ENFOQUE SOBRE COMERCIO
No. 129, Mayo 2007
El próximo sábado 2 de junio decenas de miles de activistas de Alemania y del resto del mundo se reunirán en la pequeña ciudad de Rostock en el norte de Alemania para dar inicio a una semana de movilizaciones, manifestaciones, bloqueos y otros eventos alternativos, en protesta contra las políticas (e incluso a la propia existencia) del G8. La cumbre oficial propiamente dicha tendrá lugar en el exclusivo balneario báltico de Hellingendamm, donde los autodenominados líderes del mundo estarán aislados detrás de un cerco de 14 Km. de longitud que costó 12 millones de euros.
Aunque la mayoría de las discusiones útiles tendrán lugar afuera del cerco, será una cumbre interesante que proporcionará algunas pistas sobre cómo operarán las alianzas de la elite en los próximos años. Será la primera cumbre para el recientemente electo presidente derechista de Francia Nicholas Sarkozy y la última de Tony Blair. Gordon Brown puede (o no) aparecer. George W. Bush seguramente esté presente, pero con su credibilidad a nivel nacional e internacional hecha jirones, la única estrategia que le queda es por la negativa –de bloqueo y veto. El enfriamiento de las relaciones de Rusia con Occidente y su proceso de acercamiento con Oriente representan un condimento, pero lo más interesante es que el G8 enfrenta ahora la sombra creciente de China, cuya presencia económica global amenaza el privilegio asumido por el G8 de gobernar el mundo. Nicola Bullard explora estas dinámicas en esta edición.
Si la majestuosidad ritual del G8 acaso tiene algún contenido, África –un tema que le llega al corazón a todos los antiguos colonialistas y actuales imperialistas—estará en un lugar privilegiado de la agenda, al igual que el calentamiento global. Si el período de preparación previo a la cumbre sirve de alguna orientación, los esfuerzos fallidos de la Canciller Merkel para lograr que los ministros de economía del G7 lleguen a un acuerdo para reglamentar los fondos de inversión de alto riesgo (hedge funds), demuestran a las claras que éstos altos funcionarios siguen siendo hipersensibles a las necesidades del capital mundial. Asimismo es de esperar un resultado igualmente favorable a los intereses del mercado en el tema del calentamiento global. Esto nos lleva a preguntarnos porqué más de 40 ONG alemanas se han tomado el trabajo, una vez más, de gastar su tiempo y su credibilidad escribiendo largas cartas exigiendo al G8 que tome medidas en torno a estos problemas globales. (¿Acaso no aprendimos nada del blanqueado que significó la Pulsera Blanca de Gleneagles?) En esta edición publicamos una carta abierta de BUKO –una red que reúne organizaciones vinculadas a la solidaridad, el desarrollo y la organización internacional—donde se argumenta que este enfoque solamente sirve para legitimar al G8.
Incluso aunque el G8 pierda terreno, la política nacional parece estar experimentando un renacimiento (si consideramos que América Latina y la concurrencia masiva del pueblo francés en las elecciones presidenciales representan una señal). En esta edición Asbjørn Wahl escribe con claridad estratégica sobre la experiencia de Noruega, donde la izquierda fue capaz de construir alianzas políticas nuevas que atraviesan distintos sectores y problemas para poder cambiar las políticas neoliberales. Esto debería darle esperanzas a quienes todavía creen en la política partidaria. Por último, Walden Bello escribe sobre el Foro Social Mundial, elogiándolo por su función histórica de “reunir y vincular los diversos movimientos contestatarios engendrados por el capitalismo mundial globalizado”, pero preguntándose si después del “fiasco” de Nairobi, no es tiempo ya de que el FSM “levante campamento”.
Y si después de todo esto están cansados de leer y quieren escuchar algo de radio en línea, esta semana la edición de RADIO NEW INTERNATIONALIST presenta una discusión sobre la próxima cumbre del G8. Ir a http://www.newint.org/radio/ y hacer clic en el programa "Not the only game in town". Que lo disfruten.
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EN ESTA EDICIÓN
El G8 NO ES EL ÚNICO ESPECTÁCULO EN CARTELERA
Nicola Bullard
PONIENDO A PRUEBA LA CREDIBILIDAD DE LAS ONG
Respuesta de Bundeskoordination Internationalismus (BUKO) al documento político sobre el G8 presentado por algunas ONG
EL MÉTODO NORUEGO: SOBRE POLÍTICA DE ALIANZAS Y EXPERIENCIAS DE LUCHA CONTRA EL NEOLIBERALISMO
Asbjørn Wahl
EL FORO EN UNA ENCRUCIJADA
Walden Bello
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Esta edición de Enfoque sobre Comercio está disponible para descargar en la página www.redes.org.uy en 4 formatos: OpenOffice.org (.sxw y .odt), PDF y HTML. Para suscribirse o dejar de estar suscripto, dirigirse a pablo.cardozo@redes.org.uy . Consultar ediciones anteriores en www.redes.org.uy
También puedes descargar el original en inglés, Focus on Trade, directamente en:
http://www.focusweb.org/focus-on-trade-number-129-may-2007.html
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El G8 NO ES EL ÚNICO ESPECTÁCULO EN CARTELERA
por Nicola Bullard*
(Este artículo fue publicado en Critical Currents, No 1, mayo 2007, Dag Hammarskoljd Foundation, http://www.dhf.uu.se/critical_currents_no1.html)
Considerando la centralidad del petróleo no solamente en la geopolítica actual sino también en la política del calentamiento global, resulta interesante recordar que el G7 es un subproducto de la crisis del petróleo de 1973. Casi 35 años después, el actual G8 – Rusia fue admitida formalmente en 1998—nuevamente enfrenta una crisis de las políticas energéticas a nivel mundial provocada por la presión pública creciente para que se tomen medidas para reducir las emisiones de gas carbono, el fin próximo de la era del petróleo, y algo que no es menor, por la propia incapacidad del G8 de pensar durante las últimas tres décadas más allá de sus propios intereses. Pero en 2007, la situación es muy diferente de la del mundo “no globalizado” de 1973 (aunque con algunas similitudes sorprendentes) y el G8 no es el único actor en escena.
Económicamente los países del G8 son todavía muy importantes aunque representan menos del 14% de la población mundial, dan cuenta de casi dos tercios de la producción económica del mundo medida en producto bruto interno. En realidad, Rusia es el único país del G8 que no figura en la lista del Banco Mundial de las diez primeras economías del mundo en 2006, donde ocupa el décimo-cuarto lugar. Significativamente, la República Popular China y Brasil están entre los primeros 10 (en cuarto y décimo puestos respectivamente), e incluso India supera a Rusia ocupando el décimo-segundo lugar.
El G8 en crisis
Políticamente sin embargo, muchos de los miembros del G8 están pasando por algún tipo de crisis, transición o parálisis. En Estados Unidos, Bush enfrenta los últimos 18 meses de su presidencia habiendo perdido el control del Senado y de la Cámara de Representantes. Aunque la provocación de la administración Bush a Irán es un ejercicio de bravuconería pensado para distraer la atención de la debacle en Irak, es una estrategia de alto riesgo, si se tiene en cuenta la extrema volatilidad de Oriente Medio (una de las similitudes con la situación de 1973) y la enorme oposición entre la población estadounidense a la continuidad de la presencia militar de Estados Unidos en Irak (otra similitud con 1973 cuando la guerra de Vietnam se volvía un problema insostenible para Estados Unidos, tanto en el aspecto político como en el militar). Como señalara un comentarista, esta administración “perdió para siempre la capacidad de fijar los términos del debate político” –y los colegas de Bush en el G8 lo saben.
El primer ministro británico Tony Blair también está al final de su gobierno, aunque su situación es distinta. Habiéndose asegurado un lugar nada glorioso en la historia por promover y participar en la invasión a Irak, Blair intenta ahora rehacer su legado, llevando a cabo la desvinculación del Reino Unido de la ocupación de Irak y dedicándose al tema del cambio climático con un celo casi religioso, parecido al que puso en su misión moral en Irak. Esta cumbre del G8 –casi seguramente su última—le ofrece a Blair una última oportunidad para ser el estadista visionario que él cree ser.
En Alemania, Angela Merkel viene luchando con una muy difícil “gran alianza” de demócrata-cristianos y socialdemócratas, tan cargada con compromisos que es virtualmente imposible de mover, ni que hablar de que tome el liderazgo en algún tema. Y en Francia e Italia, las elecciones presidenciales y las coaliciones volátiles han afectado la capacidad de sus gobiernos, mientras todos esperan a ver hacia dónde sopla el viento del electorado. No obstante, el problema más general para los miembros europeos del G8 es el palpable sentimiento anti-estadounidense y la incesante oposición pública a la invasión de Irak –reafirmada con cada nuevo informe proveniente de Bagdad- que obliga a los gobiernos a moverse con sumo cuidado en sus relaciones con Washington, ya que ser pro-Bush definitivamente no conquista votos en estos días.
El presidente ruso Vladimir Putin –desde la seguridad que le brinda saber que controla tanto petróleo y gas como cualquiera pueda necesitar- está tomándose revancha de las humillaciones que recibiera Rusia en la década de 1990, renegociando agresivamente sus vínculos con Occidente, fundamentalmente con Estados Unidos, al mismo tiempo que refuerza sus conexiones e influencias en el Oriente y maneja a todos los demás en su país con rienda corta. Recientemente Putin está dándole mala reputación incluso al propio G8. Japón y Canadá –los restantes dos miembros del G8- no tienen relevancia en esta discusión.
El resultado de todo esto es una crisis del G8 y de su capacidad de generar un mensaje convincente de liderazgo, control, unidad y visión. Estados Unidos –el líder natural del G8- ha perdido legitimidad (entre otras cosas porque también actúa como “G1” incluso en el G8) y no hay otro país con credenciales ni (probablemente) interés para “subirse al trono”. Sin embargo, en la medida en que el poder del G8 disminuye, emergen otras alianzas y agrupamientos de carácter regional o fundados en intereses compartidos. Algunos de estos agrupamientos pueden implicar un riesgo para la hegemonía del G8 como el principal “G”, mientras que otros, como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), experimentan con nuevos esquemas de gobernanza que pueden ofrecer alternativas a la política de elites tradicional.
Nuevos polos de poder
El sistema mundial de la actualidad se caracteriza por la fragmentación y la existencia de polaridades que compiten. Esto resulta evidente en el debilitamiento e incluso la parálisis de las instituciones y foros internacionales como Naciones Unidas, el FMI y la OMC, y en el ascenso de algunas potencias económicas, políticas y culturales contestatarias como China, el Islam y los movimientos indígenas de América Latina, para tomar tres ejemplos bien distintos.
El actor “nuevo” más importante en la escena internacional es China. El creciente poderío económico de este país ha sido un tema de interés (y preocupación) para todo el mundo durante más de una década, aunque hasta hace muy poco la participación de China en el sistema mundial se daba principalmente en el plano económico. En los últimos años, en cambio, China ha asumido un perfil más visible en el campo internacional, fundamentalmente en las relaciones diplomáticas con África y América Latina y en su presencia en los organismos internacionales. Por ejemplo, tiene ahora un papel mucho más “activo” en el Consejo de Seguridad y recientemente un chino fue electo para dirigir la Organización Mundial de la Salud. Incluso fuera del ámbito multilateral, China tiene el liderazgo en temas de alta sensibilidad política como el de Corea del Norte. Oblicuamente, el país está planteándole un desafío a Estados Unidos al actuar con destreza en las relaciones internacionales, dejando de esta forma en evidencia la torpeza estadounidense en esta área.
A pesar de su importancia, China no es miembro del G8. En realidad, el primer contacto de “alto nivel” entre China y el G8 tuvo lugar recién en 2003, y no hay señales de que se lo piense invitar como miembro pleno a la brevedad. Esto es considerado un “desprecio” que ha azuzado el orgullo nacional chino, o al menos el de uno de los editorialistas del Peoples Daily, que en la etapa preparatoria de la cumbre del G8 en Gleneagles comentó que “aunque China no es miembro del G8 ... está cambiando el orden económico mundial; sin la participación de China, las discusiones sobre la economía mundial carecerían de significado.”
Dejando de lado la arrogancia, en realidad China no necesita del G8 tanto como el G8 necesita a China. Aunque ser parte del primer círculo podría significar (para algunos) la “llegada” de China a la escena mundial, políticamente China tiene poco para ganar renunciando a su libertad de movimiento –especialmente en temas sensibles como las tasas de cambio o las emisiones de carbono- a cambio de la dudosa distinción de estar en compañía de Bush y Blair.
A falta de otra estrategia, el G8 “dialoga” con China a la par que con India, Brasil, Sudáfrica y México en su calidad de miembros del G5 o “P5” (p por políticos). Este grupo es una mezcla de poder real (China, India y Brasil) y amigos leales estratégicamente ubicados (Sudáfrica y México). El G3 o “P3” de China, Brasil e India podría, en el futuro, desafiar al G8 como el grupo más influyente. Incluso con las cifras actuales, el P3 representa el 40% de la población mundial, y casi el 10% del PBI mundial – y ¡sigue creciendo!
Ya hoy China, Brasil e India trabajan en conjunto, especialmente en la OMC como líderes del G20 donde demuestran ser un obstáculo significativo para el bilateralismo EEUU - UE. Aunque el G20 expresamente representa los intereses de más de veinte países en desarrollo, la realidad es que Brasil e India están negociando fundamentalmente sus propios intereses utilizando el mandato del “Sur” como plataforma de legitimación. China mantiene un perfil bajo, pero sin duda será un negociador duro en la OMC cuando sea necesario. Brasil, India y China también trabajan fuera del marco multilateral para fortalecer sus relaciones comerciales y de inversión entre sí y con otros países y regiones del Sur, principalmente como proveedores de materia prima y de energía, elementos necesarios para la industrialización, y para abrir mercados a sus exportaciones. Subyace a estos intereses económicos una agenda política: a medida que Estados Unidos se debilita, aumenta sustancialmente el margen de maniobra en el sistema mundial; países como Brasil pueden escapar a la noria de dominación de Estados Unidos y China puede afianzar su poder, con poco riesgo de ser confrontada por Estados Unidos (entre otros motivos, también debido a sus intereses económicos mutuos). India es quizá quien está en una situación más ambigua de los tres, pero parece particularmente adepta a mantener buenas relaciones con todos al mismo tiempo. No sólo es uno de los mejores amigos de Estados Unidos en la región, sino que además mantiene estrechas relaciones diplomáticas (y militares) con Rusia y China.
Además de su ofensiva diplomática y económica en África y América Latina, China está intentando asegurar su influencia regional y su seguridad a través de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), un agrupamiento que reúne a China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán y la probable membresía de India, Irán, Pakistán y Mongolia en el futuro cercano. El principal propósito de la OCS –conocida entre algunos comentaristas como la “OTAN del Este” –es contrarrestar la influencia de Estados Unidos en Asia Central, pero debido a las enormes reservas de petróleo y gas que tiene la región, la seguridad energética es la fuerza motriz de la alianza.
Rusia, China e India sostuvieron su primera reunión trilateral en Vladivostok en 2005. En febrero del año en curso, los ministros de relaciones exteriores de los tres países volvieron a reunirse en Nueva Delhi, India, e hicieron público un comunicado en el cual destacan que “las relaciones internacionales deben regirse por la cooperación y no la confrontación”. También acordaron que Naciones Unidas constituye una plataforma importante para la multipolaridad y la paz mundial, lo que decodificado significa que trabajarán dentro de las Naciones Unidas cuando les convenga y que trabajaran fuera de Naciones Unidas para crear nuevos polos de poder. El presidente ruso Putin dejó aún más claro el punto diciendo que Estados Unidos debe “tomar en cuenta los nuevos centros de poder, como China, India y Rusia”. Rusia también tiene un agrupamiento con China, Brasil e India conocido como “BRIC” pero, hasta el momento, no existe un marco para que estos cuatro países dialoguen, más allá del interés común de garantizar el suministro seguro de petróleo y gas.
Resistencia y rebeldía regional
En América Latina, los países individuales y la región en su conjunto están adoptando una posición más autónoma frente a las potencias dominantes. El paisaje político es una mezcla de gobiernos abiertamente anti-imperialistas, como los de Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador, y gobiernos de centro izquierda con orientación nacionalista como Brasil, Uruguay y Argentina. Los gobiernos pro-estadounidenses y pro-neoliberales son actualmente una minoría, debido, entre otras cosas, fundamentalmente a un auge extraordinario de movimientos sociales radicales que exigen cambiar las devastadoras políticas neoliberales aplicadas en las últimas dos décadas. Las elecciones de Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa en Ecuador (y posiblemente incluso la de Ortega en Nicaragua) reflejan ese estado de ánimo favorable al cambio social.
El presidente de Venezuela Hugo Chávez es el crítico más enérgico y extrovertido de Estados Unidos, y ha utilizado las enormes reservas de petróleo de su país, recientemente nacionalizadas, para ofrecer combustible subsidiado a las comunidades pobres en Estados Unidos –una táctica brillante de relaciones públicas para contrarrestar la campaña anti-Chávez en ese país y para poner en evidencia la pobreza que también existe en el Norte. En Ecuador y Bolivia, resultaron electos presidentes de izquierda con un fuerte apoyo de movimientos sociales –particularmente de movimientos indígenas- y rápidamente tomaron medidas para nacionalizar el gas y el petróleo, o por lo menos renegociar los contratos con las compañías de energía que operan en sus países, como forma de marcar su ruptura con el pasado y reafirmar la soberanía nacional.
Incluso más allá de estos tres países, que están a la vanguardia de las iniciativas para revertir las políticas de liberalización del comercio y la economía y las privatizaciones que han empobrecido a la mayoría de los pueblos, hay otras naciones que toman distancia de Estados Unidos y desafían la hegemonía del “Consenso de Washington”. Argentina, Brasil y Uruguay han cancelado pagando el resto de su deuda con el FMI (por cierto, Venezuela ahora está tan inundada con dinero que muchos líderes latinoamericanos se dirigen a Caracas en vez de a Washington). En la OMC, los países latinoamericanos son actores importantes en distintos grupos que se oponen a las posiciones de negociación de Estados Unidos y la Unión Europea.
Internacionalmente, Brasil es la fuerza política más importante de América Latina. Desde la elección de Luis Ignacio Lula da Silva en 2003, la política exterior de Brasil se ha centrado más abiertamente en el interés “nacional”, por ejemplo, cuando negocia a favor de la agroindustria en la OMC o cuando intenta asegurarse un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La política exterior de Lula también ha sido caracterizada por intentar abarcar al Sur, no sólo como gesto político, sino también para abrir mercados y expandir el comercio. Argentina es menos activa en la arena internacional pero ha jugado un papel simbólico importante al emanciparse del FMI y de los acreedores extranjeros luego de la catástrofe política y financiera del 2001.
La peor cachetada que recibió Estados Unidos y su agenda económica le fue asestada en 2005 en Mar del Plata, Argentina, cuando los líderes latinoamericanos rechazaron el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ideado por Estados Unidos. Esto fue posible por la trasposición de tres dinámicas diferentes: primero, la denuncia de Chávez de las políticas neoliberales y la dominación estadounidense; segundo, la afirmación de Brasil y Argentina de que el ALCA no favorecía sus intereses nacionales; y tercero, la enorme oposición popular proveniente de los movimientos sociales en la región. Pero esta dinámica no se limitó a Mar del Plata, incluso ahora, esta triple interacción –entre los gobiernos radicales, los gobiernos moderados y los movimientos sociales- hace que la política se incline hacia la izquierda, ya que ni siquiera los gobiernos moderados pueden darse el lujo de ignorar a sus propios movimientos sociales que encuentran inspiración y aliento en los acontecimientos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. La elite política de América Latina ya no puede darse el lujo de aliarse con Estados Unidos o Europa: sus propios movimientos sociales –que luchan para terminar con 500 años de dominación- promueven y aspiran a que sus propios gobiernos rompan los lazos con los imperialistas, o de lo contrario que abandonen el poder.
Polos alternativos
Después del entierro del ALCA, el entusiasmo por la liberalización del comercio en América Latina se ha desvanecido. No obstante, se están construyendo otras formas de cooperación regional fundadas en el rechazo fundamental a las políticas neoliberales.
La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) propuesta por el gobierno de Venezuela es una visión de cooperación e integración política, social y económica entre los países latinoamericanos inspirada en los principios bolivarianos –en lugar que en los preceptos neoliberales.
Estos principios “bolivarianos” abrevan en el pensamiento de Simón Bolívar, héroe y símbolo de la independencia de América Latina: están basados en la cooperación y la complementariedad, la soberanía nacional, la transferencia de recursos y la redistribución, y el apoyo a los pequeños agricultores, cooperativas y productores familiares y de pequeña escala. Por ejemplo, el primer Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) firmado por Cuba y Venezuela en diciembre de 2004, facilita el intercambio de recursos médicos y petróleo entre ambos países. Venezuela entregará a Cuba 96.000 barriles de petróleo por día a bajo costo, provenientes de sus operaciones petroleras de propiedad estatal, y Cuba, a cambio, enviará 20.000 médicos empleados públicos y miles de maestros para trabajar en los barrios pobres de Venezuela.
Bolivia ingresó al ALBA y firmó un TCP el 29 de abril de 2006, apenas unos días antes de que el presidente Morales anunciara su intención de nacionalizar las enormes reservas de gas del país. El recientemente electo presidente de Nicaragua Daniel Ortega se sumó en enero de 2007, y ese acto incluyó la condonación de una deuda de US$ 31 millones con Venezuela. A mediados de febrero se sumaron asimismo los tres Estados insulares caribeños de Saint Vincent y las Grenadinas, Dominica, y Antigua y Barbuda, y es probable que Ecuador también se sume a la brevedad. Además del intercambio de petróleo por profesionales médicos y educadores, el ALBA tiene un programa muy ambicioso para desarrollar instituciones regionales en el campo de la energía, las telecomunicaciones, el transporte, el desarrollo de infraestructura, la banca y los medios de comunicación.
Si bien el ALBA es la antítesis del ALCA, el Consenso de Washington y la dominación económica del G8, existen todavía problemas respecto de su orientación, entre ellos, y no el menor, que es conducido por la personal visión de Chávez y la riqueza petrolera de Venezuela. En tanto el ALBA es un proyecto anti-imperialista, representa un gran éxito, pero en la medida en que se pretende anti-capitalista (o, para decirlo de otra manera, como un experimento en el socialismo del siglo XXI), está orientado todavía fundamentalmente hacia proyectos de industrialización y extracción de recursos a gran escala, tales como la polémica propuesta de un gasoducto de 8.000 Km. de extensión para transportar gas desde Venezuela, a través de la Amazonía, hacia el sur del continente –aunque en un marco anti-imperialista.
No obstante, más allá de los gobiernos, más allá de las cumbres y más allá de las instituciones internacionales, están los miles de organizaciones, ONG, sindicatos, asociaciones y colectivos que conforman el movimiento internacional por justicia social, anticapitalista, anti-imperialista, contra la guerra y anti neoliberal –el movimiento de los movimientos. Más que cualquier gobierno, estas fuerzas sociales están cuestionando y desafiando la dominación de las grandes potencias y el gran capital, y si los gobiernos nacionales están dando muestras de voluntad de enfrentar las políticas dictadas por el G8, la OMC, el FMI y los mercados financieros, eso en parte se debe a que el movimiento por la “justicia mundial” ha conseguido develar con eficacia las desigualdades de poder presentes en el sistema internacional y los impactos de las relaciones económicas desiguales, especialmente en materia del comercio y la deuda (dos áreas en las que el G8 ha fracasado estrepitosamente en producir soluciones equitativas duraderas). En el futuro, en la medida en que los “símbolos” de dominación –como el G8- pierdan su poder (como ya está sucediendo en buena medida) será importante para los movimientos pensar estratégicamente cómo trabajar por la justicia social y ecológica en un mundo más complejo y crecientemente cambiante, en el que las palancas del poder están a menudo en manos de gobiernos y empresas absolutamente irresponsables y que no dan cuenta de sus actos.
El G8 en decadencia
La pérdida de influencia del G8 es el resultado de cuatro factores. Primero su propia falta de acción en los últimos 35 años a favor del planeta en su conjunto, y no de una minoría rica (por ejemplo, si el G7 hubiera actuado en pos de los intereses a largo plazo de la humanidad en 1975 cuando se enfrentó la crisis del petróleo –que fue por supuesto precipitada por las políticas estadounidenses en Oriente Medio- quizá hoy no estaríamos enfrentando la crisis del cambio climático de 2007, ni que hablar de la catástrofe de Irak). En segundo lugar, la legitimidad del G8 está inextricablemente unida a la legitimidad de Estados Unidos, su miembro fundador y el más poderoso. A medida que la estatura moral de Estados Unidos decae, también decae la del G8. En tercer lugar está el desafío que representa para el G8 el poder emergente de otros países, especialmente China, Brasil, Rusia e India, que no tienen nada que ganar sumándose al G8, y el ascenso al gobierno, particularmente en América Latina, de gobiernos electos anti-hegemónicos. Por último, el movimiento por la justicia mundial ha jugado su parte en este proceso de desenmascaramiento y deslegitimación del G8, al poner en cuestión la propia idea de que ocho países auto designados puedan pretender decidir el destino de la humanidad.
* Nicola Bullard es miembro asociado de Focus on the Global South, con sede en Bangkok, Tailandia.
(1) Financial Times, 23 de febrero de 2007
(2) Peoples Daily Online, 15 de julio de 2005
(3) Reuters, “India, China, Russia Call for New World Order”, 14 de febrero de 2007
Este artículo aparecerá en alemán en la próxima publicación editada por Henning Melber y Cornelia Wilss "G8 Macht Politik. Wie die Welt beherrscht wird". Frankfurt/Main: Brandes & Apsel 2007. 200 pp., 14.90, ISBN 978-3-86099-723-9 (www.brandes-apsel-verlag.de)
Varios de los documentos de esta edición también han sido publicados (en inglés) por la fundación Dag Hammarskjöld Foundation en la serie de documentos "Critical Currents" (Corrientes críticas) bajo el título: "G8 Club Governance. Power and Politics in a Global World". La versión electrónica está disponible en: http://www.dhf.uu.se/critical_currents_no1.html
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PONIENDO A PRUEBA LA CREDIBILIDAD DE LAS ONG
Respuesta de Bundeskoordination Internationalismus (BUKO) al documento político sobre el G8 presentado por algunas ONG (1)
En marzo de 2007, más de 40 Organizaciones No Gubernamentales firmaron un documento político para presentar a la Cumbre del G8 en Heilingendamm, donde se pide a los gobiernos del G8 que cumplan con una serie de demandas que abarcan distintos temas, por ejemplo, cambio climático y recursos, comercio mundial o asistencia para el desarrollo en África. Somos contrarios al enfoque político y el contenido de ese documento político, porque rompe el consenso logrado por una amplia alianza de organizaciones movilizadas para las protestas en Heiligendamm. El elemento central de ese consenso es deslegitimar al G8, en lugar de presentarle demandas a este organismo –desde la A de África hasta la Z de zona de libre comercio.
La orientación del documento representa un retroceso político. Las transformaciones sociales radicales que son necesarias no pueden alcanzarse solamente con “buenos argumentos”, las exhortaciones a los actores estatales se han demostrado ineficaces. El documento da por sentado que los gobiernos podrían y deberían convencerse de cambiar el mundo para mejor. Los gobiernos y el G8 aparecen entonces como parte de la solución y no como parte del problema. Las estructuras económicas y políticas del orden mundial que son aplicadas y preservadas por los gobiernos no se mencionan en el documento. En lugar de criticar la concentración de poder y las relaciones de poder subyacentes, estas estructuras son avaladas por las demandas.
Las ONG que firman este documento político retroceden respecto de la crítica y la reflexión sobre su propio rol realizada en los noventa, y algunas están absolutamente conscientes de ese debate, y por ende se convierten ellas mismas en parte de las estructuras de poder.
A continuación se presentan tres ejemplos que muestran la orientación problemática del documento.
La exigencia de una política diferente en materia del clima refleja básicamente la implementación del protocolo de Kioto y un uso eficiente de los recursos. Esta postura mantiene las estructuras dominantes existentes en vez de exigir un “cambio de rumbo” más radical. Las ONG que firman el documento le sirven a la propaganda gubernamental. El gobierno alemán pretende liderar el camino en el plano internacional en el área de protección del clima –sin embargo, en al ámbito nacional y dentro de la UE promueve los intereses de la industria automotriz alemana. El cambio climático no es fundamentalmente un tema ecológico sino un problema social y político. Las políticas gubernamentales forman parte de la competencia por los recursos naturales y por un medioambiente adaptado a la apropiación capitalista. No cuestionan los patrones de producción y consumo que rigen en la actualidad y las relaciones de poder asociadas. Una política energética y frente al cambio climático radicalmente distinta no se funda en esperanzas de una nueva percepción de la parte de los gobiernos y las empresas de energía, sino que se centra en fuentes de energía alternativas, verdaderamente descentralizadas.
El capítulo referido a los recursos en el documento revela su coherencia con la visión de los poderosos. Textualmente dice que: “Se acabaron los días de la materia prima barata”. En realidad los “recursos baratos” nunca existieron, por el contrario, la gente que vive en los países de origen siempre ha pagado un precio alto por “nuestros recursos”.
Las ONG reclaman que los gobiernos del G8 deben rever sus políticas respecto de África y prestar más atención a las políticas distributivas y al fortalecimiento del rol de la sociedad civil. Adoptar la terminología progresista del discurso actual del desarrollo en realidad oculta que su principal objetivo es la explotación de los recursos, y que el principal problema es el tipo dominante de integración al mercado capitalista mundial, que seguirán promoviendo los gobiernos del G8. En vez de abrevar en el paternalismo del desarrollo, hay que tener en cuenta las luchas sociales y derivar de ellas alternativas profundas.
La regresión política finalmente se vuelve evidente en el hecho que los éxitos del movimiento anti-globalización no se mencionan. En realidad, la dinámica social y la urgencia por la transformación surgen principalmente de las protestas en Seattle y Génova, los Foros Sociales, las campañas y la auto-organización de movimientos. En contraste, el enfoque político del documento en cuestión sugiere que el desacuerdo entre el sistema existente –o sus representantes políticos—y sus críticos es solamente sobre detalles, pero que existe un consenso general sobre los objetivos y el rumbo de las transformaciones necesarias.
No iremos a Heiligendamm solamente a exigir promesas al G8 para tener luego que recordárselas en dos años. Esto sería contraproducente y las protestas que hemos planificado serían socavadas por estas demandas diluidas.
Iremos masivamente a Heiligendamm a bloquear al G8.
Bundeskoordination Internationalismus (Coordinación Federal del Internacionalismo en Alemania, BUKO)
Notas
(1) Testing the Credibility of the powerful: concrete action for environment and development! – Declaración política de Organizaciones No Gubernamnetales internacionales para la cumbre del G8 en Heiligendamm (6 – 8 junio 2007) http://www.forum-ue.de/fileadmin/userupload/positionspapiere/g8_ngo_policypaper.pdf
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EL MÉTODO NORUEGO: SOBRE POLÍTICA DE ALIANZAS Y EXPERIENCIAS DE LUCHA CONTRA EL NEOLIBERALISMO
por Asbjørn Wahl*
A pesar de la ofensiva neoliberal que aún asola nuestros países, los movimientos y la izquierda en Noruega han tenido algunos éxitos en los últimos años. Se han construido nuevas alianzas no tradicionales. Se han desarrollado nuevos métodos de trabajo. Se han logrado algunas victorias importantes. Hemos conseguido empujar al partido socialdemócrata hacia la izquierda en algunos temas importantes.
En 2005 nos deshicimos del gobierno más de derecha y neoliberal que haya tenido nunca nuestro país, y lo reemplazamos por un gobierno de centro izquierda, con participación del Partido Laborista (socialdemócrata), el Partido del Centro (1) y el Partido de la Izquierda Socialista. La plataforma política de este gobierno de coalición es probablemente la más progresista en la Europa de hoy (2).
En el marco de la correlación de fuerzas desfavorable que prevalece hoy en la sociedad, estos son logros importantes, y nuestros compañeros de otros países han expresado gran interés por las experiencias noruegas en estas áreas. Por lo tanto puede resultar útil analizar más en profundidad lo que ha sucedido, lo que se ha logrado, y lo que hemos aprendido de las experiencias concretas –de las buenas y de las malas.
El contexto político
Cuando comenzaron a desarrollarse estas nuevas tendencias en la izquierda política durante la década de 1990, la situación en Noruega se caracterizaba también por la existencia de una ofensiva neoliberal. Las privatizaciones y licitaciones competitivas eran los temas centrales de la agenda. Los servicios públicos sufrieron el ataque. El movimiento sindical estaba a la defensiva. La desregulación y los ataques generalizados al sindicalismo y los derechos de los trabajadores no encontraron mayor resistencia, entre otras cosas porque se negociaban concesiones y se entregaban posiciones en las mesas de negociación. Un movimiento obrero relativamente despolitizado, des-radicalizado y burocratizado fue tomado por sorpresa por la ofensiva neoliberal, y la ideología del pacto social no fue capaz de explicar las nuevas políticas agresivas de las fuerzas capitalistas. Como resultado, se produjo una gran confusión ideológica y se recibieron golpes muy duros.
El liderazgo socialdemócrata “pragmático y realista” siguió las tendencias políticas dominantes y adoptó muchas de las ideas neoliberales. El clímax de este proceso en Noruega se alcanzó cuando un gobierno laborista llevó adelante en 2000-2001 algunas de las reformas de mercado más importantes de los tiempos modernos. Allí se concretó la privatización parcial de la empresa estatal de telecomunicaciones (Telenor) y de la empresa petrolera estatal (Statoil), y también se reestructuró todo el sector hospitalario en base a un modelo orientado al mercado. Al mismo tiempo, el Partido habilitó la licitación competitiva para los servicios públicos a nivel municipal.
La reorientación del movimiento sindical
En esta situación, algunos compañeros y compañeras dentro del movimiento sindical comenzaron a reevaluar sus políticas. El Sindicato de Empleados Municipales y Generales y su Presidente, Jan Davidsen jugaron un rol decisivo en estos acontecimientos –además de numerosos consejos obreros locales y ramas sindicales. Reconocieron que el movimiento sindical enfrentaba una situación nueva, y defensiva, y comenzaron a discutir y a analizar nuevas formas de enfrentar y detener la ofensiva neoliberal.
Se identificaron, en forma más o menos clara, nuevos objetivos, que se pueden resumir en los siguientes puntos:
detener la política privatizadora
cambiar la opinión pública
torcer la hegemonía política hacia la izquierda
empujar al partido socialdemócrata hacia la izquierda
crear una alianza de mayoría de centroizquierda en el Parlamento
cambiar la correlación de fuerzas en la sociedad.
En otras palabras, ya no se trataba sólo de una lucha sindical estrechamente concebida, sino de un proyecto más amplio y general para cambiar la sociedad. Entre otras cosas, la derechización del partido socialdemócrata fue un elemento importante que hizo necesario que el movimiento sindical asumiera una responsabilidad política de mayor envergadura. La situación exigía una renovación –organizativa además de política.
Distintas corrientes e iniciativas de izquierda en el movimiento sindical, así como en los movimientos aliados, han seguido de muchas maneras este camino, y en una evaluación retrospectiva, podemos identificar cuatro pilares centrales que han contribuido a obtener resultados positivos:
Poner el énfasis en nuestros propios análisis –nuestra comprensión de los acontecimientos actuales.
La construcción de nuevas alianzas, amplias y no tradicionales.
La generación de alternativas concretas a la privatización y a la mercantilización.
El desarrollo de los sindicatos como actores políticos independientes.
A continuación, presento un análisis de estos cuatro pilares y de lo que se ha conseguido a partir de la reorientación de una parte (todavía minoritaria) del movimiento sindical –así como de las fuerzas y movimientos aliados.
Nuestro propio análisis
Es importante realizar un análisis exhaustivo de las relaciones económicas y sociales imperantes ya que esto resulta decisivo para el desarrollo de estrategias y alternativas. Por este motivo, hemos elaborado documentos de análisis, y organizamos proyectos de formación de carácter amplio para poder explicar y difundir en qué consiste realmente la ofensiva neoliberal mundial. La cuestión del poder social ha sido el centro de este proceso, y se ha enfatizado que detrás de la noción, aparentemente neutral, de la “globalización”, existe en curso una enorme lucha de intereses. Hoy, esta lucha, a través de la desregulación, las privatizaciones y la actual orientación de mercado, socava la democracia y nos lleva a un enorme giro negativo en la correlación de fuerzas en la sociedad.
Por supuesto, también ha habido luchas internas políticas e ideológicas en este proceso –tanto dentro del movimiento sindical como en la izquierda política. La globalización presentada por los neoliberales como un proceso inmodificable, que encuentra su expresión más fuerte en las palabras de Margaret Thatcher “No hay alternativa) (TINA por sus siglas en inglés), había ganado pie también en porciones importantes del movimiento sindical, así como en los partidos políticos de la izquierda tradicional. “La globalización ha llegado para quedarse” se había transformado en una expresión muy corrientemente formulada, y el corolario implícito era que el movimiento sindical tendría que aceptar ese hecho y adaptarse. De esta forma, el aumento de la competitividad se transformó en la principal estrategia para asegurar los puestos de trabajo. Las políticas de privatización, en el mismo sentido, también fueron interpretadas como una modernización necesaria de un sector público demodé y burocratizado.
Esta actitud aprehensiva fue rechazada por el sindicato de los trabajadores municipales y por muchas otras alianzas e iniciativas que se crearon. A través de la producción de pequeños folletos, la organización de nuestras propias conferencias, la participación en incontables reuniones y eventos de otras organizaciones, así como en el debate público general, quienes participamos en la alianza conocida como Campaña por el Estado de Bienestar (ver más adelante) planteamos otra visión muy distinta, centrada en la cuestión del poder social, la resistencia y las alternativas.
Alianzas sociales amplias
El cambio general de la correlación de fuerzas en la sociedad también llevó a la comprensión de que era necesario construir nuevas alianzas fuertes y amplias dentro del movimiento sindical y entre los sindicatos y otras organizaciones y movimientos. La Campaña por el Estado de Bienestar (3) fue uno de los resultados de esta reorientación, cuando seis sindicatos nacionales del sector público –tanto independientes como asociados a la mayoritaria Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega—unieron sus fuerzas en 1999 para luchar contra los ataques constantes a los servicios públicos (4). El Sindicato de Empleados Municipales y Generales noruego fue el que inició el proceso, y seis sindicatos se unieron a éste más adelante y luego otros nueve –la mayoría de ellos del sector privado- al igual que los sindicatos de productores rurales y la asociación nacional de jubilados, y organizaciones de mujeres, estudiantes y usuarios. En su máxima expresión esta alianza reunió 29 organizaciones, que juntas representaban más de un millón de miembros (y esto no es para nada menor en un país con 4,5 millones de habitantes).
También se tejieron alianzas en otros ámbitos. A medida que la situación financiera de las municipalidades se fue restringiendo cada vez más a consecuencia de haberse producido una redistribución general de la riqueza desde el sector público al sector privado durante la década de 1990 (5), se generalizó el descontento entre los políticos locales. Un número cada vez mayor de alcaldes presentó peticiones y se organizaron muchas manifestaciones contra el presupuesto anual del Estado formulado por el gobierno nacional. En la Campaña por el Estado de Bienestar consideramos que la situación estaba madura para organizar una oposición aún más amplia. Conjuntamente con algunos alcaldes y movimientos populares locales (6), en 2002 tomamos la iniciativa de organizar el Movimiento Popular por los Servicios Públicos. Se creó un Comité Coordinador donde participaron representantes de todos los grupos involucrados. En el correr de un año, 90 de las cerca de 430 municipalidades de Noruega ya habían adherido a la acción. Ésta fue la primera vez que las municipalidades se habían organizado en una acción fuera de las estructuras formales (La Asociación Noruega de Autoridades Locales y Regionales es su agremiación profesional), y esto contribuyó significativamente a aumentar la presión sobre el gobierno nacional y el parlamento.
Antes de la 5ª Cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2005 en Hong Kong, la Campaña por el Estado de Bienestar emprendió una nueva iniciativa para generar una alianza de organizaciones más amplia con más de 800.000 integrantes, en apoyo a una declaración que exigía la ruptura con las políticas de comercio neoliberales. Los sindicatos y las organizaciones de agricultores fueron quienes sostuvieron esta iniciativa, que luego fue continuada a través de la red noruega de la Campaña contra el Libre Comercio. Muchas de las fuerzas impulsoras de esta alianza fueron las mismas que unos años antes habían impulsado el Foro Social de Noruega –que fuera la parte noruega en el nuevo movimiento por la justicia social y la solidaridad y contra el neoliberalismo y la guerra. A través del desarrollo de estos procesos de alianza se produjo una radicalización de los participantes.
La iniciativa de crear una alianza parlamentaria entre el Partido Laborista, el Partido del Centro y el Partido de Izquierda Socialista también se generó en las mismas coordenadas. Hasta un año antes de las elecciones parlamentarias de 2005, el liderazgo del laborismo rechazaba por completo la posibilidad de formar un gobierno de coalición junto con el Partido de Izquierda Socialista. Fue el movimiento sindical el que llevó a buen puerto esta alianza, ya que con el pasar del tiempo, también la Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega se sumó con todo su peso al proyecto. En 2001, la mayoría del congreso de esta organización decidió –contra la recomendación del Comité Ejecutivo—apoyar financieramente no sólo al Partido Laborista, sino que, por primera vez en la historia, también al Partido de Izquierda Socialista. Para el siguiente congreso, cuatro años después, también la dirección había cambiado su posición política en este tema y el líder del Partido de Izquierda Socialista fue invitado a hablar en el congreso. El sindicato de los trabajadores municipales comenzó a promover reuniones de contacto entre el Partido de Izquierda Socialista y el Partido de Centro, además del Partido Laborista. Junto con el aumento de los porcentajes de apoyo al Partido de Izquierda Socialista en las encuestas en ese momento, esto generó una presión sobre la dirección del Partido Laborista.
En Oslo se generó otra alianza antes de las elecciones parlamentarias de 2005 –centrada en la necesidad de una nueva orientación política (7). En ella participó una amplia gama de organizaciones: el consejo obrero local, Attac Noruega, la Campaña por el Estado de Bienestar, el Consejo Noruego para África, el Comité de Solidaridad con América Latina, la organización juvenil de Salvemos los Niños y un par más de sindicatos. Bajo el paraguas de Oslo2005, estas organizaciones unieron sus fuerzas para exigir el fin de las políticas neoliberales llevadas adelante por los distintos gobiernos, tanto de izquierda como de derecha, durante los 20 o 25 años previos. La campaña no se centró en ningún partido político en particular sino en la necesidad de un nuevo rumbo político para el país.
Nuestras alternativas
Cuando comenzó el ataque a los servicios públicos en la década de 1980, los políticos neoliberales explotaron el amplio descontento de la población con los servicios públicos asociado a su burocratización, la baja calidad y la accesibilidad limitada. Para aquellos de nosotros que queríamos defender las muchas conquistas obtenidas a través del Estado de Bienestar, era importante admitir estas debilidades, para luchar por mejorar los servicios, pero sin dar lugar a las reformas neoliberales.
Esto se resolvió por medio de una posición de principios contra las privatizaciones y las licitaciones competitivas, al mismo tiempo que aceptamos la reorganización y el desarrollo de los servicios públicos según nuestras propias premisas –y dentro del sector público. En el clima político existente en ese momento, no resultaba fácil mantener esta posición. Las soluciones de mercado eran lo que estaba de moda y la licitación competitiva había llegado para quedarse, esto era lo que se decía. Como sindicato, debíamos centrarnos en asegurar los salarios, las condiciones de trabajo y los derechos sindicales dentro del sistema de competencia, así nos aconsejaban. Ésta era incluso la posición de fuertes corrientes dentro de la dirigencia sindical y del Partido Laborista. Nosotros rechazamos esta posición. Nuestro punto de vista era que la desregulación y la propia privatización representaban una amenaza, que socavaba las condiciones de trabajo. Esta posición central clara determinó que tanto nuestro sindicato como su presidente, fueran sistemáticamente objeto de críticas abusivas en los editoriales de los periódicos dominantes.
Sin embargo, el sindicato no se limitó a una táctica defensiva. También tomó la iniciativa de realizar un esfuerzo ofensivo –a través del llamado Proyecto de Municipalidad Modelo. El sindicato celebró acuerdos tri-anuales con una serie de municipalidades con mayorías políticas afines. La meta era movilizar a los empleados para que desarrollaran y mejoraran la calidad de los servicios públicos –en el marco de que se asumieran las siguientes tres precondiciones: sin privatizaciones, sin licitación competitiva y sin despidos.
El proyecto se formuló y operó como un proceso de abajo hacia arriba, en el que las experiencias, la competencia y las calificaciones de los trabajadores eran el elemento fundamental, en conjunto con las experiencias y necesidades de los usuarios de los servicios. Dos instituciones de investigación independientes hicieron el seguimiento de la primera Municipalidad modelo (Sørum) y concluyeron que: el proyecto había conseguido una mayor satisfacción de los usuarios, mejores condiciones laborales para los empleados y una mejor situación financiera para la municipalidad –una situación beneficiosa para todos (8). Más que nada, esta fue una demostración clara de que la política de privatizaciones no apunta fundamentalmente a mejorar los servicios públicos, sino que se trata de una lucha ideológica y política para cambiar la sociedad a favor de los intereses de las fuerzas del mercado.
El nuevo gobierno de centro izquierda que accedió al poder en 2005, adoptó ahora el Proyecto de Municipalidad Modelo como política gubernamental, lanzando en otoño de 2006 el llamado Proyecto de Municipalidad de Calidad. Se trata en realidad de una versión modificada del Proyecto de Municipalidad Modelo, pero la meta es aumentar la calidad de los servicios públicos y fortalecer la democracia local –sin privatizaciones y sin licitaciones competitivas. Esto fue una victoria importante en la lucha contra las privatizaciones.
Un movimiento sindical políticamente más independiente
Finalmente tenemos el ejemplo de Trondheim, que nos sirvió de enorme inspiración en la lucha contra el neoliberalismo en Noruega. Antes de las elecciones locales de 2003, el consejo obrero de Trondheim, junto con sus socios y aliados, rompió con una vieja tradición sindical. Habitualmente el rol de los sindicatos durante las campañas electorales ha sido apoyar los partidos políticos de izquierda (la mayor parte de las veces al Partido Laborista) y los programas políticos con que realizaban sus campañas.
Antes de las elecciones de 2003 el consejo obrero se transformó en un actor político importante. A través de un proceso general y democrático, se implementaron 19 demandas concretas sobre cómo debía gobernarse Trondheim en los siguientes cuatro años. Las demandas fueron enviadas a todos los partidos políticos –con el siguiente mensaje: estamos dispuestos a apoyar a los partidos que apoyen nuestras demandas. Esto tuvo por resultado un efecto fuertemente educativo sobre varios partidos políticos –entre ellos el Partido Laborista, que no estaba en condiciones de perder el apoyo del movimiento sindical.
La nueva iniciativa de Trondheim tuvo respuestas positivas de la parte del Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista, la Alianza Electoral Roja, los Verdes, el Partido de los Jubilados y una lista local. El Partido del Centro apoyó cerca de la mitad de las demandas, y como gesto amistoso fue incluido entre los que las apoyaron. Seguidamente, la alianza sindical instó a sus integrantes y a los electores a votar por alguno de esos partidos, al tiempo que continuaba haciendo campaña por su propia plataforma política (las 19 demandas). Ese año se suspendió el tradicional apoyo financiero del consejo obrero al Partido Laborista, ya que los recursos se utilizaron preferentemente en su propia campaña.
De esta manera, un movimiento sindical más politizado fue decisivo para poner en evidencia las contradicciones políticas reales en la sociedad, y también para empujar al Partido Laborista y a otros partidos de izquierda más pequeños hacia la izquierda. El Partido Conservador, que había dominado esta ciudad (la tercera) de Noruega durante los últimos 14 años, fue el principal perdedor de la elección. La alianza política iniciada por el sindicato conquistó una clara victoria, con más del 60% de los votos. Los tres partidos vinculados al movimiento sindical –el Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista y la Alianza Electoral Roja—lograron por sí mismos la mayoría absoluta de los votos (51%). Los tres, junto con los Verdes, y con una sólida representación proveniente del sindicalismo, trabajaron juntos para desarrollar una plataforma política conjunta para la nueva mayoría. Posteriormente también se les unió el Partido del Centro, en una plataforma que incluyó la mayor parte de las 19 demandas de la alianza sindical.
La plataforma política de la nueva mayoría incluía no sólo terminar con la política de privatizaciones, sino además recuperar los servicios públicos ya privatizados. Hasta ahora, el resultado ha sido que dos guarderías y la mitad de los servicios de recolección de residuos de Trondheim, que habían sido privatizados a través de una licitación en el período anterior bajo la mayoría conservadora, han vuelto ahora a manos del sector público. Lo mismo ha sucedido con el mantenimiento de los edificios públicos. Los beneficios sociales han aumentado, los precios del transporte público se redujeron y se ha introducido un programa amplio de mantenimiento y construcción de escuelas públicas. A través de un acuerdo con los sindicatos municipales, Trondheim ha logrado sumarse a un creciente número de municipalidades modelo.
Antes de las elecciones parlamentarias de 2005, la Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega (LO por sus siglas en noruego) siguió parcialmente este modelo. Desarrolló un proyecto de carácter amplio, denominado “Usted decide – LO está de su lado”, para recoger las demandas y prioridades de sus miembros. Se recibieron 155.000 propuestas de los 44.000 miembros. Se identificaron 54 demandas concretas y se enviaron a los partidos políticos. Sus respuestas fueron recogidas y enviadas a los 800.000 miembros, al mismo tiempo que la LO se movilizó a lo largo de la dilatada campaña electoral (9), en pos de un cambio en el rumbo político, incluyendo a la mayoría a favor de un gobierno de coalición compuesto por los tres partidos: el Partido Laborista, el Partido de Izquierda Socialista y el Partido del Centro – que también ganaron la mayoría.
¿Entonces qué es lo que hemos logrado?
La construcción de alianzas, los nuevos movimientos sociales y los sindicatos más politizados representan nuevos elementos que han contribuido en gran medida a la consecución de cambios importantes en la izquierda en Noruega en los últimos años, y como consecuencia hemos obtenido algunas victorias importantes. Hemos estado generando un cambio en la opinión pública, de una situación en la cual la mitad de la población estaba a favor de las privatizaciones a mediados de la década de 1990 a casi el 70% en contra según las encuestas de opinión pública realizadas antes de las elecciones de 2005. Esto contribuyó mucho para que el Partido Laborista pasara de una plataforma pro-privatizaciones a una contra las privatizaciones en ese mismo período.
Hemos conseguido, cada vez más, develar las contradicciones reales de la sociedad y agudizar el debate político ideológico –a tal grado que al proclamar cuál era su principal enemigo en las elecciones locales de 2003, el Partido Conservador señaló al Sindicato de Empleados Municipales y Generales, que obviamente no era una opción electoral, pero que era visto acertadamente de todas maneras por los conservadores como el principal obstáculo que debían enfrentar en su ofensiva neoliberal. Obviamente ésta situación fue altamente positiva para el sindicato, que de esta forma pudo fijar mejor incluso que antes los términos del debate político.
Tanto en el ejemplo de Trondheim como en las elecciones parlamentarias de 2005, se produjo una polarización política mayor que la habitual entre la derecha y la izquierda. Estas experiencias han confirmado en la práctica que cuando las distintas opciones políticas aparecen claramente formuladas, cuando quedan a la vista las verdaderas contradicciones sociales, es allí cuando la izquierda puede movilizarse con mayor éxito. La interpretación simplista de que si los votantes se mueven a la derecha los partidos de izquierda también deben virar a la derecha para poder captar a los votantes de centro, ha demostrado nuevamente ser un error. Los movimientos políticos no son lineales –se trata más bien de intereses en conflicto, tanto como de la claridad o la confusión que exista en el plano político-ideológico.
En el curso de los últimos años, a través de nuestras alianzas, la politización de los sindicatos y nuestras alternativas hemos conseguido enlentecer y parcialmente detener la política de privatizaciones, y de librarnos del gobierno más de derecha y neoliberal que haya tenido nunca Noruega. Lo hemos reemplazado por un gobierno de centro izquierda luego de las elecciones de 2005 en las que los tres partidos políticos tuvieron que hacer campaña con una plataforma anti-privatizaciones, fundamentalmente porque habíamos tenido éxito en cambiar la opinión pública, apoyándonos fuertemente en que la privatización ya no era simplemente una promesa teórica, sino experiencias concretas, muy lejanas a las doradas expectativas alentadas por los expertos neoliberales.
También fue importante, por supuesto, que el Partido Laborista hubiera sufrido una gran derrota electoral en 2001, cuando los votantes lo castigaron por los excesos neoliberales que cometió en el período anterior. La representación del partido se redujo de 36 (en 1997) a 24 por ciento, la menor desde comienzos de la década de 1920. La exigencia de un nuevo rumbo político recibió entonces asimismo un fuerte respaldo de gran parte de las bases del propio partido. Al moverse hacia la izquierda en las elecciones de 2005, el partido recuperó gran parte de su electorado.
La plataforma política del gobierno de coalición de los tres partidos fue en muchas áreas sorprendentemente radical en sus contenidos (10). Como primera medida, el gobierno dio cumplimiento a varias de las demandas más importantes presentadas por los sindicatos y otros movimientos. Se detuvo la privatización de los ferrocarriles. Se detuvo la apertura total a la educación primaria y secundaria privadas (11). La destrucción de la legislación laboral, que tuvo lugar durante el gobierno anterior, fue revertida. Se invirtieron miles de millones en las municipalidades, que son quienes prestan la mayor parte de los servicios públicos. Se retiraron las demandas presentadas en el marco del acuerdo del AGCS en la OMC para que varios países en desarrollo liberalizaran sus sectores de servicios. Y se retiró también a los soldados noruegos de Irak.
¿Un nuevo rumbo político?
No obstante, tras esa generosidad inicial, ha sido difícil, salvo en algunas pocas excepciones, distinguir claramente el nuevo rumbo político progresista del país. Parece que el ala derecha del Partido Laborista ha retomado la ofensiva, mientras el Partido de Izquierda Socialista está mostrando todas sus debilidades –entre ellas su falta de comprensión de las estructuras básicas de poder en la sociedad. Incluso aunque pretenda ser un partido de izquierda socialista, obviamente no tiene una estrategia bien desarrollada para su participación en el gobierno. Los temas en los que el partido ha elegido intervenir en la interna política dentro del gobierno de coalición hasta ahora, han sido la política exterior y las cuestiones ambientales, en tanto que la lucha social está más o menos ausente de sus preocupaciones, a pesar que la brecha de la pobreza aún sigue aumentando –y las políticas de dumping social y anti-sindicales también están en alza. Esta falta de raíces en los movimientos sociales y en la lucha social es la debilidad mayor de este partido político. La construcción de alianzas con movimientos sociales fuera del parlamento es por lo tanto inexistente. Por el contrario, su actitud es alentar a que la gente mantenga la calma “para que podamos llevar adelante nuestras políticas”.
Aun cuando el gobierno de centro izquierda todavía puede adoptar decisiones progresistas, como cancelar la deuda de algunos países en desarrollo, o reconocer al nuevo gobierno de Palestina, parece que el límite es cuando tiene que confrontar fuertes intereses económicos. Las reformas estructurales que pueden contribuir a modificar la correlación de fuerzas y de poder en la sociedad, están absolutamente ausentes. Por el contrario, el gobierno impulsa una reforma del sistema de jubilaciones que debilitará el programa redistributivo de las jubilaciones que hoy existe. También ha propuesto una reforma regional que no asume este momento como una oportunidad para fortalecer y consolidar estructuralmente la democracia local.
Para muchos de nosotros, está claro desde el comienzo que el nuevo gobierno de centro izquierda solamente representa una oportunidad, pero que su transformación en realidades efectivas dependerá de que exista una presión fuerte y permanente desde fuera del parlamento. Hay muchas razones para que esto sea así. En primer lugar, en la era neoliberal se transfirió mucho poder desde los organismos democráticos al mercado. En segundo lugar, el espacio político también se ha reducido a partir de una serie de acuerdos internacionales a lo largo de los últimos 10 o 15 años, entre los cuales el EEE (12) y los acuerdos de la OMC son los más importantes. En tercer lugar, la presión de la derecha política y los intereses capitalistas es muy fuerte, y el gobierno cede. En cuarto lugar, el ala derecha todavía mantiene las posiciones más importantes dentro del Partido Laborista, mientras que el Partido de Izquierda Socialista no tiene ni el enfoque estratégico ni las raíces sociales necesarias para constituir un polo alternativo de izquierda.
En otras palabras, la pobreza política partidaria de la izquierda no ha sido superada. Tampoco los elementos radicales del movimiento sindical u otros movimientos sociales han demostrado ser lo suficientemente fuertes para mantener la presión necesaria sobre el gobierno que muchos consideran como propio, y en el cual, aunque debilitadas, las lealtades todavía empantanan la capacidad y la voluntad de realizar acciones desde la base. La implementación de un nuevo rumbo más a la izquierda, sin embargo, en la actual situación política, dependerá completamente de ejercer una presión de ese tipo.
Hasta el momento, esto ha determinado que sea el partido populista de derecha (El Partido del Progreso) quien se ha perfilado como el gran ganador de las encuestas de opinión desde el ascenso al poder del gobierno de centro izquierda. El neoliberalismo genera bases reales para la ansiedad, el descontento y las contradicciones sociales. La derecha populista se especializa en explotar estos descontentos –y en canalizarlos en direcciones políticamente perversas (contra los inmigrantes, contra las madres solteras, contra los que reciben beneficios sociales, contra los “políticos”, etc). La única manera de contrarrestar esta situación es a través de las políticas de los partidos de izquierda que tomen en cuenta seriamente el descontento de la gente, lo politicen y lo canalicen en una lucha social por soluciones colectivas.
La lucha continúa!
La próxima elección parlamentaria en Noruega será en 2009. A continuación planteamos dos hipótesis que podrían ser casos alternativos extremos en el camino a dichas elecciones:
Peor escenario posible: El gobierno de centro izquierda no ha cumplido ni ha estado a la altura de las expectativas generadas. El entusiasmo de los movimientos que llevaron al gobierno de coalición al poder, murió. La Campaña por el Estado de Bienestar y las otras alianzas se han desmovilizado. El partido conservador junto con el partido populista de derecha ganan las elecciones.
Mejor escenario posible: El gobierno ha cumplido. Ha introducido un nuevo rumbo político progresista y ha generado entusiasmo en los movimientos que lo llevaron al poder. La Campaña por el Estado de Bienestar y las otras alianzas se han fortalecido, y el gobierno de centro izquierda gana un nuevo mandato para seguir avanzando en el rumbo progresista.
Es demasiado pronto aún para concluir cual de estas dos tendencias principales terminará imponiéndose. Lo que sí está claro, sin embargo, es que el actual gobierno tiene problemas para estar a la altura de las expectativas generadas. Parece como si la mayoría del gobierno definiera un nuevo rumbo político, no como un enfoque general nuevo de la política sino como una lista de temas aislados que serán implementados (¿si se puede?), mientras que la política en general continúa igual que antes- por una senda neoliberal blanda.
Independientemente de lo que depare el futuro, las experiencias más importantes de la lucha política en Noruega en estos últimos años han sido las nuevas alianzas creadas y la independencia política que se ha desarrollado en sectores importantes del movimiento sindical, así como en los movimientos aliados (13) de éste. Son estos elementos los que nos han conducido a las victorias que hemos conquistado. Es allí donde podemos encontrar lo más importante y positivo del Método Noruego. Éste es el potencial al que se puede recurrir para cambiar la correlación de fuerzas y las relaciones de poder en la sociedad ¡La lucha continúa!
*Asbjørn Wahl es el Coordinador Nacional de la Campaña por el Estado de Bienestar
Notas
1. El Partido del Centro es un partido de agricultores o partido rural, que se ha radicalizado al ser una de las fuerzas que lideró las campañas exitosas en contra del ingreso de Noruega a la Unión Europea (entre 1972 y 1994).
2. Las experiencias reales de este gobierno, sin embargo han sido mixtas. Como éste no es el tema de este artículo, los que estén interesados en nuestras experiencias con el gobierno de centro izquierda, pueden ver un análisis anterior del tema en mi artículo “Left Parties in Government: The Norwegian Case”: http://www.rosalux.de/cms/fileadmin/rls_uploads/pdfs/Themen/Sozialforen/ESF_2006/Wahl_left-parties.pdf
3. Ver www.velferdsstaten.no. El autor de este artículo ha sido el coordinador nacional de esta alianza desde sus inicios.
4. Además del Sindicato de Empleados Municipales y Generales, han participado los siguientes sindicatos: el Sindicato de Servicios Civiles, El Sindicato de Educadores Sociales y Trabajadores Sociales, el Sindicato de Maestros, la Asociación de Enfermeras/os y la Asociación del Personal de la Salud y Cuidados Sociales. Los tres primeros eran afiliados a la Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega. El sindicato de enferemeras/os estaba afiliado a la Confederación de Sindicatos Académicos y Profesionales, en tanto que el sindicato de maestros no estaba afiliado a ninguna confederación. El sindicato mencionado en último lugar estaba afiliado a la Confederación de Sindicatos Vocacionales, pero posteriormente se ha fusionado con el sindicato de trabajadores municipales.
5. El sector público redujo su participación en el Producto Bruto Interno de Noruega del 52 al 43 por ciento entre 1992 y 1998.
6. En 2000-1 los movimientos locales desarrollados tanto en Finnmark como en Nordland (dos condados del norte del país) se opusieron a los efectos de las políticas neoliberales.
7. El término “un nuevo rumbo político” ha sido usado mucho por la izquierda en Noruega durante los últimos años para exigir un cambio en la política – una toma de distancia del neoliberalismo y de la desregulación y privatización, hacia políticas progresistas con un mayor control democrático de la economía. Esto incluye una crítica a las políticas de los gobiernos socialdemócratas y de derecha, que en realidad no difirieron mucho entre sí durante las décadas de 1980 y 1990. Es en ese mismo sentido que se usa en este artículo.
8. Se puede encontrar información sobre el Proyecto de Municipalidad Modelo en: http://www.fagforbundet.no/omstilling/. Para entrar debe elegirse la palabra clave “Modellkommunemetodikken” en el margen izquierdo, y en la nueva página se pueden encontrar algunos documentos también en inglés.
9. Comenzó un año antes de las elecciones y fue denominada como la “larga campaña electoral” por la propia LO.
10. Solamente la parte referida a la Política Exterior de la plataforma está disponible en inglés: http://www.regjeringen.no/en/dep/smk/Documents/Reports-and-action-plans/Rapporter/2005/The-Soria-Moria-Declaration-on-Internati.html?id=438515
11. La mayoría de las escuelas en Noruega son de propiedad y gestión estatal. Solamente están permitidas escuelas privadas vinculadas a credos religiosos o sistemas pedagógicos alternativos. El anterior gobierno promulgó sin embargo una ley que daba vía libre al establecimiento de escuelas privadas con el mismo programa que las escuelas de gestión pública.
12. El EEE (Espacio Económico Europeo, o EEA por su sigla en inglés) es un acuerdo entre la UE y Noruega, Islandia y Liechtenstein que hace parte a estos tres países de un Mercado Único – con algunas limitaciones en materia de agricultura, pesca y política exterior. Este acuerdo entró en vigencia a partir del 1 de enero de 1994.
13. Mientras se escribe este artículo la Presidenta de la Confederación Nacional de Sindicatos de Noruega (LO) está siendo obligada a renunciar a su cargo tras un dramático proceso que tuvo su origen en un conflicto interno con el personal. En un par de casos importantes mantuvo una posición política más independiente respecto del Partido Laborista, forzando además al partido y al gobierno de centro izquierda a dar marcha atrás en un par de ocasiones. Su renuncia puede tener por ende consecuencias políticas importantes, ya que las corrientes más moderadas están en este momento a la ofensiva.
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EL FORO EN UNA ENCRUCIJADA
por Walden Bello*
La inauguración del Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, Brasil, en enero de 2001 marcó el comienzo de una nueva etapa en la evolución del movimiento mundial por la justicia social.
El FSM fue ideado por los movimientos sociales vagamente asociados al Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil. La idea recibió fuerte apoyo en una primera etapa de parte del movimiento ATTAC de Francia, cuyas figuras claves estaban conectadas con el diario Le Monde Diplomatique. En Asia, la propuesta brasileña planteada en junio de 2000, recibió una calurosa adhesión inmediata, entre otros, del instituto de investigación y activismo Focus on the Global South con sede en Bangkok.
Porto Alegre debía servir de contrapunto a “Davos”, el evento que cada año tiene lugar en una ciudad turística de los Alpes suizos, donde los empresarios y políticos más poderosos del mundo se congregan anualmente para identificar y evaluar las últimas tendencias en los asuntos mundiales. De hecho, lo más destacado del primer FSM fue el debate transcontinental televisado entre George Soros y otras figuras de Davos y algunos representantes de los movimientos sociales reunidos en Porto Alegre.
Se contrastó el mundo de Davos con el mundo de Porto Alegre, el mundo de los ricos globalizados contrapuesto al mundo del resto de la humanidad. Este contraste fue el que dio lugar al lema más resonante “Otro mundo es posible”.
Hubo otra dimensión simbólica trascendente: si bien Seattle fue el lugar de la primera victoria importante del movimiento internacional contra la globalización corporativa agenciada por las empresas transnacionales –el colapso de la 3ª Cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en medio de protestas callejeras masivas—Porto Alegre representó la transferencia al Sur del centro de gravedad de ese movimiento. Proclamado como un “espacio abierto”, el FSM se transformó en un imán para las redes mundiales que trabajan sobre una diversidad de problemas distintos, desde la guerra a la globalización, del comunalismo al racismo, de la opresión de género a las alternativas. Surgieron versiones regionales del FSM, de las cuales las más importantes son el Foro Social Europeo y el Foro Social Africano, y en muchas ciudades en todo el mundo se realizaron e instituyeron foros sociales locales.
Las funciones del FSM
Desde su fundación, el FSM ha desempeñado tres funciones centrales para la sociedad civil mundial.
Primero, representa un espacio –tanto desde el punto de vista físico como temporal- para que este movimiento diverso se encuentre, trabaje en red y simplemente para que pueda sentirse y reafirmarse.
En segundo lugar, es un retiro durante el cual el movimiento junta sus energías y hace un relevamiento de las direcciones por las que transita su impulso continuo para confrontar y hacer retroceder los procesos, instituciones y estructuras del capitalismo mundial globalizado. Naomi Klein, autora de No Logo, subrayó esta función cuando declaró ante una audiencia en Porto Alegre en enero del 2002 que la prioridad del momento era “menos sociedad civil y más desobediencia civil”.
En tercer lugar, el FSM proporciona un sitio y un espacio para que el movimiento elabore, analice y discuta la visión, los valores y las instituciones de un orden mundial alternativo construido sobre una comunidad real de intereses. El FSM es, en realidad, un macrocosmos de muchísimos emprendimientos más pequeños pero igualmente significativos que se desarrollan en todo el mundo, con el protagonismo de millones de personas, que les han dicho a los reformistas, los cínicos y los “realistas” que se aparten del camino porque, en realidad otro mundo es posible ... y necesario.
Democracia directa en acción
El FSM y sus muchos retoños son importantes no sólo como sitios de reafirmación y debate, sino también como experiencia de democracia directa en acción. La agenda y las reuniones se planifican con meticulosa atención al proceso democrático. Mediante la combinación de reuniones presenciales periódicas y un contacto intenso a través del correo electrónico entre una reunión y otra, la red del FSM ha podido llevar adelante los eventos y arribar a decisiones de consenso. En algunos momentos, esta tarea insumió mucho tiempo y resultó a veces frustrante, y cuando uno es parte de un esfuerzo organizativo que involucra a cientos de organizaciones, como en el caso de Focus on the Global South durante la organización del FSM de 2004 en Bombay, realmente puede ser muy frustrante.
Pero fue democracia directa, y la democracia directa se realizó a pleno en el FSM. Se podría decir, a modo de explicación, que las experiencias de democracia directa de Seattle, Praga, Génova y otras grandes movilizaciones de la década fueron institucionalizadas en el FSM o proceso de Porto Alegre.
El principio central del enfoque organizativo del nuevo movimiento es que alcanzar los objetivos deseados no vale la pena si los métodos violan el proceso democrático, si las metas democráticas se logran a través de medios autoritarios. Quizá el Subcomandante Marcos de los Zapatistas es quien mejor ha expresado la orientación organizativa de los nuevos movimientos: “Si el EZLN se perpetúa como una estructura armada militar, va al fracaso. Al fracaso como una opción de ideas, de posición frente al mundo. Y lo peor que le podría pasar, aparte de eso, sería que llegara al poder y se instalara como un ejército revolucionario”. El FSM comparte ese enfoque.
Lo que resulta interesante es que prácticamente no ha habido ningún intento de parte de ningún grupo o red de “copar” el proceso del FSM. Un número importante de grupos del “viejo movimiento” participan en el FSM, incluidos los partidos de la vieja guardia del centralismo democrático así como partidos socialdemócratas tradicionales afiliados a la Internacional Socialista. Sin embargo, ninguno de ellos ha hecho un esfuerzo importante para dirigir al FSM hacia modos de organización más centralizados o jerárquicos. Al mismo tiempo, a pesar de sus sospechas sobre los partidos políticos, los “nuevos movimientos” nunca buscaron excluir a los partidos y sus afiliados para que no pudieran jugar un rol importante en el Foro. En realidad, el FSM de 2004 en Bombay fue organizado conjuntamente por una alianza muy poco probable de movimientos sociales y partidos marxistas leninistas, que son un conjunto de actores que no son precisamente famosos por mantener relaciones armónicas en el ámbito nacional.
Quizá una razón convincente para que se diera este modus vivendi de los nuevos y viejos movimientos fue que se dieron cuenta de que se necesitan mutuamente en la lucha contra el capitalismo mundial globalizado, y que la fuerza de este movimiento mundial naciente radica en una estrategia de redes descentralizadas, apoyadas no en la convicción doctrinal de que una clase está destinada a dirigir la lucha, sino sobre la realidad de la marginación común de prácticamente todas las clases, estratos y grupos sometidos bajo el dominio del capital mundial.
¿Qué constituye un “espacio abierto”?
El FSM, sin embargo, no ha estado exento de críticas, incluso entre sus propias filas. Hay una en particular que parece tener mérito. El FSM es acusado de estar, como institución, desanclado de las luchas políticas mundiales actuales, y esto lo está transformando en un festival anual con un impacto social limitado.
En mi opinión, esto conlleva una verdad para nada desdeñable. Muchos de los fundadores del FSM han interpretado el concepto “espacio abierto” a la usanza liberal, es decir, que el FSM no debe apoyar en forma explícita ninguna posición política o lucha en particular, a pesar que los grupos que lo constituyen son libres para hacerlo.
Otros han expresado su desacuerdo, diciendo que un “espacio abierto” debería interpretarse de una manera más proselitista, es decir promoviendo explícitamente algunos puntos de vista por encima de otros y tomando posición abiertamente en las luchas mundiales claves. Según esta manera de ver, el FSM vive bajo la ilusión de que puede colocarse por encima del campo de batalla, y esto lo llevará a transformarse en un foro supuestamente neutral, donde la discusión quedará crecientemente aislada de la acción. La energía de las redes de la sociedad civil deriva de su participación en las luchas políticas, dicen los que defienden este punto de vista. La razón por la cual el FSM fue tan estimulante en sus comienzos fue precisamente porque su impacto emocional le dio la oportunidad de recrear y reafirmar la solidaridad contra la injusticia, contra la guerra y a favor de un mundo que no esté sometido al imperio y el capital. El hecho que el FSM no tome posición sobre la Guerra de Irak, sobre el tema Palestino y sobre la OMC, lo está tornando menos pertinente y menos inspirador para muchas de las redes que había conseguido reunir, concluyen.
Caracas versus Nairobi
Este es el motivo por el cual el 6º FSM reunido en Caracas en enero de 2006 resultó tan vigorizante y revitalizante: insertó a unos 50.000 delegados en el centro de la tormenta de una lucha en curso contra el imperio, donde se mezclaron con militantes venezolanos, la mayoría de ellos pobres, que participan de un proceso de transformación social, al mismo tiempo que pudieron observar a otros venezolanos, la mayoría pertenecientes a la elite y a la clase media, que forman una oposición cerrada. Caracas fue un cable a tierra muy estimulante.
Ésa es también la razón por la cual el 7º FSM realizado en Nairobi fue tan frustrante, ya que la política se diluyó y los grandes intereses comerciales vinculados a la elite gobernante de Kenia se encargaron con descaro de comercializarlo. Incluso Petrobras, la compañía estatal brasileña que es una empresa líder en la explotación de las riquezas naturales de América Latina, se ocupo de autoproclamarse como amiga del Foro. Muchos tuvimos la fuerte sensación de estar retrocediendo y no avanzando en Nairobi.
El FSM se encuentra en una encrucijada. Hugo Chávez capturó la esencia de esta coyuntura cuando advirtió a los delegados en enero de 2006 sobre el peligro de que el FSM se transformara simplemente en un foro de ideas sin ninguna agenda para la acción. Les dijo a los participantes que no tenían otra opción que abordar la cuestión del poder: “Tenemos que desplegar una estrategia de ‘contrapoder’. Nosotros, los movimientos sociales y los movimientos políticos, debemos ser capaces de ocupar espacios de poder al nivel local, nacional y regional”.
El desarrollo de una estrategia de contra-poder o de contra-hegemonía no tiene que significar que se vuelva a caer en antiguas formas jerárquicas y centralizadas de organización características de la vieja izquierda. Una estrategia semejante puede, en realidad, ser fomentada mejor mediante la formación de redes horizontales a múltiples niveles, como aquellas con las que los movimientos y organizaciones representados en el FSM se han distinguido en el fomento de sus luchas particulares. Articular sus luchas en acciones significará forjar una estrategia común y a la vez respetar y extraer fuerzas de la diversidad.
Después de la decepción que significó Nairobi, muchos antiguos participantes del Foro se preguntan: ¿Sigue siendo acaso el FSM el vehículo más adecuado para la nueva etapa en la lucha del movimiento por la justicia mundial y la paz? O, habiendo cumplido con su función histórica de reunir y vincular a los movimientos contestatarios engendrados por el capitalismo mundial globalizado, ¿será acaso hora de que el FSM levante campamento y deje sitio para nuevos modos de organización mundial de la resistencia y la transformación?
* Walden Bello es director ejecutivo de Focus on the Global South, instituto de investigación con sede en Bangkok, y profesor de sociología en la Universidad de Filipinas. Publicado por Foreign Policy In Focus (FPIF), un proyecto conjunto del International Relations Center (IRC, en www.irc-online.org) y el Institute for Policy Studies (IPS, en www.ips-dc.org). Copyright © 2007, International Relations Center. Todos los derechos reservados.
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