ENFOQUE SOBRE COMERCIO

No. 126, Enero 2007



2007 marca el décimo aniversario de la crisis financiera asiática –una crisis que en muchas formas marcó el comienzo del fin del Consenso de Washington. En esta edición de Enfoque sobre Comercio, la primero del año, Chanida Chanyapate y Jacques-Chai Chomthongdi analizan el reciente (y lamentablemente fallido) intento del gobierno tailandés de imponer controles al capital especulativo. Sin embargo, a pesar del contraataque del mercado, Chanyapate y Chomthongdi argumentan que Tailandia está lista para políticas económicas alternativas que representen un cambio real respecto al hiper-capitalismo de los últimos diez años. También en este número, el incisivo analista de las IFI Robin Broad describe cómo las investigaciones que realiza el Banco Mundial sirven de soporte a la ideología neo-liberal, privilegiando a las personas cuyos trabajos de investigación “sintonizan” con el paradigma dominante, y Walden Bello comienza el año contando los clavos del ataúd de la globalización.



EN ESTA EDICIÓN:


EL MERCADO MANDA, ¿OK?

Chanida Chanyapate y Jacques-Chai Chomthongdi


INVESTIGACIÓN, CONOCIMIENTO Y EL ARTE DEL “MANTENIMIENTO DEL PARADIGMA”
Robin Broad


LA GLOBALIZACIÓN EN RETIRADA

Walden Bello



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También puedes descargar el original en inglés, Focus on Trade, directamente en:

http://www.focusweb.org/focus-on-trade-number-126-january-2007.html


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EL MERCADO MANDA, ¿OK?

por Chanida Chanyapate y Jacques-Chai Chomthongdi*



Poco después del golpe militar de septiembre que derrocó al primer ministro multimillonario Thaksin Shinawatra, el gobierno designado por los militares anunció su intención de desarrollar una estrategia económica nacional apodada “economía de suficiencia”. Este concepto fue primero propuesto por el Rey Bumiphol de Tailandia en un discurso que marcó un hito en diciembre de 1997, sólo seis meses después del comienzo de la catastrófica crisis financiera asiática. Fue un intento de establecer un nuevo rumbo económico para Tailandia, rompiendo con las políticas anteriores de hiper-crecimiento e hiper-ganancias.(1) En los años siguientes, ningún gobierno tomó en serio la idea –y ciertamente no lo hizo Thaksin cuya principal arma económica fue inundar los poblados con dinero para aumentar el poder adquisitivo, mientras consolidaba sus propios intereses financieros en la cumbre. Los “golpistas” promueven ahora la economía de suficiencia no sólo como una señal de su rechazo a Thaksin, sino quizá como un intento sincero de remediar las desigualdades y el daño generados por el sistema actual. Sin embargo, como lo muestran los últimos eventos, cualquier intento del gobierno de afirmar su independencia económica será severamente atacado por los mercados. Chanida Chanyapate y Jacques-Chai Chomthongdi nos cuentan la historia:


El día en que el índice de la Bolsa de Valores de Tailandia (SET por sus siglas en inglés) sufrió la mayor caída en sus treinta años de existencia, fue tema de tapa de la prensa mundial; por cierto, puede haber ocupado más tiempo en el aire y espacio de los diarios que el golpe militar de perpetrado tres meses antes. Los analistas, sin embargo, se apresuraron a establecer un vínculo entre los dos eventos y el veredicto común fue que el nuevo gobierno designado había cometido un error imperdonable. Cuando la fuerte medida de control de los capitales que determinó la caída del mercado en un 19,5% el 19 de diciembre de 2006 fue levantada de un día para el otro para salvar a los inversionistas de la bolsa, desapareció para siempre todo vestigio de credibilidad del gobierno debido al carácter improvisado de sus políticas.


Sin embargo, el común de la gente en Tailandia – más del 99% de la población que nunca ha sido dueña directa de ninguna acción de la bolsa – escasamente sabía qué estaba sucediendo y no puede más que preguntarse por qué tanto alboroto.

La explicación del Banco de Tailandia sobre la necesidad de aplicar controles a los capitales parece suficientemente simple para que la entienda cualquiera: el baht, la moneda tailandesa, se había apreciado casi un 15% respecto del dólar americano a lo largo del 2006, un aumento más pronunciado que el de las monedas de otras economías menores del Asia con grado similar de apertura económica. Además, el ingreso de flujos de capital durante la primera semana de diciembre se triplicó repentinamente respecto del promedio semanal, generando serias sospechas de especulación monetaria. La mayoría de los economistas concordó que se justificaba algún tipo de intervención de manos del Banco Central.


La nueva medida exigía que el 30% de cualquier transferencia de capital de más de US$ 20.000 que ingresara al país fuese retenida en reserva por un período de un año, con una multa del 10% en caso de un retiro anticipado. Esta era decididamente una medida estricta. Se suponía que serviría para eliminar las indeseables “inversiones” especulativas de corto plazo, y el hecho que el índice de la Bolsa de Valores de Tailandia perdiera 15% de su valor en un día (recuperándose ligeramente de la caída de 19,5%) –con los inversionistas extranjeros figurando como los vendedores netos—debería haber sido prueba suficiente de dónde provenía el capital especulativo. De modo que si la medida tenía al menos el efecto deseado de dejar a la vista la amenaza, ¿por qué dio inmediatamente marcha atrás el Banco de Tailandia liberando de toda obligación y responsabilidad a estos especuladores del mercado de valores?


Y si –como salta a la vista—las empresas que cotizan en la bolsa no podrían haber cambiado sustancialmente en un solo día y la mayoría de los analistas había estado afirmando que las perspectivas económicas de largo plazo seguían siendo buenas, ¿por qué habría el gobierno de preocuparse tanto por pacificar la “reacción desmedida” de los inversionistas y la “mentalidad de manada” del capital mundial, hasta el punto de poner en riesgo su propia credibilidad en la ejecución de un deber tan importante como es mantener la estabilidad financiera?


El Banco de Tailandia (BoT) fue, según los titulares del Bangkok Post, “impenitente” sobre la necesidad de establecer controles para el capital, al tiempo que de todas partes le llovían críticas por su audacia de enfrentarse al mercado. El banquero inversionista transformado en político, Korn Chatikavanij, habló de un “monumental error de juicio” (Financial Times, 21 de diciembre de 2006) y observó que la medida es “reflejo de la desventaja de tener un gobierno tecnocrático, que no tiene una comprensión cabal de las realidades del mundo y de cómo funciona el mercado” (Bangkok Post, 21 de diciembre de 2006). El académico Thitinan Pongsudhirak también hizo declaraciones en el mismo sentido, quejándose de que “el gobierno ha perdido el rumbo” (International Herald Tribune, 21 de diciembre de 2006).


Aunque los comentaristas atacaron la medida, la Directora del BoT Tarisa Watanagase probablemente reflejó mejor a la opinión pública al preguntar “¿No queremos acaso que los especuladores se retiren del mercado?”(2)



Los problemas de gobernanza

Aunque la respuesta rápida del Vice Primer Ministro y Ministro de Economía M.R. Pridiyathorn Devakula eximiendo a los inversionistas del mercado de valores de la medida de control indujo efectivamente a un alza de las acciones en el mercado al día siguiente, surgieron dudas sobre la justificación de esa marcha atrás.


El propio M.R. Pridiyathorn, que fuera Director del BoT antes de sumarse al gobierno designado por los golpistas, enfatizó reiteradamente que proteger las exportaciones del país, que representan prácticamente el 65% del PBI y emplean una buena cantidad de mano de obra, superaba el impacto adverso de la medida en los mercados de capital, que son fundamentalmente de valores en títulos. No obstante, que la decisión de dar marcha atrás se anunciara como el consenso de una consulta entre el Ministro de Economía y Finanzas, la Comisión de Divisas y Valores, representantes de bancos comerciales tailandeses y extranjeros y compañías de valores privadas y “reconocidos inversionistas”, dejó en evidencia su sesgo proclive a los intereses del capital. Sin duda, todos los bancos y compañías privados consultados eran accionistas de las aproximadamente 500 compañías que cotizan en la bolsa, aunque representan nada más que un 0,2% del total de compañías registradas en el país.


La actual directora del BoT insistió en que “el banco central no puede involucrarse en política. Todo lo que hacemos debe poder explicarse”. Sin embargo, la decisión de dejar que los inversionistas del mercado siguieran actuando como de costumbre nunca ha sido explicada con claridad, salvo por la necesidad de calmar al mercado. Pero cualquiera sea la explicación, indudablemente muchos inversionistas hicieron sus pingües ganancias con el cambio repentino después que se revocaron los controles.


Comparado con el mercado de bonos, el mercado de acciones registra transacciones diarias y valores muchos más altos. Los inversionistas extranjeros representan un tercio del valor de las transacciones diarias y su participación es determinante de las oscilaciones del mercado. El hecho que el índice SET registrara una recuperación del 11% el día que se levantaron los controles y que el baht haya recobrado casi totalmente su fortaleza dos semanas después, demuestra que los especuladores siguen jugando con el mercado y que los controles de capital probablemente no surtan mayor efecto si se excluyen las transacciones de la bolsa de valores.


Una cosa resulta clara de esta debacle: con la expansión de los mercados de capital –tales como los mercados de bonos y futuros—y como parte de la reforma del sector financiero prescrita por el FMI y el Banco Mundial tras la crisis de 1997, las empresas administradoras de fondos han aumentado su influencia en la economía tailandesa a tal punto que sus decisiones y deseos pesan más que las decisiones del BoT.(3)



El contexto general

A pesar de la reacción contraria a la medida, los tecnócratas del BoT tenían todo el derecho a inquietarse ante lo que consideraron una apreciación muy pronunciada e injustificada del baht. Los especuladores monetarios ya los habían castigado duramente antes, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 1997 y las reservas extranjeras se agotaron en un intento por apuntalar el baht. El BoT fue directamente responsabilizado por la crisis de la balanza de pagos que se produjo como consecuencia, y también por no reconocer las señales del inminente sobrecalentamiento de la economía debido a sus políticas de mantenimiento de altas tasas de interés y una tasa fija de cambio dólar-baht.


Como resultado de la crisis financiera, hubo un amplio reconocimiento entre los tecnócratas de que el comportamiento de manada de los inversionistas de corto plazo había incrementado los riesgos de volatilidad y desplome de los mercados financieros, en particular en los mercados emergentes como Tailandia. El análisis posterior a la crisis financiera demostró que el 95% de las transacciones en moneda extranjera en el mundo son de corto plazo, lo que significa que la inversión en la producción real y el comercio de bienes y servicios representa menos del 5% de las operaciones en divisas. En realidad, la gran mayoría de las transacciones de corto plazo son especulativas por naturaleza, ya que su objetivo es obtener ganancias rápidas y abundantes apostando a los movimientos del mercado, ya sea de bonos, acciones, futuros o divisas. Lo que resulta atemorizante es que a diferencia de los inversionistas a largo plazo en el sector real, a los inversionistas especulativos les resultan rentables las fluctuaciones del mercado, no la estabilidad.


Tras las crisis financieras asiática (1997) y argentina (2001), en las Naciones Unidas –e incluso dentro de las propias instituciones financieras internacionales que por lo general predican la liberalización de los mercados financieros—hubo llamados a la creación de una nueva arquitectura financiera. Los controles de capitales que habían puesto en práctica Chile y Malasia fueron estudiados y tomados en cuenta. No es casual que el esfuerzo del BoT sea semejante a la medida aplicada por Chile, que permitió efectivamente que este país andino saliera mayormente indemne de la turbulencia de la década de 1990 mientras toda la región se veía afectada por las crisis de México, Brasil y Argentina.


No obstante, el entusiasmo por una nueva arquitectura duró poco ya que prevaleció la creencia de que la liberalización financiera es la manera más eficiente de distribuir el capital de inversión por todo el mundo. Como era previsible, fueron los países desarrollados donde se concentra el capital mundial, los que ganaron este debate. El ‘comportamiento de manada’ de los administradores de fondos fue adjudicada a la falta de información dentro de los propios mercados emergentes. El FMI y el Banco Mundial publicaron algunos códigos voluntarios de buenas prácticas de parte de los gobiernos y los bancos centrales de los países en desarrollo, incluyendo cosas tales como la transparencia en las políticas monetarias y fiscales, la supervisión de la actividad bancaria, la regulación de los valores y el concepto cura-lo-todo de la gobernanza corporativa. Sin embargo, no se prescribió la publicación de la información sobre las colocaciones a corto plazo de las grandes firmas de inversiones; se asumía que con una mayor “transparencia”, las mismas sabrían cómo actuar debidamente. Más allá de eso, cada país queda librado a merced del mercado.


Es así como se afirma el predominio del capital financiero mundial. Titulares recientes de noticieros internacionales de negocios anunciaban que en 2006 se los bancos de Wall Street registraron un record mundial de emisión de bonos de deuda de los mercados emergentes. Un gerente del Citigroup explicó simplemente que “hay mucho dinero circulando en el sistema buscando rendimientos e inversiones”. (Bangkok Post, 4 de enero de 2007). Andy Xie, un economista independiente que reside en Hong Kong, hizo eco de las palabras de la Directora General del BoT casi literalmente cuando dijo que los países pequeños tienen un problema enorme ahora porque “los mercados financieros han crecido tanto que una moneda como el baht es tan pequeña que el mercado puede hacer lo que quiera con ella cuando se le antoje”. (Bangkok Post, 25 de diciembre de 2006).


Al mismo tiempo, Estados Unidos ha asumido el liderazgo del desmantelamiento de los controles de capital, utilizando a tal efecto las disposiciones sobre inversiones incluidas en sus acuerdos de comercio bilaterales. El capítulo de inversiones del TLC entre Singapur y Estados Unidos establece que “debe permitirse que todas las transferencias relativas a una inversión contemplada [por este acuerdo] puedan realizarse libremente y sin demoras desde y hacia el territorio de cada una de las partes”. El acuerdo firmado entre Estados Unidos y Chile prácticamente prohíbe el tipo de controles de capital que Chile había utilizado anteriormente. Los bancos centrales de los países en desarrollo cada vez tienen menos opciones a su disposición si quieren mantenerse en buenos términos con los mercados estadounidenses. El BoT es muy consciente de esto; por eso se rehusó de plano a incluir la liberalización de las inversiones a corto plazo en las negociaciones del TLC entre Tailandia y Estados Unidos. Este tema se transformó en uno de los más espinosos, y contribuyó al estancamiento primero y finalmente a la suspensión de las negociaciones.



¿Y ahora qué?

Una de las medidas para promover la estabilidad de la tasa cambiaria, el impuesto a las transacciones monetarias (conocido como “tasa Tobin” o CTT por sus siglas en inglés) que fuera propuesto hace tres décadas por el Premio Nobel James Tobin, fue objeto de gran atención tras la crisis financiera asiática. Grupos de la sociedad civil de Europa y América del Norte han realizado desde entonces exitosas campañas para que se incluya la “tasa Tobin” en la agenda legislativa en Francia, Bélgica y Canadá. El Banco Central de Brasil ya grava unilateralmente las operaciones en su propia moneda, el real.


En Tailandia, grupos de la sociedad civil y académicos progresistas también le habían planteado la propuesta de este impuesto a los formuladores de políticas del BoT, pero éstos estaban demasiado preocupados por la fuga de capitales en ese momento como para tomar en cuenta ninguna otra medida más que aquellas que pudieran atraerlos en lugar que desalentarlos a ingresar. La situación ahora está madura para una nueva reflexión. La tasa Tobin es una medida disuasiva de largo plazo y bajo costo contra la especulación monetaria. Existen diversos modelos, pero el más simple es un impuesto muy bajo -- una milésima de un punto porcentual -- sobre cada transacción. Otro modelo más sofisticado, que apunta a reducir la volatilidad, opera con base en una tasa baja que se multiplica en gran medida cuando una moneda supera o cae por debajo de una determinada banda de fluctuación predeterminada. A diferencia de las inversiones en el mercado de valores, con las que el Estado no recauda nada, el público se puede beneficiar de un aumento en los ingresos del Estado a raíz de este impuesto a las transacciones monetarias, que castiga al mismo tiempo a los inversionistas que compran y venden bahts para especular. Cuanto más frecuentes son los cambios de divisa, más tienen que pagar los inversionistas a corto plazo.


Cuando todo volvió a la normalidad, quedó claro que el reciente y audaz intento del Banco de Tailandia de indicarle al mundo que Tailandia prefiere solamente inversiones de capital a más largo plazo para evitar la volatilidad del mercado, fue atacado y derrotado por el propio mercado volátil. También se hizo evidente que quien encabeza el mercado financiero es el voluminoso capital mundial, que crece a gran velocidad y se halla cada vez más disociado de los fundamentos reales del sector productivo de la economía en todo el mundo. Para lograr controles efectivos sobre el capital, el gobierno necesita algo más que tecnócratas competentes, necesita voluntad política y coraje para llevarlos a cabo. Además, para que el concepto de economía de suficiencia fructifique, es obvio que Tailandia deberá reducir su dependencia de la inversión extranjera y establecer una estrategia económica más autónoma. Es incierto que éste u otro gobierno futuro tenga el coraje de enfrentarse al mercado, a juzgar por la velocidad con la que se retractaron en este primer encuentro.


* Chanida Chanyapate es subdirectora de Focus on the Global South y Jacques-Chai Chomthongdi es investigador asociado de esta institución.



Notas
(1)
Aunque el concepto de una “economía de suficiencia” ha capturado la imaginación de muchos sectores de la sociedad tailandesa, todavía no está muy claro qué significa en la práctica. No obstante, la idea central de que la sociedad debe crecer y producir para lograr un nivel de “suficiencia” y no de “exceso” (que está implícito en el modelo capitalista de acumulación) señala una ruptura filosófica fundamental respecto del actual sistema neoliberal capitalista, de consumo masivo y crecimiento ilimitado.


(2) Resulta particularmente interesante que la mayoría de los cargos directivos del Banco de Tailandia están ocupados por mujeres, inclusive el de Directora General que ocupa la Sra. Tarisa Watanagase. En un comentario que pone de manifiesto el tinte machista de toda esta historia, Thitinan Pongsudhirak escribió en el Bangkok Post (27 de diciembre de 2006) que “el problema de la Sra. Tarisa ... es su poca talla y falta de carácter... Si MR Pridyathorn hubiese estado al mando del BoT, o incluso su antecesor MR Chatamongkol Sonakul, sus posturas y señales podrían haber tenido el efecto deseado respecto de la medida adoptada”. Cabe destacar asimismo que “MR” indica un título de la realeza, algo que también le falta a la Sra. Tarisa.


(3) A diferencia de 1997, el FMI mantuvo un perfil muy bajo durante la crisis de los controles de capital, apareciendo solamente una vez en el diario como comentarista junto con Moody’s, UBS y otro analista de valores local. “Las medidas fueron demasiado fuertes y de gran envergadura, y el desmantelamiento de los nuevos controles ha sido bienvenido” fue la declaración además de algunas palabras de aliento: “Los cimientos subyacentes de la economía de Tailandia siguen siendo sólidos y creemos que seguirá creciendo y resistirá el embate de las turbulencias del mercado financiero”. (Bangkok Post, 21 de diciembre de 2006).


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INVESTIGACIÓN, CONOCIMIENTO Y EL ARTE DEL “MANTENIMIENTO DEL PARADIGMA”*
por Robin Broad**


Para sorpresa de la mayoría de quienes trabajan en los temas del Banco Mundial, esta institución no solamente es el principal prestamista de dinero público en el mundo. También es el mayor organismo de investigación sobre desarrollo, que se concentra en la Vicepresidencia de Economía del Desarrollo (DEC por sus siglas en inglés) (1). El DEC es importante ya que sirve como departamento de investigación para otras agencias de asistencia bilateral y otros bancos de desarrollo multilaterales, los que a menudo siguen el rumbo que fija el Banco. Lo mismo sucede con la Organización Mundial del Comercio que, según un documento interno del Banco “recurre al Banco para acceder a análisis sobre las políticas de integración comercial”. Las investigaciones del Banco son consultadas por los elaboradores de políticas en todo el mundo. En el ámbito académico asimismo, los cursos relevantes a menudo se basan en gran medida en los documentos de investigación del Banco. En pocas palabras, el DEC es la usina de investigación del mundo del desarrollo.


Al Banco le gusta sostener que el DEC representa la crème de la crème de la investigación sobre el desarrollo y que los gobiernos y los investigadores deben verlo como un “banco de conocimiento” imparcial sobre el desarrollo, que realiza investigaciones rigurosas e independientes. Después de un análisis cuidadoso del DEC (que incluye un par de decenas de entrevistas con funcionarios actuales y pasados del banco), he llegado a una conclusión diferente: a través de sus investigaciones, el Banco Mundial ha jugado un papel crucial en la legitimación del paradigma neoliberal del libre mercado a lo largo del último cuarto de siglo, y su departamento de investigación ha sido vital en ese protagonismo. Los activistas que trabajan en los temas del Banco Mundial, de la misma forma en que exploran qué partes del Banco deben ser eliminadas o reformadas, deben también estudiar atentamente al departamento de investigación del Banco, al igual que a su departamento de asuntos externos que difunde ampliamente esas investigaciones que distan mucho de ser objetivas.


El trabajo de David Dollar, quien es quizá el investigador del Banco Mundial más conocido, ejemplifica el papel de “mantenimiento del paradigma” (un término que tomamos prestado de Robert Wade con gratitud) (2). Para muchos en los medios, la academia y los círculos de elaboradores de políticas, el trabajo de Dollar sobre comercio y crecimiento económico ha transformado en un “hecho” empíricamente probado y ampliamente citado que los “globalizadores” – los países casados con el Consenso de Washington, especialmente en lo referente a la liberalización del comercio- experimentan tasas de crecimiento económico superiores a las de los “no-globalizadores”. Dollar y un coautor lo expresaban así en un artículo de 2002 en Foreign Affairs: “la apertura al comercio y la inversión extranjera, conjuntamente con las reformas complementarias, conducen en general a un crecimiento más rápido”.


¿Cómo adquirió la obra de Dollar tanta prominencia? ¿Por qué el trabajo de los investigadores del DEC del Banco que apoyan la agenda de prioridades de la política neoliberal es foco de atención generalizada? Descubrí un conjunto de seis procesos y mecanismos interrelacionados a través de los cuales el DEC, en algunos momentos con la colaboración de otros departamentos del Banco, lleva adelante su papel de mantenimiento del paradigma, privilegiando a individuos y trabajos que tienen sintonía con esa ideología. Estas estructuras se refuerzan mutualmente e incluyen una serie de incentivos –que aumentan la posibilidad de que una persona sea contratada, avance en su carrera, llegue a ser publicada o sea promovida por el departamento de asuntos externos del Banco, y en general, que sea evaluada positivamente. Y también incluye la aplicación selectiva de las reglas, el desaliento del discurso disonante, e incluso la manipulación de datos para que encuadren en el paradigma. Como lo demuestra el artículo, este sistema de incentivos o recompensas, en general, no es declarado, incluso puede ser negado en los procedimientos formales y establecidos y, como tal, funciona como una ley “oculta”. Esto ocurre de manera tal que socava el debate y matiza las conclusiones de las investigaciones, alentando en cambio la confirmación de las hipótesis neoliberales presentadas a priori. (3)


Aquí compilamos brevemente los seis grupos de mecanismos (salvo en los casos en que se indica lo contrario, las citas corresponden a mis entrevistas):


1. Contratación

Las estructuras a través de las cuales se otorgan estos incentivos son múltiples, y comienzan con la parcialidad en las contrataciones. Si se mira los países de origen y la nacionalidad de los funcionarios, se puede llegar a la conclusión superficial de que su personal se caracteriza por ser internacional y diverso, pero la verdad es que el Banco está muy lejos de ser diverso. El personal del Banco está compuesto en su abrumadora mayoría por Doctores en Economía. Las fronteras mismas de las disciplinas representan por sí solas límites intelectuales, y definen las preguntas y los métodos aceptables. El DEC alberga menos que un puñado de científicos sociales que no sean economistas.


Mostrando una concentración del pensamiento aún mayor, son los departamentos de economía de universidades estadounidenses y del Reino Unido los que han formado a la mayoría de los doctores en economía que trabajan en el DEC.


De igual manera, la escala generosa de remuneraciones y beneficios que otorga el Banco son parte de esa estructura de incentivos. Esto es lo que un ex-economista del banco denominó “las esposas doradas”. Aunque el Banco sostiene que esa generosidad es necesaria para atraer a los mejores funcionarios, lo que en realidad hace es limitar el disenso al aumentar los “costos de oportunidad” de cualquier disidencia.


2. Ascensos

Hay diversas maneras a través de las cuales los incentivos de ascenso contribuyen a darle forma al trabajo en pos del “mantenimiento del paradigma”. La meta general de cualquier investigador que quiera hacer carrera en el Banco es lograr, después de cinco años, su “regularización”: el equivalente dentro del Banco a la efectividad en un cargo académico. Para lograrlo, existen revisiones anuales. Gilbert et al. (2000) indican que “la mayoría de los empleados del Banco tiene contratos de corto plazo. Hay suficiente evidencia anecdótica de que esto desincentiva el pensamiento creativo y fomenta en cambio el desempeño en función de la carrera profesional”. (4)


Para obtener buenas revisiones, los profesionales del DEC deben publicar trabajos, idealmente en publicaciones tanto internas del Banco como externas, especialmente en revistas académicas. Las revisiones también analizan la influencia del investigador del DEC sobre las operaciones y políticas del Banco. El Banco ha establecido estructuras formales para intentar asegurar la transferencia del “conocimiento” de las investigaciones a las operaciones. Es particularmente notable que los investigadores deban dedicar un tercio de su tiempo a lo que se denomina “apoyo cruzado” o “cross-support” operativo. Al diseñar un programa de trabajo, el investigador está consciente de que ella o él necesitarán contar con “marketing” para una tercera parte de su tiempo, ya que en los hechos es un “agente independiente”. Al decir de un economista con un alto cargo en el DEC, si pensamos en las características de un investigador del DEC con capacidad de “marketing”, en las operaciones se busca gente de alto perfil y con “sintonía”. Parafraseando, podríamos decir que, si usted está trabaja en la parte operativa y está buscando comprar el tiempo de un investigador, buscará sumar a alguien que probablemente aumente las posibilidades de aprobación de su proyecto. “Usted busca a alguien como Dollar”, declara abiertamente un entrevistado sin que se lo provoque. A la inversa, un economista investigador no neoliberal se pregunta en forma retórica “¿por qué habrían de quererme a mí en la parte operativa?”.


3. Aplicación selectiva de las reglas

La parcialidad paradigmática del DEC también se refleja en el proceso de revisión de las investigaciones en curso para su publicación. El Banco gusta decir que existe una revisión externa, uniforme y objetiva, pero no es ésa la percepción que tienen los propios investigadores. Si bien existen reglas escritas con requerimientos específicos (que la autora no ha visto aún, a pesar de repetidos intentos), la evidencia sugiere y las entrevistas confirman que las revisiones de la investigación, los manuscritos y las personas se realizan de manera “selectiva”.


La mayoría de los entrevistados para este artículo plantearon que una investigación crítica del modelo neoliberal o que abra la puerta a alternativas (es decir la que no tiene la necesaria “sintonía”) probablemente sufra una revisión externa más estricta y/o sea rechazada. El proceso de revisión, según un profesional que trabajaba antes para el Banco, “depende de qué documento se trate y quién sea el autor. Si se trata de un respetado economista neoclásico, entonces [la aprobación] sólo requiere de un visto bueno, el del jefe. Si es crítica, entonces debe atravesar por una serie interminable de revisiones hasta que finalmente el autor se dé por vencido”.


4. Desaliento al discurso disonante

En 1996, el entonces presidente del Banco, James Wolfensohn, lanzó la iniciativa para magnificar la investigación y el rol de difusión del Banco transformándolo de lo que se daba en llamar “banco prestamista” en “banco de conocimiento”. Se suponía que el Banco Mundial era un lugar donde todas las opiniones, todas las ideas, todos los datos empíricos sobre el desarrollo estarían disponibles para el mundo.


El DEC demuestra el terrible fracaso del Banco en este aspecto. El disenso se permite en los temas más marginales, pero rara vez en torno a los preceptos centrales del modelo neoliberal. ¿Cómo funciona el desaliento al disenso?


Los comentarios de corredor son parte de la respuesta. En numerosas ocasiones cuando la autora del presente les preguntó a los funcionarios del Banco sobre alguien cuyo trabajo concitó disenso, la respuesta fue invariablemente que esa persona era “idiosincrásica” o “iconoclasta” o “rebelde”. En otras palabras, las personas que no proyectan el paradigma del Banco son disminuidas o condenadas al ostracismo o consideradas “inadaptados”. El ex funcionario del DEC David Ellerman describió al Banco como “una organización en la cual el debate abierto no forma parte importante de su cultura”. (5)


Dicha falta de apertura al disenso es mucho más preocupante en el contexto de la rápida evolución del debate sobre el desarrollo que ha tenido lugar tras la crisis asiática y pos-Seattle. A partir del final de la década de 1990, con el advenimiento de un ola mundial contraria al modelo neoliberal, se ha desarrollado –fuera del Banco- un debate muy vibrante sobre la globalización económica neoliberal, tanto en el plano teórico como de las políticas, en la medida en que ha crecido la evidencia de sus impactos negativos sobre el desarrollo económico, ambiental y social. Durante este período, los proyectos y los préstamos basados en las políticas del Banco han sido objeto de fuertes ataques por contribuir a estos impactos negativos. No obstante, el Banco ha conseguido seguir funcionando relativamente libre de controles en su trabajo de investigación.


Tomemos por caso el trabajo de Dollar. Ha habido una crítica externa generalizada a la metodología de Dollar, de manos de economistas no doctrinarios ajenos al Banco –entre ellos el economista de Harvard Dani Rodrik, el director/economista del Center for Economic and Policy Research, Mark Weisbrot, Robert Wade de la London School of Economics, o el profesor de Cornell (ex profesional del Banco) Ravi Kanbur, y otros (incluida la autora del presente). Rodrik por ejemplo, llega a una conclusión opuesta a la de Dollar. “La evidencia de la década de 1990 indica una relación positiva (pero estadísticamente insignificante) entre los aranceles y el crecimiento económico”. (6)

Sin embargo, el Banco continúa promoviendo el trabajo de Dollar como un hecho indiscutible. “El punto” explica un economista del DEC, “es que se alienta un determinado tipo de investigación, se sabe qué tipo es y entonces eso es lo que se produce, en tanto que otro tipo de investigación recibe escasa consideración”.


5. Manipulación de datos

¿Qué hace el Banco si los datos o la investigación no apoyan la hipótesis neoliberal? Existen pruebas inquietantes de que el Banco elabora, e incluso manipula, los resúmenes ejecutivos y los comunicados de prensa de los informes, de manera tal que éstos refuercen el paradigma neoliberal. Está el caso, por ejemplo, de un informe del Banco de más de 350 páginas publicado en 2003 y titulado “Lessons from NAFTA for Latin American and Caribbean Countries” (Lecciones del TLCAN para los países de América Latina y el Caribe) cuyo resumen ejecutivo fue tan bien armado que ya no engrana con el texto del informe. El resumen afirma que “los salarios reales [en México] se recuperaron rápidamente del colapso de 1995”. Sin embargo, el texto mismo no apoya esta conclusión, según lo descubrió la investigadora Sarah Anderson al leer el texto cuidadosamente: “La Tabla 1 del resumen muestra que los salarios reales en moneda local y en dólares han caido desde 1994... El Diagrama 4 en el cuerpo central del informe muestra que los salarios reales de México en relación con los de Estados Unidos también están por debajo de sus niveles en 1994”.


Anderson le escribió al coautor del informe Daniel Lederman preguntándole cómo la caída de los salarios reales en el período 1994-2001 registrada en la tabla podría haberse resumido como un retorno a un nivel “a groso modo igual” al de 1994. Lederman le respondió que las tendencias de los salarios eran complicadas, y que por eso se había optado por un resumen que “fuese vago”. Tal y como Anderson le contestó, “decir que los salarios han vuelto a los niveles de 1994 cuando no ha sido así no es simplemente “vago” sino inexacto”.


Sin embargo, Anderson parece haber sido una de las pocas personas que leyó el informe con suficiente atención para notar esta grave discrepancia o “falsedad” (como ella lo denomina con exactitud). De hecho, el Washington Post publicó en 2004 un largo editorial sobre el éxito del TLCAN, basado en parte en el informe del Banco Mundial. Increíblemente, el editorial castigaba a los críticos del TLCAN por decir que el crecimiento del salario ha sido “insignificante” en vez de notar que los “niveles salariales que se equiparan a los existentes antes de la crisis del peso representan un logro”. En otras palabras, el Banco parece entender y jugar con el hecho que la mayoría de las personas, incluida la mayoría de los periodistas, leerán solamente el comunicado de prensa y el resumen. En este caso, el Banco se las ingenió para engañar a un diario muy importante cuyas editoriales son leídas y usadas por los principales elaboradores de políticas, en un tema significativo y potencialmente propicio para el debate y la reforma política.


6. Difusión externa

Mi investigación también concluyó que el departamento de asuntos externos del Banco funciona como proyector del rol del DEC de “mantenimiento del paradigma”. Dollar, por ejemplo, no tuvo solamente el apoyo del DEC. El departamento de asuntos externos del Banco se adelantó a publicar su trabajo; es en asuntos externos donde está el “dinero, los contactos con los medios y un poder increíble” para difundir a un autor por todo el mundo.

La creciente robustez de ‘asuntos externos’ data de los primeros años de Wolfensohn bajo el liderazgo de Mark Malloch Brown (1994-99). En el Segundo mandato de Wolfensohn, el presupuesto de asuntos externos remontó vuelo. Para 2004-2005, el presupuesto del Departamento era comparable al presupuesto anual total de la Heritage Foundation, un centro de estudios estratégicos estadounidense de derechas.


Conclusión
Estos seis conjuntos de incentivos plantean preguntas importantes sobre el propio argumento del Banco que dice que produce trabajo de la mayor calidad e integridad. Mi investigación ciertamente debería provocar alarma sobre la perspectiva de seguir concentrando y fortaleciendo al Banco Mundial en este papel de productor y difusor de conocimiento.


En realidad mi investigación sugiere exactamente lo contrario. Este momento de crisis de identidad dentro del Banco es una buena oportunidad para cuestionar el “mantenimiento del paradigma” y repensar radicalmente la investigación –producción y divulgación del conocimiento- en el Banco Mundial. Mi investigación acerca de una parte del Banco que ha sido asombrosamente inexplorada desde afuera del Banco, también abre la puerta a pensar en nuevos campos para el activismo en los temas del Banco. ¿Realmente necesita el Banco un departamento de investigación parcializado? ¿Realmente necesita un departamento de asuntos externos para apañar la investigación que refuerce este modelo neoliberal tan desacreditado? Los gobiernos y las fundaciones privadas que sostienen la investigación y publicidad del Banco Mundial deberían más bien apoyar a instituciones de investigación independiente que estimulen un debate más diverso sobre el desarrollo.



*Este artículo fue adaptado y condensado con permiso de la autora, Robin Broad, “"Research, Knowledge, and the Art of 'Paradigm Maintenance': The
World Bank's Development Economics Vice-Presidency (DEC), Review of International Political Economy 13:3 (Agosto 2006): 387-419. El sitio web de Review of International Political Economy es
http://www.tandf.co.uk/journals. Esta versión apareció por primera vez en Bretton Woods Project Update #53, 20 de noviembre de 2006. Una versión más corta de este informe, totalmente formateada como PDF, también está disponible (en inglés) en http://brettonwoodsproject.org/art.shtml?x=546206

* *Robin Broad es profesora del Programa de Desarrollo Internacional de la Escuela de Diplomacia (School of International Service) de la American University en Washington, DC. Sus libros incluyen: Global Backlash: Citizen Initiatives for a Just World Economy (Rowman & Littlefield), Plundering Paradise: The Struggle for the
Environment in the Philippines
(University of California Press), y Unequal Alliance: The World Bank, the International Monetary Fund, and the Philippines (University of California Press). Forma parte del Consejo Directivo del Bank Information Center. También puede interesarles un trabajo reciente de Broad y John Cavanagh: "The Hijacking of the Development Debate: How Friedman and Sachs Got It Wrong",
World Policy Journal (Verano de 2006).



Notas
1.
Permítanme expresar con toda franqueza que el Bretton Woods Project debería ser felicitado por ser una excepción a esta generalización. El Bretton Woods Project ha analizado en sus trabajos al Banco en forma multifacética –desde la investigación pasando por las políticas y los préstamos. Resulta particularmente notable en este sentido el trabajo de Alex Wilks y Jeff Powell.


2. El término “mantenimiento del paradigma” es tomado –con gratitud- del perceptivo artículo de Robert Wade de 1996: “Japan, the World Bank, and the Art of Paradigm Maintenance: The Asia Miracle in Perspective”, New Left Review 217 (Mayo-Junio).

3. Mi artículo original del cual éste es una adaptación analiza en mayor profundidad estos 6 mecanismos. Ese artículo proporciona además mayores detalles sobre la estructura, el papel y los impactos del DEC, y cómo éste abrazó el paradigma neoliberal de la globalización.


4. Christopher Gilbert, Andrew Powell y David Vines, "Positioning the World Bank," en Gilbert, C. y D. Vines, eds. (2000), The World Bank:
Structures and Policies
(Cambridge: Cambridge University Press), p.81.


5. David Ellerman (2005), Helping People Help Themselves: From the
World Bank to an Alternative Philosophy of Development Assistance
(Ann
Arbor: University of Michigan Press), p.xix.


6. Dani Rodrik (2001), The Global Governance of Trade as if Development
Really Mattered
(Nueva York: PNUD), p. 22.


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LA GLOBALIZACIÓN EN RETIRADA

por Walden Bello*


Cuando se lo incorporó por primera vez como término al vocabulario inglés a comienzos de la década de 1990, se presumía que la globalización sería la ola del futuro. Hace quince años, los documentos de los pensadores globalistas como Kenichi Ohmae y Robert Reich celebraron el advenimiento del surgimiento del llamado mundo sin fronteras. El proceso por el cual las economías nacionales relativamente autónomas se transformarían en una economía global única funcionalmente integrada era pregonado como irreversible.


Y aquellos que se oponían a la globalización fueron descartados con desprecio como una encarnación moderna de los ludistas que destruían las máquinas durante la Revolución Industrial.


Quince años después, a pesar de las marcas de productos que se consumen en todo el mundo y el aprovisionamiento externo, lo que se entiende por economía internacional sigue siendo una colección de economías nacionales. Estas economías son interdependientes, sin lugar a dudas, pero los factores domésticos determinan todavía en gran medida su dinámica.


La globalización, en realidad, ha alcanzado su nivel más alto y comienza a retroceder.



Predicciones brillantes, resultados decepcionantes

Durante el apogeo de la globalización se nos dijo que las políticas de Estado ya no importaban y que las grandes compañías pronto dejarían pequeños a los Estados. En realidad, los Estados todavía importan. La Unión Europea, el gobierno estadounidense y el Estado chino, son actores económicos más fuertes hoy que hace una década. En China por ejemplo, las empresas transnacionales marchan al son que toca el Estado y no a la inversa.


Es más, las políticas de Estado que interfieren con el mercado para desarrollar estructuras industriales o proteger el empleo todavía hacen la diferencia. De hecho, a lo largo de los últimos diez años, las políticas de gobiernos intervencionistas han marcado la diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo, la prosperidad y la pobreza. La imposición de controles al capital en Malasia durante la crisis asiática entre 1997-98 evitó que este país sufriera un proceso traumático como el de Tailandia o Indonesia. Los controles estrictos al capital también protegieron y aislaron a China del colapso económico que devoró a sus vecinos.


Hace quince años nos dijeron que esperáramos el surgimiento de una elite capitalista transnacional que manejaría la economía mundial. Ciertamente, la globalización se transformó en la “gran estrategia” de la administración Clinton, que avizoraba a la elite estadounidense primera entre pares en una coalición mundial liderando el camino hacia un nuevo y benigno orden mundial. Ese proyecto está hoy hecho trizas. Durante el reinado de George W. Bush, la facción nacionalista ha superado ampliamente a la facción transnacional de la elite económica. Los Estados de corte nacionalista están hoy compitiendo duramente unos contra otros, buscando que su propia economía se imponga sobre las otras.


Hace una década nacía la Organización Mundial del Comercio (OMC), sumándose al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) como uno de los pilares del sistema de gobernanza de la economía internacional en la era de la globalización. Con aire triunfalista, los funcionarios de los tres organismos se reunieron en Singapur durante la primera reunión ministerial de la OMC en diciembre de 1996, y definieron la tarea pendiente de la “gobernanza mundial” como el logro de la “coherencia” – es decir, la coordinación de las políticas neoliberales de las tres instituciones para asegurar la integración tecnocrática de la economía mundial, sin sobresaltos.


Pero ahora Sebastián Mallaby, el influyente comentarista pro-globalización del Washington Post, se queja de que “la liberalización del comercio se ha estancado, la cooperación para el desarrollo es menos coherente de lo que debería ser, y la próxima conflagración financiera será atendida por un bombero herido”. En realidad, la situación es peor aún de como él la describe. El FMI está prácticamente difunto. Conscientes de que el Fondo precipitó y empeoró la crisis financiera asiática, más y más países en desarrollo se niegan a pedir prestado del Fondo o están pagando por adelantado, a la vez que algunos declaran su intención de no volver a pedirle al Fondo nunca más. Entre estos países se incluyen Tailandia, Indonesia, Brasil y Argentina. Como el presupuesto del Fondo depende en gran medida del pago de las amortizaciones de la deuda de estos grandes prestatarios, este boicot se traduce en lo que un experto describe como “una reducción inmensa del presupuesto del organismo”.


El Banco Mundial parece gozar de mejor salud que el Fondo. Pero habiendo tenido un papel central en la debacle provocada por las políticas de ajuste estructural que dejó a la mayoría de los países en desarrollo y las economías en transición que las implementaron, con mayor pobreza, más desigualdades y en estado de recesión, también el Banco atraviesa una crisis de legitimidad. Para agravar las cosas, un panel de expertos oficiales de alto nivel encabezado por el ex economista en jefe del FMI Kenneth Rogoff descubrió recientemente que el Banco ha manipulado sistemáticamente sus datos para hacer prevalecer su posición pro-globalización y ocultar los efectos adversos de la globalización.


Pero donde la crisis del multilateralismo es quizá más aguda es en la OMC. En el mes de julio pasado, la Ronda de negociaciones de Doha para una mayor liberalización del comercio llegó a su fin abruptamente cuando las conversaciones entre el llamado Grupo de los Seis se rompieron agriamente a raíz de la negativa de Estados Unidos a recortar sus enormes subsidios a la agricultura. El economista pro-libre comercio estadounidense Fred Bergsten comparó una vez a la liberalización del comercio y la OMC con una bicicleta: se cae si no avanza. El colapso de la organización que uno de sus directores generales describió una vez como la “joya en la corona del multilateralismo” podría estar más cerca de lo que parece.



Porqué se estancó la globalización

¿Por qué se vino a pique la globalización? Primero que nada, se exageró el alcance de la globalización. El grueso de la producción y las ventas de la mayoría de las transnacionales sigue teniendo lugar dentro de su país o región de origen. Existe solamente un puñado de compañías verdaderamente globales cuya producción y ventas están relativamente dispersas por igual en distintas regiones.


En segundo lugar, en vez de haber forjado una respuesta común y cooperativa ante la crisis mundial de sobreproducción, estancamiento y ruina ambiental, las elites capitalistas nacionales han competido entre sí para lograr esquivar el peso del ajuste. La administración Bush por ejemplo, ha promovido una política de un dólar débil como forma de fomentar la recuperación y crecimiento de la economía estadounidense a costa de Europa y Japón. También se ha negado a firmar el Protocolo de Kioto para lograr que Europa y Japón deban absorber los mayores costos del ajuste ambiental mundial, y conseguir de esta forma que la industria estadounidense resulte comparativamente más competitiva. Si bien la cooperación puede ser la opción estratégica racional desde el punto de vista del sistema capitalista mundial, los intereses capitalistas nacionales están preocupados fundamentalmente en no perder frente a sus rivales en el corto plazo.


Un tercer factor ha sido el efecto corrosivo del doble discurso desplegado descaradamente por la potencia hegemónica, Estados Unidos. Aun cuando la administración Clinton sí intentó encaminar a Estados Unidos hacia el libre comercio, la administración Bush, por el contrario, ha predicado hipócritamente el libre comercio y al mismo tiempo practica el proteccionismo. Por cierto, la política comercial de la administración Bush parece ser libre comercio para el resto del mundo y proteccionismo para Estados Unidos.


En cuarto lugar, ha habido una gran distancia entre la promesa de la globalización y el libre comercio y los resultados efectivos de las políticas neoliberales, que han sido más pobreza, desigualdades y recesión. Uno de los pocos lugares donde ha habido una disminución de la pobreza en los últimos 15 años es China. Pero fueron las políticas intervencionistas del Estado que controló las fuerzas del mercado, y no las prescripciones neoliberales, las responsables de haber sacado de la pobreza a 120 millones de chinos. Por otra parte, los defensores de la eliminación de los controles de capital han tenido que enfrentar el colapso real de las economías que adoptaron esta política a raja tabla. La globalización del sector financiero tuvo lugar mucho más rápido que la globalización de la producción. Pero demostró ser la avanzada no de la prosperidad sino del caos. La crisis financiera asiática y el colapso de la economía argentina, que afectaron a dos de los practicantes más doctrinarios de la liberalización de las cuentas de capital, constituyeron dos hitos decisivos en la revuelta de la realidad contra la teoría.


Otro factor que contribuye al quiebre del proyecto globalista deriva de su obsesión por el crecimiento económico. Por cierto, el crecimiento infinito es la médula de la globalización, el resorte central de su legitimidad. Si bien un informe reciente del Banco Mundial continúa –contra toda lógica—exaltando el crecimiento rápido como la clave para la expansión de la clase media en el mundo, el calentamiento global, el agotamiento inexorable del petróleo barato (peak oil) y otros eventos ambientales hacen que la población comience a tener claro que el ritmo y los patrones de crecimiento que acompañan a la globalización son una prescripción a toda prueba para alcanzar un Armagedón ecológico.


El último factor, que no debe subestimarse, es la resistencia popular a la globalización. Las batallas de Seattle en 1999, Praga en 2000 y Génova en 2001; la marcha masiva contra la Guerra realizada en todo el mundo el 15 de febrero de 2003, cuando el movimiento anti-globalización se metamorfizó en movimiento mundial contra la guerra, el fracaso de la reunión ministerial de la OMC en Cancún en 2003 y el casi fracaso de Hong Kong en 2005; el rechazo de los pueblos de Francia y Holanda a la Constitución Europea favorable a la globalización neoliberal en 2005 –fueron todos ellos encrucijadas claves de la lucha mundial de toda una década que ha hecho retroceder al proyecto neoliberal. Pero estos eventos de alto perfil no han sido más que la punta del iceberg, la suma de multitud de luchas contra el neoliberalismo y la globalización en miles de comunidades en todo el mundo, en las que han participado millones de campesinos, trabajadores, estudiantes, pueblos indígenas y muchos sectores de la clase media.



Postrada pero no vencida

Si bien la globalización puede estar postrada, aún no ha sido vencida. A pesar del descrédito, muchas políticas neoliberales continúan aplicándose en muchas economías ante la falta de alternativas creíbles a los ojos de los tecnócratas. Ante el panorama de estancamiento en la OMC, las grandes potencias comerciales están haciendo hincapié en los tratados de libre comercio (TLC) y los acuerdos de asociación económica (EPA, por su sigla en inglés) con los países en desarrollo. Estos tratados y acuerdos son de muchas maneras más peligrosos que las negociaciones multilaterales de la OMC, ya que a menudo exigen mayores concesiones en términos de acceso a los mercados y una aplicación más estricta de los derechos de propiedad intelectual.


Sin embargo, ya no todo es tan fácil para las grandes empresas y las potencias comerciales. Los neoliberales doctrinarios están siendo relevados de cargos importantes, dando paso a tecnócratas pragmáticos que a menudo subvierten las políticas neoliberales en la práctica, presionados por los movimientos populares. En el caso de los TLC, el Sur global está comenzando a darse cuenta de los peligros que implican y comienza a oponerles resistencia. Gobiernos clave de América del Sur, bajo la presión de sus ciudadanos, descarrilaron el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) –el gran plan de George W. Bush para el continente americano—durante la conferencia de Mar del Plata en noviembre de 2005.


Asimismo, una de las razones por las cuales mucha gente resistió al Primer Ministro Thaksin Shinawatra en los meses que precedieron al reciente golpe de Estado en Tailandia fue su afán por concluir un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Por cierto, en enero de este año cerca de 10.000 manifestantes intentaron tomar por asalto el edificio de Chiang Mai, en Tailandia, donde funcionarios de los gobiernos de Estados Unidos y Tailandia negociaban el tratado. El gobierno que sucedió a Thaksin ha suspendido la negociación del TLC entre Estados Unidos y Tailandia, y el éxito de los tailandeses ha inspirado a los movimientos que en todas partes del mundo buscan frenar la firma de los TLC.


El retroceso de la globalización neoliberal es más marcado en Latinoamérica. Bolivia, país que ha sido explotado durante mucho tiempo por los gigantes extranjeros del sector energético, ha nacionalizado sus recursos energéticos bajo la presidencia de Evo Morales. Néstor Kirchner de Argentina ha dado el ejemplo de cómo los gobiernos de los países en desarrollo pueden enfrentar al capital financiero, al forzar a los tenedores de bonos del Norte a aceptar solamente 25 centavos por cada dólar que les adeudaba Argentina. Hugo Chávez ha lanzado un ambicioso plan para la integración regional, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un proyecto fundado en la cooperación económica genuina en lugar que en el libre comercio, y en el cual las transnacionales del Norte tienen muy poca o ninguna participación, y que está orientado por lo que el propio Chávez describe como una “lógica más allá del capitalismo” (ver ‘ALBA -la respuesta venezolana al “libre comercio”: la Alternativa Bolivariana para las Américas’, de Diego Azzi y David Harris, en
http://www.focusweb.org/alba -venezuela-s-answer-to-free-trade-the-bolivarian-alternative-for-the-ame.html


La globalización en perspectiva

Hoy en día, la globalización no parece haber sido una nueva fase superior del desarrollo del capitalismo sino una respuesta a la crisis estructural subyacente a este sistema de producción. Quince años después de que fuera proclamada como la ola del futuro, menos que una “nueva fase exitosa” de la aventura capitalista, la globalización parece haber sido un esfuerzo desesperado del capital mundial para escapar de la recesión y el desequilibrio en que se sumió la economía mundial en las décadas de 1970 y 1980. El colapso de los regímenes socialistas centralizados en Europa Central y del Este distrajo la atención de la gente de esta realidad al comenzar la década de 1990.


Mucha gente de los círculos progresistas todavía piensa que la tarea del momento es “humanizar” la globalización; sin embargo, la globalización es una fuerza desgastada. La multiplicación de los conflictos económicos y políticos de la actualidad se parece, en todo caso, al período posterior al fin de lo que los historiadores llaman la primera era de la globalización, que se extendió desde1815 a la irrupción de la Primera Guerra Mundial en 1914. La tarea urgente no es timonear a la globalización comandada por las transnacionales hacia una orientación “social demócrata”, sino administrar su retirada para que no traiga el mismo caos y los mismos conflictos que caracterizaron su ocaso en aquella primera era.


* Walden Bello es profesor de sociología en la Universidad de Filipinas y director ejecutivo del instituto de investigación Focus on the Global South que tiene su sede en Bangkok. Una versión ampliada de este trabajo titulada “The Capitalist Conjuncture: Overaccumulation, Financial Crises, and the Retreat from Globalisation" se puede encontrar en la edición más reciente de Third World Quarterly (Vol. 27, No. 8, 2006).

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Traducción: Alicia Porrini y Alberto Villarreal (comercioredes@gmail.com) para

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