FOCUS: CAMINO A HONG KONG
No. 2, noviembre de 2005
Les
damos la bienvenida a esta edición de "Focus: Camino a
Hong Kong".
Continúa
la cuenta regresiva y estamos a sólo 15 días de la 6ª
Conferencia Ministerial de la OMC en Hong Kong. En esta edición
les acercamos un análisis del borrador de la declaración
ministerial publicado hace dos días, una evaluación de
las perspectivas para los países en desarrollo en Hong Kong ,
y un vínculo a la edición anterior de Focus: “Guía
para activistas para descarrilar la OMC”.
”Enfoque
sobre Comercio” se volverá a publicar como de costumbre
luego de la Ministerial.
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GUÍA
PARA ACTIVISTAS PARA DESCARRILAR LA OMC
Focus on the Global South
EL
TEXTO BORRADOR DE LA DECLARACIÓN MINISTERIAL DE LA OMC UN
“PAQUETE VACIADO DE DESARROLLO”
Aileen Kwa, con aportes de Jacques Chai Chomthongdi y Joseph Purugganan
NADA
QUE GANAR, TODO PARA PERDER: PERSPECTIVAS PARA LOS PAÍSES EN
DESARROLLO EN LA MINISTERIAL DE LA OMC EN HONG KONG Y EN
ADELANTE
Walden Bello
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¡RECIÉN
SALIDA DEL HORNO!
Nueva
Publicación de Focus on the Global South:
GUÍA PARA ACTIVISTAS PARA DESCARRILAR LA OMC
La
GUÍA PARA ACTIVISTAS PARA DESCARRILAR LA OMC brinda
información básica sobre los acuerdos de la OMC, lo que
está sobre la mesa de negociaciones para Hong Kong y lo que
resta negociar aún de la Ronda de Doha (posiblemente las
negociaciones continúen a lo largo del 2006), y los
principales actores en estas negociaciones.
También ofrece ideas respecto a las acciones que pueden llevar a cabo quienes estén comprometidos con la justicia económica y social para paralizar o descarrilar esta última ofensiva de liberalización comercial que se pretende imponer a través de la OMC y que se oculta tras la máscara del “desarrollo”.
Resta poco tiempo y los temas son muchos y de carácter urgente. Si queremos proteger nuestros bienes comunes, y nuestros derechos y capacidades para modelar el desarrollo de forma que responda a las prioridades de nuestras comunidades y sociedades, es imperativo impedir que se llegue a un nuevo acuerdo comercial en la Conferencia Ministerial de Hong Kong y en las negociaciones subsiguientes. Esto significa que necesitamos “DESCARRILAR LA OMC”.
Esperamos que la GUÍA PARA ACTIVISTAS PARA DESCARRILAR LA OMC, que acompaña el video “OMC: Por qué es realmente perjudicial”, les sea útil cuando planifiquen sus estrategias, acciones y movilizaciones de cara a la Ministerial de Hong Kong.
Para
bajar la guía ir a:
http://www.focusweb.org/pdf/Derailersguide-final.pdf
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TEXTO BORRADOR DE LA DECLARACIÓN MINISTERIAL DE LA OMC:
UN “PAQUETE VACIADO DE DESARROLLO” VACÍO A CAMBIO
DEL CONTROL DE LA AGRICULTURA DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO Y DE
LOS MERCADOS DE PRODUCTOS INDUSTRIALES Y DE SERVICIOS.
por Aileen Kwa con aportes de Jacqies Chai Chomthongdi y Joseph Purugganan, Focus on the Global South
Hipervínculo
al Texto Borrador de la Declaración Ministerial:
http://www.tradeobservatory.org/library.cfm?refid=77635
(Ginebra, 28 de noviembre) Para el mundo en desarrollo el
texto borrador de la declaración Ministerial de Hong Kong es
una receta para la creación de cementerios industriales, la
destrucción del sustento de pequeños/as agricultores/as
y campesinos/as y de su capacidad productiva y para diezmar a los
proveedores locales de servicios. En él se impone la apertura
de los mercados agrícolas, industriales y de servicios del sur
global, mucho antes de que los productores/as y proveedores estén
en condiciones de soportar la competencia rigurosa de las grandes
empresas transnacionales de EE.UU., la UE y otros. Realmente se trata
de una guía paso a paso para generar desempleo generalizado y
eventualmente la inestabilidad política y conflictos en el
Sur.
El principal propósito del texto consiste en distraer la atención de los países africanos y de los menos adelantados con un paquete mal llamado de “desarrollo”, al tiempo que ata a los países del Sur a compromisos onerosos en todas las cuestiones que están siendo negociadas –servicios, agricultura y aranceles industriales.
Estos compromisos hacia una mayor liberalización reducirán por completo el espacio político de los países del Sur necesario para que ellos puedan orientar su desarrollo económico. Si los países del Sur no tienen la posibilidad de gestionar y proteger estratégicamente sus sectores de servicios, agrícola e industrial (tal como aún lo hacen EE.UU. y la UE), un paquete de desarrollo, no importa cual se su formato, nunca podrá dar las respuestas necesarias.
EE.UU. y la UE obtienen grandes ganancias en la sección de servicios del texto, en la que los países en desarrollo son forzados a aceptar una liberalización agresiva, lo que constituye un enorme desvío de la arquitectura del GATS antes fundada en la liberalización voluntaria. En las áreas de acceso a los mercados no agrícolas (NAMA) y agricultura, los informes del Presidente, si bien están escritos en un lenguaje aparentemente objetivo, son tendenciosos a favor de las posiciones de los grandes actores –EE.UU. y la UE. Frente a algunas cuestiones clave planteadas por los Países de África, Caribe y Pacífico, hay un silencio total. Si bien los textos en borrador se denominan “informes de avance”, éstos establecen el marco para las negociaciones posteriores a Hong Kong.
Un paquete vaciado de desarrollo
El paquete de “desarrollo” que Lamy le ofrece a los países africanos y a los menos adelantados incluye los siguientes componentes –todos ellos desprovistos de valor real:
Trato Especial y Diferenciado
Hasta ahora no hubieron avances respecto a las medidas de Trato Especial y Diferenciado. El texto debilita por completo las negociaciones al respecto. El párrafo 17 del borrador hace referencia a una “revisión” de las disposiciones sobre Trato Especial y Diferenciado y no a negociaciones al respecto.
De emerger algo para Hong Kong para los países en desarrollo (más allá de los Países Menos Adelantados), serán las 28 disposiciones clasificadas como “Categoría I” que el Grupo Africano ya rechazó dos años atrás en Cancún. No hay ningún valor real en estas disposiciones, si se aprueban sólo se tratará de un ejercicio de relaciones públicas de los grandes poderes en Hong Kong. Las principales disposiciones sobre Trato Especial y Diferenciado con algún valor comercial son las clasificadas como “Categoría III”, sobre las que no se hace mención en términos específicos en el texto borrador. Las disposiciones sobre Trato Especial y Diferenciado fueron prometidas en Doha como una “cosecha temprana” (para ser acordadas antes de iniciarse las otras negociaciones). Pero esta promesa ha sido olvidada largo tiempo atrás y no aparece en el borrador.
Trato Especial y Diferenciado para los Países Menos Adelantados
Hay cinco disposiciones sobre Trato Especial y Diferenciado para los Países Menos Adelantados. Los miembros estuvieron al borde de alcanzar un acuerdo en julio de 2005, pero EE.UU. y la UE se retractaron a último momento. Juzgando por el Anexo F, lo que están tratando de hacer es dejarlo y sacarlo de la manga en Hong Kong y así poder hacer gran publicidad al respecto. Pero resulta interesante que aún es incierto si esto sucederá o no (el Anexo F está entre corchetes en el texto borrador). Está claro por lo tanto, que los más poderosos están tratando de conseguir un buen precio a cambio de esto en Hong Kong. El precio a pagar posiblemente sea que los Países Menos Adelantados acepten marcos sumamente agresivos en agricultura, NAMA y servicios. De las cinco disposiciones, sólo dos tienen algún valor potencial. Las mismas hacen referencia a acceso a otros mercados libre de cupos e impuestos “consolidados” y un período de gracia para los Países Menos Adelantados para la aplicación del TRIMS (Tratado sobre Medidas en Materia de Inversiones Relativas al Comercio). Si los Países Menos Adelantados finalmente conseguirán el acceso libre de cupos “consolidados” todavía es incierto, ya que hay dos propuestas para las disposiciones que estarán contenidas en el párrafo 36ª (la otra es acceso con cupos simples y libre de impuestos). Dado que los Países Menos Adelantados tienen menos de un uno por ciento del comercio mundial, estas ofertas no tienen ningún costo para los países desarrollados. En todo caso es cuestionable si los Países Menos Adelantados podrán beneficiarse realmente incluso con el acceso a mercados libres de impuestos y de cuotas “consolidados” en un ambiente comercial altamente liberalizado que estará dominado por los productores más competitivos.
En el texto borrador de la declaración ministerial se dedica mucho espacio al Marco Integrado mejorado y a la Ayuda para el Comercio. Se trata de una distracción que desviará la atención de muchos países en Hong Kong, mientras EE.UU. y la UE le arrancan a los países en desarrollo lo que quieren en agricultura, servicios y NAMA.
Desde la Cumbre del G8 en Gleneagles, ha quedado establecido entre los donantes (países desarrollados con grandes intereses en las exportaciones que quieren avances importantes en torno al acceso a mercados) que ofrecerán Ayuda para el Comercio a los países en desarrollo. La intención es ayudar a los países en desarrollo a que acuerden en Hong Kong compromisos que de otra manera no aceptarían. El mecanismo por el cual esta ayuda será canalizada aún no está claro, pero posiblemente será mediante un “marco integrado mejorado”, utilizando el mecanismo de marco integrado para Países Menos Adelantados ya existente y expandiéndolo a los otros países no desarrollados.
Esto plantea muchos problemas:
1)
Si no se trata de un soborno por parte del mundo desarrollado, es
altamente cuestionable el momento en que se hace la oferta. El hecho
de que estas promesas se hagan en torno a la Ministerial de Hong Kong
deja en evidencia que están siendo utilizadas como un
instrumento para forzar a los países en desarrollo a aceptar
los compromisos de mayor liberalización que de otra manera
preferirían no aceptar.
2) El dinero ofrecido para
ayudar a los países en desarrollo -incluso aquel destinado a
incrementar su capacidad de oferta tal como se expresa en el párrafo
37 del borrador- no será efectivo ya que al mismo tiempo los
países están siendo obligados a abrir sus economías.
Si realmente hay un interés genuino en ayudar a los países
en desarrollo a potenciar a sus productores y proveedores locales,
como el texto borrador parece plantear, será necesario al
mismo tiempo proteger a esos mismo proveedores y productores de la
competencia agresiva durante un período de tiempo hasta que
sean lo suficientemente competitivos para soportar la
liberalización.
3) El marco integrado ha sido un
fracaso en prácticamente todos los aspectos. No ha ayudado a
los países a incrementar su capacidad de oferta. La ayuda
brindada a la mayoría de los países ha sido para apoyar
la ejecución de los compromisos de liberalización de la
Ronda Uruguay. El dinero ofrecido ha sido demasiado poco, y han
habido enormes problemas en torno a la “autoría”.
Muchos de los beneficiarios sintieron que los programas armados por
los donantes no estaban en línea con sus propios objetivos. A
menos que el marco integrado se modifique en forma sustancial, un
Marco Integrado “mejorado” tendrá los mismos
defectos.
4)
Podría suceder que no haya nuevos recursos económicos.
Los negociadores comerciales de los países en desarrollo
radicados en Ginebra sospechan que la “ayuda para el comercio”
posiblemente se trate de una nueva denominación para dineros
que ya habían sido prometidos a los países en
desarrollo por los canales de apoyo ya existentes.
5)
Bajo la sección sobre Ayuda para el comercio, párrafo
37, parece quedar implícito que al menos una parte de esta
ayuda será brindada a los países en forma de préstamo,
y no de donación, ya que hace referencia a “términos
de concesión”. Resulta enigmático por qué
los países en desarrollo deberían aceptar por ejemplo,
menores ingresos como consecuencia de las negociaciones del NAMA a
cambio de recibir préstamos para los que deberán
encontrar fuentes alternativas de ingresos para poder pagarlos.
Ampliando
la transición para la aplicación de los DPI
Los Países Menos Adelantados han solicitado al Consejo del ADPIC ampliar a 15 años el período de transición para la aplicación del ADPIC. Esta decisión ha sido incluida entre corchetes (párrafo 28 del texto borrador), señalando una vez más que habrá que pagar un precio por esto en Hong Kong. En las negociaciones de Ginebra, EE.UU. le ofreció a los países menos adelantados una extensión de un año y la UE les ofreció cinco años. Esto resulta completamente insatisfactorio, especialmente teniendo en cuenta que los países industrializados ricos no estuvieron sujetos a leyes de patentes durante su proceso de desarrollo económico, período en el cual copiar tecnología era de importancia crítica para EE.UU., Alemania, Japón, etc.
El texto al respecto se definirá dependiendo de los resultados de la reunión final del Consejo del ADPIC que tendrá lugar el 29 de noviembre en Ginebra. Las negociaciones giran en torno a dos opciones igualmente malas.
En primer lugar, la decisión adoptada el 30 de agosto de 2003 no le ha permitido a los países que no tienen capacidad de producción importar medicamentos genéricos de gran necesidad. La industria de los medicamentos genéricos de la India a encontrado que los procedimientos burocráticos impuestos por esta decisión son demasiado onerosos haciendo que las exportaciones de medicamentos genéricos sean comercialmente inviables. La decisión fue avalada en Ginebra en 2003 sólo por las enormes presiones políticas ejercidas por Washington sobre países en desarrollo clave tales como Kenia, Filipinas y Venezuela -que de otra manera no hubieran dado su consentimiento. Peor aun que la decisión es la declaración del presidente que fuera leída en el Consejo General en el momento en que la decisión fue avalada. La declaración nunca fue aprobada por los Miembros y contiene aún más condiciones y trabas burocráticas.
Luego de que la decisión fuera adoptada, el Secretariado de la OMC –claramente manipulado por EE.UU. y la UE- introdujo subrepticiamente una nota al pie de la decisión haciendo referencia a la declaración el presidente, elevando el estatus legal de la declaración del presidente.
Gran
parte de la lucha en Ginebra gira ahora en torno a esta nota al pie.
EE.UU. quiere que la declaración completa del presidente se
incluya como anexo de la decisión. La UE, jugando a ser la
buena, pide que la nota al pie se mantenga para que en el futuro
cualquier decisión del panel de resolución de
controversias de la OMC tome en cuenta la declaración del
presidente como el “contexto” en el que se deberá
interpretar la decisión. El Grupo Africano en su propuesta de
diciembre de 2004 planteó que quisiera abrir nuevamente la
discusión para mejorar la decisión para que sea una
solución aceptable para ellos. Además no quieren que se
haga referencia a la declaración del presidente.
Dada
la postura intransigente de EE.UU. y la UE, es altamente improbable
que en Hong Kong se tome una decisión con valor real para los
países pobres. Parece ser que la única opción
sobre la mesa será elegir entre opciones malas, pero de todas
maneras se dará gran publicidad a esta cuestión
–afirmando por ejemplo que el mundo desarrollo salvará a
los países en desarrollo de la apremiante situación
generada por el SIDA, la malaria, etc. Dada la situación será
mejor que no se llegue a una solución en Hong Kong en torno a
este asunto y que la decisión respecto a una solución
de carácter permanente se postergue para después de
Hong Kong. Los países deberían pelear por una una
solución aceptable y adecuada sin extensos condicionamientos,
en lugar de aceptar una solución expedita que no podrá
ser utilizada en beneficio de los pobres y que impedirá a los
países acceder a medicamentos baratos para siempre.
El “paquete de desarrollo” –compuesto por el Trato Especial y Diferenciado, la Ayuda para el Comercio y los DPI en la salud- equivale a nada, pero el precio que se pretende cobrar es descomunal.
El precio a pagar: mercados agrícolas, industriales y de servicios
Entre las principales cuestiones –agricultura, NAMA y servicios- el texto borrador sobre servicios es el más ambicioso ya que fuerza desde ya a los países a tomar decisiones que implicarán compromisos de liberalización profunda. En comparación, los textos sobre agricultura y NAMA, aunque peligrosos, implican que las decisiones están aún a un paso o dos de distancia.
Servicios
Análisis
del Párrafo 9 y el Anexo C
El Anexo C es altamente controvertido y existe una amplia oposición a prácticamente todas las partes del texto. Sin embargo, el Director General de la OMC Pascal Lamy y el Presidente, parecen decididos a forzar a las delegaciones a tragarse este texto no consensuado. A diferencia de agricultura y NAMA, donde el texto borrador hace referencia a los informes del Presidente de los que los Miembros deberán “tomar nota”, el texto sobre servicios (Anexo C) no es un informe, sino un mandato para “intensificar las negociaciones” en formas que son completamente opuestas a las flexibilidades del GATS.
Si el texto borrador es aprobado tal cual está, la liberalización de los servicios será el trofeo que los países desarrollados se llevarán a casa de Hong Kong. El párrafo 9 del texto borrador de la declaración ministerial será la puerta de entrada para iniciar negociaciones sectoriales –tales como las de telefonía básica y servicios financieros (que tuvieron lugar en 1997)-- que se desarrollarán incluso después de haber concluido la Ronda de Doha. EEUU tiene intenciones de iniciar negociaciones sectoriales en 15 sectores específicos.
Las metas numéricas que la UE ha estado proponiendo, si bien son peligrosas, pretenden ser una distracción de los verdaderos objetivos de EE.UU. y la UE –las negociaciones sectoriales. Las negociaciones sectoriales exigen compromisos de liberalización mucho más profundos. Las mismas se dirigen al corazón mismo de las normativas de los países buscando disciplinarlas mediante nueva legislación que le de a las empresas transnacionales los mismos derechos que a los proveedores locales. Está será la puerta de atrás por la que se colarán los acuerdos sobre inversiones y competencia a la OMC.
Los
párrafos 2 y 7 del Anexo C son también una puerta de
entrada para las negociaciones sectoriales. El párrafo 2
establece que “para brindar una guía para las
negociaciones en torno a las solicitudes-ofertas pueden considerarse
los objetivos sectoriales y las modalidades tal como han sido
identificadas por los Miembros.” Hay una nota al pie al final
de esta oración que hace referencia al controvertido informe
del Presidente del Consejo sobre Comercio en Servicios (TN/S/23).
Este informe contiene una lista de objetivos de liberalización
para los países exportadores (principalmente países
desarrollados) en una amplia gama de sectores –servicios
legales, telefonía, servicios financieros, distribución,
transporte, servicios ambientales, etc. Si esta referencia en el
Anexo C se mantiene, esos objetivos de liberalización serán
la vara con la que se medirán las ofertas de liberalización
de los servicios de los países. Esto brindará a los
países desarrollados la plataforma que quieren para poder
ejercer gran presión en las negociaciones.
El
párrafo 7 en el Anexo C bajo “enfoques” discurre
sobre el enfoque plurilateral para las solicitudes-ofertas. Este
párrafo es una emboscada para los países. Si bien
muchos perciben a las solicitudes-ofertas plurilaterales como
negociaciones informales entre muchos países enmarcadas en las
directrices de negociación, el 7b va muchos más lejos
que las directrices de negociación. Allí se expresa que
aquellos que reciban solicitudes “deberán entrar en
negociaciones plurilaterales”. EE.UU. y la UE desearían
una masa crítica (entre un 80 y el 90% del comercio mundial en
un sector) para entrar en estas negociaciones, y de ese modo cambiar
el carácter de las negociaciones a negociaciones formales
sectoriales, del tipo de las negociaciones sobre telefonía y
servicios financieros.
El objetivo es tener un marco de compromisos regulatorios que todos los involucrados firmarán en parte o en su totalidad, tales como el Documento de Referencia sobre Telefonía.
Una vez que este compromiso básico para cada sector queda consagrado en la OMC, afecta a todos los miembros de la OMC, incluso a aquellos que estén por fuera de las negociaciones sectoriales, ya que los inversionistas extranjeros juzgarán a los países según su adhesión a lo que será percibido como un marco regulatorio de liberalización básico. El párrafo 2 del Anexo C debería ser eliminado, al igual que los párrafos 7a-c.
El
alcance de los “modos” y las metas en cada modo,
incluidos en el párrafo 9 del texto borrador y en el párrafo
2 del Anexo C complementan la negociación sectorial. Dentro de
cada sector, se les pide a los países que eliminen las
limitaciones en los modos de prestación transfronteriza (modo
1) y presencia comercial (modo 3). La liberalización profunda
en el modo 3 es equivalente a un acuerdo sobre políticas de
competencia e inversiones en el GATS. India ha solicitado que se
amplíe el “alcance de los modos” con la esperanza
de lograr un mejor negocio especialmente en el modo 4 (para sus
profesionales calificados en tecnología informática).
Quizás estén en cierta posición para obtener
esto. Sin embargo, otros países en desarrollo están más
interesados en abrir las categorías del modo 4 para que se
incluyan profesionales poco o medianamente calificados. Esto no se
refleja adecuadamente en el párrafo 1d del Anexo C referido a
los objetivos por modo. El párrafo 1 del Anexo C que prescribe
los objetivos por modo debería ser eliminado.
El tercer asunto de Singapur, que entrará nuevamente a la OMC por la puerta de atrás, se encuentra en el párrafo 4b del Anexo C. El 4b dice que “en materia de contratación pública, los miembros deberían comprometerse en discusiones más focalizadas y en este contexto poner mayor énfasis en las propuestas realizadas por Miembros, incluso en las propuestas para un posible marco sobre contratación pública”. Actualmente, la propuesta que está sobre la mesa es la de la Comisión Europea que defiende incluir en el GATS el acceso al mercado en la contratación pública. Si no se elimina este texto, los países exportadores presionarán a posteriori de Hong Kong para que se apruebe un marco de ese tipo sobre la base de la posición de la Comisión Europea. Todas las compras del gobierno en el sector de servicios tendrán que estar abiertas a las empresas transnacionales, y los países no podrán dar preferencia a las firmas locales en los contratos para proyectos nacionales.
En
resumen, este texto socava por completo la actual arquitectura
flexible del GATS e impondrá la apertura radical de los
sectores de servicios de los países en desarrollo antes de que
estén preparados para competir con las multinacionales de
servicios del mundo desarrollado.
El
potencial que tienen los países en desarrollo de desarrollar
sus sectores de servicios como una nueva area de crecimiento
económico será destruido. En efecto, el desempleo
crecerá ya que los actuales proveedores de servicios se verán
amenazados. También se verá cuestionado el acceso
universal a los servicios ya que el proceso de liberalización
/ privatización no priorizará la cobertura universal.
Agricultura
Análisis
del Anexo A
Tanto
el texto sobre NAMA como el de agricultura tienen la pretensión
de ser parte de un proceso de “abajo hacia arriba”, y
alegan ser informes “fácticos” de las
negociaciones. Sin embargo, ambos están sesgados a favor de
las posiciones de los países desarrollados.
El informe sobre agricultura está redactado en forma especialmente inteligente. El Presidente pone varias opciones sobre la mesa sin hacer referencia a qué países hacen las propuestas, ni al respaldo que tienen ciertas posiciones. Por ejemplo, coloca la posición mantenida por 50 a 60 países de ACP a la par de la posición mantenida por un país (por ejemplo EE.UU.). Como tal, la balanza en la negociación se inclina a favor de ese (hipotético) único país, ya que en el informe del Presidente hay una expectativa implícita de que la solución estará en un sagrado término medio. Para muchos países en desarrollo, la agricultura no es una cuestión en la que puedan hacer concesiones ya que involucra el sustento y el empleo. Los parámetros de las negociaciones posteriores a Hong Kong están siendo redefinidos por lo tanto en una dirección que no es favorable para los países en desarrollo.
Apoyos
Internos
Las disposiciones y opciones en relación a los apoyos internos son altamente desalentadoras y no equilibrarán las actuales distorsiones en el comercio agrícola. En efecto, los cortes en de mínimis y en la medida global de la ayuda (MGA) golpearán fuertemente a los países en desarrollo. En gran medida, las reducciones ofrecidas por los países desarrollados se tratan sólo de disminuir el “agua” en sus subsidios, es decir recortar la diferencia existente entre sus niveles de apoyo consolidados y aplicados.
En
las reducción total de los apoyos internos (párrafo 8
del Anexo A) serán los países en desarrollo que brindan
apoyos del tipo de una medida global de ayuda los que correrán
el riesgo de reducir drásticamente sus apoyos. La UE (que está
en la Banda 3) ya está modificando sus apoyos para que no
entren en la categoría de ayuda “distorsionante del
comercio”, en el marco de la reforma de su Política
Agrícola Común y saldrá ilesa del 70 al 80% de
los recortes. Sus apoyos migrarán hacia el Compartimento Verde
que permanece intacto. EE.UU. quedará en la Banda 2.
Fue EE.UU. quien ofreció reducir sus apoyos
totales en un 53%. A menos que estos recortes se incrementen –por
ejemplo hasta alcanzar un 70%- no habrá cambios para EE.U.U.
en términos de los actuales niveles de apoyo aplicados.
El texto avala la expansión del compartimento azul incluida en el Acuerdo Marco de julio de 2004. Aunque EE.UU. recortara “los subsidios que distorsionan el comercio” este nuevo Compartimento Azul (aun si se le pone un techo del 2,5% del valor de la producción) le permitirá a EE.UU. incluir cinco mil millones de dólares de ayuda adicional en la Ley Agrícola, principalmente sus distorsivos pagos contra-cíclicos, anulando en gran medida los recortes en la Medida Global de Ayuda. En efecto, este nuevo Compartimento Azul es equivalente a otro Compartimento Ambar (MGA) distorsivo del comercio.
En lo que se refiere a la Medida Global de Ayuda (párrafo 9 del Anexo A), EE.UU. se ubica en la Banda 2 ya que su MGA está fijada en 19,1 mil millones de dólares, y la UE en la Banda 3, con una MGA fijada en 67 mil millones de dólares. Para ambos, los recortes previstos serán como disminuir el “agua” y no tendrán ningún efecto en los niveles de ayuda aplicados.
En la sección sobre MGA, hay también una omisión fundamental. En las discusiones bilaterales EE.UU. ha prometido reducir la ayuda interna para productos específicos en un 50%. Esto será clave de haber recortes reales en la ayuda interna a ciertos productos importantes como el algodón. Sin embargo, la promesa de EE.UU. no aparece reflejada en el informe del Presidente. El texto meramente sugiere que podría haber algún tipo de límites para productos específicos. Y lo que sí enfatiza son los períodos que se considerarán como base para el cálculo de los límites, 1995-2000 o 1999-2001. El primero fue propuesto por el G20 y el segundo por Estados Unidos. 1999-2001 fue el período de los últimos años en el que los precios eran bajos y los niveles de ayuda eran los más altos.
Respecto
al Compartimento Verde (párrafo 10, Anexo A) no se hace
mención alguna a la necesidad de limitarlo, sólo de
“revisarlo”. Incluso lo que dice sobre la “revisión”
equivale a nada, ya que dice que la revisión debería
ser llevada a cabo “sin socavar las reformas en marcha”
–haciendo referencia a proteger la reforma de la PAC de la UE y
la Ley Agrícola de EE.UU.. Esto es muy desalentador porque
significa que los resultados de los paneles de resolución de
controversias de la OMC sobre algodón y azúcar, y los
logros de los países en desarrollo en esos paneles, no han
sido traducidos a ganancias en las negociaciones centrales sobre
agricultura. Esto paneles fallaron que ciertos subsidios
correspondientes al Compartimento Verde distorsionan el comercio, por
ejemplo los préstamos de ayuda a la comercialización,
los programas de pérdida de mercados y los pagos anticíclicos.
Con
la PAC, la UE está trasladando gran parte del total de sus
ayudas al Compartimento Verde –pasando de un 25 al 90%.
Aproximadamente un 75% de las ayudas de EE.UU. corresponden al
Compartimento Verde. EE.UU. brinda unos 50 mil millones de dólares
de ayuda en el marco del Compartimento Verde, en oposición a
unos 21 mil millones que corresponden a los compartimentos que
“distorsionan el comercio” –Medida Global de Ayuda,
Azul y de minimis. Por lo tanto, si bien se están reduciendo
los subsidios a las exportaciones, los subsidios ocultos a las
exportaciones están aumentando a través del
Compartimento Verde y el Compartimento Azul. A menos que al
Compartimento Verde se reduzca, se lo discipline y se le ponga
límites, se mantendrán los desequilibrios actuales en
el comercio agrícola y el dumping.
En lo referido a las políticas de competencia en las exportaciones, aún no se han fijado fechas –ni siquiera un abanico de fechas posibles. Esto representa claramente un trato injusto si lo comparamos con el abanico de cifras presentadas para la reducción de aranceles.
En
lo que respecta a acceso a mercados, una propuesta clave presentada
por el Grupo ACP ha sido omitida. Algunos países del África,
Caribe y Pacífico (ACP) han armonizado sus aranceles a niveles
altos (por ejemplo, cerca de un 100% de sus líneas
arancelarias han sido consolidadas al mismo nivel). Kenia, por
ejemplo, tiene todas sus líneas arancelarias consolidadas al
100% y Nigeria al 150%. Estos países han tomado la posición
de distribuir sus líneas arancelarias en las bandas inferiores
de la fórmula en conformidad con sus propias sensibilidades, y
esperan que no se les aplique los niveles de reducciones exigidos en
las bandas superiores, no importa cuáles sean las bandas que
finalmente se aprueben. Proponen que sus reducciones arancelarias
sean acordes a una reducción arancelaria global promedio, que
el Grupo ACP sugiere sea del 24% para los países en
desarrollo. El Presidente omitió incluir esto en su informe.
Con relación a la “proporcionalidad” el presidente ha dicho que hay una propuesta para que los países en desarrollo consideren realizar 2/3 de los recortes hechos por los países desarrollados. La propuesta del G20 en efecto establece que los países en desarrollo deberían realizar recortes menores a los 2/3 de las reducciones realizadas por los países desarrollados. Aún así, cuando los recortes proporcionales se aplican a los países en desarrollo, los resultados no son proporcionales. En la medida en que los países en desarrollo tienen aranceles más altos que los países desarrollados, incluso si realizaran sólo 2/3 de los recortes, la reducción arancelaria sería más radical que la de los países desarrollados. Por ejemplo, un país en desarrollo deberá reducir un arancel del 90% al 30%, mientras que un país desarrollado recortará su arancel del 4% al 0%.
Productos
sensibles, productos especiales y mecanismo de salvaguardias
especiales
Existe lisa y llanamente un trato desigual entre los productos sensibles y los productos especiales. Prácticamente no hay discusiones en torno a cómo se deberían designar los productos sensibles. Se asume que los países desarrollados lo decidirán por sí mismos. Por el contrario, hay un gran debate en torno a cómo se definirán los productos especiales, y se hace referencia (en la página A-5 del Anexo A) a la necesidad de establecer “indicadores no exhaustivos e ilustrativos” para definir pautas.
En
relación al mecanismo de salvaguardias especiales, el
disparador más útil para los países en
desarrollo “en base a precios” se considera
controvertido. Un disparador en base al volumen, aunque menos
controvertido no sería de mucha utilidad en la práctica.
Algodón. Si bien en el Acuerdo Marco de julio prometieron que el algodón se consideraría “ambiciosa, rápida y específicamente”, en el informe del Presidente no se le ofrece nada a los países productores de algodón.
En
suma, el texto es un reflejo de negociaciones que van en una
dirección favorable para EE.UU. y la UE –no se
realizarán reducciones reales en la ayuda interna, y de hecho,
tienen una carta para legitimar sus enormes ayudas y el dumping.
Las disposiciones sobre ayuda interna para EE.UU. y la UE apuntan
simplemente a un ejercicio de cambio de compartimentos.
Al mismo tiempo, se establecen reducciones obligatorias de aranceles, incluso para los países en desarrollo. (no se hace mención a que el recorte de aranceles por parte de los países en desarrollo quede condicionado a los recortes que hagan los países desarrollados a la ayuda interna). En un contexto de dumping continuo, la reducción forzada de los aranceles en los países en desarrollo eliminará la única herramienta que estos pueden utilizar para proteger a sus pequeños agricultores de la competencia injusta. El resultado previsible es el aumento del desempleo y la pobreza en el medio rural.
Acceso
al mercado de bienes no agrícolas (NAMA)
El texto sobre NAMA (Anexo B) ha sido ampliamente criticado por no capturar con justicia el carácter de las negociaciones para los países en desarrollo. El informe del presidente intenta reducir el amplio debate en torno al NAMA a un simple juego de números, cuando en realidad el debate gira en torno a una cuestión mucho más importante, entre la presión agresiva hacia la liberalización ejercida por los países altamente industrializados por un lado, y la posición defensiva de los países en desarrollo que temen al fantasma de la des-industrialización, por el otro.
En primer lugar el presidente afirma que existe una convergencia creciente en torno a la fórmula Suiza y que hay dos opciones principales. Al hacer esto él elimina la fórmula presentada por los países del Caribe. La fórmula del Caribe le brinda a los países en desarrollo un coeficiente adicional para tomar en cuenta las vulnerabilidades económicas.
En segundo lugar, contrario a lo que ha sido planteado por el Presidente, no hay una creciente convergencia respecto a que los coeficientes para los países en desarrollo deberían estar en un rango de 15-30. Muchos países han expresado que de ser forzados a aceptar la fórmula Suiza ( en lugar que una fórmula del tipo de la suiza, como la del Caribe), ellos necesitarán un coeficiente mucho más alto (mayor a cien). Por lo tanto el cuadro presentado por el Presidente es engañoso y es peligroso ya que podría reducir severamente las opciones de negociación que tendrán los países después de Hong Kong.
En
tercer lugar el Presidente da un informe completamente tendencioso al
decir que hay “buenos avances” en las negociaciones
sectoriales. De hecho, la posición del Grupo Africano es que
estas negociaciones no deberían llevarse a cabo y que los
países africanos nunca acordaron realizar negociaciones
sectoriales.
En
lugar de eso, el Presidente dice que algunos han cuestionado la
lógica de involucrase en negociaciones sectoriales antes de
haber acordado una fórmula, tergiversando completamente el
nivel de objeciones y resistencia.
Finalmente,
los países menos adelantados han solicitado acceso a mercados
libres de impuestos y de cupos “consolidados”. Esta
solicitud no se ve reflejada en el párrafo sobre Países
Menos Adelantados, que sólo hace referencia al acceso libre de
impuestos y libre de cupos.
Las
negociaciones del NAMA han sido extremadamente controvertidas.
Muchos países en desarrollo han expresado sus preocupaciones respecto a la drástica fórmula presentada, así como respecto a los límites transversales a los que se les pide se comprometan.
La mayoría de los negociadores están preocupados porque sus industrias serán barridas por completo con una fórmula de ese tipo y con las disposiciones que estipulan poner límites consolidados a los aranceles, a niveles muy bajos –posiblemente a niveles aún más bajos que los que se aplican en este momento. No existe ninguna fórmula de un mismo talle para todo el mundo que pueda atender las preocupaciones de un gran número de países. Los países necesitan espacio político –EE.UU. y la UE han reclamado eso para los textiles, con un período de transición de más de 50 años. Limitar el espacio político de los países en desarrollo e impedirles nutrir y potenciar sus industrias es un camino seguro hacia el desempleo y la desindustrialización.
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NADA
QUE GANAR, TODO PARA PERDER: PERSPECTIVAS PARA LOS PAÍSES EN
DESARROLLO EN LA MINISTERIAL DE LA OMC EN HONG KONG Y EN ADELANTE
por
Walden Bello
(Ponencia
presentada en el Foro ¿Qué está en juego en Hong
Kong?, co-organizado por la Coalición Stop the New Round
y Focus on the Global South, Hotel Sulon, Quezon City,
Filipinas, 25 de noviembre de 2005).
Aparentemente las negociaciones hacia la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial deL Comercio en Hong Kong no están avanzando. Los informes en borrador para la Ministerial sobre el estado de las negociaciones en agricultura, acceso al mercado de bienes no agrícolas (NAMA) y servicios ya están disponibles, y si bien todos intentan presentar una visión positiva de que se está avanzando hacia la “convergencia”, en realidad eso no es así. Un análisis exhaustivo de los documentos revela que sólo hay acuerdos en un 10% -como máximo- de los puntos clave de negociación, mientras que existe amplia divergencia en un 90%. Cuando se publique el texto borrador de la declaración ministerial, seguramente será lo que el Secretariado de la OMC denomina un documento “plagado de corchetes”, como lo fuera el borrador de la declaración de la Ministerial de Seattle.
Desde que el “Acuerdo Marco” de julio fuera metido a la fuerza en la reunión del Consejo General a finales de julio de 2004, los países en desarrollo han estado involucrados en lo que podría caracterizarse como una guerra defensiva en la OMC. En las tres áreas clave de negociación –servicios, acceso a mercados no agrícolas (NAMA) y agricultura, los países en desarrollo han tenido que defender sus mercados de una agresiva ofensiva de los países desarrollados, liderados por EE.UU. y la UE, en pos de una mayor liberalización. En dos de las áreas -NAMA y servicios- debido a sus niveles arancelarios en las manufacturas y la industria que son mucho más altos que los de los países desarrollados, y por causa del trato preferencial que le dan a los proveedores locales de servicios, ellos tienen todo para perder y muy poco para ganar con la liberalización. En agricultura también están a la defensiva, pero al menos en este sector pudieron debilitar las presiones de los países desarrollados que pretenden una mayor liberalización de los mercados del Sur, montando un contraataque por los enormes subsidios que dan la Unión Europea y Estados Unidos a la agricultura –que posibilitan que sus intereses agrícolas dominen y distorsionen los mercados globales.
En
las tres negociaciones sectoriales, la amenaza más inmediata,
desde el punto de vista de los países en desarrollo, son las
negociaciones de servicios. Aquí, hubo una movida fuerte de
parte de los países desarrollados para sustituir el enfoque
flexible de las solicitudes-ofertas por un enfoque que tiene carácter
de obligatorio. Permítanme explicar esto brevemente: la
práctica de negociación en el Acuerdo General sobre
Comercio de Servicios (GATS) es que cualquier gobierno es libre de
solicitar a otro la apertura de varios sectores de servicios, pero el
gobierno que recibe la solicitud también es libre de ofrecer
sólo aquellos servicios que está dispuesto a abrir, e
incluso de no hacer oferta alguna. En las negociaciones actuales se
han introducido “enfoques complementarios” tales como
“pisos mínimos” y “metas numéricas”
para obligar a los países en desarrollo a “mejorar la
calidad” de sus ofertas, lo que significa que deberán
aceptar abrir más servicios que los que han puesto hasta el
momento sobre la mesa de negociaciones.
El actual texto borrador de la ministerial presentado por el Presidente del Consejo sobre Comercio de Servicios no menciona, al menos en forma explícita, los enfoques más amenazantes de “pisos mínimos” y “metas numéricas”, pero sí promueve un enfoque complementario por el que un gobierno o un grupo de gobiernos pueden hacer solicitudes específicas a otro gobierno o grupo de gobiernos para que abran uno o varios sectores de servicios, y este último tendrá que “involucrarse en negociaciones plurilaterales para considerar tales solicitudes”. Tal como lo han percibido acertadamente los países en desarrollo, las negociaciones obligatorias son el primer paso en la pendiente resbalosa hacia la liberalización obligatoria.
En NAMA han habido amplias divergencias y el Informe de Avance del Presidente sobre las negociaciones, publicado el 22 de noviembre del 2005, refleja eso. No se ha llegado a acuerdos ni con relación a una formula para liberalizar los aranceles no agrícolas, ni con respecto a los coeficientes diferenciales para los países desarrollados y en desarrollo para ser anexado a dicha fórmula (que tomaría en cuenta la situación de subdesarrollo del sector industrial y manufacturero de los países en desarrollo). Una nota del texto, sin embargo, plantea en forma implícita que los miembros han llegado a un acuerdo con relación a la reducción de aranceles de la “Fórmula Suiza”. Esta fórmula exigiría reducciones arancelarias proporcionalmente mayores para los aranceles más altos que la fórmula de la “Ronda Uruguay” que obligaría a una reducción arancelaria promedio, pero que al ser flexible permite a los miembros distribuir la reducción promedio en forma discriminativa entre las distintas líneas arancelarias, pudiendo aplicar reducciones arancelarias menores para los productos más sensibles y mayores para los menos sensibles. En la medida en que muchos países en desarrollo mantienen aranceles más altos que los países desarrollados para muchos productos manufacturados importados y para otras importaciones de productos no agrícolas, ellos serán los más afectados sea cual sea la Fórmula Suiza que se adopte. Esta es la razón por la que muchos se resisten a aceptar la Fórmula Suiza u otra fórmula del tipo de la Suiza, contrariamente a la impresión que da la lectura del texto.
Tal
como lo hemos planteado, en servicios y en NAMA, los países en
desarrollo han jugado mayormente una guerra defensiva, con pocas
posibilidades de llevar adelante una estrategia ofensiva con
excepción quizás del modo 4 sobre servicios, que tiene
que ver con el movimiento transfronterizo de “personas
naturales” que prestan servicios, como los profesionales
altamente calificados. Pero incluso en el modo 4, donde la posición
de los gobiernos de los países desarrollados prácticamente
no tiene ningún margen de “flexibilidad” por
razones políticas (léase sentimiento anti-inmigrantes),
las posibles ganancias o beneficios para los países en
desarrollo han quedado seriamente restringidas.
En las negociaciones sobre agricultura, sin embargo, la historia ha sido muy diferente. A pesar de las ventajas que gozan los países desarrollados según los términos del Acuerdo Marco de julio, las diferencias entre ellos con respecto a las distintas ofertas de reducción de sus subsidios y la habilidad de los países en desarrollo en mantener el centro de atención en los subsidios y en la protección de los mercados de los países desarrollados, ha colocado a la UE y a EE.UU. en la defensiva.
La
intransigencia de los países desarrollados en las
negociaciones ayudaron a que la Ministerial de Cancún en el
2003 fracasara. Ahora este se ha convertido en el punto más
controvertido en el camino hacia Hong Kong. Si bien la UE es un chico
malo –tal como EE.UU. trató por todos los medios que los
otros gobiernos creyeran en la reciente cumbre de la APEC realizada
en Busan, Corea- no es el único. La muy publicitada oferta de
EE.UU. de reducir sus subsidios globales para la agricultura en un
60%, es en realidad una cortina de humo y un montón de
espejitos de colores. Se trata de una reducción de los niveles
de ayuda permitidos, no de los niveles actuales que se está
aplicando hoy. No sólo permitirá que los actuales
niveles de ayuda sigan intactos, sino que deja espacio para que los
mismos aumenten.
Es
más, la propuesta de EE.UU. dejará el actual sistema de
subsidios virtualmente inalterado, si es que no se expande. No hubo
compromisos concretos ni de reducir la ayuda alimentaria, que en
realidad es un mecanismo de dumping; ni los créditos a
las exportaciones, que en realidad son un tipo de subsidio a las
exportaciones; ni de podar en forma significativa los subsidios del
“compartimento verde”. E incluso, EE.UU. continúa
presionando para que se amplíe su “compartimento azul”
y así poder acomodar la nueva ronda de subsidios para la
agricultura aprobada durante la administración Bush en el
marco de la Ley Agrícola del 2002. Estos dos “compartimentos”,
que fueron institucionalizados durante la Ronda Uruguay, permiten
exenciones –por diversas razones sospechosas—a la
eliminación o reducción significativa de varios tipos
de subsidios que fomentan el dumping.
¿Por
que les resulta tan difícil a EE.UU. y a la UE realizar
ofertas serias? Porque el Acuerdo de Agricultura nunca tuvo la
intención de promover el comercio justo en la agricultura,
sino de regular la competencia monopólica existente entre
EE.UU. y la UE para hacer dumping de sus productos en los
mercados de terceros países, al tiempo que realizaban recortes
cosméticos a las ayudas internas para dar legitimidad al
proceso. El principal objetivo fue abrir los mercados agropecuarios
de los países en desarrollo y regular el dumping, nunca
fue poner fin a los subsidios de los países desarrollados.
Entonces, aun si EE.UU. y la UE ahora hicieran “mejores”
ofertas que las que han presentado hasta el momento, es altamente
improbable que las mismas signifiquen algún cambio
significativo en sus sistemas de subsidios masivos.
¿Kabuki?
Entonces, al no haber movimientos en agricultura, ¿estamos frente a un parálisis en el camino hacia Hong Kong? Ojalá fuera así. Pero lo que muchos temen en efecto, es que la competencia entre la UE y EE.UU. por quién hace la mejor oferta no es otra cosa que una pieza de Kabuki con una sofisticada coreografía que concluirá con una fórmula negociada entre ellos a último momento. Algunos consideran que hay un paralelismo con las negociaciones sobre agricultura en la última fase de la Ronda Uruguay, cuando EE.UU. y la UE estuvieron al borde de la pendiente y luego retrocedieron a último momento acordando el actual Acuerdo sobre Agricultura, que luego fue impuesto a los demás países. Tómenlo o déjenlo, dijeron, pero si se niegan a aprobarlo serán responsables del fracaso de la ronda.
Ahora se podría dar un escenario similar, alerta el economista C.P. Chandrasekhar:
“Se trata exactamente de la misma pieza que está siendo actuada nuevamente. Existen grandes expectativas de que la UE irá un poco más allá en su segunda oferta. Sin embargo, esto implicará que sus intereses en la agricultura estén bien cuidados y mayores exigencias a los países en desarrollo para que hagan concesiones en acceso a los mercados no agrícolas (NAMA) y en servicios. Si ellos se resisten a esta exigencia, la carga por la destrucción de la ronda a último momento caerá sobre los hombros de los países en desarrollo.”
Y
el peligro está, plantea él, “en que en el
intento de conseguir tanto como les sea posible sin verse forzados a
asumir esa responsabilidad, países como India y Brasil podrían
hacer importantes concesiones que no sólo afectarán a
sus propios productores, sino también a los de África y
de otros países.” En efecto, muchos están
preocupados de que los brasileros terminen vendiendo el negocio si
consiguen que la UE se comprometa con un cronograma explícito
para eliminar en forma progresiva los subsidios a las exportaciones,
y que los hindúes podrían hacer lo mismo a cambio del
compromiso de EE.UU. de incrementar marginalmente las visas de
trabajo HB1 para los especialistas en alta tecnología de la
India.
En efecto, ahora se está hablando de expandir el proceso de negociación más allá de Hong Kong para garantizar que se llegue a un acuerdo y una conclusión victoriosa de la denominada Ronda de Doha. Tal como lo describe Celine Chevariat de Oxfam, los actores influyentes están hablando de “un tercio de un acuerdo en Hong Kong y una extensión de cuatro meses para concluir finalmente las modalidades” en una nueva ministerial a realizarse antes de mediados de 2006. Desde mi punto de vista, el “tercio” a ser acordado en Hong Kong podría ser el acuerdo de servicios que avala el enfoque “plurilateral”, y los dos tercios restantes, principalmente agricultura y NAMA, podrían concluirse más adelante en la segunda ministerial.
Es
real que incluso si el único resultado de Hong Kong, o de un
proceso “Hong Kong Plus”, fuera un acuerdo basado en el
actual borrador sobre servicios, eso representaría ya un gran
triunfo para las grandes potencias económicas y un enorme
revés para los países en desarrollo. Aileen Kwa de
Focus on the Global South alerta que el enfoque plurilateral
legitimado por un acuerdo sobre servicios podría ser
transformado fácilmente en negociaciones sectoriales formales
con un fuerte ímpetu para la liberalización que podría
iniciarse inmediatamente después de Hong Kong, tal como
sucedió con las negociaciones sobre telecomunicaciones y
servicios financieros que se formalizaron rápidamente en
negociaciones sectoriales después que las negociaciones
plurilaterales en estos sectores fueran avaladas en 1997.
En
suma, para sintetizar el estado de situación en la OMC, los
países en desarrollo tienen todo que perder y nada por ganar
con un nuevo trato en la OMC, ya sea que ese trato se selle en Hong
Kong o en un proceso más largo del tipo “Hong Kong
Plus”.
Pero
el problema no reside sólo en el actual proceso de negociación
que está aprisionado en el denominado Acuerdo Marco de julio.
El problema es más sustantivo: la estructura, normas y
procesos de la OMC están sistemáticamente sesgados
contra los intereses de los países en desarrollo. Le ha tomado
10 años a los países en desarrollo aprender esto, pero
hay cuatro razones por las que la OMC es realmente mala para el Sur,
parafraseando el título del video de Focus on the Global
South.
En primer lugar, la
liberalización comercial es la razón de ser de la OMC,
y se hace cada vez más evidente que una mayor liberalización
económica tiene resultados exactamente opuestos a los
pregonados por los promotores del libre comercio.
Después de 20 años de aplicación de los ajustes estructurales y de otras políticas fundamentalistas pro-mercado en los países en desarrollo, hay más gente pobre en el mundo hoy que en 1985. La inequidad tanto dentro como entre los países es mucho mayor. En las regiones del mundo donde se adoptaron las políticas pro-mercado con mayor optimismo -América Latina y el Caribe, África Sub-sahariana y Europa Central y del Este- el número de pobres creció en forma significativa. De hecho en forma masiva en el caso del alumno ejemplar del neoliberalismo, la Argentina, donde el 52% de la población cayó por debajo de la línea de pobreza y el 25% se encuentra en la categoría de ‘indigente’, luego del colapso económico del 2001.
Fue
en Asia oriental donde se registró una reducción de la
pobreza, dado que la integración al mercado global fue
gestionada por Estados fuertes como China y Corea del Sur, que en la
mayoría de las instancias aplicaron una fórmula
proteccionista anti libre mercado al interior y mercantilismo con el
exterior. Pero incluso en esta region, se vivieron tendencias
regresivas como en los casos de Tailandia e Indonesia, donde la
liberalización de las cuentas de capital apoyada por el Fondo
Monetario Internacional (FMI) provocó la descomunal crisis
financiera asiática que en el espacio de unas pocas semanas
condujo a más de 1 millón de tailandeses y a más
de 21 millones de indonesios por debajo de la línea de
pobreza, en el verano de 1997.
En segundo lugar, si bien la retórica de la OMC hace referencia al libre mercado, los acuerdos clave fomentan el monopolio empresarial.
Si las negociaciones en agricultura se encuentran estancadas es porque, como lo explicamos antes, el AsA nunca tuvo la intención de liberalizar el comercio agrícola mundial, sino que fue diseñado para permitir a la UE y EE.UU. gestionar su competencia monopólica para continuar con el dumping de sus productos altamente subsidiados en los mercados de terceros países, al tiempo que hacen concesiones con algunos recortes cosméticos en los subsidios para que el trato gane legitimidad.
Al igual que en el AsA, no hay ningún componente ni remotamente asociado al libre comercio en la pieza clave de la OMC, el acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relativos al Comercio (ADPIC), que fue diseñado para otorgarle el monopolio sobre las innovaciones tecnológicas a las empresas estadounidenses y a otras empresas de alta tecnología, mediante la imposición a nivel mundial de leyes de patentes draconianas que siguen el modelo de las de Estados Unidos. En efecto, tan abiertamente monopólica es la esencia del ADPIC que el defensor acérrimo del libre comercio Jagdish Bhagwati ha cuestionado el hecho que este acuerdo fuera incluido en la OMC. Esto no significa que prefiramos el libre comercio corporativo al comercio monopólico (ya que el libre comercio también atenta contra los intereses de los países en desarrollo), sino que queremos destacar que existe una contradicción sustancial entre los principios ideológicos y los intereses corporativos, que atraviesa la OMC como una fisura y que ha sido una de las causas principales de su pérdida de legitimidad entre los países en desarrollo.
Tercero, la OMC atenta contra el desarrollo.
Después
de firmar bajo presión en 1994 , le tomó algún
tiempo a los países en desarrollo darse cuenta de que el ADPIC
constituye prácticamente una garantía de que la ruta
tradicional hacia la industrialización –la
industrialización a partir de la imitación- es una cosa
del pasado; y de que el acuerdo TRIMS sobre las medidas de inversión
relativas al comercio, al prohibir las herramientas de desarrollo
tales como las políticas de contenido local, hace que sea
prácticamente imposible utilizar la política comercial
como un instrumento para la industrialización. Para la mayoría
de los países en desarrollo, denominar a la Ronda de Doha
como de desarrollo es un contrasentido malicioso ya que la misma
margina las áreas de negociación de mayor interés
para los países en desarrollo: reconciliar el comercio y el
desarrollo, ejecución de los compromisos de liberalización
comercial formulados durante la Ronda Uruguay, y trato especial y
diferenciado para los países en desarrollo.
Cuarto, el comercio mundial no necesita a la OMC.
Que la OMC es indispensable para la expansión del comercio mundial es una de esas mentiras, como lo plantea el propagandista Nazi Goebbels, que de tanto repetirla se transforma en verdad. El corolario de esto es la afirmación de que el comercio mundial caería en la anarquía si la OMC dejara de existir.
Dejemos las cosas en claro: el comercio global no necesitó a la OMC para multiplicarse por ochenta y siete, pasando de un valor de $124 mil millones en 1948 a $10 billones 772 mil millones en 1997. Esta expansión tuvo lugar bajo el antiguo GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio), que se complementaba con la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). El marco flexible del GATT-UNCTAD permitió que se aplicaran políticas comerciales orientadas al desarrollo posibilitando la industrialización de los países de América Latina entre 1950 y 1970, así como la existencia de estrategias proteccionistas/mercantilistas lideradas por el Estado, que los Nuevos Países Industrializados de Asia oriental utilizaron para transformar rápidamente sus economías entre 1965 y 1995. En otras palabras, el marco multilateral del GATT-UNCTAD dio a los países en desarrollo suficiente espacio político, un fenómeno que aparece reflejado en los hallazgos de Robert Pollin de que excluyendo el caso especial de China de la ecuación, la tasa de crecimiento general de los países en desarrollo durante la era del desarrollo (1961-80) fue de 5,5%, frente a un 2,6% de la era neoliberal (1981-2000).
Entonces, ¿por qué se sustituyó el marco GATT-UNCTAD si funcionaba razonablemente bien? El motivo por el cual se creó la OMC y su razón de ser siempre ha sido servir a los intereses de las empresas transnacionales (ETN) que hoy en día dominan la economía mundial y están buscando constantemente abrir mercados. Para ser más específicos, fue EE.UU. y sus empresas transnacionales quienes presionaron para que se creara la OMC. En la medida en que sus empresas se volvían más dependientes de la economía mundial en la década del 70, EE.UU. lideró los esfuerzos para reemplazar al GATT por una organización con un mecanismo de resolución de controversias más poderoso para hacer caer las políticas proteccionistas, forjó un acuerdo sobre comercio agrícola con la UE para gestionar el dumping en los mercados de los países en desarrollo; presionó para que se llegara a un acuerdo que abriera los servicios de los países en desarrollo a las multinacionales para su explotación; presionó por un acuerdo sobre TRIMS que convertiría en ilegal el uso de las políticas comerciales por parte de los países en desarrollo para su industrialización; y metió a la fuerza un acuerdo sobre DPI que consolidaría las ventajas de EE.UU. en las industrias de tecnología de punta.
Presionados por sus propias empresas globalizadas, la UE y Japón se sumaron a la agenda de EE.UU., mientras que los países en desarrollo eran mayormente observadores, que preferían el marco relativamente amigable con el desarrollo plasmado en el GATT y UNCTAD.
Sí, la OMC es indispensable para las ETN. Para los países en desarrollo ha sido –tomando una imagen de Max Weber- una jaula de hierro que les ha robado su espacio para el desarrollo. Para ellos, los últimos diez años han sido una experiencia de estar constantemente a la defensiva mientras el proceso de la OMC subordinaba inexorablemente el desarrollo al comercio corporativo. Para defender sus intereses, ellos fueron forzados a crear bloques como el G20, G30, G90, que contribuyeron al descarrilamiento de la Conferencia Ministerial de la OMC en Cancún. Si las negociaciones actuales están estancadas, es porque los bloques de los países en desarrollo han logrado con éxito bloquear la estrategia de negociación asimétrica de EE.UU. y la UE de conceder recortes puramente cosméticos de sus enormes subsidios agrícolas, al tiempo que le exigen a los países en desarrollo que hagan concesiones perjudiciales, en términos de un mayor acceso a sus mercados agrícolas, no agrícolas y a sus sectores de servicios.
Haciendo
virtud de la necesidad, los defensores de la OMC han aprovechado el
surgimiento de estos grupos para argumentar que los mismos
posibilitan a los países negociar en condiciones de mayor
equidad bajo el paraguas de la OMC. La realidad es que el sesgo
profundamente anti-desarrollo de la OMC le deja a los países
en desarrollo un espacio muy limitado para defender sus intereses.
Por cierto, no se trata de un marco en el que puedan perseguir una
agenda de desarrollo positiva. En efecto, una consecuencia que podría
ser positiva de su experiencia de guerra defensiva en la OMC, es que
los países en desarrollo han empezado a ser concientes de que
necesitan unirse para crear instituciones diferentes a la OMC para la
gobernanza del comercio mundial, instituciones que subordinen el
comercio al desarrollo.
La Sexta Conferencia Ministerial de la OMC podría colapsar en Hong Kong. Esto en todo caso sería algo positivo. Contraviniendo los escenarios apocalípticos autocomplacientes que pintan sus defensores corporativos, hay vida después de la OMC. Su desaparición no generaría anarquía sino que abriría espacio político para el desarrollo.
DRÁCULA Y EL MUNDO EN DESARROLLO: ¿EL ACTO FINAL?
Permítanme concluir con una imagen de uno de mis autores favoritos, Bam Sotker. La OMC es inmortal como su personaje Drácula. Cada vez que piensas que lo has matado él resucita. Luego del colapso de la Conferencia Miniserial de Seattle en 1999, la OMC resucitó con su exitosa Ministerial en Doha, Qatar, en noviembre de 1991. Sin embargo, al triunfo de Doha le siguió el fracaso de la Quinta Ministerial en Cancún en septiembre de 2003. Luego de Cancún vino el golpe institucional del Consejo General de la OMC en julio de 2004, que metió a la fuerza el draconiano Acuerdo Marco de julio. Por lo tanto es mucho lo que estará en juego en Hong Kong. En Hong Kong la OMC podría consolidarse como el motor de la liberalización del comercio mundial. O podría ser la estaca que atraviese el corazón de esta organización profundamente anti-popular y acabar con ella para siempre.
*Walden
Bello es director ejecutivo de Focus on the Global South, una
organización con sede en Bangkok, y profesor de sociología
en la Universidad de Filipinas. Él es autor de los Dilemas de
la Dominación: La Disolución del Imperio Americano
(Nueva York: Metropolitan, 2005) y de numerosos artículos
sobre la Organización Mundial del Comercio y los países
en desarrollo.
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