ENFOQUE SOBRE COMERCIO
No. 113, Septiembre 2005
PAUL
WOLFOWITZ: EL HOMBRE INDICADO PARA EL BANCO MUNDIAL
Shalmali Guttal
ANÁLISIS DE LA PROPUESTA DEL G8 SOBRE LA DEUDA Y SUS IMPLICACIONES
Soren Ambrose
LA GUERRA, EL SIGLO XXI Y EL FUTURO DE AMÉRICA: DEL 9/11 AL HURACÁN KATRINA
Tom Reifer
También puedes descargar el original en inglés, Focus on Trade, directamente en:
http://www.focusweb.org/pdf/Fot-pdf/fot113.pdf
El sábado 24 de septiembre, dos eventos importantes e íntimamente relacionados tuvieron lugar en Washington DC: más de 100.000 personas se manifestaron exigiendo el fin de la guerra en Irak, y un fin para la "guerra a los pobres" que llevan adelante el FMI y el Banco Mundial, mientras que apenas a unas pocas cuadras de allí, el ex Subsecretario de Defensa de los Estados Unidos y principal arquitecto de la invasión a Irak, Paul Wolfowitz, inauguraba la reunión anual del Banco Mundial, por primera vez desde que fuera nombrado Presidente del Banco en julio de este año. Desde Robert McNamara no había habido ninguna persona que capturara en forma tan perfecta la fusión sin fisuras de los intereses militares, políticos y económicos de los Estados Unidos. Esa es la materia de análisis de esta edición de Enfoque sobre Comercio.
Los tres artículos que presentamos a continuación capturan, de formas diferentes, las continuidades y las paradojas de la política exterior de los Estados Unidos. Shalmali Guttal continúa el planteo de un artículo anterior (Enfoque sobre comercio No. 107, febrero 2005), en el cual mostraba cómo el "paradigma de la reconstrucción" emergente se usa para profundizar la consolidación de los intereses estadounidenses. Aquí, nos presenta el papel que juegan el Banco Mundial y el FMI en la propagación del paradigma de la reconstrucción, y muestra porqué Paul Wolfowitz es perfecto para ocupar el puesto de Presidente del Banco. En un artículo de dos partes, Soren Ambrose analiza línea por línea la declaración de julio del G8 en Gleaneagles sobre la deuda y repasa las reacciones de la sociedad civil. En la segunda parte argumenta que los activistas están malbaratando los resultados de Gleaneagles, y sugiere caminos para utilizar estos resultados y radicalizar y localizar las campañas a favor de la cancelación y el repudio de la deuda pero sin legitimar al G8. Además nos muestra cómo los intereses propios de los Estados Unidos pueden en algunos casos crear espacios políticos nuevos que es posible explotar. Finalmente Tom Reifer nos permite avistar un hilado fascinante donde participan el huracán Katrina, la guerra de Irak, y décadas de expansión militar y prosperidad corporativa financiadas con deuda pública masiva y recortes presupuestales, y cómo estas hebras se entrelazan para terminar dibujando la tragedia de Nueva Orleáns. Este artículo fue editado por motivos de espacio pero es posible acceder al texto completo –con las notas ampliatorias- en el sitio web de Focus http://www.focusweb.org/Article698.html
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PAUL WOLFOWITZ: EL HOMBRE INDICADO PARA EL BANCO MUNDIAL
por Shalmali Guttal*
Cuando
la administración Bush designó al Subsecretario de
Defensa Paul Wolfowitz para la presidencia del Banco Mundial en marzo
de este año, muchos observadores del Banco Mundial
reaccionaron con conmoción. La indignación que provocó
el nombramiento de Wolfowitz en la izquierda y el movimiento mundial
por la paz y la justicia era ciertamente de esperar. Pero éste
resultó totalmente inaceptable incluso para los académicos
liberales, la prensa internacional y gran parte de los líderes
de la "vieja Europa" (con la excepción de Tony
Blair), que encontraron inexplicable esta actitud descarada de los
Estados Unidos, nombrando a uno de los principales arquitectos de la
guerra en Irak a la cabeza del organismo de financiación para
el desarrollo más importante del mundo.
Los
elementos que descalifican la capacidad de Wolfowitz para conducir el
Banco Mundial son muchos, entre ellos, su reputación como uno
de los halcones del Pentágono más agresivos, su rol
central en la planificación y supervisión de la Guerra
del Golfo y la invasión de Afganistán e Irak, su falta
de respeto por el internacionalismo, los derechos humanos y la
democracia, y su inclinación a recompensar la lealtad a la
invasión de Irak por los Estados Unidos, con oportunidades
comerciales lucrativas. Su apoyo a las dictaduras militares de Marcos
en Filipinas, Chun Doo Hwan en Corea del Sur y Suharto en Indonesia
no es un secreto. Economistas renombrados como Joseph Stiglitz,
Jeffrey Winters y Jeffrey Sachs se unieron a los observadores
independientes del Banco en su condena a la falta de capacitación
y experiencia de Wolfowitz en materia de política económica
y financiera, planificación del desarrollo, mercados
financieros, comercio, y temas sociales como la salud, el HIV–SIDA,
la educación, el agua y el saneamiento, todos temas que el
Banco sostiene son fundamentales para la lucha mundial contra la
pobreza extrema.
Ampliamente
considerado como uno de los principales miembros de la
intelectualidad neo-conservadora estadounidense y uno de los
integrantes más beligerantes de la administración Bush,
Wolfowitz sirvió en puestos políticos claves bajo las
administraciones de Reagan, Bush padre y Bush hijo. Muchos han
expresado su preocupación de que bajo la vigilancia de
Wolfowitz, el Banco Mundial se convierta en un instrumento explícito
de la política exterior estadounidense y que es sólo
cuestión de tiempo antes de que Wolfowitz empiece a dirigir el
Banco bajo el timón de los intereses de los Estados Unidos,
utilizando para ello las políticas, el despliegue de personal
y la financiación del Banco.
En
medio de la intensa y profusa atención que generó la
manifiesta ineptitud de Wolfowitz para el cargo, algunas voces
señalaron una cuestión bastante más fundamental:
que los países en desarrollo, que son los que reciben
préstamos del Banco Mundial y tienen que soportar la peor
parte de las políticas y los condicionamientos del Banco, no
tienen ninguna ingerencia a la hora de decidir quién dirige la
institución. En su calidad de principal accionista del Banco
Mundial, los Estados Unidos son tradicionalmente quienes eligen al
presidente del Banco Mundial, mientras permiten que los europeos
nombren al director del Fondo Monetario Internacional (FMI). A pesar
de la consternación que provocó la elección de
Wolfowitz, no fue ninguna sorpresa para la mayoría de los
analistas del Sur que la administración Bush hiciera pesar su
fuerza para asegurar que el Banco siga cumpliendo cada vez en mayor
medida y más obedientemente los mandatos estadounidenses.
La
prensa internacional trazó paralelos entre Wolfowitz y Robert
McNamara, otro antiguo halcón del Pentágono, que en
1968 fue forzado por la administración Johnson a renunciar a
su cargo de Secretario de Defensa de los Estados Unidos, y puesto a
la cabeza de la dirección del Banco Mundial. La transferencia
de McNamara se consideró en general como una maniobra
diplomática de un atribulado presidente de los Estados Unidos
que pretendió desviar la atención nacional y mundial
del papel de McNamara en la planificación y la conducción
de la desastrosa e impopular guerra de los Estados Unidos contra
Vietnam.
Así
que ¿por qué se le otorgó a Wolfowitz --el
hombre de la administración Bush más asociado con el
hilado de un caso falso contra Saddam Hussein y sus supuestas armas
de destrucción masiva, con la manipulación de la
opinión pública estadounidense, la falta de criterio
sobre cómo reaccionarían los iraquíes frente a
la invasión y la ocupación de su país, los
fracasos políticos y militares en Afganistán e Irak, y
la disminución de la credibilidad de los Estados Unidos en el
extranjero-- un cargo internacional tan ventajoso? Bien, para
empezar, la nominación de Wolfowitz para presidente del Banco
Mundial no fue un arreglo para salvar las apariencias
de la administración Bush. Más bien fue un
movimiento calculado para asegurar que los Estados Unidos puedan
garantizar la continuidad de sus intereses económicos y
geopolíticos, incluso jugando el juego del multilateralismo.
A los efectos de lo que Estados Unidos quiere que el Banco Mundial
haga, Paul Wolfowitz es un muchacho notablemente apto para el cargo.
Los
intereses estadounidenses
Ubicados a unas pocas cuadras de la Casa Blanca, el Banco Mundial y el FMI han sido por largo tiempo un coto de Washington en términos de políticas económicas y financieras, funcionamiento, gobernanza y administración. Los profesionales estadounidenses (con la aprobación del Tesoro de los Estados Unidos por supuesto) conforman al menos un cuarto del plantel directivo y de profesionales de alto rango. A pesar de las afirmaciones de autonomía e independencia, el Banco y el Fondo se han mostrado constantemente afiliados a las políticas y los intereses de los Estados Unidos. Desde comienzos de los años noventa, estos intereses han cuajado en un proyecto global que existe desde hace más de 50 años, pero ha adquirido una forma más identificable desde el colapso del bloque soviético a finales de los ochenta: la tarea de reconstrucción tras las guerras.
La
primera incursión oficial de los Estados Unidos en la
reconstrucción posguerra en el exterior fue a través
del Plan Marshall que entró en vigencia inmediatamente después
de la Segunda Guerra Mundial, y que desplegó un plan complejo,
con saturación de financiación destinada a la
reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Desde
entonces, el talento y la capacidad de los Estados Unidos para
definir la reconstrucción posguerra han crecido
considerablemente, mostrando sus mejores artes hoy en Afganistán,
Irak y Haití. El Banco Mundial también tuvo su ventaja
inicial en la reconstrucción posguerra en el período
post Segunda Guerra Mundial en Europa, bajo la forma del Banco
Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), encargado de
canalizar los recursos para la reconstrucción de una Europa
destrozada por la guerra y también de su supervisión.
Al igual que los Estados Unidos, el Banco también ha ampliado
su talento y capacidad para la reconstrucción a través
de su programa de “reconstrucción posconflicto",
aunque el ámbito del Banco es mayor e incluye a los países
que emergen y/o están cautivos de guerras y conflictos
violentos en curso (como Ruanda, Afganistán, Irak, Haití
y Camboya) así como aquellos países "en
transición" desde economías comunistas a economías
de mercado (como la República Democrática Popular de
Laos, Vietnam, Kazajstán y Azerbaiyán).
Integración
vertical
El enfoque estadounidense de la reconstrucción posguerra puede resumirse en una sola frase: integración vertical. Los Estados Unidos o bien organizan un golpe de estado o invaden un país, lo ocupan literalmente o por medio de "representantes", colocan un gobierno de su elección, transforman en ley las políticas que favorecen los intereses comerciales y políticos estadounidenses, y luego otorgan a sus corporaciones privadas predilectas, apetitosos contratos para la "reconstrucción" y "rehabilitación" del país. El terreno para el modelo de integración vertical se prepara mucho antes de la invasión. A través del despliegue de vendedores de espejitos y los medios de comunicación, manipulando informes de inteligencia y de seguridad, y generando un bombardeo publicitario y la histeria pública contra enemigos misteriosos, se construye un caso para mostrar que la invasión y la ocupación son inevitables. Todos se llevan un buen trozo del pastel de la reconstrucción posguerra excepto, por supuesto, aquellos cuyas casas, familias y vidas son destruidas por la guerra interminable que es un resultado inherente al modelo.
El
Banco Mundial tiene su propia versión de la integración
vertical, que se complementa bien con el modelo estadounidense. En
tanto el Banco siempre ha sido una institución delegada de los
Estados Unidos, a través de la cual los Estados Unidos imponen
condiciones económicas y financieras a los países
necesitados de capital, resulta natural que cuando se lo llama para
coordinar la reconstrucción de una país destrozado por
la guerra, continúe defendiendo los intereses de los Estados
Unidos y sus aliados en lugar de responder a las necesidades de la
población afectada. En primer lugar, el Banco fija las reglas
y las políticas que enmarcarán la solicitud y el uso de
la ayuda para la reconstrucción, luego contrata a los actores
del sector privado necesarios para implementar estas mismas reglas y
políticas, mientras apila los costos sobre las espaldas de los
pueblos ocupados, y cuando las cosas salen mal – como
inevitablemente sucede en estas circunstancias- el Banco declara que
el país afectado es un Estado fracasado que necesita que se le
apliquen, pero en forma más estricta, esas mismas reglas y
políticas que hacen que siga siendo un Estado en permanente
fracaso.
Al estilo americano
Después del fracaso del Bloque Soviético, los Estados Unidos emergieron como un poder mundial relativamente sin oponentes, y buscaron asegurar sus intereses económicos y políticos en todo el mundo por todos los medios posibles, ya fueran militares, comerciales, políticos o institucionales. La economía estadounidense es una economía de petróleo y guerra: el petróleo es necesario para alimentar el alto consumo que caracteriza al "estilo de vida americano” y evidentemente, los Estados Unidos harán la guerra para garantizar el control sobre las reservas de petróleo, y también para cimentar su posición de primacía militar y económica mundial. La globalización económica es hoy en esencia la hegemonía “americana”: sobre la ropa que llevamos, el alimento que comemos, las bebidas que bebemos, las máquinas y químicos que usamos en nuestras industrias, los aparatos que usamos en nuestras casas, las drogas que necesitamos para salvar vidas, las películas que miramos, e incluso los valores sociales y políticos que muchos en nuestras sociedades creemos necesarios para el progreso y el avance moderno.
Para
los Estados Unidos, la "reconstrucción" supone
establecer sistemas que promuevan los intereses ideológicos y
materiales de los Estados Unidos. Desde el punto de vista ideológico
supone el fomento de una articulación de "libertad y
democracia” inspirada en el mercado, una interpretación
individualizada de los derechos, valores y sistemas “democráticos”
al “estilo americano”, y un sentido también
estadounidense de “claridad moral." Desde el punto de
vista material supone asegurar y consolidar el control de los Estados
Unidos sobre el petróleo y otros recursos clave, ampliando el
poder de las grandes empresas estadounidenses tanto en el país
como en el extranjero, asegurando la hegemonía de los Estados
Unidos en el consumo mundial, y estableciendo formas de gobierno y
procesos legales e institucionales favorables al mercado y las
corporaciones.
Para
Wolfowitz, el final de la Guerra Fría representó
inmensas oportunidades para difundir la ideología de los
Estados Unidos y servir a sus intereses. El uso
del "músculo americano para hacer avanzar los valores
americanos en todo el mundo" (1) fue crucial para asegurar el
dominio económico y político de los Estados Unidos a
escala mundial. El uso de las fuerzas armadas y las
tecnologías militares estadounidenses son fundamentales para
esta estrategia, y Wolfowitz no tuvo dificultad en conciliar el poder
militar y los intereses comerciales y económicos, con una
finalidad de tipo moral. En un comentario sobre el pensamiento de
Wolfowitz sobre la política de defensa post guerra fría,
Andrew Bacevitch señala, "aprovechando la enorme cantidad
de oportunidades nuevas para poner a trabajar el poder militar de los
Estados Unidos en la protección de los derechos humanos y la
promoción de la causa de la libertad, los Estados Unidos
podrían cimentar en los hechos su posición de primacía
mundial".(2)
En
la búsqueda por conseguir esta primacía, Estados Unidos
ha desplegado varias tácticas, sin fisuras ni interrupciones:
desde la invasión y ocupación directa de países
y la organización y financiación de golpes de Estado
(como en Afganistán, Irak y Haití), hasta la promoción
de "la libertad y la democracia" (como en Camboya, Timor
Oriental y Asia Central), pasando por la amenaza de retener sus
contribuciones financieras a entidades multilaterales como el sistema
de Naciones Unidas, el Banco Asiático del Desarrollo e incluso
al Banco Mundial, a menos que éstos establezcan en los países
receptores de la ayuda, las políticas e instituciones que
quieren los Estados Unidos.
El
pensamiento de los Estados Unidos sobre la reconstrucción
posguerra está claramente articulado en la declaración
de misión de la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción
y la Estabilización (S/CRS por sus siglas en inglés).
Establecida en julio de 2004 para desarrollar una "capacidad”
más “robusta"(3) para prevenir conflictos y
"manejar las operaciones de estabilización y
reconstrucción en los países que emergen de conflictos
o revueltas civiles", (4) la S/CRS responde directamente al
Secretario de Estado. La declaración de misión de la
S/CRS señala que:
"Hasta
ahora, la comunidad internacional ha emprendido operaciones de
estabilización y reconstrucción en forma ad hoc,
recreando las herramientas y las relaciones cada vez que surge una
crisis. Si vamos a asegurar que los países se encaminen en una
ruta sostenible hacia la paz, la democracia y la economía de
mercado, necesitamos institucionalizar nuevas herramientas de
política exterior –herramientas que puedan influir sobre
las opciones que hacen los países y las personas sobre la
naturaleza de sus economías, sus sistemas políticos, su
seguridad, en realidad, en algunos casos, sobre el mismísimo
entramado social de una nación". (5)
La
administración Bush ha solicitado US$124,1 millones al
Congreso de los Estados Unidos para iniciar las operaciones de la
S/CRS y ha pedido ‘autoridad de flexibilidad presupuestaria’
para permitir que los recursos sean utilizados con el “máximo
efecto".(6) A pesar de la retórica sobre promover la paz,
la armonía y la democracia, asegurar las ganancias económicas
es la prioridad en la planificación de la S/CRS. Según
Carlos Pasqual, el coordinador de la S/CRS, la oficina conformará
equipos inter-agencias, intersectoriales y cívico-militares
que puedan intervenir en situaciones de conflicto al comienzo del
proceso y asumir el grueso del trabajo de reconstrucción:
"Para
respaldar los requerimientos mayores y a más largo plazo del
programa, la oficina del coordinador está evaluando y llenando
las brechas entre las agencias gubernamentales a través de
contratos y arreglos más informales con organizaciones que se
especializan en diversos aspectos de la estabilización y la
reconstrucción: la movilización de policía civil
internacional, el entrenamiento de la policía nativa, el
desarrollo de sistemas de justicia, la prestación de
asesoramiento fiscal y monetario, la estimulación del sector
privado, y el apoyo a la sociedad civil. La S/CRS también está
evaluando la viabilidad de un cuerpo de reservas civiles que podría
incorporar personas con experticias clave. El objetivo es organizar
todos estos recursos con el propósito de que puedan
movilizarse rápida y eficientemente después de un
conflicto para cumplir con todas las funciones y experticias
necesarias". (7)
Pasqual
tiene claro que el trabajo de la S/CRS se enfoca en crear las leyes e
instituciones para una "democracia de mercado", y que debe
prever el diseño de contratos de reconstrucción con
empresas privadas y ONGs con bastante anticipación. (8)
"Y así hemos comenzado un proceso para asegurarnos contar con una red mundial de contratos y subvenciones y acuerdos de cooperación con empresas y personas y grupos de expertos (“think tanks”) y universidades y ONGs, con el propósito de que éstos estén precalificados con anticipación en las áreas de experticia fundamentales, a fin de que los individuos estén identificados y cuando sea realmente necesario desplegar un equipo en el terreno, que permita que uno pueda avanzar en esos contratos, y quizás, acortar entre tres y seis meses el tiempo de respuesta gracias a esta precalificación previa".(9)
Las
ambiciones de Estados Unidos en la reconstrucción están
perfectamente reflejadas en la caso de Irak. Paul Bremer, el
Administrador nominado por Estados Unidos para encabezar la Autoridad
Provisional de la Coalición (CPA) establecida por los EE.UU.,
que sirvió como la primera autoridad de ocupación en
Irak, entre mayo de 2003 y junio de 2004 despidió a 500.000
trabajadores estatales (incluyendo soldados y civiles), abrió
el país a la libre importación, empezó a
privatizar las empresas estatales, y promulgó un conjunto de
leyes radicales para tentar a las compañías
multinacionales a establecerse en Irak. En su investigación
sobre la reconstrucción de Irak, Naomi Klein destacaba que "De
la noche a la mañana, Irak pasó de ser el país
más aislado del mundo a ser, en el papel, su mercado más
abierto". Klein informó que según Joseph Stiglitz,
ex jefe de economistas del Banco Mundial, las reformas de Bremer eran
"una forma de terapia de choque aún más radical
que la que se aplicó en las ex-repúblicas soviéticas".
(10)
La
CPA repartió regularmente contratos por millones de dólares
a las empresas estadounidenses favorecidas, mientras que para los
altos cargos encargados de darle forma al futuro gobierno "soberano"
de Irak y la sociedad civil iraquí, se contrataron
profesionales muy bien pagos e ideológicamente motivados,
provenientes de los grupos de expertos “mascotas” de la
Administración Bush y los bancos de inversión. Entre
ellos se destacan, el Research Triangle Institute
(RTI), la National Endowment for Democracy
(NED) y Bearing Point, todos ellos encargados de construir
estructuras e instituciones económicas, sociales y políticas
más propicias para los intereses corporativos de los Estados
Unidos, incluso después de que finalice la ocupación
directa.(11) La mayor parte de los contratos de obras civiles,
mantenimiento de los campos petroleros y compras del Estado, fueron
otorgados sin previo llamado a licitación pública
abierta a la compañía Halliburton, que fuera ayer la
“casa” del vicepresidente Dick Cheney, y a Kellog Brown y
Root (KBR), una filial de Halliburton. (12)
En
su análisis de la versión final de la Constitución
iraquí, Herbert Docena explica cómo la Constitución
ha convertido en ley disposiciones que prevén la apropiación
privada del patrimonio iraquí, incluso en manos extranjeras, y
cómo obliga a los iraquíes a aplicar las políticas
neoliberales establecidas en los decretos de Bremer. Docena señala
que, "El contenido de la constitución permanente de Irak
es de interés fundamental para todos los que están
comprometidos en la reconstrucción de la economía de
Irak en el marco de los principios neoliberales."(13) Entre
éstas, son particularmente importantes las disposiciones que
gobiernan los bienes petroleros de Irak, en referencia a las cuales,
señala Docena, Adil Abdel Mahdi, el vicepresidente de Irak,
dijo a una audiencia en Washington justo antes de las elecciones
iraquíes: " la situación es muy prometedora para
los inversionistas y las compañías estadounidenses,
especialmente para las compañías petroleras". (14)
Tanto
en casa como en el extranjero
Las compañías estadounidenses que se han beneficiado con los lucrativos contratos de reconstrucción en el extranjero, también se benefician en casa, tal como lo evidencia la corrida hacia la reconstrucción en la costa sudeste del Golfo de los Estados Unidos, tras su devastación por el huracán Katrina. Y aquí también vemos el modelo de integración vertical funcionando. A principios de septiembre, la Agencia Federal de Manejo de Emergencias estadounidense (FEMA por sus siglas en inglés) y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército otorgaron al menos siete contratos directos, en su mayoría por montos de hasta US$100 millones, destinados a la limpieza post Katrina, viviendas de emergencia, reparación de las obras públicas y suministro de servicios básicos. Muchas de estas compañías también recibieron contratos directos para trabajar en Irak, incluida KBR. KBR es cliente de Joe M. Allbaugh, ex director de FEMA entre 2001 y 2003, que ahora tiene una empresa de cabildeo y consultoría. (15) Allbaugh es además amigo íntimo del presidente Bush y fue su director de campaña en 2000. (16)
Bechtel,
una compañía con ingresos anuales de US$ 17.400
millones en todo el mundo, trabaja construyendo viviendas en
Mississippi en el marco de un acuerdo informal, sin términos
de pago establecidos ni alcance especificado de las obras, ni valor
total designado. Esta misma empresa tiene a su cargo también
trabajos de reconstrucción en Irak, gracias a un gigantesco
contrato celebrado con el gobierno federal. (17) Muchas de las
garantías de contratación habituales que deben
acompañar a los contratos de este tamaño han sido
temporalmente suspendidas en la rehabilitación post Katrina,
en un intento aparente de asegurar que la ayuda de emergencia del
gobierno federal llegue a las víctimas lo antes posible.
Además, la administración Bush suspendió también
las obligaciones salariales vigentes que aseguran que los
trabajadores contratados por el gobierno en las áreas de
desastre reciban una compensación justa. (18)
Al
Cuerpo de Ingenieros del Ejército se le encomendó
otorgar otros US$ 1.500 millones en contratos a mediados de
septiembre destinados a las operaciones de limpieza post Katrina en
Louisiana y la costa del Golfo. Aunque estos contratos serán
objeto de una licitación, con “procedimiento
expeditivo”, es decir que el proceso de la licitación
puede durar menos de tres días. (19) Los involucrados dicen es
probable que los gastos de la reconstrucción post Katrina
excedan los US$ 100.000 millones.
En
un intento de adelantarse a las acusaciones de abuso de contrato, el
Departamento de Seguridad Interna (Department
of Homeland Security) decidió enviar un equipo de
investigadores y auditores a la costa del Golfo devastada por el
huracán para asegurarse de que los fondos federales se están
distribuyendo correctamente en los trabajos de rescate, alivio y
reconstrucción. Éste es el mismo departamento que le
recortó drásticamente a la FEMA su presupuesto de
respuesta a emergencias, y socavó la capacidad de la Guardia
Nacional de Louisiana –cuya función es la seguridad
interna- al enviar a la mayor parte de esta fuerza a Irak.
Irónicamente, el equipo no podrá investigar el más
polémico de los contratos de Katrina: un contrato de US$ 16,6
millones celebrado con KBR, destinado a las reparaciones de
emergencia de las instalaciones navales y marítimas en la
Costa del Golfo. Este dinero es parte de un contrato de la Marina por
US$ 500 millones que KBR ganó en una licitación en
julio pasado.
El
Departamento de Seguridad Interna afirma que no tiene
autoridad para auditar el contrato, ya que fue otorgado por el
Pentágono. Sin embargo, KBR ha estado bajo la lupa por haber
recibido un contrato directo a 5 años para restaurar los
campos petroleros iraquíes poco antes de la invasión a
Irak en 2003, y se han planteado preguntas en torno a si KBR obtuvo
un trato especialmente favorable debido a su conexión con el
vicepresidente Dick Cheney, quien fue director de Halliburton desde
1995 a 2000. (20) Halliburton (la compañía matriz de
KBR) tiene además un contrato a 5 años por US$500
millones con la Marina estadounidense para el suministro de las
reparaciones de emergencia en las instalaciones militares dañadas
por Katrina. (21)
Obviamente
Paul Wolfowitz no es responsable los escándalos post Katrina,
sin embargo vale la pena tener en mente que éste es el entorno
y la cultura de trabajo de la que proviene - el amiguismo y una falta
terrible de rendición de cuentas. Según Danielle Brian,
directora de Project on Government Oversight
(Proyecto de Supervisión Gubernamental), un grupo sin
fines de lucro que vigila los gastos del gobierno,
en el caso de Katrina --como en el de Irak- "es probable que
podamos ver el equivalente de la especulación con la guerra:
la especulación con el desastre". (22)
Al
estilo del Banco Mundial
Para el Banco Mundial, la reconstrucción posguerra es una oportunidad para aplicar la forma más atroz de ajuste estructural en países que van desde los que emergen de la guerra o los desastres naturales, pasando por aquellos que viven conflictos internos violentos, hasta los que se encuentran bajo ocupación extranjera, y/o en "transición" del comunismo al capitalismo. El Banco juega un papel importante en modelar el ambiente económico, social y político en Afganistán, Camboya, la región africana de los Grandes Lagos, los Balcanes, Liberia, Nepal, Sierra Leona, Timor Oriental, Sri Lanka, Cisjordania y Gaza, y otras áreas destrozadas por la guerra, los conflictos y los desastres. La aplicación inmediata de reformas de libre mercado, entre ellas disposiciones legales para la inversión extranjera, la repatriación completa de ganancias de los inversores extranjeros, los derechos de propiedad privada, cero subsidio a la alimentación y los servicios esenciales, y el ahora ubicuo concepto de ‘buen gobierno’ son comunes a todos los programas de reconstrucción del Banco Mundial.
El
Banco Mundial es una de las instituciones más influyentes
involucradas en la reconstrucción posconflicto y posguerra.
"Mitigar los efectos de la guerra" es el argumento de
aproximadamente el 16% del total de préstamos del Banco. (23)
El Banco tiene una unidad especial para diseñar los programas
de desarrollo de los países afectados por conflictos (la
Unidad de Prevención de Conflictos y Reconstrucción) y
un fondo especial para suministrar financiación destinada a la
reconstrucción en "sociedades de posguerra" (el
Fondo Post Conflicto). Tiene una Política de Operaciones sobre
"Cooperación para el Desarrollo y Conflicto" (OP
2.30) que establece el alcance y los términos de las
intervenciones de la institución y explícitamente abre
la puerta al Banco para trabajar en la prevención de
conflictos. (24) El Banco puede incluso intervenir en países
donde está poco claro quién está en el poder y
puede otorgar subvenciones a solicitud de la comunidad internacional
"apropiadamente representada" (por ejemplo por organismos
de Naciones Unidas). Esto quiere decir que el Banco Mundial (y el
FMI) puede operar en un país en ausencia de un gobierno
soberano, como lo hizo en Irak y Afganistán.
El Fondo Post Conflicto (PCF por sus siglas en inglés) del Banco fue creado en 1997 para "aumentar la capacidad de apoyo del Banco Mundial a los países en transición del conflicto a la paz sostenible y el crecimiento económico". El PCF hace donaciones a gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, instituciones y actores del sector privado, para canalizar la ayuda del Banco tan pronto, y en un espectro tan amplio como sea posible. Sólo en el año fiscal 2004, el Banco desembolsó US$ 10,6 millones; desde 1998 ha desembolsado US$ 66,7 millones destinados, entre otros, a Afganistán, Sri Lanka, Colombia, Haití, Azerbaiyán, Ruanda, Sierra Leona, Bosnia, Croacia y Filipinas. (25)
Algo que vale la pena destacar de la participación del Banco en la reconstrucción post conflicto es la amplitud y el tamaño de sus operaciones, y la facilidad con la que ‘remarca’ sus paquetes habituales de reformas con el rótulo de ‘reconstrucción’. Las actividades de reconstrucción del Banco abarcan un amplio espectro, desde el “asesoramiento” sobre políticas y la contratación de estudios, a la financiación de actividades en el país en cuestión y la administración de las donaciones financieras que se canalizan para la reconstrucción de un país destrozado por la guerra o arrasado por el conflicto. En la región de los Grandes Lagos en África Central, el Banco está actualmente administrando un programa de US$350 millones de múltiples donantes destinados a desmovilizar y reintegrar a 450.000 ex combatientes de Angola, Burundi, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República de Congo, Ruanda y Uganda.(26) Incluso la Corporación Financiera Internacional (CFI) – la ventanilla del Banco para financiación al sector privado- está en el negocio, y ha brindado financiamiento a proyectos tales como un hotel de lujo de larga estadía en Ruanda para el personal de desarrollo internacional, un hotel de lujo en Afganistán para diplomáticos y profesionales de la ayuda para el desarrollo, el desarrollo de campos petroleros al sudeste de Chad, la construcción de un oleoducto subterráneo de Chad a Camerún (para transportar el petróleo de los pozos de Chad), la construcción de una fábrica de cemento completamente nueva en Irak, la privatización y ampliación de una usina estatal de generación de energía en Tayikistán, y un mecanismo especial de prestamos para la reconstrucción y rehabilitación de las instalaciones turísticas destruidas por el tsunami. (27)
A fin de ampliar su trabajo de reconstrucción, el Banco ha desarrollado "nuevos productos" para las situaciones donde los instrumentos normales de otorgamiento de préstamos no son aplicables. Éstos permiten al Banco "posicionarse" tempranamente en el diseño del camino de desarrollo del país afectado. En varios países que salen de conflictos, el Banco Mundial prepara una Estrategia de Apoyo a la Transición (Transitional Support Strategy –TSS). La TSS es un plan de corto a mediano plazo para la reconstrucción exhaustiva, a través del cual el Banco puede proporcionar subvenciones y préstamos de emergencia para la recuperación. Tanto Angola como Macedonia, Kosovo, Timor Oriental y la República Democrática del Congo tienen actualmente una estrategia de este tipo. El Banco también ha creado y gestionado fondos fiduciarios conjuntos de donantes en países como Afganistán, Kosovo y Timor Oriental, y en la región de los Grandes Lagos en África. (28)
A
finales de 2002, el Banco Mundial creó una iniciativa para los
países con bajo ingreso en dificultades (Low
Income Countries Under Stress - LICUS). La iniciativa
LICUS se centra en mejorar la eficacia del desarrollo en los países
a los que el Banco llama “Estados frágiles". En
colaboración con otras agencias de desarrollo y académicos,
el Banco ha empezado a crear un marco analítico y a "reunir
las herramientas adecuadas" para ayudar a los países que
atraviesan circunstancias difíciles.(29) Hasta junio de 2004,
los países objetivo incluían a la República
Centroafricana, Haití, Liberia, Myanmar, Somalia, Sudán,
Togo y Zimbabwe.
En el mundo del Banco los Estados frágiles “se caracterizan por ser particularmente débiles en cuanto a su desempeño y a sus instituciones, según indican las calificaciones del Banco Mundial en las Evaluaciones de instituciones y desempeño de los países”. (30) Es importante resaltar aquí la observación del Banco de que los países con bajo ingreso en dificultades (países LICUS) tienen "entornos que no son propicios para absorber volúmenes importantes de ayuda para el desarrollo". (31) La concepción que tiene el Banco de los Estados frágiles es en realidad muy similar al de la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción y la Estabilización (S/CRS por sus siglas en inglés). Ambos organismos expresan preocupación por la proliferación de Estados debilitados que representan una amenaza tanto para el mundo entero como para sus propias poblaciones sufrientes.
"Muchos países de bajo ingreso en dificultades tienen partes interesadas nacionales que intentan iniciar las reformas básicas necesarias, aunque las autoridades nacionales a cargo de estas reformas suelen tener poco poder político y requieren de un modesto pero oportuno apoyo internacional para lograr el impulso necesario para llevarlas adelante. Esto es de especial importancia en los países de bajo ingreso en dificultades que realizan esfuerzos por lograr la reconciliación nacional o la transición política: es fundamental que en estos períodos de transición mejore la economía y la gobernabilidad, tanto para evitar una nueva etapa de inestabilidad política como para preparar las políticas e instituciones para el compromiso más integral de parte de la comunidad internacional". (32)
En
enero de 2004, el Banco creó un Fondo Fiduciario para
implementar la iniciativa LICUS destinado a dar asistencia a los
países de bajo ingreso en dificultades durante lo que el Banco
llama períodos de “transición”,
especialmente para aquellos que están atrasados con el pago de
los servicios de sus deudas con el Banco. Financiado con el superávit
del Banco en el año fiscal 2003, el Fondo Fiduciario tiene un
presupuesto de US$ 25 millones, y hasta la fecha ha desembolsado US$
19,1 millones en paquetes de subvenciones para las Islas Comores,
Liberia, República Centroafricana, Haití y Sudán.
Según el Banco:
“El
Fondo fiduciario propuesto, orientado principalmente hacia los países
que están atrasados en sus pagos al Banco y se encuentran
excluidos del régimen de contabilidad de valores no
devengados, permitiría que el Banco entregue algo de apoyo
para ayudarlos mientras inician el tipo de reformas que sentarían
las bases para el pago de la deuda y el posterior acceso a
financiamiento y alivio de la deuda de la AIF sobre la base de un
historial sólido”. (33)
En
otras palabras, el objetivo del Fondo Fiduciario para la iniciativa
LICUS es colocar otra vez a estos países "frágiles"
bajo las polleras del Banco Mundial y el FMI. Las reformas
principales previstas a través del Fondo Fiduciario incluyen
reformas relativas a gobernanza, funcionarios públicos,
finanzas públicas, y reformas políticas,
institucionales y judiciales, es decir, todos los elementos de un
programa de ajuste estructural clásico.
Cómo
se une todo
A pesar de sus mejores esfuerzos por demostrar lo contrario, el lema del Banco Mundial "Trabajando por un mundo libre de pobreza", suena cada vez más hueco con cada nuevo dólar que destina a la asistencia.
A
lo largo de sus 60 y pico de años de existencia, el Banco ha
transitado muchas modas pasajeras, incluyendo la ayuda a la
emergencia, el desarrollo de infraestructura, la generación de
capital humano y social, la satisfacción de las necesidades
básicas, las reformas financieras y económicas, el buen
gobierno y la participación. Sea cual sea la medida de
desempeño económico o social que utilicemos, las
pasadas dos décadas muestran que la aplicación rígida
de la ortodoxia económica y financiera del Banco y el Fondo ha
fracasado rotundamente. Los países que estaban endeudados hace
más de 20 años, siguen atascados en la deuda, hundidos
bajo el peso de la terrible carga del repago que ha socavado todos
los indicadores sociales y ambientales; la pobreza de los ingresos,
la desigualdad, el desempleo, el hambre y la desnutrición se
han transformado en condiciones arraigadas como resultado de las
reformas económicas y financieras diseñadas por el
Banco y el Fondo; la exclusión social, el desamparo de la
migración y el tráfico de seres humanos están en
alza en todos los lugares donde el Banco y el Fondo han dejado la
marca de sus políticas; la destrucción ambiental y
ecológica y el reasentamiento forzado acompañan a la
mayoría de los proyectos de infraestructura que financia el
Banco, y las capacidades de la mayoría de los prestatarios del
Banco y el Fondo para combatir el VIH-SIDA, la malaria y otras
enfermedades epidémicas se han visto disminuidas como
resultado de los recortes presupuestales al gasto público.
En
un estudio sobre la participación de las instituciones
financieras internacionales (IFI) en Afganistán, Anne Carlin
nota que las IFI están buscando "nuevas líneas de
negocios" en un momento en que los grandes prestatarios como
India y China recurren a otras fuentes para proyectos muy
importantes. (34) A fin de retener a los clientes de ingresos medios
como India y China, el BIRF ha reducido sus tasas de interés
crediticio y le sumó US$ 1.000 millones al monto máximo
de crédito a un solo país, que ahora asciende a US$
14.500 millones. (35) Según un alto funcionario del Banco,
India se ha quejado de que encuentra los costos de los préstamos
del Banco demasiado onerosos y no está dispuesta a solicitar
un préstamo si no se rebajan los costos.
La reconstrucción posconflicto o posguerra constituye una excelente oportunidad para que el Banco Mundial se adjudique un nuevo papel y mantenga a raya su irrelevancia institucional. La "construcción de Nación" y el apoyo a los "Estados frágiles" para que encuentren "salidas sostenibles" a las condiciones de conflicto, brindan al Banco blindajes útiles con que desviar la atención de sus malos resultados con los ajustes estructurales, el alivio de la deuda y sus gigantescos proyectos de infraestructura. El ascenso de Paul Wolfowitz a la presidencia del Banco, por lo tanto, es totalmente funcional a los intereses de auto-perpetuación del Banco.
Si bien Wolfowitz llega a la presidencia del Banco sin ninguna experiencia en los asuntos del desarrollo, sí trae consigo una experiencia sumamente valiosa en la supervisión de la reconstrucción de Irak, durante la cual demostró su compromiso con el desarrollo orientado por las empresas. Importa muy poco que a dos años de la invasión, Irak se encuentre sumergido en el caos; la comida, el agua y las medicinas sean escasas, la seguridad, prácticamente inexistente, y el país esté siendo despedazado por los conflictos sectarios. Es mucho más importante que las empresas estadounidenses ahora tengan el control sobre los apetitosos contratos para la reconstrucción de las estructuras que destruyó la guerra de Wolfowitz. La integración vertical en todo su esplendor.
A mediados de septiembre, la directiva del Banco Mundial aprobó un plan para usar no menos de US$ 500 millones en préstamos para el gobierno iraquí. En 2004, el antecesor de Wolfowitz, James Wolfensohn, comprometió entre US$ 3 y 5 mil millones para la reconstrucción y acordó administrar el Fondo Fiduciario de Irak. Actualmente el Banco está considerando enviar personal de vuelta a Irak para supervisar las enormes sumas de fondos de reconstrucción que serán canalizadas a través del Fondo Fiduciario, ya que un informe interno del Banco ha advertido que "existen riesgos altos y sin precedentes" para el trabajo del Banco en Irak, en razón de que no es posible para los expertos del Banco viajar por todo el país y supervisar el desembolso de la ayuda. (36)
Una faceta interesante de la iniciativa LICUS del Banco Mundial es que le da al Banco la capacidad de designar los países que están en peligro de convertirse en "Estados frágiles". De forma semejante, la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción y la Estabilización (S/CRS) dirigida por Carlos Pasqual ha solicitado al Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos que identifique cada seis meses un grupo de países que a su juicio estén en una situación de “mayor riesgo de inestabilidad”. Entre éstos, el Coordinador Pasqual seleccionará los países en los que se "centrará un proceso de planificación más intensivo”. (37) Ambos, el Banco y la S/CRS, están así en condiciones de transformar el “fracaso del Estado” en una profecía auto-cumplida, gracias a la aplicación de sus respectivos programas de reconstrucción posguerra.
La experiencia anterior de Paul Wolfowitz en la administración estadounidense probablemente le sea muy útil en su nuevo trabajo en el Banco Mundial.
*
Shalmali Guttal es directora asociada de Focus on the
Global South s.guttal@focusweb.org.
Notas
1.
Andrew J. Bacevich, Trigger Man, en Paul Wolfowitz, messianic vision
meets faith in the efficacy of force. The American Conservative,
junio 6, 2005.
2. Ibid.
3. http://www.state.gov/s/crs/c12936.htm
4. Ibid.
5. Ibid.
6. Stephen D. Krasner, director de planificación política y Carlos Pascual, coordinador de la Oficina para la Reconstrucción y la Estabilización. Addressing State Failure. Foreign Affairs Magazine, julio/agosto 2005, Vol 84, No 4, Washington, DC, junio 27, 2005.
7. Ibid.
8. Financial Times, US prepares classified watch-list of 25 unstable countries. Marzo 29, 2005.
9. Ibid
10. Naomi Klein, Baghdad Year Zero, Pillaging Iraq in Pursuit of a Neocon Utopia. Harper's Magazine, septiembre 2004
11. Herbert Docena, The Other Reconstruction: How private contractors are transforming Iraq's state and civil society. Enfoque sobre Comercio, Parte1, Número 101, julio 2004. http://www.focusweb.org/pdf/fot101.pdf
12. Para más detalles visite el sitio web: www.HalliburtonWatch.org
13.
Herbert Docena, Iraq’s Neoliberal
Constitution. Foreign Policy in Focus,
http://www.fpif.org/fpiftxt/492
14. Ibid. Véase también,
Emad Mekay, US to Take Bigger Bite of Iraq's Economic Pie. Inter
Press Service, diciembre 23, 2004.
15. Leslie Wayne, Expedited Contracts for Cleanup Are Testing Regulations. The New York Times, septiembre 13, 2005.
16. John M. Broder, en Storm's Ruins, a Rush to Rebuild and Reopen for Business. The New York Times, septiembre 10, 2005.
17. Ibid.
18.
The Associated Press, Investigators to Monitor Katrina Contracts.
Septiembre 13, 3005.
19. Leslie Wayne, Expedited Contracts for
Cleanup Are Testing Regulations. The New York Times, septiembre 13,
2005.
20.
The Associated Press, Investigators to Monitor Katrina Contracts.
septiembre 13, 2005.
21. John M. Broder, en Storm's Ruins, a Rush
to Rebuild and Reopen for Business. The New York Times, septiembre
10, 2005.
22. Ibid.
23. Página web del Banco Mundial sobre conflictos, sitio web del Banco Mundial.
24. Ver “Política del Banco en material de conflictos y cooperación para el desarrollo”, página web del Banco Mundial. http://lnweb18.worldbank.org/ESSD/sdvext.nsf/67ByDocName/ThePostConflictFund
25.
http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/NEWS/0,,contentMDK:20042303~menuPK:34480~pagePK:36694~piPK:116742~theSitePK:4607,00.html
26.
http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/NEWS/0,,contentMDK:20629793~pagePK:34370~piP:34424~theSitePK:4607,00.html
27.
http://www.ifc.org/ifcext/about.nsf/Content/WhatWeDo
28.
Bretton Woods
Project:http://brettonwoodsproject.org/article.shtml?cmd[126]=x-126-16554
29.
http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/PROJECTS/STRATEGIES/EXTLICUS/0,,menuPK:511784~pagePK:64171540~piPK:64171528~theSitePK:511778,00.html
30.
http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/BANCOMUNDIAL/EXTPPSPANISH/EXTSTRATEGIESSPANISH/EXTLICUSSPANISH/0,,contentMDK:20620424~menuPK:1308524~pagePK:64171531~piPK:64171507~theSitePK:1308492,00.html
31. Ibid.
32. Ibid.
33. Ibid.
34. Anne Carlin, Rush to Reengagement in Afghanistan: The IFI's Post Conflict Agenda, Bank Information Centre, diciembre 2003.
35.
://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/NEWS/0,,contentMDK:20610454~pagePK:34370~piPK:34424~theSitePK:4607,00.html
36.
Paul Blustein, World Bank Considers Sending Staff Back to Baghdad,
Wolfowitz Acknowledges That Presence Is Important to Success of
Rebuilding Programs. Washington Post, septiembre 18, 2005.
37. Comentarios del embajador Carlos Pascual, emitidos en The Center For Strategic & International Studies, 20 de octubre, 2004.
**************************************************
ANÁLISIS DE LA PROPUESTA DEL G8 SOBRE LA DEUDA Y SUS IMPLICACIONES
por Soren Ambrose*
"Si
valoramos correctamente el logro de "derrotar” al G8 y a
las instituciones financieras internacionales (IFI)... esta victoria
podría ser parte del fortalecimiento del empuje del movimiento
mundial por la justicia en el camino hacia las reuniones de la OMC en
Hong Kong y otros eventos clave. Lamentablemente, parece que muchos
militantes progresistas percibirán la propuesta del G8 como
una nueva derrota, aunque con algunos aspectos potencialmente
positivos".
(Este
informe consta de dos partes. La primera consiste en una
lectura detenida del plan del G8 sobre la deuda y algunas de las
interpretaciones y propuestas que han aparecido al respecto desde
julio. La segunda es un análisis de sus implicaciones).
PARTE
UNO: ¿QUÉ ESTÁ TRATANDO DE DECIR EL G8?
La propuesta del G8 para la cancelación de la deuda, anunciada al final de una reunión de Ministros de Economía el 11 de junio de 2005 y reafirmada en el comunicado de la cumbre del 8 de julio de 2005, podría ser el acontecimiento más importante en política de deuda internacional de los últimos diez años.(1) Según información que se ha filtrado desde el FMI y el Banco Mundial, estas instituciones, conjuntamente con algunos gobiernos europeos que no integran el G8, están tergiversando las reglas de interpretación en un intento por conservar el poder que ejercen sobre las políticas económicas de los países del Sur. A estos esfuerzos se oponen los gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido, y es probable que el conflicto sobre cómo se implementará el plan se trate, y posiblemente se resuelva, en las reuniones anuales del FMI/Banco Mundial que se realizarán el 24 y 25 de septiembre en Washington.
Las
organizaciones de la sociedad civil a su vez han interpretado de
forma muy dispar la declaración de los Ministros de Economía
del G8 y sus implicaciones. En este informe nos proponemos aclarar
qué es lo que dijo el G8 y a qué se comprometió,
y examinar algunas de las implicaciones de la declaración para
quienes militan contra la deuda. También intentaremos analizar
las razones que explican tan dispares interpretaciones.
Dos
advertencias sobre el análisis de la declaración del
G8: 1) el G8 (y su antecesor, el G7) tiene una historia de no llevar
a la práctica lo que dice en sus declaraciones, por lo que no
debemos confundir las palabras sobre el papel con actos aún no
realizados, aunque también debemos considerar el impacto de
las palabras por sí solas; 2) el G8 controla entre el 50 y el
60% del poder de voto en el directorio del FMI y también en
el del Banco Mundial; sus decisiones generalmente se convierten en
políticas de esas instituciones. No obstante, lo que tenemos
ahora es todavía una propuesta, que será discutida en
las reuniones anuales del FMI/Banco Mundial en Washington DC a fines
de septiembre. Propuestas fundamentales como ésta exigen una
mayoría del 85% para ser aprobadas, así que,
técnicamente, podría ser bloqueada y, rehecho, ya hay
un grupo de países europeos que no integran el G8 que amenaza
con hacer exactamente eso en el FMI. Efectivamente, parece ser que
una de las estrategias clave de quienes lideran las acciones de
retaguardia para subvertir la propuesta del G8 en el Banco Mundial es
definir cualquier cantidad de consecuencias de la propuesta como
equivalentes a la introducción de un "enmienda
fundamental" en la Asociación Internacional de Fomento
(AIF), la división del Banco que presta a los países de
bajos ingresos.
Resumen
de la propuesta del G8
El G8 propuso la cancelación del 100% de la deuda con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo para los países que completaron el programa PPME (el programa de deuda para los Países Pobres Muy Endeudados –“programa PPME”- que fuera creado y administrado por el FMI y el Banco Mundial desde 1996). El número total de estos países al momento de hacerse la propuesta era de 18: Benín, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guyana, Honduras, Madagascar, Malí, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda, y Zambia. Catorce son países africanos y cuatro de América Latina y el Caribe (para este último grupo, la propuesta es imperfecta ya que no incluye las deudas de estos países con el Banco Interamericano de Desarrollo). Otros diez países (Burundi, Camerún, Chad, Congo-Kinshasa, Gambia, Guinea - Conakry, Guinea - Bissau, Malawi, Sierra Leona, São Tomé & Príncipe) están comprendidos actualmente en el programa PPME y, según el gobierno del Reino Unido y otros, recibirían la misma propuesta en cuanto lo terminen. Diez países más (República Centroafricana, Comores, Congo-Brazzaville, Costa de Marfil, Laos, Liberia, Myanmar / Birmania, Somalia, Sudán y Togo) son elegibles para ingresar al programa PPME pero no lo han hecho todavía. Si lo hacen, y completan los requisitos del programa, también conseguirían que sus deudas multilaterales sean canceladas.
Esta propuesta supera las expectativas de muchos de los observadores del proceso, ya que es mucho más amplia que la propuesta formal realizada por el Reino Unido, que no incluía la deuda con el FMI y solo cancelaba diez años de servicio de la deuda y no el capital adeudado. Pero las críticas se centraron en el número relativamente pequeño de países incluidos y el hecho que el programa PPME se adopte como marco organizativo. Durante mucho tiempo, muchas organizaciones de la sociedad civil han considerado al programa PPME poco más que como una forma de sobornar a los países para que permanezcan en el carrusel de la deuda que manejan el FMI y el Banco Mundial. Para completar el programa es necesario comprometerse por un período de tres a seis años a la aplicación de programas de ajuste estructural devastadores y a la vigilancia estrecha del FMI. En los últimos años el Banco Mundial y muchos países donantes han reconocido que el programa PPME ha fracasado en su propósito declarado de hacer “sostenibles” las deudas de los países. Si no se cambian las reglas del programa PPME, serán muy pocos los países que se sumen a los 38 actualmente elegibles. Según estimaciones realizadas en el Reino Unido por la campaña Make Poverty History (MPH), es necesario cancelar la deuda de por lo menos 62 países si se quiere tener alguna posibilidad de lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.
La
buena noticia es que no hay ninguna otra condición o requisito
aparte de completar el programa PPME. Para los 18 países que
han culminado el programa PPME, eso significa, en esencia, una
cancelación incondicional de la deuda; para los 10 países
ya involucrados en el programa, no representa ninguna condición
adicional más allá de las ya acordadas. El FMI y el
Banco Mundial intentan ahora (agosto de 2005) a toda costa encontrar
la manera de modificar el plan del G8; quieren que la cancelación
sea "revocable" si los países dejan de cumplir con
las reglas del FMI y el Banco Mundial. Una vez que, por fin, el G8
parece haber dado pasos explícitos para poner el destino de
algunos de los países endeudados fuera del alcance del largo
brazo del FMI y el Banco Mundial, éstos utilizan las
referencias al "buen gobierno" y otras frases exhortatorias
aparentemente inocuas del documento del G8, para poder reinsertarse
en el proceso.
Para
los 18 países que ya cumplen con los criterios del programa
PPME, esta propuesta, si se implementara cabalmente, representaría
un aumento considerable en los dineros disponibles para sus
presupuestos nacionales, ya que en general destinan entre el 25 y el
50% de sus ingresos al pago de la deuda. Si esos países se
decidieran a no obtener en el futuro más préstamos
basados en las políticas del FMI y el Banco Mundial, también
representaría su liberación de las deudas que estas
instituciones han manipulado para imponer las políticas
económicas que durante casi 25 años los han devastado.
Esta nueva concesión del G8 podría significar el
comienzo de la soberanía política y la democracia
económica para estos países.
Pero
para muchos países que necesitan urgentemente una cancelación
general de la deuda, este plan no ofrece nada. Algunos analistas han
llegado a la conclusión de que el plan cancelaría
aproximadamente el 10% de la deuda que es necesario eliminar, según
las estadísticas de la campaña MPH. Sin embargo, esta
cifra tiene poco significado en el mundo real: para los países
en cuestión, se trata del 100 % de la deuda multilateral o
cero. Y los beneficios potenciales del plan no pueden ser medidos
únicamente en porcentajes o montos en dólares, ya que
los beneficios políticos de ser liberados de la dominación
extranjera no son reducibles a meras cifras.
La
declaración en sí
El comunicado del 11 de junio de los Ministros de Economía de los países del G8 tiene dos partes. Debe recordarse que la reunión en la que se hizo público no fue planeada con el único objeto de hablar de la deuda, sino para discutir cuestiones más amplias del desarrollo. La primera parte del comunicado es una declaración general sobre este tema más amplio, e incluye afirmaciones vagas sobre la consideración de ideas tales como la imposición de un gravamen mundial al combustible de avión para financiar el desarrollo. La segunda parte es la propuesta en sí sobre la deuda; difiere en el tono de la mayoría de los comunicados en tanto habla de "compromisos" y presenta las líneas generales de un programa con alguna precisión.
La propuesta sobre la deuda debe ser considerada, por tanto, como algo diferenciado de la parte central del comunicado, que está llena de desconcertantes elogios al poder de la liberalización, las privatizaciones y las fuerzas del mercado. La segunda sección aparece en realidad referida como un anexo en la declaración general (punto 7). Luego de congratularse hipócritamente por el dudoso éxito del programa PPME, la misma dice: "Sin embargo, reconocemos que todavía es necesario hacer mucho más y hemos acordado la propuesta adjunta. Llamamos a todos los accionistas a respaldar estas propuestas que presentaremos en las Reuniones Anuales del FMI, Banco Mundial y Banco Africano de Desarrollo”.
A
continuación figura el texto completo de la propuesta, que
consiste en sólo una página, y ofrecemos algunos
comentarios interpretativos, sección por sección:
(Nota:
el texto oficial figura en itálica y está resaltado en
rojo; aquí se indica simplemente mediante el uso de
“comillas").
"Propuestas del G8 para la cancelación de deuda de los países pobres muy endeudados
Los donantes aceptan completar el proceso de alivio de la carga de la deuda de los Países Pobres Muy Endeudados suministrando recursos de desarrollo adicionales que brindarán un apoyo significativo a los esfuerzos de los países para alcanzar los objetivos de desarrollo de la Declaración del Milenio (ODM), asegurando al mismo tiempo que no se reduzca la capacidad de financiación de las instituciones financieras internacionales (IFI). El resultado será la cancelación del 100% de la deuda de las obligaciones pendientes de los Países Pobres Muy Endeudados (PPME) con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo".
Comentarios:
la propuesta se define como una ampliación del programa PPME.
Eso es infortunado, ya que mantiene el vínculo entre la
cancelación de deuda y la insistencia del programa en una
adhesión estricta a las políticas de "ajuste
estructural" durante al menos 3 años, según lo ha
determinado el FMI. En la medida en que el nuevo plan valida el
programa PPME y, en caso de implementarse, alienta a los 20 países
que podrían llegar hoy a reunir las condiciones necesarias
para la cancelación, a seguir con mayor fidelidad las reglas
del PPME, se trata de un inconveniente muy importante. No obstante,
la frase final de la cita arriba está redactada con una
precisión que resulta muy alentadora cuando declara que se
cancelará el 100% de la deuda de los países elegibles
con el FMI, el Banco Mundial y el BAfD. Esto representa la primera
aceptación de parte del G7/G8 del llamado a la cancelación
del 100% de la deuda multilateral que se ha venido exigiendo desde
las campañas del Jubileo de mediados y fines de la década
de 1990. La insistencia en utilizar el marco del programa PPME
significa que la lista de países se limitará a 38,
obstaculizando la posibilidad de cambiar los criterios de
elegibilidad. Sin embargo, un documento del Banco Mundial que se
filtró recientemente a la luz pública, enumera a los
siguientes países como algunos de los que podrían
calificar para ingresar al programa PPME el año próximo:
Haití, Nepal, Kirguizistán, Eritrea, Sri Lanka,
Bangladesh, Bután y Tonga.
Lo
que es inesperadamente bueno aquí es que la culminación
del programa PPME es el criterio único para reunir las
condiciones necesarias para la cancelación de la deuda. A
menos que se formulen como condiciones los estándares de
"gobernanza" (ver abajo) -a favor de lo cual están
argumentando ahora en las IFI las fuerzas anti cancelación –,
esto significa que la mayoría de los países conseguirán
que su deuda sea cancelada sin tener que cumplir con otras
condiciones de política económica adicionales. Para los
18 países que han completado el PPME, ya no queda ninguna
condición que cumplir, y para aquellos que ya han empezado el
programa PPME y esperan calificar, no hay ninguna condición
más allá de de las que ya han acordado y empezado a
implementar.
"Las
contribuciones adicionales de los donantes se asignarán a
todos los receptores de la AIF y el BAfD en función de los
sistemas de asignación basados en el desempeño que ya
tienen estas instituciones. Esta acción ayudará a sus
esfuerzos para alcanzar los ODM y asegurar que la asistencia se base
en el desempeño de los países. Pedimos al Banco Mundial
y al FMI que nos informen sobre las mejoras en la transparencia de
todas las partes y sobre la lucha contra la corrupción, a fin
de asegurar que todos los recursos sean utilizados para la reducción
de la pobreza. Creemos que el buen gobierno, la rendición de
cuentas y la transparencia son elementos cruciales para que la
cancelación de la deuda resulte beneficiosa. Nos comprometemos
a asegurar que esto se reafirme en la futura ayuda bilateral y
multilateral a estos países".
Comentarios: El significado de la primera oración es básicamente que el dinero donado por los países ricos para compensar a las instituciones por las amortizaciones a las que renunciarán se distribuirá entre todos los países financiados por la institución respectiva (en lugar de hacerlo sólo entre los países a los que se les cancela la deuda). También establece que los polémicos sistemas vigentes que sirven para determinar las asignaciones (la Evaluación Institucional y de Políticas por País [CPIA por sus siglas en inglés] del Banco Mundial /AIF y su análogo en el BAfD) se usarán para asignar los fondos. [La AIF es la Asociación Internacional de Fomento, el brazo del Banco Mundial que otorga préstamos de bajo interés a los países más empobrecidos; el Fondo Africano de Desarrollo (AfDF, por sus siglas en inglés) es el equivalente de la AIF del Banco Africano de Desarrollo]. Si bien el hecho de que algunos países no incluidos en el plan verían aumentar sus fondos a través de la AIF puede considerarse como un elemento positivo (si uno pasa por alto el hecho de que esa financiación es parte de préstamos condicionados), la dependencia del perverso sistema de evaluación CPIA, aunque previsible, no es para nada una buena noticia.
El
resto del párrafo no está del todo claro. Solicita que
las instituciones financieras internacionales informen al G8 sobre
los temas referidos a transparencia y corrupción, aunque
parece que esto se refiere a todos los receptores de fondos de la AIF
y del AfDF –no sólo a los 18 países que se
benefician de la propuesta. Teniendo en cuenta la atención del
comunicado de la cumbre del G8 al problema de los países ricos
que toleran, e incluso incitan a la corrupción empresarial en
los países en desarrollo, la referencia a “todas las
partes" podría incluso abarcar a los países ricos
y a las instituciones internacionales además de a los países
en desarrollo. La última frase sugiere que los futuros
préstamos y subvenciones - ¿a los 18? ¿a todos
los países en desarrollo? - estarán condicionados a la
demostración de la existencia de reformas anticorrupción
y democráticas. Este tipo de reglas, lamentablemente, pueden
resultar tan onerosas como los requisitos económicos
habituales.
"Elementos
clave:
* Las contribuciones adicionales de los donantes se asignarán a todos los receptores de la AIF y el AfDF en función de los sistemas de asignación basados en el desempeño que ya tienen estas instituciones.
* Alivio del 100% del capital de la deuda con la AIF, el AfDF y el FMI para los países que han llegado al ‘punto de culminación’ de su programa PPME”.
Comentarios:
Este segundo punto es crucial: la propuesta británica se
remitía nada más que al pago de los servicios de la
deuda, y solamente durante diez años. La cancelación
del capital de la deuda significa eliminar la deuda.
"*
Para la deuda con la AIF y el AfDF, se otorgará una
cancelación del 100% del capital, mediante el alivio de la
deuda de los países que ya llegaron al ‘punto de
culminación’ de su programa PPME y cumplen con sus
programas de amortización, y ajustando sus flujos brutos de
asistencia con una suma equivalente al monto condonado".
Comentarios: La frase preocupante aquí es "cumplen con sus programas de amortización". Esto indica que un requisito para calificar para la cancelación de la deuda será que el país no se haya atrasado en el pago del servicio de la deuda con ningún acreedor después de completar el programa PPME. Ninguno de los primeros 18 beneficiarios de la propuesta está en peligro de ser excluido por estos motivos. Sin embargo, las informaciones del FMI y el Banco Mundial que se filtraron recientemente a la luz pública sugieren que estos organismos quisieran imponer una interpretación de esta frase según la cual los países beneficiarios deben estar sujetos a condiciones de manera permanente. En una presentación (titulada "Propuesta del G8 de Alivio de la Carga de la Deuda: Temas y Estimaciones Preliminares") realizada en Powerpoint por Geoffrey Lamb (uno de los vicepresidentes del Banco) para el Consejo de directores ejecutivos, el Banco Mundial, en particular, cita la frase "cumplen con sus programas" y plantea la pregunta: "¿Significa esto un condicionamiento?" ["condicionamiento" es la manera encubierta con que el Banco Mundial se refiere a las "condiciones"]. Lamb trunca la frase convenientemente con el propósito de omitir el término "amortización". Esas amortizaciones, por supuesto, se eliminarían una vez que se haga efectiva la cancelación de la deuda, lo que significa que no hay lugar a condiciones adicionales –pero sólo si se tiene la paciencia de leer toda la oración.
También es preocupante, para algunos, la previsión de que los flujos de ayuda provenientes de la AIF y el AfDF para los países en cuestión se reducirían en igual monto que la deuda cancelada. Esto nos conduce al debate sobre la "adicionalidad" que dividió a las ONG del Norte durante las campañas de cabildeo sobre este programa. Algunas ONG, entre ellas la mayoría de las más grandes, insistieron en que la cancelación de la deuda no debía tener como resultado una reducción en los flujos de asistencia, sino que por el contrario debía representar un aumento neto de éstos. Otros en el Norte vieron la eliminación de la deuda como significativamente más importante que el mantenimiento de los flujos de asistencia, especialmente cuando esos flujos representan préstamos o subvenciones altamente condicionados por las instituciones financieras internacionales que los otorgan. La propuesta del Reino Unido al G8 reflejaba la posición favorable a la adicionalidad, mientras que la propuesta de los Estados Unidos significaba una reducción proporcional en la ayuda a los países receptores de la cancelación de deuda. Al respecto de éste y otros asuntos, la posición estadounidense parece haber prevalecido en la propuesta final del G8. Jubileo Sur y otras organizaciones progresistas con sede en el Sur estuvieron en general alineadas –en la medida en que se involucraron en el debate—con la posición que subestimaba la importancia de los flujos de ayuda (ver, por ejemplo, la solicitada que circuló al respecto en el Foro Social Africano, Lusaka, diciembre de 2004).
"Los donantes suministrarán contribuciones adicionales a la AIF y el AfDF, en base a las cuota-partes de carga acordadas, para compensar dólar por dólar las amortizaciones de capital e intereses de los que se privan por concepto de la deuda cancelada. Inmediatamente se pondrán a disposición fondos adicionales para cubrir los gastos totales del décimo cuarto período de reposición de recursos de la AIF (AIF-14) y el décimo del AfDF (AfDF-10). Para el período posterior, los donantes se comprometerán a cubrir los costos totales durante el período correspondiente de los préstamos cancelados, haciendo contribuciones adicionales a la reposición regular de recursos de la AIF y el AfDF.
* Los costos de cubrir completamente el alivio del capital adeudado al FMI, sin socavar la capacidad de financiación del Fondo, deben solventarse mediante el uso de los recursos del FMI existentes. En las situaciones en las que otras obligaciones de alivio de la deuda, actuales o proyectadas, no puedan ser cubiertas a partir del uso de los recursos del FMI existentes (por ejemplo los casos de Somalia, Liberia y Sudán), los donantes se comprometen a proporcionar los recursos adicionales necesarios. Invitaremos a hacer contribuciones voluntarias, incluso a los Estados productores de petróleo, para un nuevo fondo fiduciario de ayuda a los países pobres que sufren choques como el de los precios de los productos primarios y de otros factores exógenos.
* Globalmente, y sobre esta base, nos comprometemos a cubrir los costos totales del FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo. Basándonos en un reparto justo de la carga, en los próximos tres años le proporcionaremos al FMI, la AIF y el AfDF los recursos para cubrir los costos difíciles de pronosticar, que excedan los recursos existentes. Sujeto a un mayor análisis por parte de esos organismos, proporcionaremos hasta US $350 a 500 millones a estos efectos. También nos comprometemos, sobre la base de un reparto justo de la carga, a cubrir los costos de los países que puedan ingresar al programa PPME basados en sus respectivas cargas de deuda a fines de 2004. Buscaremos además contribuciones equivalentes de otros donantes para asegurar que se cubran todos los costos, y no pondremos en peligro la capacidad de estos organismos de cumplir con sus obligaciones. Utilizar [sic] financiación de las subvenciones apropiadas según lo acordado para asegurar que los países no vuelvan a acumular inmediatamente deudas externas insostenibles, y evitar que caigan en la necesidad de nuevos préstamos.
Llamamos a todos los accionistas a respaldar estas propuestas que se presentarán ante las Reuniones Anuales del FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo en septiembre."
FIN DE LA DECLARACIÓN
Comentarios: Lo más importante en esta sección final es la referencia repetida a los "compromisos" del G8 –un lenguaje inusualmente fuerte para este grupo, que generalmente prefiere las promesas vagas. No obstante, el hecho de que los arreglos para la "financiación" de la cancelación de deuda queden sin precisar, preocupa a algunos activistas. Tal preocupación no deja de ser razonable, ya que, como se sabe, los antecedentes del G8 en mantener sus promesas no son para nada buenos.
Desarrollos recientes en el FMI y el Banco Mundial
Los
documentos que se han filtrado del Banco Mundial indican que el Banco
argumentará que el G8 y otros países ricos deben hacer
compromisos financieros obligatorios más sólidos, si es
que el programa se va a implementar de acuerdo a los lineamientos
establecidos. El informe más reciente de Geoffrey Lamb del
Banco Mundial ("Propuesta del G8de Alivio de la Carga de la
Deuda: Evaluación de costos, Asuntos de Implementación
y Opciones de Financiación", -en coautoría con
Danny Leipziger y fechado el 6 de septiembre de 2005) argumenta, en
realidad, que la mejor solución sería que los países
donantes suministren el efectivo ahora para cubrir la compensación
total de las deudas a ser canceladas –fondos que habrían
devenido pagaderos en el correr de los próximos 40 años.
En caso que esto no sea posible, el Banco sugiere que los países
donantes suministren pagarés legalmente obligatorios.
Cualquier medida menor a la planteada, argumentan Lamb y Lepiziger
implicaría que el directorio del Banco tendría que
considerar el arreglo de la deuda como un mandato de realizar una
"enmienda fundamental" en la AIF, un término legal
que implica la necesidad de enmendar los estatutos de la institución,
un procedimiento largo para el cual se requiere una mayoría
del 85 % para su aprobación. Este proceso tornaría al
acuerdo vulnerable a las objeciones ya anunciadas de los países
europeos no integrantes del G8, como Bélgica y Noruega. Dado
que los países europeos cuentan con una gran
sobre-representación en la asignación de votos del
directorio, esto expone a la iniciativa a la posibilidad real de
fracasar, a pesar del apoyo del G8 -casi indudablemente una situación
sin precedentes. El hecho que ciertos miembros del G8 -Francia, Japón
y Alemania en particular- hayan demostrado malestar con el acuerdo
que hicieron, aumenta ese riesgo.
El
informe Lamb-Leipziger del Banco Mundial y las propuestas que
realizaron algunos directores europeos del FMI apuntan a lograr que
se adjunten condiciones permanentes a la
cancelación, en parte para limitar el monto de la cancelación
que tendría que ser "financiado" (es decir, algunos
países se auto-descalificarían al dejar de cumplir las
condiciones). Sin embargo, la motivación más fuerte de
estas propuestas, es sin duda el interés de las instituciones
de perpetuar el poder que ejercen sobre las economías de los
países del Sur. El anexo desembozadamente arrogante que
presentan para controlar el diseño de la política
económica de los países es, como siempre, un elemento
sobresaliente.
Hasta que el Banco Mundial tenga en sus propias cuentas la suma total, dólar por dólar, que le "costará" la cancelación, continuará quejándose de que no puede afrontar la cancelación de la deuda. El Banco tiene, de hecho, departamentos enteros dedicados en forma permanente a presionar a los países donantes para obtener mayor cantidad de fondos con el argumento de que está desfinanciado.
El
FMI y el Banco Mundial son instituciones tremendamente ricas.
Reiterados estudios han demostrado que están en condiciones de
cancelar la deuda de más de 20 países inmediatamente
sin que esto afecte en absoluto sus programas. ¿Pero no habría
quizás muchas personas que argumentarían que el impacto
positivo de la cancelación de deuda, tan ampliamente reclamado
ahora por los jefes de los países del G8, justificaría
algún tipo de reordenamiento de las prioridades –tal vez
dejar de subsidiar algún oleoducto a través de los
bosques tropicales para las compañías más
rentables del mundo-- si eso fuera necesario?
Ya
sea que las campañas enfaticen la ilegitimidad de las deudas o
que éstas son el mayor obstáculo al desarrollo en
decenas de países, no puede haber ninguna duda de que
cancelarlas debe ser la prioridad más alta. Ahora que los
Estados Unidos y el Reino Unido se han visto forzados a adoptar,
hasta cierto punto, esta posición, debemos defender lo
positivo de la propuesta del G8, incluso el compromiso que asume el
G8 de hacerse cargo de la cuestión de los recursos. Cómo
resuelvan saldar su contabilidad las instituciones y los gobiernos
que las controlan es asunto de ellos, no nuestro. No debemos asumir
la responsabilidad de encontrar fondos para mantener la salud de un
sistema financiero internacional cuyas injusticias hemos puesto al
descubierto con tanto acierto.
Algunos
representantes de la sociedad civil defensores de la "adicionalidad"
pueden objetar este punto de vista. Les corresponderá explicar
por qué conseguir nuevos préstamos o subvenciones del
Banco Mundial es más importante que eliminar la deuda con el
FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo.
Básicamente,
la propuesta del G8 sobre la deuda ha puesto al descubierto la
voluntad y fervor con que el personal de los organismos y muchos de
los países donantes pretenden continuar utilizando al FMI y al
Banco Mundial como instrumentos para perpetuar este sistema económico
mundial injusto, y el papel clave que ha jugado la manipulación
de la deuda internacional para hacerlo posible. La desesperación
que caracteriza a muchas de estas maniobras es reflejo de la
trascendencia que tiene para el statu quo el desafío planteado
por la propuesta del G8. La propuesta misma, a pesar de todos sus
defectos manifiestos, no tiene precedentes, ya que representa el
éxito de años de campañas de los grupos de la
sociedad civil –campañas que finalmente han obligado a
los dos gobiernos más identificados con el establecimiento y
el mantenimiento de las estructuras de desigualdad mundial, los
Estados Unidos y el Reino Unido, a hacer un llamamiento para romper
con la destrucción y dominación sistemáticas de
las economías de los países más débiles.
Se aplica a muy pocos países, y es concebida como la
culminación de un programa para los Países Pobres Muy
Endeudados (el programa PPME) caracterizado por un muy fuerte
condicionamiento, pero el precedente de finalmente liberar del
círculo de dominación de la deuda a 18 países,
que podrían llegar a ser hasta 38, es un acontecimiento que
hay que defender y ampliar. Que se siente este precedente es
justamente lo que intentan bloquear el personal del FMI y del Banco
Mundial y los representantes de algunos gobiernos acostumbrados a ser
considerados como más generosos y razonables que los Estados
Unidos y el Reino Unido –los países escandinavos, los
holandeses, los belgas. Nunca hemos estado tan cerca de forzar esta
clase de quiebre, y nunca la hipocresía y la sed de poder que
sustentan al sistema han quedado más claramente expuestas.
Notas
El
documento concluyente es la declaración de los Ministros de
Economía, no el comunicado de la cumbre del G8. La referencia
a la deuda en el comunicado de la cumbre dice: "El G8 ha
acordado una propuesta para cancelar el 100 % de las deudas que
tienen pendientes con el FMI, la AIF y el Banco Africano de
Desarrollo algunos Países Pobres Altamente Endeudados
elegibles, y a suministrar recursos adicionales para asegurar que la
capacidad de financiación de las IFI no se reduzca, tal como
se establece en la declaración del 11 de junio". (punto
29, página 27, sección "África").
PARTE
DOS: ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO? ¿QUÉ SE DEBE
HACER?
RESPUESTAS DE LOS ACTIVISTAS CONTRA LA DEUDA
La mayoría de los activistas, con la excepción de los gritos entusiastas de Bob Geldof y Bono, reaccionaron frente a la propuesta de deuda del G8 calificándola de decepcionante -o, para usar la expresión de Christian Aid para referirse a la cumbre del G8 en su conjunto: "inmensamente decepcionante."
Si
se la contrasta con las demandas de las campañas –en
la mayoría de los casos la cancelación sin condiciones
del 100 % de la deuda multilateral para 62 países- la
propuesta del G8 es indudablemente insuficiente. Cualquier reacción
tendría que resaltar todo lo que queda por hacer. Muchas
reacciones adoptaron un tono de indignación, e incluso de
enojo:
* Jubileo Sur: "La cancelación de deuda multilateral propuesta está todavía ligada al acatamiento de los condicionamientos que exacerban la pobreza, abren nuestros países aún más a la explotación y el saqueo y perpetúan la dominación sobre el Sur. […] Aún si la cancelación de la deuda fuera sin condicionamientos, la propuesta se queda muy corta, en términos de la cobertura y montos, para considerarse un significativo paso adelante hacia la justicia bajo cualquier criterio”.
*
George Monbiot, columnista del periódico The Guardian (Reino
Unido): "Cualquiera que tenga una mínima comprensión
de las políticas de desarrollo y haya leído y
comprendido la declaración de los Ministros puede advertir que
las condiciones que contiene -la obligatoriedad de la liberalización
y las privatizaciones-- son tan onerosas como las deudas que
condona".
*
Demba Moussa Dembele, coordinador del Foro de Alternativas Africanas
(Senegal): "Por el momento esto no es más que una
promesa. […] Por lo tanto esperaremos a ver cómo se
pone en práctica esta decisión y con qué
condiciones. También es necesario ser cautelosos porque los
países ‘acreedores’ son desde hace tiempo maestros
de las artes de la duplicidad, la manipulación y el
ocultamiento".
*
Jayati Ghosh, coordinador de IDEAS (India): "Incluso personas
del mundo en desarrollo y que por lo demás son progresistas y
están bien informadas han sido engañadas, y se les ha
hecho creer que, para variar, los líderes de los principales
países capitalistas están pensando realmente en hacer
algún bien a los pueblos que tan desesperadamente lo
necesitan. […] El acuerdo del G8 sobre condonación de
la deuda no es más que una reducción mezquina e
insignificante […]. Y este monto patético se otorga a
cambio de que los países deudores hagan más concesiones
trascendentes, en términos de privatizaciones radicales y
generalizadas de los servicios públicos, que es prácticamente
lo único que les queda para vender a los gobiernos de estos
países, y apliquen además grandes aumentos en los
impuestos indirectos que recaen desproporcionadamente sobre la
población pobre".
*
Oxfam (Reino Unido): "Oxfam declaró su complacencia con
el acuerdo de los Ministros de Economía aunque dijo que éste
es insuficiente, ya que cubre apenas entre el 10 y el 20% de lo que
sería necesario y no abarca a todos los países que lo
necesitan."
*
John Hilary de War on Want (Reino
Unido): "El G8 ha otorgado menos del 10% de la cancelación
de la deuda que nosotros exigimos y no llega a un quinto de la ayuda
que reclamamos".
*
Richard Bennett de Make Poverty History
(Reino Unido): "Una pequeña minoría de los
países más pobres del mundo tendrán una
cancelación de deuda significativa si se acuerda esta
solución. Es un paso adelante, como lo hemos reconocido
públicamente, pero está muy lejos de terminar la crisis
de la deuda".
*
Alex Wilks, coordinador de la Red Europea sobre la Deuda y el
Desarrollo (European Network on Debt &
Development - EURODAD): "En los hechos, el plan oficial
puede eliminar solamente el 10 % de la deuda la de los países
de bajos ingresos. Ni un vintén más. Las propuestas del
G8 son un paso adelante, pero de ninguna manera resolverán la
crisis de la deuda de los países en desarrollo”.
*
Declaración colectiva de 19 ONG africanas importantes, también
firmada por nueve ONG internacionales: "El paquete de deuda que
se cancela significa apenas un alivio del 10 % de lo necesario y
beneficia solamente a un tercio de los países que lo
necesitan. […] ambos paquetes [deuda y asistencia] todavía
están atados al condicionamiento a políticas
perjudiciales".
*
El Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer
Mundo (CADTM, con sede en Bélgica): "El control de los
acreedores sobre las economías de esos países [los 18
graduados del programa PPME] es extremadamente fuerte, y los
ministros del G8 simplemente propusieron algún alivio a la
carga de la deuda y pretendieron reforzar los condicionamientos
ligados a nuevos préstamos".
*
Red y Foro Africano sobre la Deuda y el Desarrollo
(AFRODAD, con sede en Zimbabwe): "Las recientes
soluciones ofrecidas por el G8 a la crisis de la deuda de los países
pobres no son más que la continuación de las cadenas de
la esclavitud y el sometimiento para los ciudadanos de esos países.
[…] simplemente alientan las esperanzas de la gente
innecesariamente mientras el mundo espera que se devele el diablo que
se esconde detrás del detalle […] El acuerdo representa
solamente un octavo del lo que África necesita en términos
de cancelación de deuda, ya que implica cancelar solamente
US$40.000 millones del floreciente capital que adeuda el continente y
que supera los US$330.000 millones. No aborda los verdaderos
desequilibrios mundiales de poder sino que refuerza el apartheid
mundial”.
*
John Pilger, columnista y cineasta: "La verdad es que el alivio
de la carga de la deuda que ofrece el G8 es letal. Los
"condicionamientos" despiadados a que somete a las
economías cautivas superan ampliamente cualquier tenue
beneficio”. Y en otra parte: "dicen que el alivio de la
carga de la deuda de los países pobres se concederá
sólo si ‘ajustan sus flujos brutos de asistencia
en función del monto condonado’: en
otras palabras, la ayuda que reciben disminuirá en el mismo
monto que el alivio de deuda que se les otorga. Así
que no ganan nada".
Muchas
de estas fueron reacciones en respuesta tanto a las descripciones
hiperbólicas del acuerdo registradas por los medios de
comunicación convencionales –especialmente en el Reino
Unido, el sitio de la cumbre del G8—como a las versiones de los
funcionarios del Reino Unido como Gordon Brown. Gran parte de las
columnas, artículos y declaraciones que reaccionan ante la
propuesta están motivadas, a menudo explícitamente, por
la preocupación de que mucha gente fuese llevada a creer que
la campaña ha sido totalmente exitosa y que por lo tanto ya no
es necesario prestar atención a los temas del desarrollo.
El
tratamiento sensacionalista de la propuesta se debió, en
parte, al éxito que tuvo la campaña Make
Poverty History (que la pobreza sea historia) en captar la
atención de los medios en las semanas y los meses anteriores a
la cumbre. Muchos de los activistas de la campaña MPH
probablemente argumentarían que el éxito en realidad
fue llevado demasiado lejos por el poder que conlleva la celebridad
de las estrellas de rock Bob Geldof y Bono, a quienes se identificó
como portavoces de la campaña, a pesar de que no tenían
ninguna relación oficial con la misma. Una vez que se asoció
a las celebridades con los temas de la deuda, la asistencia y el
comercio, se sacrificó cualquier esperanza de generar un
análisis sofisticado en los medios de comunicación.
Pero
no todo el mundo tuvo experimentó la noticia del mismo modo
que la gente en el Reino Unido. Aquellos que leyeron las opiniones de
los activistas contra la deuda o la prensa
alternativa/de izquierda (incluyendo hasta los periódicos
británicos The Guardian y "New Statesman")
ciertamente obtuvieron un punto de vista más sobrio y sensato.
En Kenia y otros países africanos fue prácticamente
imposible seguir la pista de todos los artículos de opinión
que vilipendiaron la propuesta de cancelación de la deuda,
culpando al mal liderazgo por las crisis económicas del
continente, y llegando a la conclusión de que los africanos no
deberían depender de la caridad del Norte, ya que sólo
los africanos pueden rescatar a África.
Respuestas
estratégicas
Sin lugar a dudas es bueno que los activistas que luchan para poner fin a la injusticia endémica midan los acontecimientos en función de lo que debería ser, en lugar de hacerlo simplemente en función de aquello que se ve como pragmáticamente posible. ¿Pero será esto suficiente acaso? ¿No será necesario también abocarse a un análisis realista que tenga en cuenta las realidades estratégicas y políticas?
¿Deberíamos acaso juzgar nuestro éxito, o los avances en el plano de la cancelación de la deuda, según la medida en que los líderes del G8 admitan que se han equivocado al diseñar todas sus políticas para beneficio de los inversionistas y ricos y las grandes empresas, aún cuando esto significa aumentar la pobreza? ¿Qué probabilidad real existe de que algo así suceda cuando nunca en los últimos 10 años, y probablemente hace mucho más tiempo, han dicho algo que sugiera una inclinación a cuestionar los preceptos del paradigma económico neoliberal dominante? El poder individual de los líderes, y el poder de sus países y empresas tiene sus raíces en ese sistema; conseguir que el G8 lo rechace explícitamente es, en el mejor de los casos, una aspiración a largo plazo.
El G8 es el exclusivo e ilegítimo club de las personas que dirigen el mundo, oficialmente no existe como persona jurídica y por ende no responde ante nadie. Con un grado variable de restricciones democráticas, estas personas controlan una porción dominante del dinero y las fuerzas militares del mundo. Desde la campaña de oposición, y sin importar cuánto éxito tengamos en la construcción de un "movimiento", estamos lejos de ser el tipo de fuerza que puede determinar las posiciones del G8. Sea cual sea el crédito que, de palabra, le den los líderes del G8 a las demandas de los activistas, políticamente sus acciones están determinadas por su electorado más influyente -el sector empresarial y los ricos que pueden financiar los partidos políticos—cuyos intereses normalmente priorizan. Toda vez que se desvíen de estas prioridades, debemos analizar qué fuerzas políticas están actuando para que esto ocurra.
Deberíamos entonces evaluar los resultados de la cumbre del G8 no con la expectativa de que lograremos todas nuestras demandas, sino teniendo siempre presente que los políticos tratarán de neutralizar cualquier ruido que hayamos sido capaces degenerar, y luego continuarán sirviendo a sus electorados habituales, aunque quizás comentando las noticias con algo de retórica magnánima. Hasta que no hayamos reunido una fuerza mundial mucho más fuerte -una que tenga una verdadera influencia política-- no debemos engañarnos creyendo que el G8 va a convertirse en un aliado.
Tampoco debemos caer en la trampa de valorar nuestro trabajo como activistas contra la deuda únicamente con base en lo que dice o hace el G8. Nuestro trabajo de presión sobre el G8 es sólo una de nuestras herramientas. Nuestra estrategia general debe tomar cualquier resolución del G8 y usarla, si es posible, para intensificar otras tácticas. El impulso que este plan del G8 podría dar a las campañas de repudio, por ejemplo, es una oportunidad muy importante; reconocer eso exige negarse a aceptar lo que dice el G8 como la última palabra sobre lo que podemos hacer los activistas contra la deuda.
Si
los análisis más serios de la propuesta del G8 sólo
explican cómo fracasó en dar respuestas a las demandas
del movimiento, no podremos analizar lo que hemos ganado y cómo,
y no podremos elaborar una estrategia para explotar la nueva
situación con el fin de seguir avanzando en la conquista de
más de estas demandas en un futuro próximo.
Ciertamente, las críticas al acuerdo del G8 son, en la mayoría
de los aspectos, correctas; pero es por lo menos igualmente acertado
y correcto afirmar que éste es el mayor éxito que hemos
obtenido en la lucha contra la deuda, incluso aunque las promesas no
se cumplan. Es un antecedente que coloca al G8 respaldando la lógica
y la necesidad de eliminar el 100% de la deuda multilateral, y
reconociendo implícitamente que el programa PPME ha fracasado
y, por extensión, que el impacto de la economía
capitalista globalizada es insostenible, por lo menos en algunos
lugares. Éstas son declaraciones (o, en el último
ejemplo, extrapolaciones lógicas) muy valiosas. Sí, es
cierto que por el momento se aplican a muy pocos países, pero
constituyen un precedente que nos puede servir de bastión en
las campañas continuas contra la deuda mientras luchamos por
ampliar esta victoria.
Además, si las promesas se cumplen, significará la cancelación del 100% de la deuda multilateral para 14 países africanos, y una sustancial cancelación de la deuda multilateral para cuatro países latinoamericanos (la exclusión del Banco Interamericano de Desarrollo del acuerdo hace que ésta sea menos impresionante para América Latina). Y si se lee el acuerdo literalmente, esa cancelación tendrá lugar sin condiciones adicionales. Desestimar un acontecimiento que bien podría traer beneficios tangibles considerables para la población más vulnerable en estos países significa arriesgarnos a comprometer nuestra credibilidad con ellos y con otros observadores.
Las
promesas de la declaración de los Ministros de Economía
del G8 por sí solas cambian el contexto que enfrentan los
activistas en los
países del Norte, y especialmente en los países
del G8. Si se convierten en realidad, cambiará el terreno de
juego para todos los activistas. Que las respuestas de la sociedad
civil ante el plan hayan subestimado o ignorado estos hechos no sólo
es desacertado, corre además el riesgo de echar a pique por
completo el ímpetu de movilización y campaña
generado antes de la cumbre.
Los
activistas deberíamos reconocer que después de años
de campañas, pero aún así contra todo
pronóstico, hemos tenido un verdadero impacto sobre el G8.
Somos, al menos en este momento, "actores" en la política
mundial. La respuesta estratégica es considerar qué
acciones podemos poner en práctica mientras gozamos de esta
condición, a fin de aumentar nuestro impacto. Visto de esta
manera, el plan del G8 no debe ser considerado continuista, sino como
una oportunidad para seguir actuando -y no solo en términos de
incidencia en las instituciones y los gobiernos del Norte. Si
actuamos, es posible que podamos cambiar aún más las
cosas; si centramos nuestros esfuerzos en las críticas, nos
auto-excluimos del partido.
Una medida empírica del impacto del plan del G8
Tal como lo planteábamos en términos generales en nuestro análisis anterior de la declaración del G8, tanto dentro del FMI como del Banco Mundial se están preparando movidas para subvertir la iniciativa del G8. Los directores europeos del FMI de países no integrantes del G8 amenazan con bloquearla a menos que puedan imponer las mismas condiciones devastadoras de siempre. En el Banco Mundial, la dirección ejecutiva se dedica con ahínco a malinterpretar la declaración del G8 y encontrar maneras arteras para volver a instituir condiciones.
Estas
maniobras inusuales en ambos organismos son quizás la mejor
evidencia de que la declaración del G8 realmente marca un
quiebre con la política que se ha practicado hasta ahora con
respecto a la deuda; es una amenaza importante al continuismo. La
suposición por parte de muchos comentaristas de que el plan,
como se ha presentado, sí incluye condiciones permanentes se
contradice con estos intentos desesperados para volver a introducirle
condiciones.
Estas medidas de retaguardia quizás tengan éxito, especialmente porque algunos de los países del G8 - Francia, Japón y Alemania en particular- fueron aparentemente arrastrados a aceptar la propuesta a pesar de sus serias reservas. Lo desconcertante es que las respuestas de los líderes de la sociedad civil, dirigidas en muchos casos a evitar la desmovilización de la comunidad activista, pueden tener el efecto paradójico de desalentar a esos activistas a luchar por la defensa de las conquistas que representa el plan del G8. ¿Por qué habrían de luchar a favor de un plan “insignificante” o que se estima simplemente como un medio para volver a imponer las condiciones del FMI? Si ésta interpretación nos gana, habremos caído en la trampa de sumirnos en el estado que nos es familiar de ir de fracaso en fracaso, cuando otra interpretación más activa podría habernos revitalizado con la energía de un éxito y habernos impulsado a un mayor compromiso para conservar y quizás mejorar o ampliar la victoria.
Significado del acuerdo para la mayoría de los países del Sur
En Kenia quedó claro que incluso en un país que fue excluido del acuerdo, los resultados pueden ser positivos. Un miembro prominente del gabinete denunció al G8 por excluir a Kenia, no una vez sino casi diariamente durante una semana, a menudo en la televisión nacional. Dos miembros del Parlamento propusieron una declaración de repudio o una suspensión de pagos. Estos acontecimientos, y un reconocimiento de que los términos del plan probablemente excluyen la posibilidad de que exista un plan que beneficie a Kenia en el futuro próximo, han hecho que los activistas keniatas vean una posibilidad para argumentar por el repudio total. Ahora están generando una campaña en torno a ese reclamo de su gobierno –posiblemente el reclamo más fuerte que pueden hacer los activistas del Sur. En lugar de pedir a los líderes de los países ricos que se otorgue la cancelación, están exigiendo un genuina rendición de cuentas a gobiernos que demasiado a menudo rinden cuenta fundamentalmente a sus donantes.
Para
los activistas en los países del
Sur, aparte de los de los 18 beneficiarios, posiblemente el impacto
más importante no sea el precedente que establece el G8, sino
el ímpetu que éste le brinda a las campañas a
favor de soluciones más radicales. En el análisis
final, es sólo cuando se transforman las relaciones de poder
que se puede considerar que la campaña contra la deuda y otras
campañas por la justicia económica han triunfado;
acercarse a empoderar a los ciudadanos y los gobiernos del Sur es en
última instancia más importante que deducir qué
más se puede conseguir con el G8. No se trata de trivializar
el trabajo de los activistas del Norte, que deben seguir presionando
a sus gobiernos y a las IFIs, sino más bien de reconocer que
la liberación sólo puede venir desde dentro de los
países que están siendo oprimidos. Los activistas del
Norte deberían exigir a sus gobiernos que NO cobren la deuda.
A este respecto, es potencialmente importante que entre el anuncio del 11 de junio y la cumbre del G8, los jefes de Estado africanos hayan decidido en una reunión de la Unión Africana en Sirte, Libia, exigir la cancelación general de la deuda para todo el continente -el primer llamado unificado de este tipo. Al menos dos presidentes de países beneficiarios, Abdoulaye Wade de Senegal y John Kufuor de Ghana, respondieron al acuerdo diciendo que solamente tendría verdadero significado en el contexto de una cancelación a nivel continental. Los activistas tienen ahora la oportunidad de usar estas declaraciones para presionar a sus gobiernos para que repudien el acuerdo, o por lo menos exijan otro mejor.
El
ejemplo de Nigeria está fresco todavía: cuando la
cámara baja de la legislatura federal pidió el repudio
de toda la deuda externa, y el presidente Olusegun Obasanjo se opuso
pero dijo que se podría llegar a eso, en un instante los
acreedores bilaterales del país estuvieron significativamente
más dispuestos a llegar a un acuerdo en el Club de París.
Los méritos del acuerdo que consiguió Nigeria en junio
de 2005 son objeto de un debate feroz, pero lo importante para los
activistas es el éxito que tuvo el lanzamiento de una amenaza
de repudio creíble, que puede ser utilizada en otros países.
Otra lección de la experiencia de Nigeria bien puede tener que
ver con los peligros que implica una campaña de arriba hacia
abajo: como la presión para el repudio provino en gran parte
de los legisladores, una vez que éstos se dan por satisfechos
con un acuerdo, la presión puede desaparecer fácilmente.
Pero uno de los activistas de la sociedad civil, el juez Egware
integrante de la Coalición de la Sociedad Civil por Educación
para Todos en Nigeria (Civil Society Action
Coalition on Education for All in Nigeria), sacó la
conclusión lógica de la cumbre del G8: "el mensaje
de Gleneagles está claro para nosotros en África.
Intensificaremos el llamado a los gobiernos africanos que no han
asegurado la cancelación de deuda para que consideren
seriamente repudiar la deuda externa por abominable e injusta".
Los activistas contra la deuda y por la justicia económica, en África y otras partes del Sur global tienen una red llamada Jubileo Sur, que ha abierto recientemente una secretaría en Kenia (con la cual trabaja el autor) para el África. Si se lanza la campaña de repudio en Kenia, Jubileo Sur estará bien posicionado para fomentar otras campañas que asuman esta estrategia. Una fuerte demanda que reclame el repudio de la deuda por parte de distintos países podría ser considerablemente más fuerte que una restringida a un solo país.
De la gratitud y la política
Otra preocupación de algunos de los críticos del plan del G8 parece ser que si los activistas hacen cualquier otra cosa que no sea criticarlo, se considerará que le están "dando el visto bueno", le están "agradecidos" o "trabajan" con el G8. Esta visión reduccionista del activismo político es injustificada. Reconocer las maneras en las que el plan de la deuda del G8 es una victoria, de ninguna manera nos obliga a que expresemos gratitud a los gobiernos por tomar las acciones que nunca debieron haber sido necesarias en primer lugar, ni tampoco que perdamos de vista el hecho de que el G8 y las IFIs siguen siendo los enemigos de la justicia social y económica. Adoptar este punto de vista significa simplemente que los activistas estamos logrando algo: forzar al G8 y las IFIs a dar pasos que en su mayoría no quieren dar. Eso es política.
Si
valoramos correctamente el logro de "derrotar” al G8 y a
las instituciones financieras internacionales (IFI)... esta victoria
podría ser parte del fortalecimiento del empuje del movimiento
mundial por la justicia en el camino hacia las reuniones de la OMC en
Hong Kong y otros eventos clave. Lamentablemente, parece que muchos
militantes progresistas percibirán la propuesta del G8 como
una nueva derrota, aunque con algunos aspectos potencialmente
positivos.
En una línea similar, el año antes de la cumbre del G8 en Escocia, muchos activistas se negaron a tomar en serio la propuesta de cancelación de deuda de Estados Unidos, argumentando que la administración Bush es falaz, se mueve exclusivamente en función de sus propios intereses y es desvergonzadamente unilateral. Todo esto es cierto, por supuesto, pero extrapolar de estas verdades la opinión de que todo lo que dice el gobierno estadounidense no es más que una trampa, es no entender la política y las oportunidades estratégicas que se pueden generar. Por más criminales que sean las acciones de la administración Bush, hay que reconocer que es la administración más radical que los Estados Unidos, y quizás cualquier país del G8, haya visto en los tiempos modernos. Está dispuesta a contravenir los precedentes, ignorar las normas internacionales, y romper con la tradición. En la mayoría de los casos esto ha sido destructivo, pero cuando se lo aplica a un sistema tan corrupto como el administrado por el FMI, el Banco Mundial y el G8, puede generar oportunidades. Reiteramos, no existe ninguna razón para expresar solidaridad con la administración Bush, pero hay razones suficientes para que los activistas identifiquen y exploten las oportunidades políticas existentes, entre ellas, las tensiones entre los gobiernos del G8.
El
rechazo de los activistas europeos a la
propuesta estadounidense –que exigía la cancelación
multilateral, aparentemente incondicional, del 100 % de la deuda para
41 países, utilizando los recursos de las IFIs-, y su virtual
respaldo a la propuesta británica -que planteaba que se pagara
el servicio de la deuda de diez años, de aproximadamente 25
países que cumplieran con condiciones estrictas, utilizando
para ello nuevas donaciones de los países ricos- podría
haberle dado luz verde al G8 para adoptar un plan como el del Reino
Unido. Tal plan, que probablemente no hubiera contado con la
participación de los Estados Unidos, habría sido mucho
peor en casi todos los aspectos que lo que se consiguió. Sin
embargo, se le permitió al gobierno británico
etiquetarlo como "cancelación del 100 % de la deuda"
–una afirmación manifiestamente deshonesta- sin que las
organizaciones lo cuestionaran durante varios meses. Esto puso a
algunas grandes organizaciones convencionales del Reino Unido en la
incómoda situación de haber respaldado una propuesta
considerablemente menos progresista que la que finalmente aprobó
el G8.
Por suerte, algunas organizaciones británicas empezaron a recusar la propuesta del Reino Unido en las semanas previas a la reunión de los Ministros de Economía del G8. También fue una suerte -aunque solamente en éste caso- el hecho de que Estados Unidos sea el país con mayor poder dentro del G8, y que a la administración Bush le guste usarlo. De la misma forma en que Estados Unidos hizo naufragar cualquier declaración razonable sobre el cambio climático en la cumbre, el resultado final sobre la deuda terminó pareciéndose más a la propuesta estadounidense que a la del Reino Unido -a pesar de la insistencia de los activistas del Reino Unido, Francia y otros lugares, de que ése era un resultado imposible.
Otro factor que alentaba a los grupos europeos a preferir la propuesta del Reino Unido era la cuestión de la "adicionalidad". En este caso claramente se aprovechó para cambiar los términos de las demandas del Jubileo (“movieron el arco”) –ya no alcanzaba la cancelación incondicional del 100 % de la deuda, ahora la demanda era que los países beneficiarios percibieran un aumento neto de sus flujos de ingreso como consecuencia de la cancelación. Esta posición, asumida por la mayoría de los grupos del Reino Unido, despolitizó en gran medida el tema de la deuda. En lugar de tratarse de las relaciones de poder, en lugar de medir la liberación de la deuda en términos de soberanía política, se redujo todo a la suma de números. Incluso John Pilger, un comentarista conocido por analizar el significado político de las decisiones económicas, cayó en esta trampa en el pasaje citado anteriormente. Que esta posición se transformara en la opinión ortodoxa en toda Europa (aunque casi no hubo contagio en la opinión norteamericana), al punto de que uno de sus defensores afirmara que "Jubileo 2000 siempre tuvo por objetivo aumentar los flujos de los ingresos", y un informe preliminar de toma de posición declarara que un acuerdo para la cancelación de deuda sin adicionalidad era "peor que ningún acuerdo", sólo puede producir asombro. El virus, que aparentemente se extendió por toda Europa, transformó a las organizaciones de campaña en aliadas del Banco Mundial y el FMI en su lucha por descontar la política de la dominación económica, y en algunos casos llevó incluso a que algunos dieran prioridad a preservar los préstamos del FMI y el Banco Mundial (y la dominación y la nueva deuda que conllevan) por sobre la liberación de la deuda para los países y la continua devastación que genera el ajuste estructural que imponen los actores externos utilizando el arma de la deuda.
La deuda es un instrumento político que se usa para atrapar a los países en una red de condiciones que no dan respiro, sometiendo a millones de personas a políticas nacionales que deben complacer los intereses de las empresas en lugar que dar soluciones a los problemas propios. No está claro si este nuevo acuerdo del G8 efectivamente liberará a los países de esta trampa insidiosa, pero no puede quedar duda de que será más lo que haga por moverlos hacia la liberación que lo que hará el nuevo dinero de ayuda (¡especialmente si éste proviene del Banco Mundial o del FMI!). Incluso para aquellos que prefieren vivir en un vacío político, es de amplio consenso que la cancelación de deuda es la manera más efectiva de movilizar fondos para los países en desarrollo.
La "financiación"
Muchos grupos del Norte se encontraron presionando a sus gobiernos, no sobre las disposiciones del programa final sobre la deuda*, sino sobre cómo sería "financiado". Ésta es otra manifestación de la lógica de la "adicionalidad": los activistas asumen que es importante mantener la salud financiera del Banco Mundial y el FMI, para que puedan continuar otorgando préstamos para proyectos destructivos y en respaldo de condicionamientos económicos devastadores.
Cuando
parecía que el plan podía finalmente fracasar debido a
los desacuerdos sobre cómo compensar a las instituciones por
los pagos con los que ya no podrían contar, incluso aquellos
que se oponían a hablar de la financiación no pudieron
argumentar en contra de la lógica estratégica de
promover planes de financiación. Pero ahora que el plan del G8
ha sido formalizado, las instituciones e incluso algunas
organizaciones de campaña expresan su preocupación por
que los mecanismos de financiación no son suficientes.
Debemos
resistirnos a jugar en el campo del FMI y el Banco Mundial dándole
cualquier grado de legitimidad a su ostensible preocupación
por la financiación. El G8 dio el paso inesperado de
“comprometerse" a la cancelación de deuda, y (alas)
a compensar a las IFIs. Si somos serios respecto de nuestra posición
de que las deudas son ilegítimas, y si aceptamos que nada es
más importante para el desarrollo que la cancelación de
la deuda, entonces debemos dejar claro que avanzar por el camino más
efectivo para el desarrollo de los países más
empobrecidos debe constituir una prioridad por sobre cualquier otro
programa de desarrollo. El FMI y el Banco Mundial tienen miles de
millones de dólares a su disposición; no tienen ninguna
excusa para no cancelar las deudas que han paralizado a continentes
enteros. Estas instituciones saben que los bancos privados eliminan
regularmente de sus libros préstamos incobrables, lo que
implica que tienen que resolver cómo prescindir de las
ganancias que habían sido previamente anticipadas. Las IFIs
pueden hacer lo mismo. Embarcarnos en imaginar formas para financiar
estas instituciones nos debería repugnar, especialmente si
pensamos que un FMI y un Banco Mundial financieramente saludables
representan un peligro mayor que unos pocos economistas desempleados
en Washington, DC.
El instrumento de apoyo a la política económica
El trasfondo siniestro detrás de todas las discusiones que condujeron al plan del G8 es la sugerencia de que el FMI debe crear un nuevo "mecanismo" que le permita continuar imponiendo condiciones a los países, incluso cuando no les presta ningún dinero. Esto se parece mucho a una forma de asegurar la continuidad de la dominación del FMI sobre los países, incluso después de que éstos hayan cancelado su deuda con el Fondo, o tomen la decisión soberana de evitar al FMI. Conseguir un "salvoconducto" de este mecanismo puede convertirse en una condición para conseguir cualquier otra asistencia, inversión o acuerdo comercial.
Ahora
el FMI está sacando a luz el plan, llamado Instrumento de
Apoyo a la Política Económica (IAPE). El caso de ensayo
es Nigeria, con respecto a su acuerdo con el Club de París:
para tranquilizar al Club de París, que normalmente exige que
un país esté bajo un plan del FMI para negociar con él,
Nigeria será formalmente "monitoreado" por el FMI, a
pesar de que no ha tomado ningún préstamo de la
institución.
El
IAPE es un instrumento con el potencial de mitigar o eliminar los
beneficios políticos de la cancelación de la deuda.
Mientras está a consideración del directorio del FMI,
es necesario que los activistas organicen una presión muy
fuerte para impedir su aprobación, o por lo menos limitar sus
alcances.
Una palabra final
La justicia económica obtuvo una victoria incompleta pero cierta el 11 de junio. Trabajemos para ampliarla y no para hallar las formas de declararla una derrota.
* Soren Ambrose integra la red Solidarity Africa Network in Action (Nairobi, Kenia) y el movimiento 50 Años Basta: Red Estadounidense por la Justicia Económica Mundial (Washington, DC, EE.UU.) agosto / septiembre de 2005. soren@igc.org
Nota: la red Solidarity Africa Network in Action exige la cancelación del 100 % de la deuda multilateral y bilateral sin condiciones impuestas desde el exterior. Aboga por la participación activa de los pueblos en el diseño y la implementación de las políticas económicas y de otro tipo que los afectan. Creemos que esto requiere la eliminación de las deudas que han sido usadas para restringir el espacio público de toma de decisiones, y la erradicación de la influencia de las instituciones financieras internacionales (IFIs) en el diseño de políticas. La Red considera que la deuda es una herramienta de control y que su resolución es un imperativo moral y de derechos humanos.
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LA GUERRA, EL SIGLO XXI Y EL FUTURO DE AMÉRICA: DEL 9/11 AL HURACÁN KATRINA
por Tom Reifer*
[La siguiente es una versión editada de un artículo más extenso; el texto completo está disponible en el sitio web de Focus on the Global South].
En este artículo, Tom Reifer argumenta que "... en última instancia fueron las lluvias del huracán Katrina y las inundaciones posteriores las que pusieron al descubierto las grietas más profundas de discriminación racial, de clase y género que atraviesan la sociedad estadounidense hasta su propia médula. Los años de descuido del capital humano y la infraestructura física de la nación -después de décadas de recortes fiscales para favorecer a los ricos y de una militarización financiada con déficit en base a préstamos en el exterior, más recientemente para solventar la guerra de Irak-- quedaron también en evidencia trágicamente en el fracaso del gobierno en la planificación previa y la respuesta al huracán Katrina".
El
amanecer del segundo milenio trajo a la vez continuidad y cambio en
términos de guerra y del sistema "americano". Mucho
antes de los ataques terroristas de septiembre 11 de 2001, la
administración Bush ponía en marcha una política
exterior y militar crecientemente agresiva. En ese contexto, tal como
lo expresara Mary Kaldor, “se puede argumentar que los recortes
de comienzos de la década de 1990 son equivalentes a las
reducciones esperables en el ciclo normal de compras militares
estadounidenses posterior a 1945... Durante los recesos económicos
siempre se mantienen las actividades de Investigación y
Desarrollo militar, diseñando y desarrollando los sistemas que
se adquirirán en la siguiente fase ascendente. A medida que
los sistemas nuevos llegan a las fases más costosas de
desarrollo y adquisición, esto coincide siempre con renovadas
preocupaciones respecto a amenazas de distinto tipo". (1)
Esta atención focalizada en las nuevas amenazas era evidente mucho antes del 11 de septiembre de 2001. Los ataques de ese día y la amenaza real de Al Qaeda le dieron a las fuerzas regresivas neoconservadoras el pretexto perfecto para ejecutar sus ambiciosos planes de enormes gastos militares y políticas externas agresivas, elaborados mucho antes, que incluían una retirada de Estados Unidos de los tratados internacionales y avanzar en sus planes de militarización del espacio.
La trayectoria actual de la militarización neoliberal a nivel nacional y en el extranjero muestra claramente cómo el gobierno de Estados Unidos vuelve a enfocarse en la "guerra al terror", que incluye una reorganización sustancial del Gobierno Federal, saturado con un nuevo Departamento de Seguridad Nacional.
Embarcarse
en múltiples guerras en el siglo XXI, contra el llamado Eje
del mal, notoriamente Irak y Al Qaeda, ha significado un aumento
enorme del gasto militar y asociado estadounidense, que asciende
actualmente a más de US$ 500 mil millones por año si se
incluye no sólo el presupuesto formal militar, sino además
los fondos para las operaciones en curso y para el Departamento de
Seguridad Interna, que cubre las actividades de un grupo de agencias,
incluida la Agencia Federal de Administración de Emergencias
(FEMA). (2)
El
estímulo económico del gasto federal, con aumentos
notables en el presupuesto militar, según muchos expertos ha
tenido por resultado una evidente minimización del período
de recesión económica en los primeros años del
siglo XXI, aunque con menos efecto que durante las rachas anteriores
de Keynesianismo militar (3). En el segundo trimestre de 2003, entre
abril y junio, la guerra de Irak y las acciones militares
estadounidenses asociadas a ésta, llevaron al mayor incremento
en el gasto militar --aproximadamente 44.1% --desde otoño de
1951, el momento del enorme salto en el gasto militar provocado por
la explosión de la guerra de Corea. El gasto militar
representó un buen 1,69% del aumento del PBI en el segundo
trimestre de 2003, o dicho de otra forma un 70% del aumento total.
(4) En el primer trimestre de 2004, la economía creció
un 4,2%, y el gasto militar volvió a dar cuenta de una parte
significativa del aumento, llegando a la cifra de US$ 17,400 millones
sobre el aumento de US$ 108,500 millones que tuvo el PBI en el primer
trimestre, después de realizar el ajuste por inflación.
(5)
Según expresiones recientes de un comentarista: "Hoy el Estado de Bienestar es de facto militar. Las fuerzas armadas y el Departamento de Asuntos de Veteranos son los dos organismos de prestación de servicios de salud más grandes de Estados Unidos. El aparato militar es además un financiador muy importante de la educación superior a través de la Ley GI”. (6)
Sin embargo, en la actualidad, al igual que durante la Guerra Fría (comenzando a fines de la era Carter), los billones de dólares destinados al nuevo militarismo, financiados regresivamente a través de préstamos del exterior y por los ricos que se beneficiaron inmensamente con recortes impositivos, han hipotecado las inversiones públicas –según declaraciones de Mike Davis “el equivalente fiscal de varios New Deals (en alusión al programa económico de la posguerra)”—por generaciones. (7) Según estimaciones recientes, mientras Vietnam le costó a los contribuyentes estadounidenses unos US$ 600 mil millones (en valor actualizado en dólares), los costos de la guerra de Irak podrían ascender por encima de los US$ 700 mil millones, asumiendo que Estados Unidos se queden en ese país durante diez años más; según otra estimación, que tiene en cuenta el conjunto de las operaciones en Afganistán, Irak y la presencia estadounidense en el Oriente Medio, los costos serían incluso mayores:
“… si la presencia militar estadounidense en la región dura otros cinco años, el gasto total de la guerra podría superar los US$ 1,3 billones, que equivale a US$ 11.300 por cada hogar estadounidense”. (8)
Y como sucediera en las décadas de 1970 y 1980, la militarización estadounidense financiada con deuda, ha estado acompañada sistemáticamente por reducciones en la asistencia federal a las ciudades y a la protección contra desastres, cuando en ese mismo momento millones de blancos se mudaban desde los centros metropolitanos más grandes hacia los suburbios, y paralelamente millones de latinos, asiáticos y negros se mudaban a las metrópolis cada vez más empobrecidas, abandonadas y en decadencia. (9) La metrópolis de Nueva Orleáns es una especie de anomalía estadística en este caso, ya que es la única gran región metropolitana del país en la que se produjo una emigración de la población afro americana en todas las décadas a partir de 1965, según los datos de la Brookings Institution. (10) No obstante, la ciudad de Nueva Orleáns sigue teniendo todavía una mayoría abrumadora de población negra, más incluso con la importante emigración de los blancos de la región metropolitana. Por lo tanto, al igual que en las otras grandes ciudades, la superposición de raza y clase concentrada en el espacio –un apartheid “americano”-- significó que los impactos de los recortes federales aplicados a las áreas urbanas golpearan a estos grupos en forma mucho más severa. (11)
Las estimaciones de Demetrios Caraley y otros, indican que los recortes a la asistencia federal cercanos al 64% le costaron a las ciudades un promedio de US$ 26 mil millones anuales entre 1980 y 1990 (en dólares constantes de 1990); durante parte de ese mismo período, entre 1979 y 1985, el gasto militar financiado con déficit se elevó de US$ 150 a US$ 300 mil millones anuales, financiados por los medios más regresivos posibles, a través de rebajas impositivas para los ricos y préstamos del extranjero. (12)
“Si se hubieran gastado en las ciudades y en recursos humanos, estas sumas enormes podrían haber transformado a las ciudades de Estados Unidos en paraísos terrenales en lugar del basurero urbano en que se han convertido ahora”.
“El peso social del servicio de este déficit puede medirse comparándolo con los presupuestos combinados de las cincuenta ciudades más grandes de Estados Unidos. En 1980 el pago de intereses de la deuda federal era dos veces el tamaño de los presupuestos sumados de las grandes ciudades; hoy es seis veces más grande. Visto de otro modo, los US$ 300 mil millones de déficit de 1990 fueron equivalentes a los costos de intereses anuales de una deuda federal que trepó a US$ 5 billones". (13)
Si bien el boom especulativo de la década de 1990 propició fantasías de un nirvana económico permanente entre los prósperos, hubo quien creyó que el fin de la burbuja -salvo en el mercado inmobiliario, que todavía no ha estallado- haría pesar la realidad fiscal entre las personas sensibles. No fue el caso de la administración Bush, feliz de seguir por el camino implacable de un gasto militar cada vez mayor y recortes en los impuestos a los ricos, en busca de lo que los comentaristas han denominado el “presupuesto de Armani y armas" (Nota del T: Gucci and guns), la respuesta del Presidente y el Congreso dominado por los republicanos al programa de Mantequilla y Armas (Guns and Butter) de la administración Johnson en la década de 1960. (14)
Sin embargo, fue en los campos de batalla de Indochina donde finalmente fueron enterradas las esperanzas de la Gran Sociedad, a medida que el Presidente presentaba al Congreso una solicitud de gastos tras otra para financiar su guerra. Hoy, otra ronda de leyes para financiar la guerra presidencial está llevando a drásticas devaluaciones de la ciudadanía en Estados Unidos, especialmente entre el electorado negro, latino y asíático de las ciudades. Nuevamente, los costos reales de la guerra y las bombas, como argumentara Martin Luther King Jr. en el caso de Vietnam, explotan en los ghettos de Estados Unidos, o uno podría decir, en los diques caídos de los estados del Golfo; y se sufren tanto en las inundaciones generalizadas en la región, como en los dramáticos recortes de los gastos federales en salud, educación, servicios humanos y preparación para enfrentar desastres a nivel nacional, especialmente en las áreas metropolitanas del país. (15)
Décadas de negligencia traen frutos amargos
Con la superposición de raza y clase, el peso de las guerras estadounidenses de fines del siglo XX recayó muy fuertemente sobre la población latina, negra y asiática concentrada en las zonas urbanas, a medida que los fondos federales para las ciudades se redujeron a un mínimo. Entre dos tercios y tres cuartos de la población de Nueva Orleáns es afro-americana y el índice general de pobreza en la población de la ciudad ronda el 28% (en contraste con el 9% correspondiente al conjunto de la población de Estados Unidos), aproximadamente un 84% de los que viven en la pobreza son negros. En 2000, mientras el 35% de los negros eran pobres, los pobres blancos representaban solo un 11% del total de la población blanca, considerando un total de aproximadamente 50.000 familias sin automóviles, 35% de ellas negras y solamente 11% blancas. (16) En la región metropolitana de Nueva Orleáns, casi el 15% de la población, y más de una cuarta parte de los niños vivían en la pobreza; los índices de pobreza de Nueva Orleáns solo eran superados por otras siete ciudades estadounidenses, mientras que según el índice medio de ingresos familiares la ciudad ocupaba el puesto 64 entre las 70 ciudades más grandes del país. (17)
En lo que respecta a las "fuerzas de la naturaleza" o "actos de Dios", muchos creen que la intensidad de los huracanes está aumentando debido al calentamiento global, una situación relacionada obviamente con el cambio climático inducido por el ser humano como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero. Un proceso al que por cierto no ayuda nada la negativa de Estados Unidos a ratificar el Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, un tratado sobre el calentamiento global que cuenta con una adhesión internacional muy amplia. (18) Y finalmente, también está la devaluación de la ciudadanía en las áreas urbanas de Estados Unidos, a consecuencia de la fuga de dineros que fueron retirados de las ciudades para volcarlos a los suburbios blancos-como-un-lirio y a las ciudades periféricas. Y en Nueva Orleáns, como bien se sabe, "el dinero fluye en dirección contraria al agua", ya que los más ricos se apoderan de las zonas más altas y dejan que los pobres se las arreglen como puedan para hacer frente a los huracanes que se aproximan.
Las
consecuencias del huracán Katrina fueron parte del resultado
final de este proceso en el que se produjo un aumento de los
beneficios políticos y sociales de los ciudadanos suburbanos
blancos, directamente proporcional a la privación de derechos
y beneficios del electorado urbano pobre de negros, latinos y
asiáticos, en un marco de absoluta negligencia del gobierno
federal respecto de la muy necesaria protección contra los
huracanas, cuyos peligros se intensificaron debido a la invasión
y erosión sistemática de los humedales a manos de la
industria de la construcción. (19) Sin embargo, los fondos
para los recortes impositivos para los ricos, los proyectos de
carreteras, el gasto de defensa y las guerras en el extranjero –cuyos
beneficios se acumularon fundamentalmente en los suburbios y las
ciudades periféricas- continuaron intactos. Además, al
decir de Mike Davis, este ha sido posiblemente uno de los desastres
más pronosticados y previstos, quizás en la historia
del mundo. (20)
Después
del tsunami asiático, "Nueva Orleáns fue el
desastre No. 1 del que estábamos hablando", recordó
Eric L. Tolbert, por entonces un alto funcionario del FEMA.
"Estábamos obsesionados con Nueva Orleáns debido a
el riesgo". (21)
Sin embargo, decenas de miles de evacuados atestaron el Superdome y el centro de convenciones, y muchos de ellos estuvieron privados de comida y agua durante tres o cuatro días. Los reporteros y otros señalaban que los funcionarios locales, estaduales y federales estaban a menudo ausentes. Incluso el quinto día todavía no había llegado ayuda suficiente. La ciudad de mayoría negra, tan importante desde el punto de vista cultural para los afro-americanos y para EEUU como Harlem, con más de la quinta parte de la población viviendo en la pobreza, mayoritariamente negros, fue abandonada a su propia suerte teniendo que soportar la peor parte del huracán. Al final, aproximadamente el 80% de la ciudad estaba bajo agua, así como partes sustanciales del resto de los estados del Golfo. Estas inundaciones dejaron como saldo más de mil muertos y buena parte del territorio de los estados del Golfo bajo agua.
Los
altos mandos regionales del Cuerpo de Ingenieros del Ejército
de Estados Unidos habían advertido durante largo tiempo de los
peligros de un huracán sobre la costa del Golfo, en particular
sobre la vulnerable ciudad de Nueva Orleáns, que se asienta en
gran parte por debajo del nivel del mar y se hunde, al mismo tiempo
que los diques. El Congreso autorizó dinero para el Proyecto
de Control de Inundaciones Urbanas en el Sudeste de Louisiana (SELA
por sus siglas en inglés) en los años noventa. Su
objetivo era apuntalar los diques y construir estaciones de bombeo.
Sin embargo, después de 2003, se cortaron los fondos, a pesar
que quedaban importantes proyectos pendientes de realizarse por un
importe de unos US$ 250 millones. Ya en 2004, el New
Orleans Times-Picayune comenzó a informar que
funcionarios locales y representantes del Cuerpo de Ingenieros del
Ejército atribuían el corte de la financiación a
los costos cada vez más altos de la guerra contra Irak.
Enfrentando déficits récord, la administración Bush redujo costos - y economizó al máximo- incluyendo en su presupuesto de 2005 nada más que un sexto de los fondos solicitados por la delegación de Louisiana en el Congreso para la prevención de inundaciones. (22) Básicamente, como crecieron los costos de la guerra de Irak, disminuyeron los fondos destinados a los esfuerzos de control de huracanes e inundaciones. Además, aproximadamente el 30% de la Guardia Nacional y alrededor de la mitad de su equipamiento están en Irak. Entre ellos, un número considerable proviene de los estados del Golfo, y de estos un tercio pertenece a la Guardia Nacional de Louisiana y cantidades aún mayores a la de Mississippi. Muchos de los integrantes de la Guardia Nacional desempeñan trabajos de tiempo completo como bomberos, oficiales de policía y personal médico, y por lo tanto se desempeñarían normalmente como la primera línea de respuesta ante situaciones de crisis como la del huracán Katrina. La Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (Governmental Accountability Office-GAO) señaló en julio de 2005 que un buen tercio de las unidades de la Guardia Nacional no contaba con equipos esenciales, ya que éstos habían sido destinados a las unidades que se estaban aprontando para ir a Irak en los próximos meses. (23) Además, cuando el Cuerpo de Ingenieros del Ejército pidió aproximadamente US$105 millones para destinarlos a programas de preparación para huracanes y de alivio de inundaciones, la administración Bush recortó ese dinero a aproximadamente US$40 millones, aunque el presidente Bush y el Congreso sí aprobaron unos US$ 284.200 millones para una "un proyecto de ley vial plagado de devolución de favores que incluye 6.000 proyectos mimados, entre ellos un puente de US$231 millones en una pequeña isla deshabitada de Alaska. (24)
Uno
de los que se preocupó por los recortes en el presupuesto para
el Proyecto SELA y Nueva Orleáns fue Alfred C. Naomi, director
de proyectos del Centro del Cuerpo de Ingenieros del Ejército,
quien sintió una gran frustración cuando al mismo
tiempo que se pronosticaba una temporada de intensos huracanes
comprobó que se recortaban US$ 71 millones del presupuesto
del distrito de Nueva Orleáns, destinados precisamente para la
preparación para este tipo de tormentas: "En estas
condiciones, que se produjera una fractura no es para nada
sorprendente", declaró … Desde 2001, la delegación
de Louisiana en el Congreso venía luchado para conseguir
aumentar sustancialmente los fondos para la protección contra
tormentas previstos por la administración Bush. Ahora, declaró
Naomi, todas las objeciones que se pusieron al presupuesto para las
tormentas, o incluso para toda la protección para eventos de
Categoría 5, que costaría varios miles de millones
dólares, parecían trágicamente absurdas.
"Un
sistema de protección de Categoría 5 significaría
un costo de US$2.500 millones, y estamos hablando de decenas de miles
de millones en pérdidas, toda la productividad perdida, y
tantas vidas y lesiones y traumas personales de los que nunca nos
vamos a recuperar,” declaró. (25) Como lo destacara el
Wall Street Journal: "A pesar de las décadas de
advertencias reiteradas sobre una posible fractura en los diques o la
falla de los sistemas de drenaje que protegen a Nueva Orleáns
del río Mississippi y el lago Pontchartrain, los funcionarios
locales y federales reconocen ahora que no había preparativos
suficientes para una catástrofe de esta escala”. (26)
Las agencias convencionales de noticias de Estados Unidos y en el
exterior comentaron abiertamente que habían visto una mejor
asistencia en casos de desastres en el Tercer Mundo.(27)
En
los estados del Golfo de Estados Unidos, decenas de miles de
ciudadanos fueron abandonados, no pudieron ser evacuados y se los
dejó durante días sin comida, agua, protección o
asistencia médica de manos de los funcionarios de los
gobiernos locales, estaduales y federal, que parecieron ignorar o ser
indiferentes al problema, mientras el presidente Bush ni siquiera
suspendió sus vacaciones sino hasta días después
del ataque de Katrina. El Pentágono, ocupado en Irak, con
equipos críticos y unidades de la Guardia Nacional lejos,
estuvo inicialmente ausente, aunque según un Informe de la
Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas de 1993, para
desastres como el huracán Katrina, el "Departamento de
Defensa es la única organización capaz de suministrar,
transportar y distribuir las cantidades suficientes de elementos
necesarios". (28) Como muchos observaron, las imágenes
de sufrimiento, de gente varada y abandonada, se parecían más
a Bangladesh, Haití o Bagdad (después de la invasión
estadounidense) en el Tercer Mundo que a los Estados Unidos de
América. En una abrupta inversión de roles, ahora,
muchos países se encontraron llevando ayuda a Estados Unidos,
entre ellos, incluso algunos de los más pobres del planeta.
Incompetencia e indiferencia
La respuesta del gobierno federal estadounidense fue ampliamente criticada, al igual que las acciones de lo funcionarios locales y estaduales. Un blanco de críticas particularmente individualizado fue el Director de la FEMA Michael Brown, ex comisionado de la Asociación Internacional del Caballo Árabe, un hombre sin experiencia previa en manejo de desastres pero –y esto es lo importante- amigo de Joe M. Allbaugh, el jefe de la campaña presidencial de Bush en 2000 y el primer director de la FEMA en esta administración. La FEMA se transformó en una oficina de colocaciones de los secuaces de Bush, a pesar de la retórica del presidente sobre brindar seguridad a la nación. El huracán Katrina había tocado tierra el lunes 29 de agosto. El 2 de septiembre, Bush aclamó el trabajo de Brown diciendo, "Brownie, estás haciendo un trabajo fenomenal", a pesar de que Brown tuvo que admitir cuando ya estábamos en el cuarto día de de la inundación de Nueva Orleáns, que "el gobierno federal no estuvo nunca al tanto de las personas en el centro de convenciones hasta hoy", algo que según pudo saberse en una entrevista extraordinaria de la emisora radial National Public con el Director de Seguridad Interna Michael Chertoff, también se repitió en este Departamento, ya que su Director no estaba al tanto hasta ese momento de la terrible situación por la que estaban atravesando un número tan enorme de personas. (29) Unos días después que el huracán tocara tierra, el 31 de agosto, Chertoff dijo: "Estamos muy contentos con la respuesta”. (30) Finalmente la incompetencia y el bochorno fueron demasiado incluso para la administración Bush, y por lo menos Brown fue relevado de la supervisión de la campaña de ayuda pos-tormenta, un trabajo que se le encomendó al Almirante Thad W. Allen de la Guardia Costera. (31) Poco después Brown renunció.
No obstante, después de la destrucción hubo buenas noticias para algunos, algo parecido a lo que sucedió en la chapucera ocupación de Irak. Muchos de los mismos actores que se beneficiaron con la invasión y reconstrucción de Irak, sacaron gran provecho de los trabajos de reconstrucción post Katrina, entre ellos, hay que destacar a la antigua compañía del vicepresidente Cheney, Halliburton, su subsidiaria Kellog, Brown and Root (KBR), y el Grupo Shaw, una empresa que genera unos US$ 3 mil millones anuales, que anunció que había conseguido dos contratos de hasta US$100 millones cada uno a comienzos de septiembre de 2005, uno de la FEMA. y el otro del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. En esto fueron ayudados por el ex director de la FEMA, Allbaugh, ahora un consultor muy bien remunerado que trabaja para empresas privadas como éstas. Otras firmas que se espera consigan o ya han conseguido contratos lucrativos incluyen a Bechtel y la Fluor Corporation. Danielle Brian, directora del Project on Government Oversight (Proyecto de Supervisión Gubernamental), dijo que el huracán Katrina, al igual que antes Irak, haría “salir de sus cuevas a los mezquinos y los egoístas”.
El
presidente Bush también fue rápido en suspender la Ley
Bacon-Davis, que obliga a pagar los salarios vigentes para los
contratos financiados con fondos federales, para los trabajos de
reconstrucción de la región, a pesar que los salarios
en la zona ya son bajos, en general inferiores a US$10 la hora.
Cuando se trata de los salarios de los trabajadores parece ser que
los costos son demasiado altos; cuando se trata de los contratos con
empresas, sin embargo, parece que ningún margen de ganancia es
demasiado alto. Ahora, muchas de las prácticas cuestionables
utilizadas en la reconstrucción de Irak se están
aplicando en éste que es el mayor esfuerzo de reconstrucción
en la historia de Estados Unidos –y que podría llegar a
totalizar varios cientos de miles de millones de dólares-
incluyendo contratos directos no competitivos y cláusulas de
sobre-costo que garantizan la ganancia sin importar cuánto
gasta la empresa. (32) De algún modo, cuando se trata de
dinero para las ciudades de la nación, su población
pobre, o prepararse para los desastres, se deben recortar los costos,
mientras que a los ricos se les beneficia con rebajas impositivas;
pero para la "América" corporativa, sus
especuladores de la guerra y los buitres de las compañías
militares del capitalismo de reconstrucción posdesastre,
parece ser que no hay ningún problema para obtener dinero de
los contribuyentes.
Después
de décadas de no invertir en las ciudades, su capital humano e
infraestructura física, el huracán Katrina puso al
descubierto muchos de los problemas de la sociedad estadounidense que
alguna vez se pensaron resueltos –la desigualdad creciente, los
malos empleos y las flaquezas enormes de los sistemas de salud,
educación y servicios humanos. Sin embargo, las guerras de
fines del siglo veinte y del siglo veintiuno --desde la nueva Guerra
Fría a las guerras en el Golfo Pérsico-- su naturaleza
de uso intensivo de capitales, sus legiones de soldados mercenarios
corporativos, su financiación a partir de préstamos del
exterior y de recortes impositivos para los ricos, por el contrario,
sirven para aumentar la pobreza en el Sur global, tanto dentro como
fuera del país. (33)
Tiempo de un nuevo trato (new deal), basado en la paz y la justicia
La tarea ahora es echar mano de esta exposición de la vergüenza de América revelada en la vulnerabilidad de los estadounidenses pobres, de la población negra, latina y asiática empobrecida y los blancos pobres, para volver a hacer una vez más un llamado a la paz con justicia social. Es necesario, en primer lugar, que se retiren las tropas de Estados Unidos en Irak, y que los recursos ganados de esta forma se usen para una verdadera reconstrucción democrática dentro y fuera del país, incluyendo a Irak, por caminos que conlleven el beneficio para la gente y no para los especuladores de las corporaciones militares sedientos de mercados. Y como un signo de esperanza, Katrina está hoy erosionando el apoyo del público estadounidense a la guerra contra Irak. (34)
Lo
que hace falta –al igual que durante el New Deal,
cuando la construcción de grandes obras públicas ayudó
a sacar de la pobreza a muchos de los ciudadanos más pobres de
la nación (especialmente a los inmigrantes de segunda
generación del lado blanco de la barrera racial y a sus
padres, unos 40 millones en total)—es realizar un gran
compromiso con la reconstrucción y la renovación
democráticas dentro y fuera del país. Sólo que
esta vez se necesita una estrategia de reforma más audaz que
incluya a las personas de todas las razas, en particular, los
afro-americanos y la población cada vez más numerosa de
latinas y latinos. Y ahora también es el momento de establecer
los vínculos entre la guerra dentro y fuera del país,
entre la lucha por la paz, los derechos civiles y la justicia social,
como lo hizo Martin Luther King, Jr.. Porque el desastre de las
guerras de Estados Unidos en el Golfo Pérsico está
íntimamente relacionado con el desastre en los estados del
Golfo de Estados Unidos. Por este motivo, la coalición
anti-guerra más grande de Estados Unidos, United
for Peace and Justice (Unidos por paz y justicia), emitió
una declaración sobre el período que siguió a
Katrina titulada: "Después de Katrina, financien la
recuperación total de la costa del Golfo, no la guerra en
Irak“. (35)
El
período de la Reconstrucción después de la
Guerra Civil fue un tiempo de gran esperanza, especialmente para los
afro-americanos. Con la derrota de la Reconstrucción a fines
del siglo XIX, como con la vuelta atrás de la muy esperada
segunda Reconstrucción a fines de la década de 1960 y
más allá, y con la muerte del movimiento de los
derechos civiles y la lucha por la libertad negra, el tiempo
retrocedió para los afro-americanos y la lucha contra la
pobreza y por la justicia social en la otra América de Estados
Unidos. (36) El presidente Bush anunció que la reconstrucción
de la costa del Golfo estaría entre los esfuerzos más
grandes de este tipo en la historia del mundo. No obstante, Bush
continúa insistiendo en transformar en permanentes los
recortes impositivos para los más ricos, una medida que
costaría alrededor de US$1,5 billones en la próxima
década. Esto, junto con otras noticias que llegan sobre el
plan de reconstrucción, incluida la posible suspensión
de las leyes ambientales, y el lugar de prominencia del asesor
político en jefe de Bush, Karl Rove, como funcionario a cargo
de los planes para reconstruir la región, indican cuán
lejos está el plan de Bush de la visión del New
Deal. (37) Jesse Jackson habló de un "Huracán
para los pobres y una lluvia de dinero para los ricos”.
Existe,
sin embargo, otro camino. Ahora, como parte de un movimiento más
amplio por la paz y la justicia mundial, quizás sea posible
retomar la lucha por la libertad afro-americana para renovar "La
revolución incompleta de América" de la
Reconstrucción, y de esta forma beneficiar no sólo a
los descendientes de la esclavitud sino también a todos los
residentes de Estados Unidos y también del resto del mundo.
Tal visión democrática alternativa es consonante con el
llamado a la acción y a la solidaridad del Foro Social
Mundial. El tiempo para la paz y la justicia social es ahora. Porque
éstos son los desafíos de nuestro tiempo.
*
Tom Reifer trabaja en el Departamento de Sociología de la
Universidad de San Diego, California. Este ensayo
está extraído de una introducción al trabajo War
& the American System para una obra
próxima a aparecer cuyos autores son Gar Alperovitz y
Tom Reifer. La versión completa y sin editar de este documento
está disponible en el sitio web de Focus on the Global
South:
Notas
1.
Mary Kaldor, “Beyond Militarism, Arms Races and Arms Control,”
Social Science Research Council, 2002. pp. 6-7.
http://www.ssrc.org/sept11/essays/kaldor.htm.
2. James Dao, “Bush
Sees Big Rise in Military Budget for Next 5 Years; Up to $451 Billion
By ’07; Proposed Buildup Would Rival Reagan’s—Sharp
Increase in Money for Supplies,” New York Times, pp. A1, A9.
3. Louis Uchitelle, “Sharp Rise in Federal Spending May Have Helped Ease Recession,” New York Times, marzo 23, 2002, pp. A1, B4. John D. McKinnon y Anne Marie Squeo, “Shaky Economic Times Limit Bang of New Defense Spending,” Wall Street Journal, abril 15, 2003, pp. A1, 12.
4. Bureau of Economic Analysis, “Gross Domestic Product: Second Quarter 2003 (Advance),” http://www.bea.gov/beahome.html. Louis Uchitelle, “Faster 2nd-Quarter Growth Fuels Optimism,” New York Times, viernes, agosto 1, 2003, pp. C1, 10. Jon E. Hilsenrath, “GDP Data Spark Hopes Recovery Is Strengthening: Economy Grew at 2.4% Pace in the Second Quarter: Military Spending Surges,” Wall Street Journal, agosto 1, 2003, pp. A1, 6.
5.
Paraphrasing Louis Uchitelle, “U.S. Economy Grows 4.2%; War
Spending Provides Push,” New York Times, April 30, 2004, pp.
C1, 3. Bureau of Economic Analysis, “Gross Domestic Product:
First Quarter 2004 (Advance),”
http://www.bea.gov/bea/newsrel/gdpnewsrelease.htm.
6. Dalton
Conley, "Turning the Tax Tables to Help the Poor," New York
Times, noviembre 15, 2004, p. A23.
7. Sobre la nueva Guerra Fría, ver Noam Chomsky, Towards A New Cold War: Essays on the Current Crisis and How We Got There, Nueva York: Pantheon, 1982 (La Segunda Guerra Fría, Editorial Crítica, 1984).
8. New York Times, "The Trillion-Dollar War," Linda Bilmes, sábado, agosto 20, 2005, p. A27. The Iraq Quagmire: The Mounting Costs of the Iraq War and the Case for Bringing the Troops Home, un estudio del Institute for Policy Studies and Foreign Policy in Focus. Por Phyllis Bennis y Eric Leaver y la Iraq Task Force de la IPS, agosto 31, 2005. http://www.ips-dc.org/iraq/quagmire/IraqQuagmire.pdf, p. i.
9. Mike Davis, Dead Cities, p. 253.
10.
Ver The Brookings Institution Metropolitan Policy Program: Katrina:
Issues and Aftermath. http://www.brookings.edu/metro/katrina.htm La
otra gran ciudad en la que se registró emigración negra
en todas las décadas desde 1965 fue Pittsburgh (ver William H.
Frey, The New Great Migration: Black Americans Return to the South,
1965-2000, mayo 2004), especialmente pp. 5, 13.
http://www.brookings.edu/metro/publications/20040524_frey.htm
11.
Sobre la fuga de los blancos, ver New York Times,
"What Happens to a Race Deferred," Jason DeParle, domingo,
septiembre 4, 2005, sección 4, pp. 1,4, y
http://www.gnocdc.org/tertiary/white.html. Douglas S. Massey &
Nancy A. Denton, American Apartheid: Segregation & the Making of
the Underclass, Cambridge: Harvard University Press, 1993. Para
una representación visual y estadísticas sobre este
sistema de segregación residencial y niveles asociados de
altitud, que muestra cómo los blancos de altos ingresos ocupan
las zonas altas de la ciudad, brindándoles mejor protección
contra las inundaciones, mientras que la mayoría de los negros
viven en las zonas bajas, ver The Greater New Orleans Community Data
Center. http://www.gnocdc.org/ Ver también U.S. Census Bureau,
Racial & Ethnic Residential Segregation in the United States:
1980-2000, publicado en agosto de 2002
(http://www.census.gov/prod/2002pubs/censr-3.pdf).
12. Demetrios Caraley, "Washington Abandons the City," Political Science Quarterly, 107 no. 1 (1992), pp. 8-11, citado en Mike Davis, Dead Cities, p. 247. Ver también Demetrios Caraley, "Dismantling the Federal Safety Net: Fictions Versus Realities," Political Science Quarterly, Vol. 111, No 2, verano de 1995, pp. 225-258.
13. Mike Davis, Dead Cities, Cap. 13, p. 259, 253, y pp. 239-273.
14.
Hay que señalar, sin embargo, que el congelamiento del gasto
público interno se remonta al presidente Carter y el Congreso
de 1978 dominado por el Partido Demócrata durante el período
de la movilización de la coalición de los que tienen
contra los que nada tienen, que fue parte del ascenso de la Nueva
Derecha que culminó en el Reaganismo. “1978 fue el
primer año de la denominada ‘Reaganomics’. El
Congreso controlado en sus dos terceras partes por los Demócratas
avaló el programa legislativo de la Mesa Empresarial
(Bussinness Rountable) congelando el gasto social,
desregulando las industrias del transporte y telefónicas y
apoyando la movida de Carter hacia tasas de interés más
altas”. Mike Davis, Prisoners of the
American Dream, Nueva York: Verso, 1986, p. 137. El
Keynesianismo militar y la superacumulación facilitada por su
financiamiento regresivo soldaron la coalición de Nueva
Derecha de Reagan. La enorme expansión del capital monetario
se dio gracias a que el presupuesto militar se duplicó, se
impuso la desregulación y los recortes impositivos, y por el
financiamiento regresivo del déficit de Estados Unidos,
especialmente mediante la edición de títulos transables
por valor de US$ 13,5 billones en 1981 que el gobierno federal luego
aplazó hasta 1990, macando el comienzo de la hegemonía
de Wall Street, los mercados globales de capital, los fondos
compensatorios, el FMI y el Banco Mundial y el Consenso de Washington
asociado, cuyos efectos se dejaron ver enseguida en crisis
financieras recurrentes desde Asia hasta América Latina. Ver
Roy Smith, Comeback, Cambridge, MA: 1993, p. 87. Ver también
Jagdish Bhagwati, "The Capital Myth: The Difference Between
Trade in Widgets & Dollars," Foreign Affairs, mayo/junio
1998, pp. 7-12. Ver también Gordon De Brouwer, Hedge Funds in
Emerging Markets, Cambridge University Press, 2001. Ver también
Financial Stability Forum Working Group on Highly Leveraged
Institutions, Washington, D.C., marzo de 2000. Disponible en el sitio
web de FSF: http://www.fsforum.org. Ver también E. Ray
Canterbery, Wall Street Capitalism: The Theory of the Bondholding
Class, Singapore: World Scientific Publications, 2000. Ver también
Robin Broad, Unequal Alliance: The World Bank, the International
Monetary Fund & the Philippines, Berkeley: University of
California Press, 1988. Ver también Robert Wade & Frank
Veneroso, “The Asian Crisis: The High Debt Model Versus the
Wall Street-Treasury-IMF Complex,” New Left Review, marzo/abril
1998, número 228, pp. 3-24, y Robert Wade y Frank Veneroso,
“The Gathering World Slump and the Battle Over Capital
Controls,” New Left Review, número 231,
septiembre/octubre 1998, pp. 13-42.
15. Frances Fox Piven, The War
at Home: The Domestic Consequences of Bush's Militarism (Nueva York:
New Press, 2004).
16.
Mike Davis, Dead Cities, capítulo 13, pp. 239-273. Ver
también Los Angeles Times, "Images of Evacuees Spark a
Racial Debate," Thomas Alex Tizon, sábado, septiembre 3,
2005, p. A11. New York Times, "What Happens
to a Race Deferred," Jason DeParle, domingo, septiembre 4, 2005,
sección 4, pp. 1,4. New York Times, "A Delicate Balance
is Undone in a Flash, and a Battered City Waits," Peter
Applebome, Christopher Drew, Jere Longman y Andrew C. Revkin, pp.
A19, 22-23. El censo del 2000 indicó que la población
Afro-Americana asciende al 67.3%. Un artículo reciente del
Wall Street Journal, "New Architecture: As Gulf Prepares to
Rebuild, Tensions Mount Over Control," Jackie Calmes, Ann Carns
& Jeff D. Opdyke, jueves, septiembre 15, 2005, A1, 10, estima que
la población es "más del 75% Afro-Americana".
17.
Wall Street Journal, "New Architecture: As Gulf Prepares to
Rebuild, Tensions Mount Over Control," Jackie Calmes, Ann Carns
& Jeff D. Opdyke, jueves, septiembre 15, 2005, A1, 10.
18. New York Times, "The Storm Next Time," Nicholas D. Kristof, domingo, septiembre 11, 2005, p. A15. nytimes.com/opinion Ver también las referencias allí citadas: Kerry Emaneul, "Increasing Destructiveness of Tropical Cyclones Over the Past 30 Years," Nature, volumen 436/4, agosto 2005, pp. 686-688 (ftp://texmex.mit.edu/pub/emanuel/PAPERS/NATURE03906.pdf) . Ver también Kerry Emaneul, Divine Wind: A History & Science of Hurricanes (Oxford University Press, 2005). Pielke, Jr., R.A., C. Landsea, M. Mayfield, J. Laver & R. Pasch, en imprenta, 2005, diciembre, "Hurricanes & Global Warming, boletín de la American Meteorological Society (http://sciencepolicy.colorado.edu/admin/publication_files/resourse-1766-2005.36.pdf); Stefan Rahmstorf, Michael Mann, Rasmus Benestad, Gavin Schmidt, y William Connolley, "Hurricanes & Global Warming – Is There a Connection? 2, septiembre 2005. www.realclimate.org See also Arjun Makhijani & Kevin R. Gurney, Mending the Ozone Hole: Science, Technology, & Policy (Cambridge, MA: MIT Press, 1995). Sobre la economía política de los llamados desastres naturales, ver Mike Davis, Ecology of Fear: Los Angeles & the Imagination of Disaster, Nueva York: Metropolitan Books, 1998. Ver también Ted Steinberg, Acts of God: The Unnatural History of Natural Disaster in America, Oxford University Press, 2003.
19. Desde la década de 1950 hasta el presente los ingenieros han destruido unos 13.000 kilómetros de canales “en los pantanos en busca de petróleo y para el tránsito de barcos. Estos nuevos diques han tajado el humedal convirtiéndolo en un rompecabezas gigante, incrementando la erosión y permitiendo que grandes dosis de agua salada se filtren a los pantanos de agua dulce y salobre”. Según Bob Morton de la U.S. Geological Survey, la pérdida de humedales ocurrió más rápidamente durante los períodos pico de la producción de petróleo y gas en la década de 1970 y principios de los ’80, llevándolo a concluir que “la extracción de millones de barriles de petróleo y billones de metros cúbicos de gas natural y decenas de millones de barriles de agua salina que yacía junto con los depósitos de petróleo provocó un descenso de la presión subterránea –una teoría conocida como despresurización regional. Eso condujo a que las fallas subterráneas aledañas se deslizaran y que la tierra encima de ellas se hundiera. “Si metes un pitillo en una gaseosa y chupas, todo desciende”, explica Morton. “Esa es una imagen muy simplificada, pero te da una idea de lo que ocurre”” (National Geographic, "Gone with the Water," Joel K. Bourne, octubre, 2004 (http://www3.nationalgeographic.com/ngm/0410/feature5/).
20.
Mike Davis, Foro Público, "Disasters in the Aftermath of
Hurricane Katrina," Activist San Diego, septiembre 12, 2005, San
Diego, California. Mike Davis, "After the Deluge: Poor, Black
and Left Behind; Before Killer Katrina, There Was Ivan the Terrible,"
(http://www.laweekly.com/ink/05/42/after-davis.php) es un elocuente
enjuiciamiento los Demócratas y los Republicanos por igual,
por su incapacidad para evacuar a los negros pobres ante la
inminencia del huracán Iván, una artículo
suficientemente profético en vista de nuestra experiencia
reciente con el huracán Katrina. En pocas palabras, el
huracán Katrina era totalmente predecible, y las consecuencias
pronosticadas por los expertos –a pesar de la inacción—fueron
un hecho a menudo revelado tras la catástrofe. .Ver
también New York Times, "Restore the Marsh," Craig
E. Colten, p. A27. Ver también Craig E. Colten, An Unnatural
Metropolis: Wresting New Orleans from Nature, Louisiana State
University Press, 2004, y su volumen editado, Transforming New
Orleans and Its Environs: Centuries of Change. Ver también Ari
Kelman, A River & Its City: The Nature of Landscape in New
Orleans, University of California Press, 2003. Ver también
Richard Campanella, Time & Place in New Orleans: Past Geographies
in the Present Day, Pelican Publishing Company, 2002. Sobre el sesgo
geográfico en el gasto military, ver John H. Mollenkopf, The
Contested City, Princeton University Press, 1983; ver también
Mike Davis, Dead Cities, capítulo 13, "Who Killed L.A.?:
A Political Autopsy," pp. 239-274.
21. New York Times, "Storm
Overwhelmed Government's Preparations," Scott Shane & Eric
Lipton, viernes, septiembre 2, 2005, pp. A1, 14.
22. Los Angeles Times, "American Caesar," Rosa Brooks, sábado, septiembre 3, 2005, p. B15.
23.
Wall Street Journal, "Katrina Will Shape Military Debate: Army
Has Resisted Proposal for Guard Disaster Unites: Short of People,
Equipment," lunes, septiembre 12, 2005, Greg Jaffe, p. A 5.
Government Accountablity Office, An Integrated Plan is Needed to
Address Army Reserve Personnel & Equipment Shortages, julio 2005
http://www.gao.gov/new.items/d05660.pdf
24. New York Times,
"United States of Shame," Maureen Dowd, sábado,
septiembre 2, 2005, p. A29. New York Times, editorial, "The
Man-Made Disaster," viernes, septiembre 2, 2005, p. A22. Sobre
gastos anteriores en autopistas, ver Mike Davis, Dead Cities, p. 261.
25. New York Times, "Intricate Flood Protection Long a Focus of Dispute," Andrew C. Revkin & Christopher Drew, Thursday, septiembre 1, 2005, p. A14. Editor & Publisher, "Did New Orleans Catastrophe Have to Happen? 'Times-Picayune' Had Repeatedly Raised Federal Spending Issues,'" Will Bunch, agosto 31, 2005. http://www.mediainfo.com/eandp/news/article_display.jsp?vnu_content_id=1001051313 Otros estiman que los costos son mucho más altos, pero esto una vez más una cuestión de prioridades fiscales. La acción previa al huracán Katrina sin lugar a dudas hubiera salvado al menos muchas vidas y ahorrado decenas de miles de millones de dólares.
26. Wall Street Journal, "Overwhelmed: As U.S. Mobilizes Aid, Katrina Exposes Flaws in Preparation: Despite Warnings, Officials Say, There Wasn't Clear Plan for a New Orleans Disaster," Ann Carns y Chad Tehune en Atlanta, Kris Hudson en Baton Rouge, La., y Gary Fields en Washington, jueves, septiembre 1, 2005, pp. A1, 6.
27. Para conocer la muy diferente experiencia de Cuba, ver un estudio importante de Oxfam, Cuba: Weathering the Storm: Lessons in Risk Reduction in Cuba, 2004. http://www.oxfamamerica.org/newsandpublications/publications/research_reports/pdfs/cuba_hur_eng.pdf Ver también el importante trabajo de Amartya Sen, sobre democracia, desarrollo y militarización.
28. GAO, Disaster Management: Improving the Nation's Response to Catastrophic Disasters, julio 1993, p. 7. http://archive.gao.gov/t2pbat5/149631.pdf
29. Doug Bandow, "Federal Failure in New Orleans," CATO Institute, septiembre 8, 2005. http://www.cato.org/pub_display.php?pub_id=4638 La entrevista con Chertoff en la NPR está en http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=4828771 Sobre Brown, ver New York Times, "Director of FEMA Stripped of Role As Relief Leader: Decision Comes After Lawmakers Put Pressure on President," Richard W. Stevenson & Anne E. Kornblut, sábado, septiembre 10, 2005, pp. A 1, 11.
30. MSNBC Reports, "Katrina: What Went Wrong?" sábado, septiembre 17, 2005. Las fechas citadas provienen de este programa.
31. New York Times, "Director of FEMA Stripped of Role As Relief Leader: Decision Comes After Lawmakers Put Pressure on President," Richard W. Stevenson & Anne E. Kornblut, sábado, septiembre 10, 2005, pp. A 1, 11.
32. Wall Street Journal, "No-Bid Contracts Win Katrina Work: White House Uses Practices Criticized in Iraq Rebuilding for Hurricane-Related Jobs," Yochi J. Dreazen, lunes, septiembre 12, 2005, A3, 5.
33. Mike Davis, Dead Cities, especialmente capítulo 13. Ver también New York Times, "From Margins of Society to Center of the Tragedy," viernes, septiembre 2, 2005, A1, 19. P.W. Singer, Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry, Ithaca: Cornell University Press, 2003. Peter Gowan, The Global Gamble: Washington’s Faustian Bid for World Dominance, Nueva York: Verso, 1999. Peter Gowan, "The New American Century?," The Spokesman, 76, 2002, pp. 5-22.
34. Wall Street Journal, "Katrina Erodes Support in U.S. for Iraq War: Bush's Ratings as Crisis Manager Declines in Poll as Pessimism About the Economy Grows," John Harwood, jueves, septiembre 15, 2005, p. A4.
35. http://www.unitedforpeace.org/article.php?id=3094
36. W.E.B. Du Bois, Black Reconstruction in America: An Essay Toward a History of the Part Which Black Folk Played in the Attempt to Reconstruct Democracy in America, 1860-1880, Nueva York: Atheneum, 1969. Publicado por vez primera en 1935. Eric Foner, Reconstruction: America's Unfinished Revolution: 1863-1877, Nueva York: Harper & Row, 1988. Ver también Mike Davis, Prisoners of the American Dream: Politics and Economy in the History of the US Working Class, Nueva York: Verso, 1986.
37. New York Times, "Bush Rules Out Raising Taxes for Gulf Relief," David E. Sanger & Edmund L. Andrews, sábado, septiembre 17, 2005, pp. A1, 10. New York Times, "Not the New Deal," Paul Krugman, viernes, septiembre 16, 2005, p. A27. Ver también New York Times, "Message: I Care About Black People," Frank Rich, domingo, septiembre 18, 2005, p. A12.
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Traducción: Alicia Porrini y Alberto Villarreal (comercioredes@gmail.com) para
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