial se basan
fundamentalmente en el mercado, porque “el mercado” es
considerado por poderosos actores como el mejor de los medios para
tratar problemas de largo alcance como el cambio climático. No por
casualidad, el principal instrumento de la CMNUCC es el comercio con
los derechos de emisión. Más aún, esto justifica políticas
débiles “en casa” porque no se puede fomentar transformaciones
profundas si los otros países no participan. Es una cuestión de
competitividad.
La
actual división del trabajo (junto con las divisiones de clase,
género, raza, edad, y estratificación internacional), que está
determinada por estructuras de dominación, casi no es problematizada
en los debates sobre transformaciones socio-ecológicas. De ahí que
las políticas ambientales han pasado a ser una estrategia moral
fundada en la eficiencia y orientada a las clases medias.
La generalización del modo de vida occidental es cínica porque miles de millones de personas son pobres y carecen de acceso a los medios básicos de subsistencia. Sin embargo, la dinámica capitalista promociona que los patrones de producción y consumo de este tipo tienen igualmente dimensiones atractivas, como la individualidad y ciertas formas de libertad.
Para contrarrestar los efectos y las novedades del manejo global de los recursos determinado por las estructuras de dominación, necesitamos un debate público amplio y pasos prácticos hacia la necesaria transformación de los modelos de producción y consumo, y cambios de orientación en relación al mundo natural y el poder de los Estados y el capital.
La
CMNUCC no es la institución responsable del aumento de emisiones de
CO2 y el modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles, es
decir de la continuidad del cambio climático. El proceso es mucho
más amplio, abarca a actores económicos y políticos muy poderosos
y está asimismo vinculado a los estilos de vida de las clases altas
y medias en todo el mundo. A nivel institucional, la OMC, el FMI y el
Banco Mundial, que promueven la liberalización del comercio y las
políticas de ajuste estructural, son las fuerzas motrices centrales
que actualmente dañan las relaciones entre sociedad y naturaleza.
Resulta
muy importante y problemático que la CMNUCC sostenga que es el
mecanismo central y más adecuado para detener el cambio climático.
Pero en los últimos 15 años se ha vuelto evidente que es muy poco
lo que se ha avanzado en torno al problema con los enfoques
tecnocráticos –por el contrario, los modos de vida y las
orientaciones políticas dominantes están siendo hoy re-legitimadas.
La CMNUCC materializa el hecho de que hay una toma de conciencia
politizada sobre el cambio climático. Esta toma de conciencia se
estructura en formas específicas que están alineadas con las
fuerzas sociales y los intereses dominantes. No es independiente del
desarrollo neoliberal y neo-imperial. No por casualidad, la
dominación modificada de la naturaleza a través de las estrategias
de modernización ecológica, el conocimiento occidental, el papel
preponderante de los expertos y de supuestos “líderes iluminados”,
conjuntamente con los instrumentos basados en el mercado, son los
factores que determinan las políticas ambientales. Esto representa
un desastre cotidiano para miles de millones de personas.
La
modalidad política de manejo de crisis que existe en este terreno es
la diplomacia, y lo que allí prima es la defensa de los “intereses
nacionales” en el marco de las condiciones del capitalismo
globalizado y la competencia. Cuando los gobiernos retornan de
grandes conferencias en las cuales, una vez más, se ha evocado la
noción de estar “ante una encrucijada”, siguen obedeciendo a los
actores poderosos como la industria automotriz, las empresas
productoras de semillas, la agroindustria, los productores de carne,
etc. Además, se puede apreciar claramente que los ministerios de
medioambiente son relativamente débiles, ya que los temas de la
energía quedan en manos de otros aparatos más fuertes.
Este
es un hecho verificable en el campo de los agrocombustibles. Cuando
se trata de seguridad energética y ganancias, se dejan de lado
interrogantes críticas y experiencias desastrosas. Los gobiernos del
Sur, como el de Brasil o el de Indonesia, presentan el tema de los
agrocombustibles como una “oportunidad de crecimiento y
desarrollo”. Las reestructuraciones en la agricultura son
determinadas por la gran demanda de la UE, donde se están
implementando normas específicas que exigen la mezcla de gasolina y
etanol. Pero ¿para quién y a qué precio? Los consumidores de la
clase media mundial apoyan esta política de desarrollo porque le
temen al alza de los precios de la energía. Se abandonan las
alternativas, o se reducen a un campo menor de la “mezcla de
energía”.
En
definitiva, lo que experimentamos en el campo de las políticas
ambientales es un intento de reestabilizar el proyecto de
globalización neoliberal-imperial impulsado por las crisis,
presentando una imagen progresista en materia de elaboración de
políticas ambientales. “Los líderes del mundo han entendido el
problema”, esto es lo que oímos en las cumbres del G8 y la CMNUCC.
Pero en realidad las modalidades actuales en materia de políticas
ambientales y de recursos siguen siendo formuladas por el poder y no
cuestionan las relaciones de dominación existentes. En otros foros,
como el G8, se formulan políticas irresponsables como el desarrollo
de usinas nucleares, que penetrarán el debate y las políticas de la
CMNUCC.
Trascender
la gestión global de los recursos
Para reorientar la acción política y social en pos de verdaderas alternativas a las formas y contenidos dominantes en materia de políticas climáticas, ambientales y de recursos, es necesario someterlas a la crítica y cambiarlas.
Desde
una perspectiva emancipatoria es de suma importancia detener el
cambio climático, lo que a su vez implica frenar los modelos de
consumo y producción basados en los combustibles fósiles. Estos
afectan fundamentalmente a los grupos sociales vulnerables que no
pueden defenderse de la escasez de agua y las sequías o contra las
lluvias torrenciales y las inundaciones. Estos hechos suceden con
mayor frecuencia porque prima el ánimo de lucro y porque estos
enfoques son considerados parte del ”progreso” y de un estilo de
vida confortable para mucha gente. Tales enfoques se han vuelto
predominantes gracias a una manera patriarcal y “moderna” de
entender la dominación de la naturaleza, que posibilita su
explotación, mercantilización y destrucción.
Los
movimientos sociales radicales y las ONG críticas, así como los
intelectuales y medios críticos reconocen que la CMNUCC no es un
mecanismo adecuado para encarar una de las crisis más severas que
enfrentamos. Como otras instituciones políticas internacionales –
en el terreno ambiental o en otros - la CMNUCC es parte de una
modalidad de gestión global de los recursos de carácter
capitalista, occidental, blanco y masculino. No debería seguir
siendo legitimada mediante la participación de las ONG críticas,
los movimientos sociales y otros actores críticos. No necesitamos
una “globalización sustentable”, que básicamente significa más
neoliberalismo e imperialismo.
Después
de 15 años de experiencia con la CMNUCC desde que entró en vigor en
1994, se puede apreciar con claridad que necesitamos acciones
políticas y sociales fundamentalmente diferentes. Los Estados son
aún actores importantes, pero ellos y sus funcionarios no son las
fuerzas motrices. Por el contrario, son principalmente un obstáculo
para políticas serias. Cambiar los modelos de producción y consumo,
los estilos de vida y los significados de una ”buena vida”, el
poder corporativo de las empresas y las políticas de manejo de los
recursos es un proceso amplio. Requiere tener en cuenta varios
elementos.
Un
elemento central es poner explícitamente de manifiesto una crítica
enraizada en la práctica al dogma de la competitividad ligada al
desarrollo tecnológico. Son pocos los gobiernos y los actores
sociales que han entendido los peligros de las tendencias actuales.
Lo que se necesita es una re-politización del “mercado”. No se
trata simplemente de un mecanismo supuestamente eficaz de asignación
de recursos, sino que es un instrumento altamente eficaz para generar
la dominación, más o menos opaca, de algunos sobre otros. El
mercado es sinónimo de poder y explotación según criterios de
clase, género, raza y alineamiento Norte-Sur. Por este motivo,
constreñir el poder de las grandes empresas industriales y
financieras es una tarea crucial que debemos encarar. Pero si somos
exitosos, eso significará menor crecimiento económico, con todas
sus consecuencias en términos de las ganancias, el poder del capital
privado, los ingresos fiscales del Estado y el empleo en los sectores
tradicionales.
Una
política emancipatoria debe cuidarse de no pecar de moralista
respecto de la política ambiental. Por supuesto que necesitamos
menos consumo de carne, automóviles/movilidad y aparatos
electrónicos, etc. Pero esto no puede ser tan sólo un reclamo moral
que deje de lado las estructuras sociales basadas en las relaciones
de poder.
Son
necesarios estilos de vida y formas de producción, intercambio y
división social del trabajo alternativos y atractivos, así como
identidades alternativas –y son posibles: La protección de los
bienes naturales comunes (el agua, la biodiversidad, el aire, etc.)
contra su mercantilización es, en muchos casos, una lucha muy
concreta. El consumo colectivo, las infraestructuras que lo
acompañan, una mayor eficiencia energética y bienes sustentables,
no son elementos que estén vinculados exclusivamente a procesos de
aprendizaje sino que también podrían cuestionar el poder de ciertos
productores y la aceleración de la globalización de lo
“descartable”. Necesitamos la reconversión de muchas industrias
existentes, aprovechando el enorme conocimiento de los productores
que allí reside.
Las cuestiones ambientales están profundamente ligadas a lo social. El trabajo digno versus la superexplotación, especialmente de los inmigrantes ilegalizados y muchos obreros en el Sur global, es una contradicción que obedece a la misma lógica de lucro y acumulación que está precipitando la destrucción de la naturaleza. Es necesario politizar los intereses inmediatos de los trabajadores respecto de la comida barata, la energía y otros bienes que se producen en condiciones no sustentables y antisociales. De todas formas, también aquí hay un problema a resolver dado que los intereses a corto plazo de muchas personas están vinculados a la producción y al consumo no sustentable. Las orientaciones y prácticas socio-ecológicas emancipatorias necesitan entrelazarse con otros aspectos de la vida y a la redistribución de la riqueza social.
Conflictos y reclamos radicales-emancipatorios
Es posible pensar, y ya existen, muchas alternativas posibles. Deberíamos preguntarnos si el tema del cambio climático, tan altamente politizado, no abre una vía al pensamiento y la acción más transformadora. Posiblemente a través de los conflictos socio-ecológicos se pueda dejar en evidencia que en juego está mucho más que políticas testimoniales contra el cambio climático fundadas en la gestión global de recursos: los temas de la democracia y la toma de decisiones, el poder sobre el conocimiento social y los medios de producción, la necesaria reducción de la jornada laboral, la valorización de actividades reproductivas referidas al cuidado humano, la salud, la alimentación, etc.
Por eso, proponemos una campaña internacional para transformar radicalmente la política del cambio climático. Para eso, necesitamos formular reclamos y propuestas radicales a través de debates e intercambios de experiencias y puntos de vista. Esos reclamos y propuestas deben plantearse en el seno de los debates y problemas actuales y alterar la interpretación que hoy tenemos de ellos, ofreciendo así posibilidades para la acción.
Nuestra crítica de las políticas dominantes de medioambiente y cambio climático no implica ser cínicos sobre el cambio climático, y nuestra intención no es en absoluto fortalecer el grupo de intereses que defiende la vía de desarrollo basada en los combustibles fósiles. Sin embargo, no vemos la solución al problema en el conocimiento científico occidental, en los procesos intergubernamentales y en la modernización ecológica para las clases medias occidentales, a expensas de muchos otros, especialmente los pobres, y las condiciones materiales de la vida en el planeta.
La
política en tiempos de profundas crisis socio-ecológicas tiene que
ser diseñada de otra manera, como un proceso transformador
informado, que tome en consideración las muchas ambigüedades, pero
con la mira puesta en un mundo más justo, basado en la solidaridad
–más allá del dogma de la competencia y el lucro. Queremos
reorientar los debates y las políticas hacia transformaciones
socio-ecológicas y emancipatorias fundamentales, al unísono con el
reconocimiento de las prácticas alternativas.
* Ulrich Brand enseña ciencias políticas en la Universidad de Viena. Se lo puede contactar en la siguiente dirección: ulrich.brand@univie.ac.at
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ANATOMÍA DE UN (MAL) ACUERDO COMERCIAL: LA NEGOCIACIÓN FILIPINA DEL JPEPA
por Joseph Purugganan*
Con 16 votos a favor y 4 votos en contra, el Senado filipino ratificó el polémico Acuerdo de Asociación Económica Japón-Filipinas (JPEPA por sus siglas en inglés) el pasado 8 de octubre de 2008, allanando así el camino para la aplicación del controvertido acuerdo de comercio e inversiones con Japón, que ya había sido aprobado por el Parlamento japonés en diciembre de 2006.
A
pesar de la aquiescencia del Senado, los cuestionamientos al acuerdo
continúan. Unas semanas antes de su votación, varios senadores
impulsaron su renegociación, expresando su preocupación por la
inconsistencia constitucional del tratado y su sesgo a favor de
Japón.
El
llamado a renegociar es una prueba más de que el JPEPA en realidad
no contaba con apoyo arrollador, ni siquiera entre quienes votaron y
llamaron a apoyar su ratificación en el Senado. El senador Manuel
Roxas II, uno de los principales defensores del tratado, reconoció
unas semanas antes que el JPEPA se había negociado mal, al tiempo
que hacía un llamado para reformar la forma en que el gobierno
Filipino negocia sus acuerdos comerciales a la luz de los pobres
resultados obtenidos en el JPEPA.
¿Cómo negoció el JPEPA Filipinas? ¿Podríamos haber tenido un mejor acuerdo o haber obtenido más ventajas si hubiéramos negociado mejor? ¿O acaso los dados ya estaban echados en nuestra contra desde un comienzo?
Avanzar
a toda velocidad
A todos los efectos y propósitos, las negociaciones del JPEPA comenzaron en enero de 2002 cuando el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi visitó Filipinas en la primera etapa de su gira por los países de ASEAN en pos de conseguir el apoyo de los líderes de la región para su Iniciativa para una “Asociación Económica más amplia entre Japón y ASEAN”:
La
visita fue trascendente ya que reflejó el giro que ha tenido la
política comercial japonesa, dejando atrás un enfoque
exclusivamente multilateral, para adoptar un ‘enfoque dual’,
consistente en buscar la realización de acuerdos regionales y
bilaterales y al mismo tiempo impulsar su agenda en la OMC.
Tras
conseguir el consentimiento de Filipinas y el resto de ASEAN, Japón
se lanzó a toda máquina a tratar de actualizar estos compromisos en
una serie de reuniones formales e informales.
En
mayo de 2002, en su primera visita a Japón luego de haber expresado
su apoyo a la iniciativa de Koizumi para ASEAN, la Presidenta Gloria
Macapagal Arroyo propuso establecer un grupo de trabajo para estudiar
la posibilidad de firmar un acuerdo de asociación económica con
Japón e instalar un mecanismo de discusión bilateral sobre el
JPEPA.
El
Grupo de Trabajo del JPEPA se conformó, integrado por representantes
de las agencies gubernamentales involucradas de ambas partes. La
tarea de este grupo fue estudiar los posibles contenidos, sustancia y
alcance de una asociación económica para el beneficio mutuo de
ambos países, incluida la posibilidad de lograr un Tratado de Libre
Comercio (TLC).
En
abril de 2003, habiendo fuertes indicios en el Grupo de Trabajo del
deseo común de ambas partes de avanzar, se iniciaron estudios
independientes separados para evaluar los impactos de sustentabilidad
del JPEPA.
Investigación
En
mayo, a través de la Ordenanza 213 del Ejecutivo, la Presidenta
Arroyo creó el Comité Coordinador de Filipinas (CCF) para que
hiciera el estudio de viabilidad del JPEPA. El CCF es un comité
inter-ministerial co-presidido por el Subsecretario de Relaciones
Económicas Internacionales del Departamento de Asuntos Exteriores
(DAE) y el Subsecretario de Comercio Internacional del Departamento
de Comercio e Industria (DCI). El CCF tuvo a su cargo la
representación del país en las reuniones, consultas y
negociaciones, la formulación de las posturas recomendadas de
Filipinas, llevar adelante las consultas con otras agencias
gubernamentales y representantes del sector privado (según fuese
necesario), y la redacción del borrador del marco propuesto para el
JPEPA y los respectivos Acuerdos de Implementación (AI).
De junio a diciembre de 2003, el Instituto de Estudios para el Desarrollo de Filipinas (PIDS por sus siglas en inglés) inició un proyecto de investigación que analizó la viabilidad y pertinencia del JPEPA. El objetivo general del proyecto fue responder la cuestión fundamental de si Filipinas debía ingresar en un Acuerdo de Asociación Económica con Japón. El PIDS se propuso responder esta interrogante realizando una investigación específica orientada por dos principios básicos: en primer lugar, la agenda y los objetivos de la reforma de Filipinas, y en segundo lugar el problema de multilateralismo versus bilateralismo.
La
viabilidad del JPEPA fue sopesada por los estudios realizados por
PIDS teniendo como marco de referencia los principales objetivos de
reforma del país, definidos de la siguiente manera: (1)
competitividad mundial, (2) crecimiento sustentable, (3) eficiencia
en la asignación de recursos, y (4) mitigación de la pobreza.
En
total, 17 proyectos de investigación se ejecutaron en el marco del
Proyecto de Investigación de la Asociación Económica
Japón-Filipinas. Dos de ellos analizaron los impactos del tratado
sobre el conjunto de la economía, nueve abordaron análisis
sectoriales y problemas específicos (agricultura, industria
manufacturera, comercio de servicios, turismo, movimiento de personas
físicas) y seis fueron estudios especiales sobre temas tales como la
ayuda internacional japonesa para el desarrollo, las reglas de
origen, y el desarrollo de recursos humanos.
Al
menos 14 de estos 17 estudios se realizaron en coordinación con la
oficina filipina de la Red de Centros de Estudios APEC (PASCN por sus
siglas en inglés) y el PIDS. Al menos siete fueron financiados por
la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA por sus
siglas en inglés) y al menos cuatro fueron financiados a través del
Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI por sus siglas en
inglés) de Japón.
Un
informe del Equipo de Coordinación Conjunta (JCT por sus siglas en
inglés) que cita las conclusiones de los estudios del PIDS, concluyó
que el JPEPA podría implicar impactos positivos tanto para la
economía Filipina como sobre la reducción de la pobreza en su
conjunto, aunque tendría impactos diferenciados entre los distintos
sectores. Los estudios señalan además la necesidad de adoptar
medidas de ajuste para maximizar los beneficios del JPEPA, entre
ellas el reconocimiento mutuo, la promoción del movimiento de
personas físicas entre ambos países y la concreción de diversos
programas de cooperación.
Por
otra parte, los estudios japoneses proyectaron efectos positivos
aunque muy mínimos para el PBI de Japón que crecería así
0,01-0,03% (Kawasaki), y un aumento de 1,7 – 3,03% para el PBI de
Filipinas en el largo plazo.
Negociaciones
formales
Es muy poca la información disponible para el público sobre lo que pasó efectivamente en las negociaciones. Sabemos por cierto que las negociaciones formales comenzaron en febrero de 2004 y tuvieron al menos ocho sesiones formales en Manila y Tokio entre febrero y octubre de 2004. A estas sesiones le siguieron al menos tres reuniones de trabajo en Manila desde noviembre de 2004 a febrero de 2005. Posteriormente siguieron las consultas y audiencias sobre aranceles, terminar la redacción del texto, la revisión legal y los procesos respectivos tendientes a la aceptación mutua del texto, finalizar otros aspectos legales y la firma conjunta del JPEPA a cargo de las autoridades respectivas.
El
CCF tiene mandato para realizar consultas con representantes del
sector privado pero sólo cuando lo considere necesario. Llevar
adelante las consultas con cualquier sector específico se transformó
en una potestad discrecional de las agencies del gobierno nacional.
El gobierno sin embargo informó que se realizaron efectivamente
consultas públicas al menos en tres ocasiones en un espacio de dos
años (2002-2004), y que al menos en tres oportunidades hubo
representantes del sector privado en las reuniones del grupo de
trabajo y del JCT.
Por
lo menos en una ocasión, hubo un miembro de la sociedad civil
presente en una sesión de negociación formal. En la segunda ronda
de conversaciones en abril de 2004 en Tokio, un investigador del
Tambuyog Development Center (TDC) acompañó al panel negociador de
Filipinas como asesor del Subsecretario del Departamento de
Agricultura Segfredo Serrano en los temas de pesca. Esta fue la
primera y única vez que Tembuyog o cualquier otra organización de
la sociedad civil fue invitada a participar como parte del panel
negociador de Filipinas en las negociaciones del JPEPA.
Después
de firmar el acuerdo en septiembre de 2006, el Poder Ejecutivo se
dispuso a garantizar su aprobación en el Senado. El JPEPA entró
oficialmente a consideración del Senado el 17 de agosto de 2007. El
Gobierno filipino a través de la Ordenanza Administrativa 198 creó
un grupo especial interministerial con el objetivo de lograr la
ratificación del JPEPA en el Senado. Este grupo especial integrado
por distintos organismos del Estado tuvo a su cargo presentar ante el
Senado los beneficios, ventajas y oportunidades que ofrece a la
economía Filipina firmar un acuerdo bilateral con Japón.
Las
audiencias sobre el JPEPA en noviembre de 2006 estuvieron primero a
cargo del Comité de Comercio e Intercambio presidido por el Senador
Manuel Roxas II; posteriormente se realizaron audiencias conjuntas de
los comités de Comercio e Intercambio y de Relaciones Exteriores
presididos por la Senadora Miriam Santiago. Santiago presidió un
total de nueve audiencias entre septiembre y diciembre de 2007, cada
una de ellas centrada en temas específicos (economía,
medioambiente, movimiento de personas físicas, asuntos
constitucionales y agricultura).
El
informe del comité donde se solicitaba una “concurrencia
condicional” estuvo pronto en abril de 2008. Santiago sin embargo
dio marcha atrás y postergó su discurso favorable al tratado,
optando por asegurar primero un acuerdo colateral con Japón. El
acuerdo colateral se aseguró a fines de agosto de 2008. El tratado
está por ingresar al Senado para debate en plenaria. Al día de hoy,
12 senadores han manifestado su intención de aprobar el acuerdo
mientras que al menos cinco consideran la posibilidad de devolver el
acuerdo al ejecutivo para que sea renegociado.
Lecciones
del acuerdo con Japón
Al ser el primer acuerdo bilateral firmado por Filipinas, el JPEPA establece un precedente para futuras negociaciones comerciales. Las negociaciones del JPEPA muestran una serie de problemas críticamente importantes que vale la pena analizar cuidadosamente, si queremos aprender de este proceso y cambiar la manera en que negociamos estos acuerdos.
El primer problema que se plantea es la definición de una agenda nacional. En el caso del JPEPA, hubo al menos tres elementos determinantes en la definición de la sustancia del acuerdo. El primero fue el uso del Acuerdo de Asociación Económica Japón-Singapur como modelo para el JPEPA. Se trata del primer acuerdo de asociación económica (EPA por sus siglas en inglés) bilateral firmado por Japón, y es considerado un trampolín o catalizador de la promoción de las relaciones económicas de Japón con otros países de ASEAN.
El segundo elemento, que se hizo evidente ya al comienzo, fue el compromiso de ambas partes de trabajar para lograr un acuerdo ambicioso, no simplemente un acuerdo de libre comercio, sino uno más amplio, que incluyera otras áreas como servicios, inversiones, desarrollo de recursos humanos y otras formas de cooperación. A través de las cinco reuniones del Grupo de Trabajo –cuatro en Manila y una en Tokio- que tuvieron lugar entre octubre de 2002 y julio de 2003, ambas partes intercambiaron ideas en torno a las propuestas de posibles elementos a incluir en el acuerdo.
En
el caso de Japón, sus negociadores impulsaron claramente una mayor
liberalización del régimen de inversiones, acceso al mercado para
las manufacturas japonesas y mejoras en el ambiente de negocios. En
el caso de Filipinas, los temas centrales de la agenda fueron: acceso
al mercado para los productos agrícolas y de la pesca, y el
movimiento de las personas físicas, en particular apuntando a la
apertura del acceso al mercado del sector salud.
El
tercer elemento fundamental es la investigación, que aportó la
justificación empírica de las supuestas ganancias y beneficios del
acuerdo y que resultó un motor para el avance de las negociaciones.
El PIDS jugó un papel central respecto de la investigación en el
proceso de negociaciones. Aunque el gobierno reconoce que el área de
la investigación es una fortaleza de Filipinas, son varios los
aspectos y problemas que debemos plantear como deficiencias de los
estudios del JPEPA.
El
proyecto de investigación del PIDS sobre el JPEPA estuvo claramente
orientado por una política económica favorable a un régimen de
comercio e inversiones más liberal. Estos estudios se realizaron
después que se había tomado una decisión política del más alto
nivel, no sólo de avanzar en las negociaciones, sino de concluirlas
exitosamente, y esto pone en cuestión el verdadero papel de estos
estudios. ¿Tuvieron por objetivo proporcionar una base empírica
para tomar decisiones sobre si proceder o no con las negociaciones o
simplemente pretendían proporcionar una justificación para las
decisiones ya adoptadas?
Y
por ultimo, ¿cuál ha sido el grado de independencia de estos
estudios? Un aspecto particularmente importante es el grado de
influencia de Japón sobre los investigadores, tanto de forma directa
(a través de la financiación) como de manera indirecta (a través
del marco de análisis que puso énfasis en las necesidades japonesas
más que en lo que quiere Filipinas) que quedó reflejada en los
resultados de la investigación.
Otro
tema de importancia crítica respecto del proceso de construcción de
la agenda es el nivel de participación de la gente en el proceso.
Las negociaciones del JPEPA se han caracterizado, según sus
críticos, por un proceso poco transparente y de mucho secretismo,
con espacios mínimos de participación. Si bien el gobierno afirma
que hubo transparencia en las negociaciones, y que hubo “un proceso
de negociación estructurado, paso a paso, que abarcó reuniones
tanto formales como informales, amplias consultas y audiencias
públicas, incluida la asistencia a las audiencias convocadas por la
Cámara de Representantes”, quienes lo critican señalan, con
razón, que no haber hecho público el texto durante las
negociaciones y la ausencia de mecanismos de participación claros
son señales obvias del déficit democrático del proceso del JPEPA.
Después
de haber identificado nuestros intereses ofensivos y defensivos, el
siguiente problema del proceso en su conjunto es la propia
realización de las negociaciones formales. Aquí los problemas son
más administrativos. Como fue el primer acuerdo bilateral de esta
naturaleza y alcance para Filipinas, el proceso fue mayoritariamente
“ad hoc”. Se crearon grupos de trabajo inter-ministeriales
específicamente y sólo para el JPEPA. La formulación de capítulos
específicos se delegó a organismos específicos del gobierno
nacional, y se mandató al CCF a reunir todos esos resultados en una
agenda nacional coherente.
Los
desechos tóxicos y la constitución en entredicho
La coalición multisectorial “Magkaisa Junk JPEPA” que se opone al tratado, informó que durante las negociaciones, siguiendo el asesoramiento del Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales (DENR por sus siglas en inglés) al DCI, los desechos tóxicos habían sido eliminados de la lista de bienes comerciables en el borrador de trabajo del JPEPA del 2003, pero se los volvió a introducir más adelante para cumplir con el Sistema Armonizado (SA).
Respecto
de los problemas legales y constitucionales, el DCI informó que se
procedería a un proceso de revisión legal para analizar todos estos
asuntos una vez terminado el proceso formal de negociación. En sus
testimonios ante el Comité Especial de la Cámara sobre
Globalización, dos miembros del equipo de revisión legal del
gobierno, el Juez Florentino Feliciano y la abogada María Lourdes
Sereno, plantearon serias objeciones acerca de la naturaleza y el
alcance del acuerdo y sobre sus implicancias para la legislación
existente y en términos de los requisitos administrativos y de
recursos que implica.
Por
otra parte, la Dra. Sereno ya había advertido sobre el papel del
departamento (ejecutivo) en el establecimiento de la política
comercial y la ejecución del tratado. Esta es una preocupación que
el experto constitucionalista Dr Mervin Magallona esgrimió contra el
JPEPA, al denunciar que varias disposiciones del JPEPA representan
una usurpación flagrante de las potestades del Congreso.
Resulta
evidente entonces, que si bien sí se llevo a cabo un proceso de
revisión, hay serias dudas de que las recomendaciones del panel
revisor hayan sido siquiera consideradas en el acuerdo final.
El tercer problema es la supervisión del proceso. ¿Qué papel tuvo el Congreso? Una resolución de la Cámara llamando a realizar una investigación sobre el JPEPA determinó que se llevaran a cabo audiencias en el Comité Especial de la Cámara sobre Globalización. Esas audiencias del Congreso sobre el JPEPA se transformaron en gran medida en la plataforma principal de debate público sobre el tratado propuesto. Dichas audiencias obligaron al DCI a brindar informes periódicos al Congreso sobre la marcha de las negociaciones, y representaron una oportunidad para que los grupos que se oponen al JPEPA presentaran sus posiciones.
Las audiencias del Congreso, sin embargo, no consiguieron obligar al Ejecutivo a proporcionar al Congreso una copia del texto de negociación, que siguió siendo inaccesible para el público hasta que se firmó en 2006. En diciembre de 2005, Akbayan y otros partidos se presentaron ante la Suprema Corte solicitando que se obligara al gobierno a hacer público el texto completo del JPEPA. Pero en julio de 2008 la Suprema Corte falló contra la petición de publicidad, y a favor del ejercicio del privilegio del Ejecutivo en el caso del JPEPA.
De todas formas, la decisión de la Suprema Corte sobre el JPEPA no invalida la necesidad de supervisar los tratados que celebra el Ejecutivo, especialmente debido a las implicancias de gran alcance que tienen sobre el desarrollo.
El camino a seguir
El análisis del proceso del JPEPA nos conduce a varias opciones de políticas para cambiar el proceso de negociación comercial de Filipinas. Debemos comenzar con una evaluación honesta de la política comercial del país y de cómo nuestra adhesión a esa política ha afectado el desarrollo. Debemos además examinar la forma en que trabaja el gobierno filipino dentro de ASEAN. También debe existir una coordinación más estrecha dentro de ASEAN, no sólo en términos de los TLC que está negociando el bloque como tal, sino también en relación a las iniciativas bilaterales de sus Estados miembros.
Hay
propuestas en el Congreso para crear la Oficina del Representante
Comercial de Filipinas (PTRO por sus siglas en inglés), un organismo
que podría preparar el camino para una agenda de negociación
comercial más coherente y una forma de negociación más sistemática
y coordinada, donde los insumos de las instituciones de investigación
y de la academia, del sector privado y de las organizaciones de la
sociedad civil y los movimientos sociales fueran escuchados e
integrados en una agenda nacional. Las consultas deberían ser
obligatorias y no estar sujetas a la discrecionalidad de las agencias
del gobierno nacional.
Un elemento importante de la participación es el acceso a la información. La promulgación de la Ley de Libertad de Información es un paso importante para garantizar que las personas tengan acceso a documentos cruciales, incluidas las copias de los textos de negociación, y que puedan transformarse en participantes informados en estos procesos.
El
papel del Congreso en las negociaciones comerciales es otra área que
debe ser revisada seriamente a la luz de la experiencia del JPEPA. El
Congreso podría jugar un papel fundamental en el ámbito de la
supervisión, especialmente si tenemos en cuenta la Decisión de la
Suprema Corte de Justicia que respaldó el uso del privilegio del
poder ejecutivo en las negociaciones del JPEPA.
Ahora
que Filipinas y ASEAN están negociando una serie de TLCs, es urgente
capacitarnos rápidamente para instaurar un proceso de negociaciones
más crítico y participativo, que sea a la vez más sistemático y
coherente, si queremos que impedir que se reitere una experiencia
como el JPEPA.
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Joseph Puruggann es investigador asociado de Focus on the Global
South. Para ponerse en contacto con él escriba a joseph@focusweb.org
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Traducción: Alicia Porrini y Alberto Villarreal (comercioredes@gmail.com) para
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